Edición 669 - Desde el 22 de agosto al 4 de septiembre de 2008
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Documental “Héroes frágiles”

Augusto Olivares,
algo más que periodismo

 

EMILIO Pacull Latorre, director del documental “Héroes frágiles”

El día 11 de septiembre se estrena en el CineArte Alameda el documental Héroes frágiles, de Emilio Pacull, un homenaje al periodista Augusto Olivares Becerra, su padrastro. Olivares, asesor del presidente Salvador Allende, murió junto a él en La Moneda. El periodista perteneció al equipo fundador de Punto Final. Nacido en Punta Arenas el 27 de junio de 1930, Augusto Olivares fue hijo de un mayor de ejército; trabajó como locutor de radio y se inició en el periodismo en el diario La Tercera.
Emilio Pacull Latorre ha desarrollado su carrera en Europa, trabajando con directores como Costa-Gavras y François Truffaut. Entre sus documentales para la televisión francesa destacan Los huérfanos de Cóndor y Memorias de la Tierra del Fuego. El cineasta finaliza ahora Mr. President, documental que es parte de una trilogía. Después de su estreno, Héroes frágiles se proyectará en el CineArte Alameda y en la videoteca del Centro Cultural Palacio de La Moneda.

¿Qué lo impulsó a realizar este documental?
“Aunque haga otras cosas, el problema de Chile siempre está navegando en mi alma. Allí está el envejecimiento de mi madre. (Mireya Latorre, quien fuera destacada actriz de teatro y animadora de televisión, N. de PF). Puedo ver cómo ella se está apagando, y también el sentimiento latente de tratar de entender qué queda. Trabajo en la película como un arqueólogo, que empieza a desenterrar piedras e investiga detrás de ellas los restos de una utopía que fue el sueño de una generación, la de mis padres y la de los amigos de mis padres. A ellos los vi, cuando era niño, vivir muy intensa y alegremente. Siempre tuve la idea de rescatar esa memoria, y el impulso partió como un movimiento poético-afectivo. En Francia, donde vivo, se estrenó hace un año.
A una espectadora francesa mi película le pareció un mural mexicano, con formas y colores mezclados, un poco barroco pero al mismo tiempo con un mensaje profundo, claro y muy radical. Para ella, los personajes de mi película alcanzan una dimensión de tragedia, integrándose a la tragedia de la humanidad. Presenté mi documental en el Centro Cultural Palacio de La Moneda, en el marco del centenario del nacimiento del presidente Allende. Juan Seoane, el ex jefe de la policía de Investigaciones del palacio presidencial, me dijo con lágrimas en los ojos: ‘Nunca han hecho algo tan justo y tan fiel como lo que tú has hecho…’.
Pienso que ellos son ‘héroes frágiles’, simplemente porque están ahí, en La Moneda, con las manos vacías. Enfrentando tanques, tropas, aviones, misiles, y defendiendo la República y sus valores universales. Son héroes democráticos, resistiendo mientras la bandera chilena arde en el mástil del palacio. De ese ejemplo increíble surge la idea de cómo, a partir de allí, podemos inventar una política de la melancolía, que tomando en cuenta los fracasos del pasado y las incertidumbres del futuro, diera los primeros pasos necesarios a la eclosión de un mundo nuevo. Ese es también el deber de una Izquierda auténtica, que se cuestiona y que imagina el mundo del porvenir”.

