Punto Final, Nº 747– Desde el 9 al 10 de noviembre de 2011.
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La vida de una periodista revolucionaria
Los “años de plomo”
de Patricia Bravo

 

Esta entrevista a Patricia Bravo Berli, redactora de “Punto Final” recientemente fallecida, pertenece a un proyecto de rescate de la memoria del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) impulsado por Carlos Liberona, de la Corporación Ayun, que quedó inconcluso cuando Liberona murió.
En la iniciativa participaron Pedro Rosas, Andrés Pascal y Elías Padilla, entre otros. La entrevista a Patricia Bravo la realizó la licenciada en historia Jocelyn Maldonado el 13 de enero de 2009.
Aquí publicamos un extracto que ha sido editado por PF. Editorial Ayun estudia publicar esas entrevistas en un libro que entrelace diferentes miradas desde una perspectiva diferente a las versiones disponibles de la historia del MIR.

¿Cuándo ingresó al MIR y que la motivó a hacerlo?
“Fue en 1971, tenía 21 años y vivíamos una época de mucha agitación política y social. En la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile fui ubicando mis inquietudes y descontentos, enfocándolos en una perspectiva política. El país que veía no estaba bien. Había que organizar la sociedad de una manera más justa. Por lo tanto, era partidaria de grandes cambios y me sentía de Izquierda. Estuve alrededor de dos años haciendo trabajo en poblaciones. Era reacia a adquirir compromisos con un partido. Entré al Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER) en la universidad. Se leía mucho Punto Final y me sentía identificada con sus opiniones. Aunque independiente de Izquierda, PF apoyaba la línea del MIR a cuyos actos comencé a asistir. Finalmente, decidí vincularme al partido: fue una decisión demorada y muy consciente. Así fue como entré al MIR”.
¿En qué tareas participaba?
“Me derivaron al área de las comunicaciones. No me gustaba mucho, porque tenía ganas de seguir trabajando en tareas culturales y políticas en las poblaciones. Me sentía bien trabajando en ese ambiente. Pero había otras necesidades y no pude chistar. Comencé haciendo unos programas radiales cortitos, se llamaban ‘Rojo y Negro’, se transmitían como publicidad en algunas radios. El MIR sólo tenía un medio de comunicación, el periódico El Rebelde, que se vendía en kioscos pero que no era suficiente para dar a conocer su mensaje político. Se formó así un pequeño equipo para hacer esos programas que algunas radios aceptaban como publicidad pagada. Después vino el ‘tanquetazo’ de junio de 1972. El MIR estaba negociando la compra de Radio Nacional, una antigua emisora, pequeña y con pocos medios. El día del ‘tanquetazo’ nos ‘adueñamos’ de la radio. Al comienzo era un trabajo muy caótico, siempre la radio estaba llena de gente. Había unas pocas máquinas de escribir antiguas, teníamos que hacer cola para usarlas. Después todo se fue organizando mejor. Me quedé en el equipo estable de la radio hasta el golpe del 73. Ese año también comencé a colaborar en Punto Final”.

