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Frente a la difamación, tiene la palabra el pueblo mapuche

 

Gobierno, medios de comunicación y hasta la oposición -mediante la ambigüedad y ambivalencia de sus declaraciones-, han desatado una campaña de imprevisibles consecuencias contra el pueblo mapuche y sus reivindicaciones históricas. La suma del poder se descarga sobre los mapuches a raíz del incendio que costó la vida al matrimonio Luchsinger-MacKay en Vilcún, región de La Araucanía. Este acto criminal fue imputado de inmediato, sin ninguna prueba, al pueblo mapuche. Una tempestad de amenazas y medidas represivas, a las que hace coro una racista y malévola campaña de prensa, intenta amedrentar a las comunidades mapuches.
PF condena el crimen de Vilcún y demanda justicia para sus víctimas, lo cual exige determinar quiénes fueron los autores y cómo ocurrieron los hechos. A la vez, condenamos enérgicamente la odiosa campaña contra el pueblo mapuche. No cabe duda que se orienta a aniquilar la Coordinadora Arauco Malleco, bastión contemporáneo de la resistencia mapuche, propósito que en vano intentaron los gobiernos de la Concertación. Se trata de una operación que coloca al Estado al servicio de los consorcios forestales y latifundistas que explotan tierras usurpadas al pueblo mapuche. En este momento sombrío, cargado de malos presagios, creemos necesario dejar la palabra -que hacemos nuestra-, a uno de los dirigentes mapuches más representativos.

PF

(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 774, 11 de enero, 2013)

Tenemos una ética de la acción política

“En la Araucanía hay mucha riqueza para los grupos económicos y mucha pobreza para sus habitantes. Es un gran contrasentido. Usted me dirá que ocurre también en el resto de Chile y de América Latina. Es verdad. Pero pienso que en pocos sitios es tan brutal como en nuestros territorios. Aquí, los indicadores de pobreza son más altos y la riqueza que se genera se la llevan las grandes empresas, buena parte de ella fuera del país. El abuso es enorme.

Bajo nuestras definiciones y praxis política anticapitalista, tenemos claro quiénes son nuestros principales enemigos y por eso no damos prioridad a lidiar con latifundistas y parceleros. En algunos lugares hay conflicto con agricultores pequeños, porque comunidades autónomas específicas desarrollan objetivos que ellos mismos han definido. Pero las orientaciones de la CAM no consideran una línea de acción contra parceleros menores, y menos contra campesinos pobres, muchos de los cuales quedaron situados entre comunidades durante la Reforma Agraria.

Nuestros enemigos son las forestales y los grandes latifundistas. Sin embargo, ellos, que son los verdaderos responsables de la explotación y despojo de nuestro territorio, usan a su favor las disputas con parceleros para mostrar al mapuche como un enemigo de los pequeños propietarios y agricultores. Para eso cuentan con una prensa fascista al servicio del poder, que permanentemente desarrolla campañas para denostar la lucha mapuche y crear las condiciones para incriminarnos artificiosamente, lo que a su vez sirve de plataforma para los discursos y posturas antimapuche de las autoridades de turno.

Lo habitual es que los Organos de Resistencia Territorial (ORT) que se identifican con la CAM, reivindiquen las acciones que ejecutan. Así, no se da lugar a ambigüedades. No se actúa contra cualquiera ni de cualquier manera. Tenemos una ética de la acción política. Naturalmente, hay expresiones de la lucha mapuche que no controlamos. Nuestra política es avalar los enfrentamientos que se producen cuando la participación mapuche es defensiva. No planteamos acciones ofensivas, ni siquiera contra la fuerza policial que sostiene hoy una forma de ocupación y militarización. No se han desarrollado acciones contra ellos, por más que los medios de comunicación han intentado hacer creer lo contrario.
Como es evidente al analizar nuestro accionar, no propiciamos muertes ni pretendemos dañar a las personas. Nunca hemos planteado emboscadas. Pese a todo, incluso a circunstancias como las actuales, nos identificamos con valores, con propósitos nobles. Buscamos reconstruir armonía, buscamos justicia, luchamos por restablecer un tipo de sociedad mapuche sana y justa. Por eso, la lucha es eminentemente política. Hay que evitar a toda costa una lucha cruenta”

HECTOR LLAITUL CARRILLANCA (*)

(*) Dirigente de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM). Actualmente se encuentra en la cárcel en huelga de hambre desde hace dos meses.
(Tomado del libro Weichan. Conversaciones con un weychafe en la prisión política, Héctor Llaitul/Jorge Arrate, Ceibo ediciones, 2012; págs. 293 y 294).

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 774, 11 de enero, 2013)

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