Un hombre ignorado

¿En quiénes pensaba al hacer el documental?
“Yo soy el conductor y voy haciendo mi propia reflexión sobre este período histórico… Lo que pasó en Chile no sólo pasó en Chile. El caso de Chile es un epifenómeno que se reproduce en el mundo. Las repercusiones de lo que aquí se vivió están en la historia del mundo actual. Hay una proyección, porque lo que ocurrió en este país tan pequeño, sigue teniendo validez en Francia, en Alemania, e interroga a los seres humanos con sensibilidad, a los historiadores… Pero también para mí era importante establecer qué mensaje, qué legado le voy a dejar a mi hija -ahora en Barcelona- con 21 años cuando hicimos la película. La hice venir a Chile. Ella es muralista y frente a La Moneda pinta un unicornio gigante, en una secuencia muy hermosa.
Y mi objetivo también era mostrar el legado de consecuencia y esperanza de Augusto Olivares, a quien quise enormemente. El me dejó un mensaje muy claro: las palabras y los actos tienen coherencia. Cuando uno dice una cosa, va hasta al final de lo que dice. Es un legado inolvidable. Para mí es incomprensible que no haya ningún lugar en el país que tenga el nombre de Augusto Olivares. ¡No hay ni una sala de prensa, ni un aula universitaria! Cuando fue uno de los periodistas más íntegros de la historia de este país, uno de los que preservó más la ética de su profesión. ¿Cómo es posible que un gobierno progresista no haga nada al respecto? Yo espero que esta película y otros esfuerzos contribuyan a que cambien las cosas. Evocar su memoria es también una manera de decirle a mi hija, a mis amigos y al mundo: mira cómo fueron esos chilenos que intentaron cambiar el orden establecido y que fueron traicionados y asesinados. Yo siento un inmenso orgullo por ellos, por todos lo héroes anónimos de Chile”.
¿Cómo fue su vida junto a Augusto Olivares?
“El llegó a mi vida cuando yo tenía unos 9 años, después que mi mamá se divorció (de Juan Emilio Pacull, periodista y dirigente gremial). Augusto, que era colocolino, me inició en el fútbol. Ibamos a ver todos los partidos del Colo Colo, y así empezó nuestra amistad. Mi mamá se casó con él cuando yo tenía diez años, y hasta que me fui a Francia, a los 26 años, poco antes del golpe militar, viví todas sus etapas: cuando trabajaba en el diario Ultima Hora, su trabajo en Punto Final, su amistad con Manuel Cabieses, el triunfo de Allende y su trabajo junto al presidente, o en Televisión Nacional. Los primeros días después del triunfo de Allende nos fuimos a una casa en Tongoy, donde llegó mucha gente. Ese verano fue muy intenso, mucho ir y venir, llamadas telefónicas y jolgorio. Pero ya empezaba a surgir la inquietud: cómo lo vamos a hacer, cuáles son las medidas de resguardo que vamos a tomar… En aquellos años lo vi contento y preocupado. Augusto creía esencialmente en la justicia social, en un mundo más justo. Y estaba contento de ver avanzar ese proyecto. Porque Augusto era un tipo profundamente comprometido con sus ideas, honesto y no corrupto. No lo habrían podido sobornar con nada. No son muchos los que son así”.

La amistad con Allende

Descríbanos el mundo en que vivió Augusto Olivares.
“Era un mundo fascinante para mí. Sus amigos eran gente muy alegre que a menudo festejaban; algo que nunca más encontré en la vida. Durante mucho tiempo pensé que eso era un rasgo latinoamericano, pero en el fondo no es tan así. Fue un grupo que vivió en un momento determinado de la historia de este país, y que compartió ideales y gustos vitales y sensuales; bastante extraordinarios. Eran inolvidables y fuertes como conjunto humano, y me marcaron mucho. Mi gusto por la lectura, la poesía y la literatura, más que de mi abuelo Mariano Latorre y de mi abuela, que eran gente muy culta y muy literaria, me vino de Augusto y de sus amigos, porque en su escritorio había montones de libros… Había un bar en la casa familiar de Ñuñoa, en la calle Gerona, lleno de afiches franceses, de botellas de coñac y pipas. Son recuerdos muy hermosos, salpicados de animales y del verde del jardín. Augusto amaba a los animales. Había perros y gatos en mi casa. Con esta película quise ir un poco más allá de ese legado, escrutar lo que se escondía detrás de esos momentos particulares, fuertes, intensos, tristes también. Porque pensar que gente como ésta haya muerto como murió, es terrible. Ellos no cedieron en nada. Y su ejemplo está ahí, entero”.
Háblenos de la relación entre el presidente Allende y Olivares.
“No conozco mucho de la intimidad entre Allende y él. Pero estoy seguro que siempre Allende le tuvo particular confianza y amistad. Tengo el recuerdo que a menudo venía a consultar a Augusto a nuestra casa, siendo ya presidente de la República. Por ejemplo, aparecía un sábado en la tarde, con su chofer, a veces con la Payita, a veces sin ella. Se encerraban en el escritorio de Augusto a conversar. El presidente lo escuchaba porque sabía que su amigo era un hombre íntegro y sin tapujos, que le iba a hablar desde el fondo del corazón y con sinceridad. Los políticos que rigen los destinos de los países necesitan tener cerca a gente auténtica como era Augusto. Y Allende sabía que de esa autenticidad podían salir cosas que eran importantes, por el conocimiento que él tenía de la realidad política. Augusto Olivares fue el primero en entender cómo la CIA estaba operando en Chile. Manuel Cabieses y Punto Final saben eso más que nadie. El lo dijo en todos los tonos, en todas las reuniones, en la prensa, en Ultima Hora, en Clarín, en Punto Final, en todas partes, está en todos los artículos suyos que he podido recuperar. Augusto insiste en forma permanente en cómo Estados Unidos está conspirando contra Chile. Treinta y cinco años más tarde sabemos que esas observaciones de Augusto Olivares eran acertadas. No se le escuchó. Los chilenos no fuimos capaces de detener la máquina de la conspiración del imperio. Era una máquina muy pesada de detener para la gente que gobernaba entonces. En agosto de 1973 recuerdo haber recibido en París una carta de Augusto, en que me decía: ‘Te quiero decir que pase lo que pase, vamos a morir con el bandoneón en los brazos’. Yo no medí entonces la intensidad de esas palabras. Sólo después fui comprendiendo el sentido”.
¿Cree que él sabía qué tipo de enemigo se enfrentaba?
“Lo sabía exactamente. Pero no todos lo sabían como él. Muchos no veían ese horror que venía, esa violencia acumulada. Augusto era una persona muy sensible y por eso mismo le inquietaba que la experiencia de la Unidad Popular fracasara. Le tenía temor a la tortura. Prefería no estar vivo para eso y se lo dijo a mi mamá varias veces.
Mi película es un viaje íntimo al pasado para entender el presente. Allí se ve el diario en que está anotado, a modo de guión, lo que yo iba pensando antes de filmar. Cuando examiné ciertas fotos, se me ocurrió que cuando Augusto se suicida en La Moneda, le está mostrando un camino al presidente…”.

