Punto Final, Nº 753 – Desde el 16 al 29 de marzo de 2012.
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Bajando pa’ Puerto Aysén

 

JORGE Barría Cárcamo, dirigentes de los trabajadores salmoneros de Aysén.

 

 

“La mayoría de los trabajadores en Aysén, en especial las mujeres, laboran por cuenta propia. Por eso la tasa de cesantía es baja, 4,4%. Es un dato distorsionado de la realidad aysenina que ha servido al gobierno para falsear nuestra realidad”, señala Jorge Barría Cárcamo (49, casado, 7 hijos), ex militante comunista, presidente de la Federación Trabajadores Sindicatos Industria Salmonera (Fetrasal). “Tampoco -agrega- se considera el subempleo ni la calidad del empleo en Aysén, que es muy deficiente. En nuestra región hay alrededor de seis mil trabajadores relacionados con la industria salmonera. Pero gran parte de las empresas procesan los salmones en Chiloé y en Puerto Montt, por lo cual no generan trabajo en Aysén”.
Jorge Barría es analista de sistemas y estudió en el Duoc-UC de Santiago. Desde 1988 tiene actividad sindical, primero en el sindicato Friosur, del cual fue presidente, y enseguida en la Federación de Trabajadores de la Industria Pesquera y en el sindicato Salmones Antártica. Actual presidente de Fetrasal, Barría señala que el sueldo promedio en la región es de 220 mil pesos mensuales. Pero el costo de vida es muy elevado. Por ejemplo: cuatro metros cúbicos de leña mensuales significan 100 mil pesos (lo que gasta un hogar de cuatro a cinco personas). El gasto en electricidad de esa familia-tipo es de 30 mil pesos y el de agua, de 16 mil. El kilo de pan cuesta 1.200 pesos el kilo, en Puerto Aysén. Los precios de verduras y frutas son también elevados. La siguiente es la entrevista con PF.

UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

¿Cuál ha sido la participación de Fetrasal en la protesta de Aysén?
“Hemos participado desde la primera convocatoria, a comienzos de febrero. Entonces dejamos en claro que nuestra demanda de un sueldo mínimo regionalizado constituía un imperativo y era una de las prioridades para la comisión que nos representaría. Desarrollamos los planteamientos en una minuta, donde se argumentaba que la situación de los trabajadores de esta región debe ser evaluada de manera especial, por el alto costo que significa vivir en una zona aislada. La carestía significa que los sueldos, especialmente del sector privado, no se condicen con el costo de los alimentos, los arriendos y sobre todo, de la calefacción, que en su mayoría es a leña.
Hicimos gestos de transparencia y unidad al delegar en Joel Chodil, presidente de la CUT, nuestra representación en la mesa y en la presentación del proyecto que plantea que el subsidio de 17% a la mano de obra, que el Estado entrega a los empresarios, se entregue directamente a los trabajadores.
La demanda de un ingreso mínimo regionalizado la hemos trabajado desde hace años. La Concertación jamás quiso hacerla suya y hoy constituye una de las demandas más sentidas por los trabajadores de Aysén. Los gobiernos no se han preocupado con sentido patriótico de los habitantes de Aysén. Por ejemplo, la crisis que vivió la salmonicultura por el virus ISA, significó el despido masivo de trabajadores y el cierre de muchas industrias. El Estado no se demoró en un plan de salvataje para los empresarios y avalarlos para renegociar con los bancos. Pero para los trabajadores nada, absolutamente nada, en especial en esta región”.
¿Cómo se articuló la unidad entre tantas organizaciones sociales con dirigentes tan diferentes en lo político?
 “Me esforzaré en ser objetivo: pienso que el aislamiento económico, social y cultural de Aysén fue incubando en la gente una gran indignación. La protesta de Magallanes, en 2011, sirvió de ejemplo y estímulo para este levantamiento. Sin embargo, la atomización social en Aysén -sobre todo de los sindicatos- no daba garantías de una movilización efectiva. Nuestras organizaciones han sufrido el peso ideológico del sistema neoliberal. Cientos de trabajadores no pueden negociar colectivamente, producto de la precarización y externalización de los servicios en las industrias.
Así, por ejemplo, hay dos federaciones relacionadas con la pesca y salmonicultura. Una de ellas, desde mi punto de vista, está secuestrada por Salmón Chile, el gremio empresarial. Sus dirigentes pasan a ser funcionales a los empresarios y muchas veces actúan a espaldas de sus asociados.
Entre los pescadores artesanales hay más de 72 organizaciones sindicales. Este sector también ha sido víctima de la fragmentación orgánica e ideológica que provoca el neoliberalismo y de las maniobras de los gobiernos para dividir a los trabajadores con políticas clientelares. Gran parte de los pescadores artesanales no votan. Ni están inscritos. Muchos de ellos no han recibido educación pero tampoco les dan educación a sus hijos. No rompen el círculo de la pobreza. Sin embargo, en las caletas y asentamientos de pescadores en los fiordos de Aysén, que viven en condiciones muy precarias, las antenas parabólicas no faltan, como tampoco el celular o el plasma. No existe preocupación de los dirigentes en orientar a sus socios contra un consumismo que ha embrutecido el sentimiento de las personas. Sin embargo, los pescadores tienen gran capacidad de movilización y lo han demostrado muchas veces. Pero nunca han hecho un planteamiento en profundidad, reclamando un cambio estructural en su sector que les permita administrar sus propios recursos.
Importante es la participación de los camioneros, históricamente un gremio reaccionario; tácticamente es el actor más poderoso y sus condiciones en la mesa tienen que ser escuchadas, porque ellos pueden bloquear las carreteras.
Los empleados públicos plantean una demanda sensible y exigen equidad en el derecho a la asignación de zona. Hay funcionarios con más de diez años a honorarios o a contrata. Con razón piden una asignación de zona del 105%, o sea igual que las fuerzas armadas.
Hay demandas sociales importantes, como es el caso de la precaria atención en los hospitales. No hay especialistas, los médicos que llegan a la región carecen de experiencia, se lo pasan con licencias médicas, atienden en sus clínicas privadas, hacen tiempo dos años para ganar una pasantía y especializarse, y no volver nunca más a la región. Muchos profesionales jóvenes no tienen verdadera vocación. El hospital de Puerto Aysén está desabastecido. No hay quién haga funcionar una moderna máquina para sacar radiografías. En el hospital de esta ciudad de treinta mil habitantes no existe ginecólogo ni anestesista y las mujeres tienen que ir a parir a 65 kilómetros de aquí”.

