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¿Hacia un caudillo populista?

No tengo miedo de que estemos en el comienzo de una grave crisis institucional como la que se vivió en el pasado”.  (Afirmación del 59% de la muestra que respondió la encuesta CEP, noviembre-diciembre 2011).

No fue aquella una pregunta sin razón. Una grave crisis institucional parece avecinarse. La confianza ciudadana en los tres poderes del Estado de derecho que el gobierno de Bachelet dejó en posiciones relativamente altas y estables, hoy, tras dos años de la gestión Piñera, está en franco desplome. Lo grave es que al mismo tiempo se mantiene una alta confianza ciudadana en las Fuerzas Armadas y Carabineros. Aunque ello se atempera con una también importante confianza en el movimiento estudiantil. Por otro lado, la población rechaza por amplia mayoría los métodos que impliquen violencia, vengan de donde vengan, sea en las movilizaciones o en la represión.
Más grave aún: un 60% no se reconoce ni en la gobernante Coalición por el Cambio (de derecha), ni en las opositoras Concertación (de centro y centroizquierda) ni en el Juntos Podemos (de Izquierda). Sólo un 13% se declara de derecha o centroderecha; un 22% de centroizquierda o Izquierda y un 4% independiente. Un poderoso 46% declara no tener posición política.
En este cuadro, a esta extraña fuerza “apolítica” que parece irse apoderando de la escena, no le interesan cambios de fondo ni de sistema, pues aduce como principal problema la necesidad de combatir la delincuencia (55%) y de solucionar los temas de la educación (53%) y la salud (40%). Lo que menos les interesa es la reforma al sistema electoral binominal (2%), el transporte público (3%) y los derechos humanos (4%).
Según la encuesta CEP los chilenos mayores de 18 años consideran que las instituciones menos confiables son los partidos políticos (cayeron desde un 15% obtenido en octubre de 2010 a un 7%); los tribunales de justicia (cayeron desde 23% en 2010 a 13% a fines de 2011), y el Congreso (que cayó desde 28% en 2010 al 13% al término de 2011). Si agregamos que el gobierno se derrumbó desde el 42% logrado en 2010 al 22% en 2011, tenemos que los tres poderes del Estado de derecho: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, están en caída libre respecto de la confianza pública.
Como contrapartida, las instituciones más confiables, sólo con un leve descenso, son las Fuerzas Armadas (que mantienen un 54% de adhesión, bajando desde el 60% en 2010) y Carabineros (con 50% de confianza y baja desde el 61%).
Todas las demás instituciones cayeron en algún grado, perdiendo confianza pública. Lo único que surgió de la nada ganándose desde cero la confianza del 35% de la ciudadanía es el movimiento estudiantil. Y en esa línea, el 65% cree que las marchas deben ser autorizadas; no obstante, un 61% rechaza las tomas y un 79% no está de acuerdo con marchas por lugares no autorizados. Al mismo tiempo, un 46% encuentra excesivas las medidas de represión de las movilizaciones. Parece claro que la gran mayoría está por movilizaciones pacíficas y condena la desobediencia civil y la violencia como medios de lucha.
En dos años de gobierno, Sebastián Piñera ha terminado con el prestigio de las instituciones típicamente democráticas. ¿Esta es la crisis que lo motivó a reunirse con los ex presidentes de la República y con los partidos de la oposición?
La peor “piñericosa” ha sido, literalmente, desequilibrar la balanza de la gobernabilidad y abrir los flancos de la democracia a una aventura golpista populista, que podría provenir de una fracción ultraderechista de la UDI. Pero como no está el horno ciudadano para bollos, lo más probable es que el intento de golpe abortaría con las calles tomadas por la población. Como los virtuales golpistas estarán haciendo este mismo análisis, lo más probable es que ni siquiera intenten desenvainar sus sables. Pero un inesperado militar en retiro podría aparecer en el escenario electoral ofreciéndose como tentador caudillo apolítico e independiente: ¿un Labbé que prometería hacer del país una comuna de Providencia?
En resumen, podemos decir que cada vez más el futuro de Chile está en manos de una masa popular y de clase media que se declara apolítica, que ha perdido su fe en la Iglesia Católica (que también ha tenido una importante caída en la confianza pública, del 45% en 2010 al 37% en 2011) y que anhela una vida de consumo sin mayores preocupaciones si se le solucionan los problemas económicos más próximos al bolsillo: lo que tiene que pagar por educación, lo que tiene que pagar por salud y lo que le roban los delincuentes… sin importarle mucho la democracia (lo que está indicado por su actitud ante el binominal) ni los derechos humanos, lo que contribuiría a la aparición de aquel caudillo populista (civil o militar), al que daría su apoyo mientras no se le ocurra declararse socialista ni exigirle sacrificios solidarios.

Columna de opinión publicada en “Punto Final”, edición Nº 750, 6 de enero, 2012

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