El día del golpe

¿El día del golpe estaba en la radio?
“No, estaba en mi casa. A las 8 de la mañana me llamó una compañera para avisarme. Se nos dio orden de ir al centro pero no a la radio, cuyas antenas habían sido bombardeadas. Teníamos que juntarnos en casa de otra compañera que vivía cerca del cerro Santa Lucía. Yo vivía lejos del centro y me costó mucho llegar. En el cerro había un tiroteo. Me tuve que refugiar en un departamento, hasta que pude salir en un auto que me llevó a casa de otra compañera. O sea, lo que hice fue darme vueltas sin encontrarme nunca con el grupo de la radio. En los días siguientes, bajo toque de queda, nos mantuvimos conectados en una especie de red telefónica. En la radio yo había cubierto información de los cordones industriales y allí tenía muchos contactos. Me comuniqué por teléfono con dirigentes de los cordones Vicuña Mackenna y Cerrillos. Me relataron lo que sucedía en varias industrias cercadas por soldados y carabineros. En su interior habían quedado grupos de trabajadores indefensos, sin posibilidad alguna de ofrecer resistencia. Fue muy impactante conocer esos testimonios de obreros desarmados ante el poder militar. Una sentía una impotencia enorme de no poder ayudar. Esa es la historia del 11 que yo viví”.
¿La figura de Miguel Enríquez era muy lejana a ustedes?
“No, era muy cercana, porque él se movía mucho en los años de la Unidad Popular. Estuvo en varios actos, participó en algunos debates, pero yo no tuve contacto directo con él. A Van Schouwen me tocó acompañarlo cuando tuvo un encuentro con trabajadores de la construcción de la zona sur de Santiago. Fue una experiencia muy linda. Bautista tenía fama de ser muy teórico, lejano a la gente común. Sin embargo, ahí lo vi desenvolverse sin problemas. La mayoría de la asamblea eran comunistas y no lo recibieron muy bien. Pero a través del diálogo y la conversación, se los ganó. Los dirigentes del MIR eran muy valiosos, muy inteligentes, de mucha sensibilidad, macanudos realmente”.
¿Y sobre Allende, qué podría decir?
“Para nosotros, en esa época, lo reconozco con sinceridad, Allende era sólo un reformista. Claro, había simpatía porque nos cambió la vida, abrió la posibilidad de hacer cosas, el pueblo comenzó a movilizarse. Pero nos daba rabia que no fuera más firme, que cediera terreno, como cuando incorporó a los militares al gabinete. Esas cosas las veíamos como signos de debilidad. Fue una etapa muy compleja y era difícil tener una opinión muy centrada. Pienso que tuvimos una actitud excesivamente crítica respecto al presidente Allende. Después me di cuenta que Allende fue un hombre realmente consecuente con lo que pensaba, que se entregó a lo que creía y que hizo lo mejor que pudo desde los límites que le imponía la realidad”.

En la clandestinidad

De su experiencia en el MIR, ¿qué rescata como militante?
“Creo que históricamente el MIR tuvo importancia en el sentido de mostrar un camino distinto al que veía hasta ese momento toda la Izquierda, lo que llamábamos el reformismo, o sea la idea de avanzar por etapas a través de sucesivas reformas. El MIR tenía, yo creo, una visión innovadora respecto al rol de los pobres del campo y la ciudad en un proyecto revolucionario. Se realizó un trabajo muy interesante en la organización y concientización de esos sectores. También hay que destacar la actitud que adoptó el MIR después del golpe. Puede ser criticable por varios aspectos, pero el hecho de quedarse en el país y resistir fue ejemplar. No se trataba de quedarnos a brazos cruzados, sino de hacer algo, de no dejarnos aplastar así no más, de resistir de alguna manera. Esto fue consecuente con lo que había sido el MIR y con lo que sentíamos muchos de nosotros que debíamos hacer. Eso lo rescato, rescato la entrega de mucha gente valiosa. Políticamente, claro, hubo una derrota. El MIR no consiguió su objetivo y fue prácticamente destruido”.
¿Usted estuvo en la clandestinidad?
“Claro, después del golpe nos quedamos en Chile con mi compañero, que también era del MIR(*). A partir del golpe comenzamos a convivir, como una manera de enfrentar juntos lo que viniera. En la primera etapa nos asignaron tareas para intentar reconstituir trabajo sindical. Pero era algo muy prematuro. La represión barrió con la dirigencia sindical. La mayoría estaba presa, fuera del país o muerta. Nuestro trabajo era mínimo, había mucho temor. Más que nada lo que hicimos fueron contactos puntuales en algunas empresas, enterarnos del ambiente interno y hacer algo de propaganda. En 1979 pasamos a trabajar en la estructura de agitación y propaganda del partido. Estaba dedicada a la elaboración de El Rebelde, una tarea que había pasado por varias manos y que fue golpeada por la represión. Nuestra misión era dar estabilidad y regularidad al periódico. También hacíamos volantes y elaborábamos consignas. Todo eso mediante sténciles electrónicos -que era un gran avance en una época en que la propaganda se imprimía en mimeógrafos mecánicos y manuales-. La picadora electrónica de sténciles permitía incluir dibujos y así la impresión era de mejor calidad. El Rebelde se entregaba en sténciles a las estructuras del partido, en Santiago y regiones, y éstas lo imprimían. Este fue esencialmente mi trabajo en la clandestinidad, hasta 1988, cuando el MIR comenzó a enfermar...”.
¿Y nunca salió del país?
“El año 1985 tuvimos que salir porque se produjo un golpe muy cercano a nosotros. El 15 de diciembre de 1984, mataron al compañero Fernando Vergara Vargas, que estaba a cargo de Radio Liberación. Había retornado del exilio y llevaba un par de años trabajando en la parte técnica de la radio, que interceptaba el audio de la señal de televisión con mensajes de la Resistencia Popular. Eran equipos portátiles, se transmitía desde las partes altas de las ciudades, caminando o desde autos en marcha. El asesinato de Fernando Vergara -un excelente diseñador gráfico que también dibujaba para El Rebelde- produjo un repliegue de la estructura de AGP del MIR. Nos ordenaron salir a Argentina, donde trabajaba una sección del partido. Allá seguimos haciendo El Rebelde, cuyos sténciles se enviaban al interior. Después de un año, regresamos al país”.

