Edición 702 - Desde el 8 al 21 de enero de 2010
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Magnates de la prensa

MARIA Olivia Mönckeberg.
No sólo ha investigado a los magnates de la prensa.

Los magnates de la prensa (Editorial Debate), es el nuevo libro de la periodista María Olivia Mönckeberg, Premio Nacional de Periodismo 2009. Antes había publicado El saqueo de los grupos económicos al Estado chileno (Ediciones B, 2001) y La privatización de las universidades. Una historia de dinero, poder e influencias (Copa Rota, 2005). Este volumen, subtitulado “Concentración de los medios de comunicación en Chile”, da cuenta de la realidad de la prensa en nuestro país y cómo los grupos económicos y personajes ligados a la dictadura (entre los que sobresalen Agustín Edwards y Alvaro Saieh), lograron controlar los medios de comunicación.
Si la importancia de los medios es trascendente en un mundo globalizado, más lo es su propiedad. Cuando ésta se concentra en pocos propietarios de un mismo sesgo ideológico, la manipulación de la información se convierte en un hábito peligroso. Los efectos dañinos sobre quienes reciben el mensaje comunicacional tendencioso se hacen notar.
En nuestro país la prensa escrita se encuentra concentrada en dos consorcios, El Mercurio y Copesa, que en la práctica conforman un duopolio. Su influencia en la gestación y conducción de corrientes de opinión a favor de la oligarquía es abrumadora. Esto se explica bien en el prólogo del libro: “El acceso social a la información, el rol fiscalizador de la prensa, la libertad de expresión y opinión de los ciudadanos se ven condicionados y amarrados a otros intereses. Y muchas veces ese público lector, auditor o telespectador no está siquiera consciente de lo que ocurre, porque los velos y cortinas de silencio que imponen los medios ocultan lo que sucede en ‘los Chile’ fragmentados de hoy”.
Mönckeberg ilustra en muchas materias con rigor y antecedentes. Once capítulos que se leen con fluidez. Encontramos, entre otros datos, antecedentes históricos del desarrollo de la prensa en Chile y sus motivaciones originales desde La Aurora de Chile, de Fray Camilo Henríquez, hasta medios durante la dictadura.
En la prensa escrita, dos son los principales consorcios: El Mercurio, de Agustín Edwards Eastman, y Copesa (La Tercera, La Cuarta, Qué Pasa, controlado por Alvaro Saieh Bendeck). En crear corrientes de opinión, la iniciativa la lleva El Mercurio, influyendo en personas de ideología distinta, como ocurre con miembros de la Concertación. El carácter embaucador de El Mercurio es impresionante. Agustín Edwards tiene un juicio pendiente: el delito de haber promovido la intervención de una potencia extranjera (EE.UU.) en el derrocamiento del presidente Allende, acción que en cualquier país es juzgado como traición a la patria.
En cuanto a Alvaro Saieh, un hombre que hizo fortuna al amparo del pinochetismo al igual que su par de El Mercurio, a través de La Tercera defiende los valores de la economía neoliberal y el legado de la dictadura. Saieh fue tejiendo su red financiera hasta lograr un imperio económico considerable. Por ejemplo, en la adquisición de radios. También sus intereses apuntan a la televisión, pero no ha podido posicionarse en ese ámbito, aunque presidió el primer directorio de La Red. Un dato curioso es la relación que Saieh mantuvo como inversionista en medios que, tras su llegada, desparecieron. Es el caso de los diarios La Epoca y Diario Siete. Hoy, estaría privilegiando al diario de la Universidad de Concepción, donde Saieh está asociado mediante un convenio para la distribución. La universidad también es propietaria de La Discusión de Chillán y concesionaria de una señal de televisión y radio. Gran parte de la deuda de la Universidad de Concepción es con Corpbanca, de Alvaro Saieh.
Otros casos emblemáticos de magnates de las comunicaciones son el fallecido Ricardo Claro y el candidato presidencial Sebastián Piñera, dueños de los canales Megavisión y Chilevisión, respectivamente. Estos medios se utilizan para crear corrientes de opinión favorables a la derecha.
El libro de María Olivia Mön-ckeberg nos revela detalles de un imperio comunicacional que se enseñorea en nuestro país, obteniendo enormes ganancias y privilegios. También es interesante comprobar cómo se vinculan las empresas de estos magnates con reconocidos nombres de la Concertación. Incluso con personajes que alguna vez se decían revolucionarios.

ALEJANDRO LAVQUEN

(Publicado en Punto Final, edición Nº 702, 8 de enero, 2010. Suscríbase a PF)
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