Edición 710 - desde el 28 de mayo al 10 de junio de 2010
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Sebastián Piñera tuvo que esperar hasta el 21 de mayo para presentar su original programa de gobierno, aquel que lo llevó a la Presidencia de la nación. Junto con repasar el plan de reconstrucción, ya convertido en proyecto de ley y en plena discusión parlamentaria, lanzó los ejes, que son siete, de lo que será su gobierno, el que tiene como meta convertir a Chile en menos de una década en un país con ingresos similares a los de un país desarrollado. No como Suiza, Japón o Dinamarca, pero sí como Portugal o la República Checa, dijo el mandatario. En menos de diez años, el ingreso per cápita chileno debiera pasar de los actuales 14 mil dólares anuales -que este año será el más alto de Latinoamérica- a más de 20 mil dólares.
Piñera, aun cuando hace referencias al cambio en la gestión política, a la nueva forma de gobernar que él personifica, no detalla grandes transformaciones en las políticas económicas para alcanzar, en ocho años, esa meta. El objetivo, que es el mismo anunciado hace veinte años por la Concertación, se lograría con las mismas políticas puestas en marcha entonces.
Tampoco hay novedad en los objetivos. Piñera habla de Portugal y la República Checa (en rigor, dijo Checoslovaquia). Años atrás, el ministro de Hacienda de Patricio Aylwin, Alejandro Foxley, puso como ejemplo a España, y hacia finales de la década pasada el ministro de Michelle Bachelet, Andrés Velasco, ya había hablado de Portugal. El horizonte hacia donde empujan al país es el mismo, tanto la Concertación como la derecha de la Coalición por el Cambio.
Piñera, que conducirá el país hasta 2014, espera dejarlo encauzado hacia ese objetivo. Para ello, plantea un requisito: el país deberá crecer a una tasa promedio del seis por ciento anual, ritmo de crecimiento alcanzado durante la década de los 90 pero perdido durante los últimos diez años. Según el presidente, habría ciertos obstáculos, generalmente propios de la burocracia y ciertos impuestos menores, que han dificultado el camino del crecimiento que lleva al desarrollo.

Agenda Pro Crecimiento 2.0

La recuperación del ritmo de crecimiento tiene como base otro viejo elemento, ya probado durante el gobierno de Ricardo Lagos con el nombre de Agenda Pro Crecimiento. Si entonces se trató de una panoplia de elementos desregulatorios, la nueva agenda lanzada por Piñera apunta en una dirección muy similar: exención para las pymes del impuesto de primera categoría sobre utilidades reinvertidas y reducción a la mitad del impuesto de timbres y estampillas; agilización en los trámites para la creación de empresas y facilidades para la exportación; modernización de la ley de quiebras, acceso a la tecnología para las pymes y modernización del mercado de capitales. Entre estas modernizaciones, se anuncian incentivos para la incorporación de “cientos de miles de personas y pymes” a los mercados financieros formales.
El presidente-empresario hace de la continuidad su cambio, lo que no ha dejado indiferente a la Concertación. Con diversos matices, que van de la crítica al elogio, los parlamentarios de la hoy oposición han destacado el encadenamiento de ya probadas políticas, ahora anunciadas -no sin una dosis de populismo- como paradigmas del nuevo gobierno. No sólo en las políticas económicas, como ha sido el recurso de financiamiento vía mayores impuestos, sino, y especialmente, en materias sociales. Piñera ha propuesto impulsar iniciativas que en algún momento fueron propias de la Concertación. Es así como un ex parlamentario de la Concertación, el senador Alejandro Navarro, dijo que los grandes anuncios de Piñera, como el post natal de seis meses, la eliminación del 7 por ciento para la salud de los jubilados, la inscripción automática, el voto voluntario o el voto para los chilenos que viven en el exterior, fueron medidas de los gobiernos de la Concertación que sufrieron el rechazo de la derecha. Hoy, como gran paradoja de la historia, será la derecha la que impulse y probablemente logre convertir en leyes antiguas demandas de la sociedad civil. Perderá la Concertación, pero sin duda ganará la sociedad civil.
¿Se trata de un cambio en la derecha? Aún no lo sabemos. Sí, que llegó al gobierno por el voto popular. Y que atendemos a un proceso de cambios profundos que la derecha, en aras de su gobernabilidad y de la permanencia futura en el poder, ha de recoger. Las presiones sociales, económicas y políticas que contuvo en el Parlamento como oposición durante veinte años tendrá que canalizarlas ahora que está en La Moneda.