“El Rebelde”: periodismo revolucionario

En la clandestinidad, cómo recibían las informaciones y cómo elaboraban la línea editorial de “El Rebelde”?
“Trabajábamos con un compañero de la comisión política, Manuel Cabieses, el director de Punto Final, que retornó clandestinamente del exilio en 1979. Era un periodista experimentado y aprendimos mucho con él, que conducía la línea editorial de El Rebelde. Nos llegaba mucha información desde la base social, muchas cosas que no salían en la prensa oficial”.
¿Cómo funcionaba el equipo central de “El Rebelde”?
“Teníamos una buena fachada en una casa que alquilaban personas legales, que iban a su trabajo todos los días y mantenían buenas relaciones con el vecindario. Eran personas decididas, muy valientes, su aporte fue muy valioso. Se trataba de dos monjas: la hermana Paula (Roberta Rioux, norteamericana, que había llegado a Chile en 1962) y Andrea (Andrée Devaux, francesa, que llegó a Chile en 1969 y que dejó la vida religiosa más o menos en 1979). Estuvieron en Antofagasta hasta 1973 y luego colaboraron en el Comité pro Paz en Santiago. En Pudahuel se relacionaron con el MIR que, por cierto, tenía varios militantes -incluso dirigentes- religiosos. La resistencia a la dictadura le debe muchísimo a personas como Paula y Andrea, que lo arriesgaron todo al hacer suya la lucha del pueblo chileno.(**)
En cuanto a la ‘infraestructura’ del equipo central de AGP, eran una máquina de escribir eléctrica con diferentes tipos de letras, una picadora electrónica de sténciles, una fotocopiadora y un laboratorio fotográfico portátil, todo oculto en muebles-barretines, muy bien hechos por compañeros hábiles en carpintería”.