ENSEÑANZAS DE LA PROTESTA

¿Qué enseñanzas dejará la protesta en Aysén?
“El aysenino ha comenzado a comprender que debe participar y se ha reencontrado con el amor a su tierra. Más que sentirse chilenos, somos patagones. Sin embargo, lo que aquí ha comenzado es un proceso, llevará años nuestra organización. Esta es una región con una incipiente tradición obrera, cuyas experiencias recién comienzan a escribirse, a diferencia de los mineros del norte de Chile. El aysenino ha sentido en estos días la importancia de exigir y pelear su territorio, su derecho a vivir dignamente. Mis abuelos llegaron en 1928, venían de Chiloé, como muchos otros colonos. Nunca recibieron el prometido título de dominio por la tierra que trabajaron. Su solicitud duerme el sueño eterno en Bienes Nacionales. Cientos de campesinos murieron esperando ese beneficio, que nunca llegó.
En todas las localidades el pueblo levantó barricadas. Esta declaración de rebeldía constituyó la primera señal de que el pueblo ya no resiste vivir supeditado a la dictadura del mercado. La gente está endeudada y sin proyectos de vida para los jóvenes. Son muchos los jóvenes que se suicidan en Puerto Aysén. Las gente vive la pobreza dura, oculta, que produce desesperanza a hombres y mujeres que se desplazan al Chubut, en la hermana y querida Argentina.
Es necesario profundizar las políticas administrativas que permitan beneficiar a las regiones, que tengan capacidad de redistribuir los recursos y reasignarlos a las necesidades principales. Hay que definir la descentralización y regionalización, para no depender del centralismo, y analizar si es posible y conveniente el Estado federado.
El patagón tiene presente que así como nuestros abuelos tuvieron coraje para enfrentar la adversa naturaleza, hoy no tiene sentido seguir viviendo en estas condiciones si se tiene coraje para seguir luchando”.

POR UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

¿Cree que la protesta social continuará a través del país?
 “Pienso que va a seguir en otros lugares del territorio nacional porque existen profundas razones para eso. Chile, como país, ha sido el experimento de un modelo económico-social y cultural impuesto a sangre y fuego por la dictadura militar. La Concertación administró este modelo y lo profundizó. Eso ha provocado que Chile sea uno de los países más injustos del planeta. La injusta distribución de la riqueza es vergonzosa. Pero creo que nuestro país ha comenzado a reconstruir el tejido social destruido por el neoliberalismo. Los estudiantes ya dieron el ejemplo el año pasado y seguirán dándolo. Magallanes volverá a protestar porque tampoco les resolvieron sus problemas, y lo mismo viene en Calama. Quien crea lo contrario o es un miope social o no entiende en qué país vive. Espero que la gente en Aysén esté a la altura del conflicto planteado y que no aceptemos migajas”.
¿Considera que la demanda de nueva Constitución Política mediante una Asamblea Constituyente es una demanda que une a la mayoría de los chilenos, o aún falta acumular más conciencia?
 “Este modelo ha hecho crisis y este país necesita un cambio profundo, no sólo en lo económico sino también en lo ético, en lo moral. Pienso que a través de movilizaciones como la de Aysén avanzamos en un proceso de toma de conciencia. Pero este modelo ha socavado las bases sociales y culturales, imponiendo formas de pensar egoístas y destructoras de la solidaridad entre seres humanos. Pero cuando el pueblo entienda, como está entendiendo, que la precariedad de oportunidades y la falta de soluciones a sus problemas cotidianos fue bien amarrada en la Constitución Política, verá que se necesita urgente una Carta Constitucional que cumpla requisitos básicos de democracia y justicia social, o sea, de una democracia participativa. La Asamblea Constituyente se hará necesaria junto con todos los instrumentos de expresión de los ciudadanos. Existe una efervescencia social en el país. La acumulación de fuerzas del campo popular este año será la expresión de una nueva voluntad del pueblo. Como dijo el líder revolucionario chileno, Miguel Enríquez: ¡Adelante con todas las fuerzas de la historia!”

PEDRO FERNANDEZ
En Puerto Aysén

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 753, 16 de marzo, 2012).

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