Punto Final, Nº 755 – Desde el 13 al 26 de abril de 2012.
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Bob Dylan llegó a
La Moneda

 

Un fuerte e inusual ruido se escucha desde hace algunas semanas en el sector donde se ubican las dependencias de la Presidencia de la República, en La Moneda. Curiosos, como se espera de ellos, varios periodistas empezaron a preguntar el origen de los sonidos que a diversas horas del día escapan desde las oficinas del primer mandatario. No les fue fácil descifrar el misterio. Tras su retorno de vacaciones, el presidente Sebastián Piñera hizo llevar a su despacho varias cajas que contenían pequeños parlantes. Llamó a los técnicos en sonido y les pidió que los instalaran estratégicamente en su oficina. Cumplida la tarea, el gobernante pudo satisfacer uno de sus grandes placeres: escuchar música reproducida con sistemas de gran calidad.
Cuando está solo, acompañado de tres pantallas de computación, de rumas de carpetas y de varios teléfonos, el presidente Piñera sube el volumen de la música y pulsa el play para escuchar a sus favoritos. Entre ellos priman los solistas y grupos rockeros estadounidenses e ingleses de fines de los 60 y los 70, en especial Bob Dylan y Los Beatles, según confidencian auxiliares que pululan por el lugar.
El presidente -convencido por sus asesores de imagen- disminuyó sus actividades públicas y sus frecuentes contactos diarios con ministros, subsecretarios y jefes de servicios. El low profile elegido, sin embargo, no ha logrado revertir la caída de su popularidad. La última encuesta de Adimark, empresa considerada “seria” por los asesores de Piñera, le dio sólo un 29% de apoyo, el más bajo durante su gobierno. Impertérrito, sin embargo, el mandatario sigue escuchando a sus músicos favoritos. Y piensa en el futuro.
Los especialista en comunicación de La Moneda lanzaron hace meses una de las más grandes ofensivas propagandísticas de los últimos 22 años. Eligieron cinco de las principales agencias de publicidad y concentraron en ellas todas las campañas publicitarias sectoriales, inundando la televisión, las radios y la prensa afín al gobierno. En las últimas semanas, varias personas naturales -a través de los mecanismos de la ley de transparencia- han solicitado a instancias oficiales que informen sobre las iniciativas publicitarias y los costos que han demandado. Las respuestas, según los plazos legales, se esperan para los próximos días.
En los ministerios, en tanto, acicateados desde La Moneda para que mejoren sus aprontes, se optó también por reforzar los equipos de comunicaciones, multiplicar las salidas a terreno de sus autoridades, afinar un calendario de inauguraciones para el invierno y diseñar nuevos planes y proyectos para anunciarlos en las semanas y meses venideros.
En resumen, la principal estrategia del gobierno para enfrentar su crisis de popularidad se orienta, hasta ahora, hacia los ámbitos de la publicidad y propaganda a través de los medios de comunicación. Las promesas de cambios reales, profundos, verdaderos, en tanto, se han diluido a la hora de transformar las iniciativas en proyectos de ley. Eso quedará demostrado, una vez más, cuando el presidente envíe al Parlamento la anunciada reforma tributaria. Todo apunta a que será un nuevo tongo, maquillado con múltiples pomadas, que no cambiará los ejes de la política tributaria vigente, diseñada por el ex ministro de Hacienda Hernán Büchi e impuesta por la dictadura militar en 1982.
En la actualidad, las empresas tributan el 5,5% de lo que venden; las personas naturales, en cambio, que ganan hasta 250 mil pesos al mes, pagan aproximadamente 26%. Esos porcentajes se mantendrán casi intactos en la reforma que el gobierno enviará al Congreso en los próximos días, además de proteger los privilegios de que gozan las grandes empresas para manipular sus balances, sus gastos e ingresos.
Las iniciativas legales del gobierno -salvo excepciones como la prolongación del postnatal- buscan impresionar a la ciudadanía con cambios aparentes. Pero en el fondo -en muchas ocasiones con la complicidad del propio Parlamento- pretenden que todo siga igual. En otras ocasiones, como en el caso de la ley antidiscriminación, el cuerpo legal es tan confuso e impreciso que nadie entiende nada. En palacio, mientras tanto, se escucha a Bob Dylan.