Madre militante

¿Usted tuvo hijos?
 “Solo uno, en 1975. Solamente uno, David, porque las circunstancias era muy difíciles”.
¿Y cómo fue esa experiencia como madre militante?
“No fue fácil, pero a la vez muy bonito. Me costó decidirme a tener un hijo y asumirlo, porque tenía temor de lo que pudiera pasarle. Pero fue muy lindo porque también me acercó a la vida corriente de la gente. Tratamos de darle a nuestro hijo una vida que fuera lo más normal posible. Pero nunca lo fue totalmente. En varios períodos el niño tuvo que cambiar de nombre, por ejemplo. Por suerte, sin embargo, nunca nos separamos y tuvimos algunos periodos de estabilidad. Después de 1984 y del golpe represivo a nuestra estructura, vino una época de inestabilidad. Eso influía en el niño, que creció con un miedo que nos lo ocultó a nosotros mismos. Creo que hicimos bien y no me arrepiento en absoluto de las decisiones que como pareja tomamos en esa época. Era un tiempo en que se daba la vida por valores que creías justos. Es cierto que tuvimos mucho voluntarismo, mucho. Pero también digo que fue parte de una época histórica, y no éramos sólo nosotros, los miristas, sino también militantes de otros partidos y muchísima gente sin partido la que se jugó la vida. Es difícil ver con los ojos de hoy lo que fue esa época, por eso no soy muy tajante en mis opiniones sobre ese tiempo. Era una época muy difícil, había mucho temor, vivíamos con medidas de seguridad extremas. Mucha gente hizo sacrificios innecesarios, es cierto. Yo trato hoy de no hacer mucha vida alrededor de lo que fue, de no mirar para atrás”

(*) El periodista Leopoldo Pulgar Ibarra. (N. de PF).
(**) Al MIR pertenecían varios otros sacerdotes y monjas, como Rafael Maroto (miembro del comité central), Antonio Llidó, Blanca Rengifo y el ex seminarista Germán Cortés Rodríguez (miembro de la comisión política). (N. de PF).

 

 

Radio Liberación

Fernando Vergara Vargas, 36 años, encargado de Radio Liberación, del MIR -cuyas emisiones interferían los canales de TV-, fue asesinado por la CNI el 15 de diciembre de 1984.
Vergara fue un destacado diseñador gráfico y publicista. Trabajó en Walter Thompson y Veritas Publicidad. En el exilio realizó diseños para la Universidad Nacional Autónoma de México y la Editorial Siglo XXI. Regresó clandestinamente a Chile en 1982 para hacerse cargo de Radio Liberación. Durante el Mundial del 82, RL efectuó 24 interferencias. La señal de TVN fue intervenida en 40 ocasiones, en 1984, con mensaje de tres minutos de la radio clandestina del MIR.
Fernando Vergara también dibujaba para El Rebelde, donde creó una historieta: “La Ñatita Rebelde”.

FOTO 1: EL equipo que elaboraba “El Rebelde” aparece aquí en una foto de comienzos de 2011. Patricia Bravo, ya enferma de cáncer, en el extremo izquierdo. Al centro Paula (Roberta Rioux) y a su lado Andrea (Andrée Devaux). De pie, Manuel Cabieses.

Foto 2: Facsimil de “El Rebelde”

Foto 3 Patricia: “Creo que históricamente el MIR tuvo importancia en el sentido de mostrar un camino distinto al que se veía hasta ese momento en toda la Izquierda. Tenía una visión innovadora respecto al rol de los sectores pobres del campo y la ciudad en un proyecto revolucionario”.

 

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 748, 9 de diciembre, 2011
revistapuntofinal@movistar.cl
www.puntofinal.cl
www.pf-memoriahistorica.org


Patricia Bravo,
in memoriam

La Coordinadora Arauco Malleco lamenta el sensible fallecimiento de Patricia Bravo Berli, periodista progresista de destacada trayectoria profesional y colaboradora de Punto Final.
Como mapuche, reconocemos en ella una persona que desde su labor profesional actuó con objetividad y sin discriminación, demostrando con ello su compromiso con las luchas justas. La conocimos hace seis años, cuando viajó al Wallmapu para realizar una entrevista a dirigentes de la CAM en clandestinidad, acusados de “asociación ilícita terrorista” y otras causas, publicada en Punto Final.
Nos adherimos al dolor de la familia, de la revista Punto Final, amigos (as) y todos aquellos que la conocieron, con quienes compartimos ideales de justicia y libertad.
HÉCTOR LLAITUL CARRILLANCA
Vocero CAM
(Preso político mapuche)

