Punto Final, Nº 755 – Desde el 13 al 26 de abril de 2012.
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Los canallas y Camila

No bien Camila Vallejo se bajó del avión que la llevó a Cuba, el odio mal encubierto de la derecha se dejó sentir con su olor a azufre característico.
Con estilos diferentes, pero encarnando la misma cultura retrógrada y delirante, distintos personeros ultraderechistas se alarmaron porque la dirigente estudiantil viajó a Cuba, como si ese hecho fuera un pecado por el cual merece la hoguera.
En las reacciones fosilizadas de sus  voceros se pueden observar rasgos que a veces se creen olvidados en el tiempo, pero que en esos representantes de la cultura dominante se ven de lo más frescos y remozados. Lo mejor y más depurado del odio ancestral e inherente a la ultraderecha, se ha visto emerger con particular saña contra Camila.
Hace unos veinte años esa bronca que sale de las palabras de sus líderes tenía expresiones mucho más dramáticas y concretas, cuyo reguero de asesinados y desaparecidos nos llega hasta hoy, como recuerdo trágico que no ha tenido la sanción merecida. Es que la derecha no se anda con chicas.
Una cosa es que hayan cometido el error de gobernar de un modo que les es francamente incómodo, y la otra es reprimir sus escupitajos contra quien se ha dado el lujo de incomodarlos sin alzar la voz. Los pretendidos verdugos de Camila tienen en sus blasones los rasgos de los que entraron a sangre y fuego en nuestros países y así, con esos métodos, se han mantenido hasta ahora. Esos personajes travestidos en ministros, diputados y senadores, representan  todo lo oscuro de una genealogía bárbara que se adueñó de territorios, riquezas y personas por mandato divino, pero usando para el efecto las herramientas terrenales que ofrece la explotación, el saqueo, el crimen. A estos sujetos los une con el oscurantismo de la Inquisición el mismo afán homicida y saqueador de aquella época llena de sangre y terror. En especial, nostalgias de por medio, con su brazo secular que, contemporáneamente, ha tenido versiones no muy distintas a las de ese tiempo.
Desde entonces, la derecha ha evolucionado en sus métodos, pero no en principios y convicciones. Ni tampoco en su desmedida y enfermiza tendencia a la acumulación de riquezas más allá de toda racionalidad. Herederos de esa cultura oscura y tenebrosa, cuyos mejores representantes ofician en distintos ministerios, en el Parlamento y en algunas alcaldías, han reaccionado de una manera desproporcionada por el viaje de Camila a Cuba. En especial por su reunión con Fidel Castro y su opinión respecto del Comandante.
Les escuece que una joven dirigente legítima de los estudiantes haga uso de sus facultades en tanto persona y haga saber su opinión. Y que se solidarice con Cuba  y manifieste su admiración por un  líder indiscutido de los pueblos, como es Fidel Castro.
Es extraño que católicos de misa diaria y cilicio, profundos admiradores de todo lo monástico y retardatario, con muchos curas, monjas y obispos en sus familias,  no tengan la misma opinión respecto al Papa, por ejemplo, que también se reunió con el anciano barbudo, hereje y excomulgado, al que los cubanos llaman El Caballo.
El agravante de Camila lo da su condición de mujer. De haber sido Camila Vallejo de la cuna de la aristocracia chilena, estaría en un convento como abono en vida al pago celestial debido a los pecados de su familia. O circunscrita a un orden en que las mujeres con cierta inteligencia son prontamente amaestradas y convencidas que más vale callar a tiempo.
En otras épocas, un auto de fe habría dado con Camila en una hoguera, acusada de brujería. Mientras tanto, sin esos métodos al alcance de la mano, se contentan con la descalificación misógina y artera.
Pero por sobre todo parece irritarles que Camila Vallejo no sólo sea una mujer inteligente, sino que les molesta que sea una mujer bella. La habrían preferido con el rasgo tosco, los pómulos altos y palabras duras y filosas, como pedradas beligerantes y precisas. No como la mujer que es, que no necesita la estridencia para hacer saber sus argumentos con un verbo fluido y certero.
Malas noticias para los administradores y sostenedores del sistema. La premonición del  presidente Allende comienza a mostrar sus primeras certezas. Otros hombres y mujeres comienzan a dar los primeros pasos para superar el largo tiempo gris oscuro que se fundara un martes nublado. Y ese hecho innegable de la historia, no hay canalla capaz de evitarlo.

Ricardo Candia Cares

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 755, 13 de abril, 2012)

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