Punto Final, Nº775 – Desde el 25 de enero al 7 de marzo de 2013.
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“…mi favorito sigue siendo el ojo que invita a irse lejos de la mirada, lejos de lo mirado”.
(Alejandra Pizarnik, “Diarios”, 1962, 24 de abril).
“Dudo de que toda la filosofía de este mundo consiga suprimir la esclavitud; a lo sumo le cambiarán el nombre”.
(Marguerite Yourcenar).

Viven con la cabeza gacha, concentrados. Son de todos los sexos, fenotipos, profesiones, ocupaciones. Están en el Metro, calle, ascensores. Oscilan entre los 45 años y la niñez. Están “en red”. Son nodos biológicos de relaciones electromagnéticas que se establecen en las redes sociales de Internet. No habitan el ciberespacio, lo son, se localizan por GPS, se hablan y observan por Skype, opinan en 140 caracteres. Se desplazan muy rápido, con la vista hacia abajo en ángulo de 45 y hasta 60 grados, sumergidos en un aparato rectangular anidado en la palma izquierda. El índice de la mano derecha se desplaza a gran velocidad sobre la pantalla táctil. Otros lo hacen con el pulgar de la misma mano que porta el rectángulo.
Es el mismo dedo que permitió hace un millón de años a un grupo de primates que se puso de pie (Homo erectus) evolucionar al Homo habilis y luego al Homo sapiens. En Terminología Anatómica Internacional (ATI) al pulgar se le conoce con el código A01.2.07.027 y con los nombres latinos de pollex o digitus primus manus. Aunque parezca casualidad (“sincronicidad”, diría Carl G. Jung) si se suma ese código 1+2+7+2+7 da 1+9 = 1+0 = 1. Uno. Primer dedo. El dedo Mago. El que tiene la capacidad de ser oponible a los demás dedos. Es el dedo que generó las condiciones para el crecimiento del volumen del cráneo y del cerebro, para prender objetos, herramientas, inventar y operar máquinas… y ahora es el operador de estos Smartphones(teléfonos móviles inteligentes, según el traductor Google), así como de Ipods e Ipads que mantienen a toda esa gente con la cabeza gacha.
Los cabezagacha reaccionan al unísono. Son como una nueva especie que está generando la evolución. No han oído de la aldea global de McLuhan, pero la viven. Cuando por algún motivo la red se cae, se desorientan como hormigas sin rumbo. Habría que estudiar hasta dónde esto de la “cabeza gacha” es sólo una descripción o una metáfora. Y hasta dónde este nuevo despertar del dedo Mago está anticipando un nuevo salto evolutivo. “San Google” es una ventaja que hace poco era ciencia ficción. Hoy es una memoria colectiva de alcance planetario.
Hace unos días con mi nuera Pamela y mi hijo Cristián, ambos artistas visuales que trabajan en su Taller 15 del Barrio Bellavista, quedamos en la calle porque con la emoción y el apuro de ir a mostrarme su nueva casa-taller en un clásico cité de Dardignac con Purísima (frente a mi peluquero, también clásico y de culto, por más señas) se les quedaron las llaves adentro. Era domingo, enero, después del Año Nuevo, atardecía, todo cerrado. ¿Qué hacer?
Una joven vecina (miembro activa de la especie arriba descrita) se inclinó sobre su Smartphone, deslizó su pulgar con la velocidad del rayo y en segundos apareció una selección de “cerrajeros 24 horas”. Me dictó los números, llamé desde mi más primitivo celular-sólo-teléfono. Don Belarmino llegó cuarenta minutos después en su auto de los años 90. Venía desde Peñalolén, y en menos de cinco minutos, operando con su pulgar e índice unas misteriosas varillas, abrió la puerta con delicadeza casi prístina. Asombrados, le propinamos un espontáneo aplauso. ¿Cómo lo hizo?, pregunté. Esbozó una sonrisa mágica: “Con mucha paciencia, sabiduría y las herramientas adecuadas”. Habíamos sido protagonistas de una extraña interacción entre un artesano cerrajero, oficio cuyos orígenes se remontan a la Antigüedad, y una herramienta cognitiva humano-cibernética que se nos viene encima como un portal en tránsito Presente-Futuro.
Vuelvo con mi crítica contra los cabezagacha, de quienes sospecho que han desarrollado un sexto sentido especial, como un ciclópeo tercer ojo invisible en el centro de la frente. Es la única explicación que se me ocurre para comprender el porqué no se estrellan con postes, otros peatones, edificios, autos, policías. Pues se desplazan por entre la masa peatonal y el tránsito vehicular como si un radar les permitiera soslayar todos los obstáculos. ¿Y si ocurriera un accidente y de pronto se estrellaran contra la realidad?
No seas burlón, Faundes, me digo. Porque, ¿acaso la realidad no es también lo que ellos están viviendo? ¿Y no es la realidad aquella interacción que se forma entre la red de cabezagachas, la memoria planetaria que se expande a la velocidad de la luz por la Internet 1 (la de los comunes), por la Internet 2 (la de los científicos) y quizás hasta por una presunta Internet 3 (top secret), y que se enreda e interacciona además con los movimientos sociales, la opinión pública, los pueblos-naciones oprimidos y las rebeliones ciudadanas?
Ojalá que a la Ley Hinzpeter no se sume ahora una indicación anti-cabezagacha… The End. Debo agachar mi cabeza.

Juan Jorge Faundes

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 775, 25 de enero, 2013)

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