Punto Final, Nº 763 – Desde el 3 al 16 de agosto de 2012.
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La Concertación, vocera del Grupo Luksic

 

La última semana de julio los habitantes de Freirina, organizados en torno a un frente social contra la pestilencia de los residuos de la procesadora de carnes Agrosuper, levantaron nuevamente la voz. Esta vez contra la empresa de relaciones públicas Gestión Social, contratada por la faenadora de cerdos para limpiar su imagen a través de campañas de opinión pública y lobbying hacia las elites.
Gestión Social podría ser una empresa más de ese rubro. Pero es una de las líderes, con un gran capital social y también político. Está presidida nada menos que por Eugenio Tironi, el director de Comunicaciones durante el gobierno de Patricio Aylwin y uno de los estrategas de la Concertación. Tironi dirigió la frustrada campaña presidencial de Eduardo Frei en 2009 y ahora mira “De cara al futuro”, rubricando un documento que reivindica los veinte años de la Concertación como proyecto 2013.
Gestión Social no solo asesora a Agrosuper. En su cartera de clientes tiene a empresas como Endesa, Enersis, CCU, Aguas Andinas, Colbún, Cencosud y Angloamerican, entre otras, vínculos que han creado un lazo dorado entre el ala “socialista” de la Concertación y la cúspide empresarial neoliberal. Porque Tironi es también pieza clave en directorios de transnacionales como Enersis, y correa transmisora entre los negocios y la política.
El caso de Tironi está replicado en varias otras figuras que, en algún momento, pasaron por altos cargos en los gobiernos de la Concertación. Una tribuna de poder que les llevó a una virtuosa mutación no sólo pecuniaria, sino política e ideológica. En esta panoplia se exhiben nombres como Enrique Correa, Daniel Fernández, Oscar Guillermo Garretón o Jaime Estévez, por nombrar a los más conocidos.

CANAL 13 PRESIDIDO POR EL PPD

Esta transformación, que ya lleva más de veinte años, parece tener aún cuerda para rato, ampliando el giro hacia nuevos rubros del negocio. El Canal 13 de TV, tribuna audiovisual del Grupo Luksic, hoy el más poderoso del país, anunció un cambio en la presidencia de la televisora, el que sin embargo se mantiene en manos de la Concertación. Dejó la dirección el democratacristiano René Cortázar para que ingresara el PPD y ex ministro de Hacienda de Ricardo Lagos, Nicolás Eyzaguirre. Hasta aquellas horas el economista tenía un alto cargo en el Fondo Monetario Internacional, organismo que pavimentó las bases del neoliberalismo en América Latina. Su mecanismo de superávit fiscal estructural y el alza del IVA para equilibrar la rebaja arancelaria, dos de sus más recordadas medidas en Hacienda, recibieron sin duda los aplausos del FMI.
Hubo otro paquete de medidas de Eyzaguirre que hoy ha de hacer que sea recordado con agrado por el empresariado: la agenda procrecimiento, compendio de desregulaciones que ayudó al sector privado a salir del estancamiento económico hacia la mitad de la década pasada y, de paso, a consolidar el modelo neoliberal tal como lo conocemos hoy. Nunca en su historia moderna el sector privado había tenido tanto poder y tantas utilidades a costa de trabajadores y consumidores. Chile se convirtió así en paraíso empresarial y paradigma de la desigualdad.
Pero hubo otra operación durante su administración en Hacienda que favoreció directamente al Grupo Luksic. Eyzaguirre, junto al socialista Jaime Estévez en la dirección del BancoEstado, le otorgaron un crédito “preaprobado” al Grupo Luksic por 120 millones de dólares para conseguir el control del Banco de Chile. Un préstamo que fue calificado más tarde por Estévez como parte del “rol social” que cumplía el banco público.
Según afirma la prensa del duopolio, los Luksic, antes de fichar a Eyzaguirre, habían sondeado a Carlos Hurtado y a Daniel Fernández, ambos ex directivos de TVN, ambos también de la Concertación. El primero tal vez declinó por sus variados directorios, en tanto Fernández, ya se sabe, permanece como vicepresidente ejecutivo de HidroAysén, proyecto de Endesa y Colbún.
El acomodamiento al interior del Canal 13 fue completo. Al directorio ingresaron otros ex ministros: Alejandro Jadresic, titular de Energía durante el gobierno de Frei Ruiz-Tagle, y el UDI Rodrigo Alvarez, ministro de la misma cartera durante la actual administración.
Pero la operación político-empresarial fue aún mayor. Este reacomodo tuvo su corolario en Antofagasta Minerals, el consorcio estrella del Grupo Luksic, con el ingreso de Diego Hernández, hasta entonces presidente ejecutivo de Codelco. Hernández, que había sido un alto ejecutivo en otros competidores de Codelco como Angloamerican, ha regresado al sector privado. No pocos observadores se preguntan cuánta información de Codelco se lleva a las mineras de Luksic.
Sobre Hernández no hace falta ahondar. Los negocios son parte del genoma político de la derecha. Pero aún no deja de sorprender la Concertación, cuyos notables son fichados por el grupo económico que es el paradigma del Chile neoliberal y desigual durante los mismos momentos en que el conglomerado, y en especial el PPD, intenta levantar un discurso que relata su nostalgia izquierdista. El doble estándar, la confusión ideológica es simplemente un eslogan electoral. La Concertación ha crecido torcida hacia la derecha, hacia el dinero. Su vocación es el oportunismo. Extraña contradicción entre ser y parecer de Izquierda, una paradoja que se halla con énfasis entre el actuar y el decir. Una práctica que ha resultado muy útil en los periodos electorales, pero como política terminó por desfondarse en 2009. Por las últimas señales, vemos que el guión vuelve a repetirse.
Porque el pasado y la imbricación con los poderes económicos los ata. La Concertación depende del gran empresariado. Si recordamos la trayectoria del saliente presidente de Canal 13, René Cortázar, aquel ministro de varios gobiernos de la Concertación y presidente de Televisión Nacional, vemos vínculos impresionantes. En algún momento fue miembro de directorios tales como D&S, entonces dueño de supermercados Líder; Corpbanca (que preside Alvaro Saieh, dueño de Copesa); Entel y AEG-Gener. Ahora, fuera del Canal 13, sus ambiciones regresan a la política, esta vez por una senaturía.