Mis más sentidas condolencias a los compañeros de la revista Punto Final, y por su intermedio a los familiares de Patricia Bravo. No tuve la suerte de conocerla personalmente, sólo por sus escritos y el testimonio de quienes tuvieron la suerte de conocerla y compartir su vida, que fue un ejemplo de lucha y consecuencia.
EDUARDO CUEVAS
er.cuevas@hotmail.com

Nunca nos hemos sentido más próximos a Patricia Bravo que en esos años de clandestinidad, cuando no nos conocíamos. Esperábamos atentos la llegada del enlace con los barretines que transportaban escondidos los facsímiles enrollados con prolijidad, protegiendo su misión para llegar a manos de imprentas, también clandestinas, que los sacaban en rojo y negro en cantidades discretas para ser distribuidos a través de nuestras redes partidarias y de ayudistas, hasta que fueran tomados por el lector o lectora confiable y comprometido. A esas manos llegaba la gráfica y los textos en líneas de hacer política y resistencia de El Rebelde y El Miliciano.
Cuántas veces, las familias sorprendidas recibían el inicial chicharreo de su aparato de televisión, y la siguiente irrupción de cantos libertarios con las consignas y llamados a resistir de la Radio Liberación. En cada acción de difusión, en cada acción de propaganda, llegaba en su silencioso e impecable recorrido, el trabajo y la función de Patricia Bravo. Así, como fue su alma militante siempre: confiada en sus compañeros, con la calidez de su palabra y la serenidad de su mirada. Allí siempre te recibimos como te despedimos hoy, abiertos a nuevos caminos de esperanzas.
CARLOS TATO AYRESS
Casa Memorial Salvador Allende
La Habana, Cuba

Queridos David y Leopoldo, y todos los compañeros de la gran familia Punto Final:
No es el momento de hacer grandes palabras que muchas veces no dicen nada. Sólo quiero estar con ustedes, y si no puede ser físicamente, será en el pensamiento y en la oración, tal como nosotros la entendemos.
Es el momento de dar profundamente gracias por la Patricia, por lo que sigue siendo ella en su memoria, como mamá y como esposa. Y para todos nosotros seguirá siendo un gran ejemplo, valioso y valiente de lo que significa el periodismo en este tiempo. Ella hizo de su oficio algo sagrado, un servicio a la verdad, la dignidad, la vida. Y este texto que ella redactó, escribió y literalmente “tejió” en su vida y en su trabajo, perdurará y lucirá cada vez más en sus múltiles colores.
A ustedes les deseo mucha fuerza, confianza y serenidad en estos días. Siempre sentirán a esta gran mujer cerca, siempre, especialmente en los momentos cuando hace más falta, en la vida personal y en nuestra sociedad, en nuestro pueblo. Con mi cariño un fuerte abrazo,
LEO WETLI
Arica

Es muy lamentable que gente generosa y que aporta tanto a este mundo nos deje tan anticipadamente. Sé que el equipo estará muy afectado, una vez más se nos va un hermano/a, y como parte de este equipo, me duele y me compromete a seguir este caminito.
Un abrazo a todos, y a David y a Leopoldo en especial, les mando mis respetos.
ADOLFO GONZÁLEZ (GOVAR).

Hago llegar mis más sentidas condolencias al apreciado director y a toda la familia de Punto Final, por el muy sensible fallecimiento de la colega Patricia Bravo Berli, cuya trayectoria profesional estuvo unida en forma primordial, permanente y valiosamente comprometida, con la revista. Su lucha inclaudicable contra la dictadura poniendo en riesgo la propia vida e integridad personal, así como sus iluminadoras denuncias contra las lacras economicosociales heredadas de ese ominoso período y aún persistentes, constituyen un paradigma para las nuevas generaciones periodísticas y mueven a lamentar profundamente su deceso. Ante él, reciban ustedes el abrazo solidario de pesar de un sincero amigo.
ALFREDO BARAHONA ZULETA
Periodista