Chile neoliberal

¿Y qué tiene de diferente este documental respecto de otros sobre el tema?
“Es un punto de vista que abre otras perspectivas. Termina con una especie de melancolía, para proporcionar una base para construir una nueva utopía. Va por caminos que hoy no están presentes. Es una película profundamente antiimperialista, que denuncia al imperialismo y sus colaboradores nacionales, como Agustín Edwards. Después del preestreno en Chile, un profesor de historia me comentó que nunca había visto nada más claro sobre el involucramiento norteamericano en Chile. Pienso que eso puede molestar a mucha gente, porque la película provoca debate ideológico y remite al espectador al presente, a lo que pasa ahora con el modelo de economía neoliberal. Una de las ‘entradas’ a la película, son precisamente los Chicago boys y el modelo neoliberal. Mi entrevista a Milton Friedman da una visión muy precisa de cómo los norteamericanos crearon un modelo para América Latina, una democracia representativa consumista, en Chile y en Israel, en el Medio Oriente. Lo de ellos no es solamente economía, es ideología que ha permeado a Chile. Le he preguntado a gente pobre que anda tras un carretón en la calle por qué viven así, y no se plantean que es debido a este sistema. Su respuesta implica que es por su propia culpa. La ideología neoliberal explica que así viven los flojos y los borrachos.
Es inaceptable que los gobiernos progresistas post dictadura no hayan desarrollado más la educación. El estado de la educación de las grandes mayorías, de los pobres, es catastrófico. La imagen que proyecta Chile al mundo es de Pinochet y los malls, esa y no más que eso, es la imagen país que vendemos”.
¿Cuáles fueron los testimonios más difíciles de lograr para el documental?
“Los del ex general Javier Palacios (muerto en 2006) que atacó La Moneda, y del ex embajador norteamericano Nathanael Davis. Me pidieron plata, y les pagué. A Palacios no lo puse finalmente, porque lo encontré repugnante. Lo tengo filmado pero no lo voy a mostrar nunca. Tampoco a Davis, que sabía de la muerte de Charles Horman y Frank Teruggi y siempre lo negó. Basura son y basura serán. No vale siquiera la pena verles la cara en un documental.
Creo que una entrevista muy interesante para los chilenos es la que hice a Orlando Sáenz, que cuenta cómo se organizaron los empresarios para el paro patronal años antes del golpe. ¡Y concluye diciendo que a este modelo neoliberal le falta espiritualidad y que estamos muy mal en Chile!
Roberto Thieme es otro testimonio interesante, que analiza el rol que jugó Patria y Libertad.
También habla mi madre, Mireya Latorre, recordando el último gesto de amor de Augusto Olivares, que en la noche del 10 de septiembre le lleva al estudio de televisión un ramo de violetas, las primeras de la estación, envueltas en papel de diario porque a lo mejor le daba vergüenza que lo vieran llevándole flores”.

LUCIA SEPULVEDA RUIZ
(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 669, 22 de agosto, 2008)

 

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