Tasa del seis por ciento

Piñera prevé que la economía chilena crecerá en el futuro a una tasa promedio del seis por ciento. ¿Es posible crecer a ese ritmo? Si observamos la tasa de expansión del producto durante los últimos diez años, veremos que nunca logró sobrepasar este guarismo. En realidad, el máximo nivel que marcó el ritmo de la economía durante esos años fue de seis por ciento, con mínimos en 2001, de 3,5, y de 3,2 en 2008. Un período de apenas diez años, marcado por dos grandes crisis, lleva al producto a expandirse a tasas mínimas.
La década de los 90 se caracterizó por haber abierto los mercados a las grandes corporaciones. Fueron años de fusiones y adquisiciones y de fuertes flujos de inversión extranjera hacia los servicios recientemente privatizados y hacia sectores de recursos naturales, principalmente la gran minería, la pesca intensiva, los agronegocios, los cultivos de salmón y otros. Fue una época que coincidió con la primera fase de la globalización y la apertura a gran parte de los mercados internacionales. Un auge en la economía que condujo, posteriormente, a la consolidación de aquel modelo y hoy a su decadencia. Sobre esa base, cimentada en una economía extractiva, el gran capital ya no halla nuevos beneficios. El espacio está copado.
Son muchos los factores que pueden incidir hoy en las menores tasas de crecimiento. Pero hay uno relevante: la economía internacional. Al considerar que la economía chilena ha hecho todo por abrirse al mundo, su desempeño siempre estará ligado a los mercados internacionales: son ellos su alimento y su razón de ser. Y si observamos el devenir mundial, podemos ver que la crisis registrada hace un par de años en Estados Unidos toma nuevamente cuerpo con renovado ímpetu en Europa (ver págs. 8 y 9). Si para Chile el comercio con Estados Unidos se había resentido desde 2008, es muy probable que a partir de ahora también flaquee en Europa.
Aproximadamente un tercio de las exportaciones chilenas van a Estados Unidos. Y otro tercio está destinado a Europa. Si vemos los flujos, éstos bajaron con fuerza el año pasado: las exportaciones totales cayeron de más de 66 mil millones de dólares a 53 mil en 2009. Si consideramos las exportaciones a Estados Unidos, éstas bajaron en 2009, en comparación con el año anterior, en 32 por ciento. Aquel año la Unión Europea salvó la situación al registrar un crecimiento del 27 por ciento. A partir de ahora, con una economía estadounidense que no avanza y una europea en plena crisis, las exportaciones chilenas se verán afectadas. Por aquí, por lo tanto, no hay espacios para las pymes.
Es difícil pensar, por lo menos en el corto plazo, que las pymes puedan encontrar nuevos mercados o incentivos. En realidad, el plan de Piñera es un plan que suma poco más a lo mismo y sin grandes innovaciones; no puede colocar a las pymes como la piedra angular para la creación de empleos. Ello de por sí es difícil y el contexto mundial, en plena resaca económica, redobla los obstáculos.

¿Un millón de nuevos empleos?

Piñera estima que con su programa se podrán crear unos 200 mil empleos por año -un millón durante su mandato- los que surtirá con la creación de nuevas pequeñas y medianas empresas. Para ello, simples medidas: capacitación de cinco millones de trabajadores, especialmente de la micro, pequeña y mediana empresa; aumento de los recursos del Sence; bono especial para la capacitación; desarrollo de una cultura del emprendimiento, la innovación y la creatividad, de modo de estimular la creación de cien mil nuevos emprendedores en los próximos cuatro años.
Las pymes, que cargan una mochila de deudas, no localizan aquí su principal problema. El verdadero escollo está en el mercado, en la caída en la producción y las ventas. Cuando el gobierno apoya su ambicioso plan de generación de empleos en la creación de nuevos emprendedores, no está atendiendo a la realidad del mercado. Es posible que con una economía que crezca a una tasa promedio del seis por ciento genere un chorreo para armar nuevos mercados y negocios, pero con una economía tan endeble como la de los últimos diez años, que muy probablemente se prolongará en el corto plazo, la tasa de crecimiento no logrará romper ese techo. Crear una pyme será una aventura de altísimo riesgo.
Es posible que una economía muy dinámica, como la que Chile experimentó durante la década de los 90, pueda estimular a los actores menores, lo que tiene efectos favorables en la creación de empleo: como en aquellos largos períodos en que la tasa de desocupación medida por el Instituto Nacional de Estadísticas marcó niveles mínimos, los cuales, tras las reiteradas crisis de finales de esa década, no volvieron jamás a registrarse. Durante los últimos diez años el país ha cargado con un desempleo estructural de unas 600 mil personas, que para algunos especialistas llega al millón. Gran parte de este alto desempleo corresponde a las pymes, las que han venido perdiendo ventas y mercados a favor de la gran empresa. Mientras las grandes corporaciones logran altas utilidades sin crear empleos, las pymes han mantenido un constante retroceso.
Ni la capacitación de millones de trabajadores, ni el aumento de los fondos para los cursos Sence, ni el desarrollo de una cultura del emprendimiento, ni tan siquiera los recursos de financiamiento lograrán romper el espacio que ya ha ocupado la gran empresa durante más de veinte años de pleno neoliberalismo. Por tanto, es una ilusión creer que con estas simples medidas, ya probadas con muy poco éxito por los gobiernos pasados, las pymes pasarán a ser un motor para creación de empleo y desarrollo. El más feroz libre mercado, que se mantiene intacto, se ocupará de ahogar una vez más a los más débiles. Porque lo que Piñera ofrece es más mercado, empujar a las pymes a competir con los lobos y los tiburones en territorios en los cuales ya están consolidados.
El diputado comunista Guillermo Teillier reclamó que entre los anuncios del 21 de mayo no había ninguna referencia al Estado, al impulso de las políticas públicas en la economía. Porque sin claras iniciativas reguladoras y conductoras de la economía, lo que vendrá en el futuro, pese a toda la parafernalia de anuncios y medidas de corto alcance, será un escenario muy similar, y tal vez bastante peor -al considerar el mal paso de la economía mundial-, que el que hemos vivido durante los últimos veinte años. Por un lado grandes corporaciones que ocupan prácticamente todos los mercados y obtienen voluminosas utilidades, por otro, el resto de la economía, que sobrevive en los márgenes.

PAUL WALDER

 

(Publicado en Punto Final, edición Nº 710, 28 de mayo, 2010)
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