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Caca de pájaro

Autor: JUAN JORGE FAUNDES

“WikiLeaks significa que es más fácil gestionar una buena empresa y más difícil gestionar una mala empresa… Sencillamente, para que haya mercado tiene que haber información.
Un mercado perfecto requiere de información perfecta”.
(Julian Assange, redactor jefe de WikiLeaks)

A la salida de Punto Final me cagó un pájaro. Y lo hizo sobre las canas del parietal derecho desde el veintiúnico árbol que hay después de los quioscos de venta de libros. Me enjuagué la cabeza en los baños públicos que hay bajo la Alameda, entre San Diego y Bandera.
-Me cagó un pájaro -le expliqué con sonrojo al porquerizo, que me miraba raro.
-Es buena suerte, lo felicito -me espetó con reprimida envidia.
En el pesebre gigante del BancoEstado una pareja sacaba fotos a su bebé, que lloraba transmutado en niño Dios. El Metro va super-wiki: me empapo del sudor de otros. Voz en off: “Para su seguridad, use el pasamanos o las manillas”. ¿Lo necesitarán las sardinas en lata? Una chica de camiseta blanca lee Truman Capote, la biografía, de Gerald Clarke, publicada por Ediciones B. Pienso en mi libro La guerra de la narcoderecha, escrito en Colombia. En 1989 fue finalista del Premio Reporter, de Ediciones B, de Barcelona. Daba cuenta de una clandestina alianza entre el cartel de Medellín, la CIA, los paramilitares, la ultraderecha liberal y conservadora, y del exterminio de la izquierdista Unión Patriótica. Aunque el premio por contrato era su publicación, súbitas “razones de mercado” lo confinaron al silencio. Ahí quedaron listos las galeradas, el diseño de portada y un prólogo. La publicación de mi libro sobre Carlos Cardoen (Ediciones B, Buenos Aires, 1991) -Market Man, el hombre que juega a Dios, era su título original- tranquilizó entonces mi frustración; aunque me tocó lidiar en los tribunales, de los que salí incólume. ¿Qué habrá en los 2.896 cables de la embajada gringa en Bogotá, filtrados por WikiLeaks, sobre aquella tragedia colombiana vivida en el período del liberal Virgilio Barco (1986-1990)? Hasta ahora, al parecer, nada ha sido publicado. Es de alta probabilidad que muchos de los hechos e hipótesis que planteo en ese libro inédito fueran verificados.
Al llegar a mi casa corro al baño y me empapo y refriego la cabeza con gel antibacterial para las manos (que además tiene vitamina E y glicerina). Almuerzo canutos con espinacas y una especie de ensalada rusa, pero sin mayonesa, y bebo una copa de vino blanco en caja Lomas de Cauquenes, muy frío. Me digo que “caca de pájaro” es un buen título para una columna sobre “ni tan wiki ni tan leaks” que pugna por ser parida. Complemento la espinaca y la ensalada con pulpa de aceitunas sevillanas, “con un toque y aroma mediterráneos” -se lee en la etiqueta- y “un exquisito y fresco sabor de boca”.
Eso mismo tienen las filtraciones de WikiLeaks: un exquisito sabor de boca. Pero el Departamento de Estado se ha encargado del enjuague con gel antibacterial. En efecto, los cables que difunde WikiLeaks están ya editados: por el propio WikiLeaks, que comprueba y autocensura la información “para salvar vidas de personas y la integridad de las fuentes”; por el Departamento de Estado (encargado de los asuntos exteriores de EE.UU.) a cuya censura previa somete The New York Times lo recibido de WikiLeaks. El País, según propia confesión: “...ha decidido aceptar los compromisos a los que The New York Times llegue con el Departamento de Estado para evitar la difusión de determinados documentos”. Editados por El País, Le Monde, Der Spiegel, The Guardian y The New York Times, que ya son un tercer filtro. Y para el común de los mortales hay un cuarto filtro: los medios locales.
Dice El País: “Todos los medios han hecho un esfuerzo supremo por evitar la revelación de episodios que pudieran suponer un riesgo para la seguridad de cualquier país, particularmente de Estados Unidos… Por esa razón, algunos de los documentos que serán puestos a disposición de nuestros lectores a partir de hoy aparecerán parcialmente mutilados”.
¿Qué tipo de información es la que se está decidiendo entregar? ¿Información funcional, anabólica, que no daña, sino nutre al sistema global hegemónico que facilita el libre y tolerado enriquecimiento de pocos a costa del obligado, desgastador, consentido y resignado trabajo de los muchos? ¿Información tolerada, crítica, satírica, catabólica, que limpia al sistema de elementos perniciosos para su estabilidad y -en consecuencia- también funcional? ¿O información desestabilizadora, capaz de cambiar las relaciones de fuerza en pro de un otro y más justo mundo posible?
¿Cuál es el proyecto y visión de mundo, el valor en juego, que hace a Julian Assange, el aparente acosador del imperio, a los cinco grandes diarios del mundo, y -esto es clave- al Departamento de Estado discernir y discriminar qué se publica y qué no se publica? ¿Aporta ello a una hegemonía de nuevo tipo, o es -aunque sensacional y saludable- sólo caca de pájaro? Tal vez, peor sería nada.

 

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 725, 23 de diciembre, 2010)
punto@interaccess.cl
www.puntofinal.cl
www.pf-memoriahistorica.org

 

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