Edición 719 desde 1 al 14 de octubre de 2010
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No violencia activa

Autor: Juan Jorge Faundes

“La política no-violenta puede ser interpretada (…) no sólo como una forma más de hacer política sino como una alternativa a otras formas de política que no permiten construir y profundizar en el demos. No está, por tanto, fuera de la política, no es inadecuada a ésta, ni siquiera creo que es ajena a la democracia, más bien la expande, rompe sus límites, le hace emerger sus contradicciones...”.
(Mario López Martínez, director del Instituto de Paz y Conflictos
de la Universidad de Granada, España).

La huelga de hambre de los comuneros mapuches -cualquiera sea el resultado a la hora de publicar o leer esta columna- es una herencia del más rancio abolengo de la cultura cristiano-occidental. Podemos observar una importante nutriente en Jesús de Nazareth. En tiempos más próximos, encontramos al escritor anarquista y ecologista estadounidense Henry David Thoreau (1817-1862) y su tratado La desobediencia civil (Civil disobedience, 1849), obra que estudió el noble ruso León Tolstoi (1828-1910) y le inspiró su Carta a un hindú, con la que inició una larga correspondencia con el joven abogado Mohandas Gandhi (1869-1948), mundialmente reconocido y respetado como Mahatma Gandhi (nominado cinco veces al Premio Nobel de la Paz). La antorcha de la no-violencia activa la tomó luego el pastor bautista estadounidense, Martin Luther King (1929-1968) quién recibió el Premio Nobel de la Paz (1964) por su labor por los derechos civiles para los afroamericanos. En Chile, durante la dictadura de Pinochet, el Movimiento Sebastián Acevedo dio ejemplo de coraje oponiendo la no-violencia activa a la represión y crímenes del terrorismo de Estado.
El principio de no-resistencia en oposición a la violencia, fue expuesto por Tolstoi en su obra El Reino de Dios está en vosotros (Alemania, 1894). Dice allí que la idea de no resistencia es la esencia del Sermón de la Montaña. “La práctica de la violencia no es compatible con el amor como ley fundamental de la vida”, escribió a Gandhi en 1910, dos meses antes de su muerte. A partir de 1918, de regreso en su país, Gandhi aplicó la huelga de hambre como uno de los componentes principales de su método de lucha, la satyagraha (palabra sánscrita que se puede traducir como “la fuerza de la verdad”). Y así acabó con el dominio británico y alcanzó la independencia de la India.
En su obra Non-violent resistance (satyagraha), de 1961, Gandhi la explicó así: “Su significado es sostener la verdad, la fuerza de la verdad. También la he llamado fuerza del amor o fuerza del alma. En la aplicación de satyagraha descubrí en las primeras etapas que el perseguir la verdad no admite violentar a nuestro oponente sino que éste debe ser advertido de su error mediante la paciencia y la simpatía. Porque lo que parece ser verdad para uno puede parecer falso para otro. Y la paciencia significa auto-sufrimiento. Así, la doctrina se convirtió en el restablecimiento de la verdad sin violentar o hacer sufrir al oponente sino que a uno mismo”.
Además de los aportes del cristianismo vía Tolstoi, Gandhi bebe en la fuente de los Upanishads, escrituras hindúes que datan del 800 a.C. donde aparece el término sánscrito ahimsā, doctrina del hinduismo, jainismo y del budismo, cuyo sentido es el no-daño, y promueve la no-violencia y el respeto a la vida.
Independientemente de los personajes mencionados, en la historia hay otros hechos que muestran el uso y la eficacia de la no-violencia activa. En el 494 antes de Cristo, en la Roma antigua, en una revuelta contra los cónsules los plebeyos subieron a la colina del Aventino y se negaron a realizar las labores que se les había asignado. Fue una huelga que terminó con un acuerdo que mejoró las condiciones de trabajo y de vida de la plebe romana. Los húngaros lograron en 1867 su autonomía por métodos de acción no-violenta, cuando el imperio austríaco estaba en decadencia tras la derrota de Francisco José a manos de las fuerzas prusianas.
Según las tácticas que aplicó Gandhi en la India, la no-violencia activa comprende actividades como negociación y arbitraje, preparación para la acción directa, agitación, emisión de un ultimátum (dirigido al oponente u opresor), boicoteo económico y medidas de huelga, no cooperación con las autoridades, desobediencia civil, usurpación de las funciones de gobierno y gobierno paralelo. Estas tácticas se aplican según el contexto estratégico o escenario en que actúan los grupos u organizaciones no-violentas-activas.
Quedan fuera innumerables ejemplos, personajes y hechos, como Nelson Mandela, Premio Nobel de la Paz 1993, pero he querido destacar el marco esencialmente democrático y legítimo en que se inscribe la huelga de hambre de los comuneros mapuche.

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 719, 1º de octubre, 2010)
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