LIDERAZGOS LOCALES

El miércoles 25 de abril, fecha que los estudiantes universitarios eligieron para reiniciar sus movilizaciones, marcará la temperatura social que servirá de escenario de fondo a la campaña para las elecciones municipales de octubre. La actitud que asuman los estudiantes en las semanas y meses siguientes, podría contagiar a otros sectores, en especial de las regiones del sur y norte del país, para levantar sus reivindicaciones e introducir variables impredecibles en los comicios municipales.
Temas como la agudización de los problemas medioambientales y energéticos; la sequía y las crecientes disputas por el agua; la eventual reinstalación en la agenda informativa del conflicto mapuche; la distribución de las cuotas de pesca; el significativo retraso de la reconstrucción de viviendas dañadas por el terremoto de 2010; los crecientes problemas del transporte en todo el territorio y un probable invierno muy frío y lluvioso, entre otros, son calderas cuyas temperaturas vienen aumentando y que en algún momento entrarán en ebullición.
Los problemas ciudadanos son cada vez más locales y específicos y sus eventuales estallidos ocasionan dificultades graves. El último día de la Semana Santa, por ejemplo, una manifestación de pobladores de Pelequén, en la Sexta Región, que protestaban por los malos olores que emana una planta procesadora de desechos, y que decidieron bloquear la Ruta 5, produjo un atasco descomunal que retrasó en más de siete horas el retorno a sus casas de miles de familias que viajaron a las zonas del sur del país.
La irrupción de liderazgos locales -como el caso del buzo mariscador Iván Fuentes en Aysén-, que entusiasmen a los decepcionados de la política y los políticos, y a los millones que nunca han votado, podría romper la tranquila convivencia que hasta ahora han tenido en gran parte del país los representantes de la Alianza por Chile y de la Concertación.
En las elecciones primarias de candidatos a alcaldes de la Concertación, efectuadas el 1° de abril, quedó claro que en muchas de las casi 150 comunas consultadas -de 345 en todo el país-, ni siquiera votaron todos los militantes de los partidos del conglomerado opositor. En Santiago, por ejemplo, Carolina Tohá (PPD), fue elegida candidata a alcaldesa con 1.950 votos, de un total de 2.896. En 2008 el candidato de la Concertación, Jaime Ravinet, obtuvo 34.197 sufragios. En Valparaíso ganó Hernán Pinto (DC), con 5.255 votos de un total de 9.649. En 2008 el candidato de la Concertación, Aldo Cornejo, obtuvo 49.234 sufragios. En La Florida ganó Gonzalo Duarte (DC), con 2.416 votos de un total de 5.341. En 2008 el candidato de la Concertación, Jorge Gajardo, obtuvo 62.777 sufragios.
Entretanto, en la UDI y RN se optó por nombrar candidatos a dedo, mediante encuestas o acuerdos entre ambos partidos.

LOS NEXOS DEL PODER

La protesta social y la multiplicación de conflictos locales han creado un nuevo escenario político. Se está empezando a cuestionar seriamente la institucionalidad y no sólo la actuación de sus principales representantes. El exacerbado centralismo, condicionado por los intereses de grandes conglomerados económicos, resulta cada vez más difícil de soportar en las provincias. Nombramientos como el del nuevo ministro de Energía, Jorge Bunster, ex gerente general de Copec durante 15 años, no puede ser bien recibido por quienes han sufrido el aumento de los precios de los combustibles como lo son, entre muchos, los habitantes de la Patagonia y de Magallanes.
Tampoco resulta comprensible que dos de los jueces de la Corte Suprema que rechazaron un recurso de apelación por la construcción de las represas de HidroAysén, estén vinculados a intereses en las compañías impulsoras del proyecto.
Situaciones como éstas se han hecho cotidianas y se difunden y comentan en las redes sociales donde, a diferencia de los medios masivos de comunicación, estos hechos se exponen y no se ocultan. La creciente simbiosis entre el poder económico y el político resulta cada vez más evidente. Todas las esferas del acontecer ciudadano, por superficiales o inocuas que parezcan, desde los municipios hasta los ministerios, han sido ocupadas como parcelas de intrincados intereses. Ya no sólo son los ámbitos tradicionales de la industria, el comercio, la banca y los servicios, incluidos en ellos la salud, la educación y el transporte publico. Ahora también figuran los medios de comunicación, la cultura, los deportes e incluso, las instituciones de beneficencia.

LA MALVADA TELEVISION

¿Qué hubiese ocurrido hace 25 años si José Yuraszeck, connotado ex funcionario de la dictadura militar que devino -gracias a la privatización de empresas en el régimen de Augusto Pinochet- en un próspero y versátil empresario, hubiese llegado a la presidencia del club de fútbol Universidad de Chile? Hoy, aparentemente, no sorprende a nadie. Tampoco, supuestamente, importa que el grupo Luksic, uno de los mayores conglomerados económicos del país, controle el Canal 13 de televisión y tenga a medio país subsumido en un reality de contenido rosa que debe hacer darse vueltas en sus tumbas a los forjadores de la televisión universitaria. Y tampoco, engañosamente, parece afectar que los dueños del consorcio Falabella manejen el Canal 11 de televisión. ¿Por qué habría de inquietar a alguien, si Chile entero ya es un supermercado?
Desde hace un año el país se ha visto cruzado en todos sus niveles por un debate sobre la necesidad de mejorar la educación. Todos parecen estar de acuerdo en que es urgente y sólo se difiere en los modos de hacerlo. Muy pocos, sin embargo, han dicho algo sobre los contenidos de la televisión a la hora en que niños y adolescentes se instalan frente a la pantalla. Entre las 14 y las 20 horas, sólo pueden verse teleseries o programas de farándula. Esos son los contenidos del principal vehículo de educación directa con que cuenta el país. Y en las noches -salvo honrosas excepciones- ocurre lo mismo.
Un magallánico o un patagón, un mapuche o un penquista, un porteño o un chango, un coquimbano o un calameño, encienden el televisor y a través de la pantalla observan un mundo que no tiene absolutamente nada que ver con ellos. A veces, en las noticias, se cuelan algunos segundos de imágenes familiares a su entorno, casi siempre vinculadas a la crónica roja o al turismo. Casi nada más. Es el centralismo. Y también el modelo económico imperante.
No son Los Beatles, ni menos Bob Dylan.

MANUEL SALAZAR SALVO

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 755, 13 de abril, 2012)

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