Edición 712 - desde 26 de junio al 8 de julio de 2010
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El PS sigue
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Autor: Rubén Andino M.

 

Las denuncias sobre irregularidades en el padrón electoral del Partido Socialista y la decisión de pasar al Tribunal Supremo a su secretario nacional de organización, Luciano Valle, ponen aún más en entredicho la legitimidad de sus elecciones internas.
Luego de la derrota presidencial, el malestar no sólo incluye a los que terminaron apoyando a Jorge Arrate o a Marco Enríquez, sino a muchos que estuvieron con Frei. Una opinión extendida es que Osvaldo Andrade, Fulvio Rossi, Marcelo Díaz o Alvaro Elizalde son un recambio más aparente que real, que sólo sirve de decorado para disimular la incuestionable responsabilidad que tienen Escalona, Schilling y Solari en la victoria de la derecha.
Crece el descontento y la frustración en las filas del partido, pero no existe la fuerza ni la claridad como para ponerlo en sintonía con los intereses y necesidades del mundo popular. Incluso los más críticos se presentan divididos en dos listas, que sólo se explican por rencillas de poca monta o disputas ideológicas que interesan a los iniciados.
En la discusión interna escasea el análisis aterrizado de los problemas de salud, educación, vivienda o regionalización, la preocupación por los bajos salarios, el endeudamiento de los pequeños empresarios, la marginación de los pueblos originarios o las necesidades de los afectados por el terremoto.
Los candidatos no debaten sobre la unidad de la Izquierda o la necesidad de construir un nuevo proyecto de desarrollo que defienda los recursos naturales, resguarde el medioambiente o disminuya las desigualdades. Tampoco se habla sobre el deterioro de la Concertación ni sobre la necesidad de construir un nuevo conglomerado que integre a todas las fuerzas opositoras.
Existe un profundo abismo entre los intereses de la cúpula dirigente y su base electoral. Los temas de interés ciudadano quedan opacados por pequeñas disputas de poder. El Partido Socialista ha sido vaciado de sus ideas en un lento pero sostenido proceso de reconversión hacia una maquinaria electoral en la que se imponen los intereses de caudillos parlamentarios, alcaldes o concejales que están más preocupados de sus intereses personales que de resolver los problemas de sus electores.
En esta interna socialista habrá menos votantes; aunque es posible que éste no sea un problema para la maquinaria que gobierna, ya que bastará con abultar proporcionalmente la cifra de participantes -una práctica ya utilizada en otras elecciones- para dejar a todos contentos. Más allá de cuantos voten, la realidad dice que los comunales no funcionan y que los militantes no participan de la orgánica formal.
Pero no todo es negativo. La mayor parte de aquellos que no pisan los locales partidarios, participan de manera activa en juntas vecinales, sindicatos, espacios culturales, colegios profesionales, centros universitarios, grupos de presión y otros variados movimientos sociales. Allí reside la principal reserva moral para la recuperación del PS.
El socialismo chileno no será reconstruido sin un profundo análisis colectivo de la pérdida de identidad y sintonía con el pueblo que llevó a la actual crisis, pasando por una severa autocrítica que incluya a jefes de fracciones, parlamentarios, alcaldes y otros mandatarios y a una militancia cómplice, que con su adhesión pasiva, acrítica y sumisa a esta praxis ha legitimado las conductas de sus dirigentes.
No basta ya con denunciar irregularidades, aplazar elecciones, esperar sanciones de un Tribunal Supremo subordinado a los grupos de poder. La crisis del PS es tan profunda y la descomposición tan extendida, que lo único que cabe es una refundación. Este PS, que sustenta todo su poder en la administración de su patrimonio material, la influencia de su bancada parlamentaria y la popularidad de algunos alcaldes, ha dejado de defender el proyecto histórico libertario, democrático e igualitario que inspiró a sus fundadores y no está representando hoy los intereses de la ciudadanía.
Cualquiera que gane esta elección será un mero administrador de esta crisis, que seguirá profundizándose hasta que “otros hombres (y mujeres) abran las grandes alamedas...”. Espero que sea “más temprano que tarde…”.

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 712, 25 de junio, 2010)
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