Estimados compañeros y familiares:
A la distancia les envío mis recuerdos y mi tristeza. Se echará de menos su calidad profesional y se echará en falta su calidez humana. Sepan que estaremos pensando con mi familia en Patricia este domingo. Un abrazo,
ÁLVARO RAMIS
En Valencia, España

Querido compatriota:
No es mucho lo que puedo decir, en estos instantes recuerdo el fraternal almuerzo junto a los compañeros de Punto Final donde compartí con Patricia, como siempre sin tener conciencia de quién era. Digo como siempre, porque todo lo referido a Punto Final, a Chile, al MIR, siempre ha llegado a mí para abofetear mi ignorancia, pero también para fortalecer mi compromiso.
Hoy, más consciente, hago llegar mis lágrimas silenciosas hasta usted compatriota mayor, y nuestra tácita compañía.
ROBERTO CARLOS PALACIOS
Director de “Debate Socialista”
Caracas

Hago llegar mis condolencias a la familia de Punto Final por el fallecimiento de Patricia, mujer valiente, noble y de envidiable seriedad profesional. Creo que los seres humanos, que en un momento dado entramos a la corriente de la vida, podemos desaparecer bajo las arenas como los ríos del norte y reaparecemos después para entrar al mar definitivamente. Un mar que mi fe me asegura son los brazos de quien nos creó. Te ruego participar mis sentimientos a la familia de Patricia.
AGUSTIN CABRÉ RUFFAT

Estimad@s compañer@s:
En esos momentos dolorosos, cuando se nos va una compañera de lucha por la verdad, la justicia y la dignidad, reciban un saludo caluroso y rebelde desde el otro lado del gran charco.
Los jóvenes que combaten hoy, y de manera ejemplar para todos nosotros, en contra del modelo heredado de Pinochet, en contra de una derecha represiva y reaccionaria, por una educación gratuita, pública y de calidad, por una Asamblea Constituyente y muchos otros mundos posibles, tod@s son -de una manera u otra- hij@s de Patricia, de su valentía e incansable labor periodística crítica, de su pluma que iba a contracorriente de la dominación del hombre por el hombre, del imperialismo y de la destrucción de nuestro medioambiente por el capital. Abrazos,
FRANCK GAUDICHAUD
(Colectivo editorial de Rebelion.org)

Siento un dolor tremendo al enterarme de la muerte de Patricia Bravo Berli. Perdemos a una mujer bella, valerosa, periodista de brillante trayectoria que se dedicó por sobre todo a defender los intereses de Chile, a luchar por los derechos de los trabajadores, en especial de las mujeres, del pueblo mapuche, de los más explotados y desvalidos. Se caracterizó por la tremenda claridad de su escritura, mediante la cual fue la portavoz de los entrevistados, de quienes denunciaban injusticias tremendas, sin pretender jamás ocupar rol protagónico.
Envío mi abrazo fraterno a su hijo David y a su esposo Leopoldo.
VIRGINIA VIDAL

Estimado Manuel, David y compañeros de la revista:
Comparto con ustedes y con todos quienes trabajamos en este equipo mis condolencias por el fallecimiento de nuestra compañera y colega Patricia, que Chao Ngünechen y la Ñuke Mapu ya la tengan gozando de la felicidad del Wenumapu. Un abrazo a todos,
JUAN JORGE FAUNDES M.

Me siento consternada por la muerte de Patricia Bravo. Ella me ayudó mucho en los últimos meses para contactarme con gente en Chile. Por favor mis más sinceras condolencias en nombre mío y de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires.
LIDIA FAGALE
Presidenta de la UTPBA

Queridos compañeros: Me enteré hace poco de la muerte de Patricia y no lo puedo creer. No sabía que estaba enferma, pero se me vienen a la mente en este momento de impacto su dulzura, su claridad, su sencillez y su enorme compromiso y corazón solidario, al que tuve la suerte de conocer y sentir.
Abrazos y fuerza, mucha fuerza, como la de esa flaca de ojos verdes, inolvidable.
PAULA CHAHÍN
En Buenos Aires