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El Grupo Luksic compró el control del Canal 13 a la Iglesia Católica en irrisorios 55 millones de dólares. Una estación con un tremendo pasivo y en caída en audiencia. Desde entonces, la estación, liberada de la atadura católica que influía en sus contenidos, ha tenido un repunte impresionante en audiencia y ventas de publicidad. Canal 13, aun cuando sea un negocio menor para el conglomerado Luksic, es un instrumento para reforzar un modelo masajeado por los medios de comunicación: entretención, alienación y mucho consumo. Una fórmula perfecta, que va de la mano de la banca y está íntimamente emparentada con las bases del modelo de libre mercado. Ya lo dijo el mismo Andrónico Luksic a minutos de firmar el contrato con la UC: “Nos permite ingresar a un sector de las comunicaciones que tiene enormes expectativas de desarrollo a través de una marca, como es Canal 13, que fue pionera en Chile y que cuenta con un enorme prestigio en el país”.
El Grupo Luksic está no sólo en los sectores más rentables, como la banca y la minería, sino también en los más influyentes. Y si hasta ahora la influencia pública y privada había sido más o menos oblicua, hoy, con un canal en las manos, es directa. Recursos financieros no le faltan a este gigantesco conglomerado para colocar al Canal 13, ahora sin la ambigua cortapisa moral de la Iglesia Católica, en la dura competencia por el rating y los ingresos publicitarios. Desde su compra hace un par de años, el Canal 13 ha conseguido ubicarse en el primer lugar del rating de televisión, a la vez de convertir sus pérdidas en números azules. Cuando compró el Canal 13, éste estaba en el cuarto lugar de rating general con pérdidas por 14 mil millones de pesos. Hoy, al cierre de la gestión de René Cortázar, la televisora anota más de 1.500 millones de ganancias en el primer trimestre de 2012 y lidera la audiencia del año.
El Grupo Luksic no es Canal 13. La pieza clave del grupo es Quiñenco, sociedad desde la que se desprenden sus diferentes industrias y servicios. Entre ellas, Madeco, CCU, el Banco de Chile y Telsur. En un área diferente está Antofagasta Minerals, la principal minera privada chilena, integrada por Minera Los Pelambres, Minera El Tesoro y Minera Michilla, todas dedicadas a la extracción de cobre, además de molibdeno como subproducto. En 2010, el área minera del grupo tuvo ganancias por 3.600 millones de dólares, un 32 por ciento más que el año anterior.
En este universo empresarial ingresa Nicolás Eyzaguirre, por lo que hay que considerar numerosas variables para entender esta contratación. Porque Eyzaguirre no es un experto en televisión, sí un prestigioso economista neoliberal, para el caso una influyente figura política que podemos proyectar hacia una próxima candidatura de Michelle Bachelet. La relación entre la política y los negocios adquiere aquí una categoría especial, la que se extiende hacia los dos ex ministros de Energía. ¿Por qué de Energía? Posiblemente porque es una de las áreas que hoy obstaculiza los proyectos mineros del Grupo Luksic.
La Concertación, que pretende un nuevo gobierno, ha caído ya en sus vicios endógenos. Es una coalición que se nutre del modelo neoliberal. Su alimento es la cooptación empresarial y su subsistencia está acotada por el modelo neoliberal.

PAUL WALDER

 

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 763, 3 de agosto, 2012)

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