Compañeras y compañeros del equipo de Punto Final:
Me ha estremecido la partida de nuestra colega y compañera Patricia Bravo. No la conocí personalmente, pero leí muchos de sus artículos y desde el primer párrafo suyo que recorrí, me pareció una excelente periodista, cuya seriedad, brillo y rigor en el tratamiento de los artículos me indujo a ver en su labor un modelo. Presumo que somos muchos los que podemos decir lo mismo. A través de sus textos se podía apreciar su calidad de ser humano al ofrecernos su enfoque y manera de decir comprometiéndose con el lector.
Convencido de la necesidad de rendirle tributo, es que me sumo al compromiso de no permitir que su luz se extinga y que por el contrario, siga brillando, sumando con más fuerza, en este Chile que le queda en deuda y la requiere más para estos tiempos que empezaron a nacer, con el remolón despertar del pueblo. Les abraza fraternalmente,
RAÚL BLANCHET MUÑOZ

Mis más sentidas condolencias a la revista Punto Final y a la familia y amigos de Patricia Bravo. No tuve el privilegio de conocerla personalmente, pero me doy cuenta por los testimonios el gran ejemplo de vida que ella fue y seguirá siendo. Respecto a la revista, valoro el inmenso aporte que representaban sus escritos, en lo político y social, lo que hace que su pérdida sea irreparable. Con cariño y respeto
MARGARITA LEBLANC C.

Mis sentidas condolencias a Leopoldo y David, a quienes hago llegar en estos tristes momentos un abrazo solidario y mi recuerdo lleno del afecto y admiración por Patricia, construido a través de los esfuerzos que compartimos en el MIR y en el movimiento de mujeres, en el cual fue una comprometida y reconocida luchadora. Gracias Patricia por tu ejemplo de vida. Hasta siempre,
MARISA MATAMALA

Triste noticia. Tuve la suerte de compartir el trabajo político con Patricia y Leopoldo a finales de los años 70. Grandes compañeros y amigos que engrandecieron mi vida con su compañía y amistad. Discutimos mucho, sin detener la construcción de partido en esos oscuros días. Doy testimonio de su sentido de unidad en la lucha. Nunca dejamos de conversar de los hijos, de nuestras vidas, en medio de las dificultades. Reímos, bromeamos y nos cuidamos. Sólo lamento el no haberla visto en estos días. Lloro su partida, pero “así es la vida”, como dijera Leo en medio de una dificilísima circunstancia. No sé qué más decir, sufro su partida.
CRISTIÁN COTTET

Un abrazo a Leo y David, en momentos de tan profunda tristeza... La profesional, la compañera, la maestra, la amiga que ha partido es parte imprescindible de nuestra historia.
Paty, ya nos haces falta... Desde Bruselas con profunda desolación.
PATRICIA PARGA

Tengo gran pesar por la precoz muerte de mi colega Paty. Ella fue inmensamente solidaria conmigo en momentos laborales difíciles. Un abrazo a Leo.
PATRICIA COLLYER

Mi amiga Patricia Bravo

Nuestra amistad nació un día de 1969 en que hacíamos cola para matricularnos en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile. Desde entonces, y hasta el fin de la carrera, pasamos muchas noches en vela reflexionando, discutiendo, leyendo, consumiendo botellas de whisky que yo traía desde Punta Arenas y cigarrillos que conseguíamos de cualquier forma. Por ese tiempo compartimos la realización de la investigación sobre la vida de Violeta Parra, a cinco años de su muerte, haciendo entrevistas a diestra y siniestra, hurgando en cada detalle de la vida de la folklorista y creadora. Fue para ambas un trabajo revelador y apasionante. Disfrutamos tecleando en las noches y en los fines de semana, transcribiendo las entrevistas, redactándolas, como si fuera nuestro mejor panorama. 

Me encantaba su buen humor. Reía con facilidad de cosas cotidianas. Nuestra amistad y el libro se interrumpieron con el golpe de Estado de 1973, cuando ella tuvo que seguir otros caminos. Me impresionó su coherencia, su consecuencia, cuando supe en una comunicación ocasional que ella trabajaba en una fábrica porque no estaba dispuesta a hacer periodismo en dictadura.


Si bien por décadas Patricia dejó correr esta falacia autoral de nuestro libro sobre Violeta, en abril o mayo acordamos dar la pequeña-gran batalla de recuperar ese visionario trabajo de investigación que habíamos hecho por el año 71, 72. Y no sólo aceptó la idea de buscar caminos legales, sino que se embarcó con entusiasmo en su revisión, correcciones y nuevos aportes. Fue un reencuentro que quizás esperábamos por mucho tiempo, una búsqueda de justicia en un ámbito menor que ella había postergado, teniendo como norte, siempre, otras búsquedas de justicia en ámbitos mayores.


El libro había sido publicado en numerosas ediciones en el exterior sin nuestro permiso y con otros autores. Más empecinada y molesta que ella, yo había logrado incorporar mi nombre en una de las últimas ediciones en Chile. Esta semana, justamente, el libro entró a imprenta y pronto estará en librerías.


Aunque yo era testigo de la resistencia de Patricia a morir -porque en verdad dio la batalla en medio de un mal muy avanzado al momento de descubrirlo- tenía la triste intuición de que no alcanzaríamos a sacar la obra a tiempo. Conspiró en nuestra contra el que nos objetaran una y otra vez su registro; que la fundación Violeta Parra exigía permisos, que los entrevistados, que los diarios citados… 

No creo que sea exceso de cariño, o de amistad, pero no encuentro un solo aspecto frágil o negativo de su personalidad. Tenía una inteligencia serena; del tipo de inteligencia que no necesita aspavientos o grandilocuencias para ser advertida. Reflexiva, racional, pero también muy emotiva. ¿Eres buena abuela?, le pregunté hace poco cuando nació Vicente, su primer y único nieto. Y me dijo con su sencillez y dulzura habitual: “Me gusta darle besitos”.


Su natural delicadeza se extendía a todos los planos. Resistía ayudas materiales, aunque parecieran tan necesarias. Me dijo: “No pienso gastar una fortuna en tratamientos que solo me van a prolongar la vida por unos meses y no me van a sanar”. Sin duda tenía razón, pero hay que ser valiente, clara y serena para tomar decisiones de ese tipo cuando a uno se le va la vida.


El complejo estado de salud de Patricia en nada interfirió para que mi querida amiga, con su clara inteligencia y su prolijidad habitual, hiciera su parte del trabajo a lo largo de este 2011, con una minuciosa revisión del texto y nuevos aportes a la obra. Tal como hace cuatro décadas, cada palabra, frase y párrafo fueron revisados, comentados, consensuados. Siempre con un sentido generoso y respetuoso de equipo. Estábamos entusiasmadas y felices del encuentro y de hacer esta “corrección” diferida.
Cuando llegó la hora de resolver un nuevo título para nuestra obra -ya que no habíamos elegido aquel con el que fue publicado-, y después de varias opciones, ella asomó a último momento con el definitivo: Violeta Parra. El canto de todos. “¿Qué te parece?” No había más que decir. Era un reflejo de lo que ella misma quiso ser en su vida: el canto de todos.


Hace unos días, al regresar de un viaje, la llamé por teléfono. Respiraba mal, se había resfriado. Le pedí que nos comunicáramos por mail, pero prefirió continuar la charla por unos minutos. Quería saber cómo me había ido, qué había hecho.


Haber retomado esta obra este año con Patricia Bravo ha sido un regalo único y a la vez doloroso, porque hubiera querido estar con ella en el momento en que saliera al fin de imprenta nuestro libro, con nuestros nombres. Pero ella, dulcemente determinada como era, ha puesto su propio punto final.

PATRICIA STAMBUCK
Publicado en “Punto Final”, edición Nº 746, 11 de noviembre, 2011
revistapuntofinal@movistar.cl
www.puntofinal.cl
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