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CELAC, en la ruta de Bolívar

 

La reunión que celebra en Chile la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC), constituye un importante paso adelante en el proceso de unidad e integración de nuestras naciones que, en el último decenio, ha logrado gran ímpetu. El sueño de varias generaciones de luchadores sociales y políticos latinoamericanos, inspirados en las enseñanzas del Libertador Simón Bolívar, está abriéndose camino mediante la creación de instrumentos como CELAC, Unasur y Alba, que permiten una construcción sólida para afrontar a los poderosos enemigos históricos de la unidad política, económica y cultural de América Latina y el Caribe.
Punto Final, latinoamericanista desde su fundación en 1965, saluda la presencia en Chile de los jefes de Estado y gobierno de los 33 países miembros de CELAC. En forma especial, al presidente de la República de Cuba, Raúl Castro Ruz, que asumirá durante 2013 la presidencia de la organización. Por otra parte, hay que lamentar la ausencia del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, decidido impulsor de CELAC y de las demás iniciativas para fortalecer la unidad e integración del continente. El mandatario venezolano se recupera en La Habana de una compleja cirugía anticancerosa. Su salud ha sido objeto de enorme atención pública -y de mucha especulación malintencionada- lo cual revela la importancia del liderazgo de Chávez y de la revolución bolivariana en la escena internacional. No obstante, Venezuela estará representada al más alto nivel en la Cumbre de CELAC por el vicepresidente Nicolás Maduro y el canciller Elías Jaua, ex vicepresidente ejecutivo y ex ministro de Agricultura.
Los líderes de CELAC se reunirán esta vez con sus pares de la Unión Europea (UE). Así, los gobiernos de sesenta gobiernos participarán en un debate que debe tocar el nervio más sensible de la crisis que vive el capitalismo: la naturaleza y objetivos de la inversión extranjera en América Latina y el Caribe. La crisis sistémica capitalista, que castiga con crueldad a países europeos cuyos trabajadores se ven lanzados a la cesantía y el hambre, amenaza expandirse a todo el mundo. Los grandes inversionistas, sin embargo, pretenden protegerse -e incrementar sus ganancias- mediante operaciones especulativas y maniobras de expoliación -disfrazadas de “inversiones”- en América Latina y otras regiones. Desentrañar la naturaleza y propósitos de la inversión extranjera en el marco de la crisis capitalista, y adoptar medidas que resguarden el interés de los pueblos de América Latina ante la voracidad y carencia de ética del capitalismo, es por lo tanto un objetivo de alto interés para CELAC. Se debe impedir a toda costa que el llamado “capitalismo salvaje” trate de resolver su crisis a costa de las penurias y la explotación de nuestro continente. Chile es una muestra de las desmesuradas ganancias que obtiene la inversión extranjera inescrupulosa y antinacional, sobre todo en la industria extractiva, pisoteando la soberanía nacional. Los países latinoamericanos, sin duda, necesitan inversiones, tecnología y conocimientos científicos para asegurar su desarrollo y el bienestar de los pueblos. Por eso, justamente, se requieren normas -que comprometan a todo el continente- que hagan respetar el interés nacional a los inversionistas privados. Promover -como establece la convocatoria de esta Cumbre-, inversiones de calidad social y ambiental, debe abrir un debate esclarecedor con la UE que permita avanzar a medidas concretas.
CELAC está en condiciones de proteger las economías de la región y defender los derechos sociales y ambientales. Representa 550 millones de personas que habitan una enorme superficie de 20 millones de kilómetros cuadrados, rica en recursos naturales y con presencia de economías como la de Brasil, que pesan en el plano mundial. El diálogo con la UE debe plantearse con la claridad y franqueza que exigen los nuevos tiempos. Hoy vivimos tiempos bolivarianos de revaloración de la dignidad e independencia latinoamericanas, y algunas naciones han comenzado a explorar los caminos inéditos del socialismo del siglo XXI.
Creada en 2011, CELAC es fruto de este largo proceso. Hace casi 20 años, en la Universidad de La Habana, cuatro años antes de ser elegido presidente de Venezuela, Hugo Chávez sostuvo: “El siglo que vivimos, para nosotros, es el siglo de la esperanza, es nuestro siglo, es el siglo de la resurrección del sueño bolivariano, del sueño de Martí, del sueño latinoamericano”. El enorme esfuerzo desplegado por Chávez -en una vertiginosa toma de iniciativas- ha contribuido en forma decisiva al notable avance experimentado por el proceso de unidad e integración de América Latina y el Caribe. Venezuela y Cuba tomaron la iniciativa que prendió entre países más afines en lo político y social. En La Habana nació el 14 de diciembre de 2004 la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (Alba-TCP), con la participación de Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Antigua y Barbuda, Dominica y San Vicente y las Granadinas. La participación de Honduras se vio truncada por el golpe de Estado que derrocó al presidente Manuel Zelaya en junio de 2009. Fue un zarpazo imperialista para impedir que esa empobrecida nación alcanzara la independencia y justicia social que anhela.
La creación del Alba, en todo caso, fue decisiva para derrotar al Area de Libre Comercio de las Américas (Alca) que impulsaba Estados Unidos para subordinar al continente a las normas de los tratados de libre comercio elaborados en Washington.
El siguiente paso se dio el 17 de abril de 2007 en la isla venezolana de Margarita, con la fundación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que se consolidó en Brasilia al año siguiente. Unasur la integran doce países, uno de los cuales es Chile. Su primer secretario general fue el ex presidente argentino Néstor Kirchner, decidido impulsor de ese proyecto. El 28 de junio de 2009, Unasur sufrió el golpe que derrocó al presidente de Paraguay, Fernando Lugo, que impulsaba las políticas bolivarianas en su país. No obstante los obstáculos y amenazas, Unasur se ha venido desarrollando en diversas áreas.
El esfuerzo reseñado por la unidad latinoamericana y caribeña culminó con la creación de CELAC, organización regional que toma decisiones e iniciativas sin la intervención de EE.UU. y Canadá, como sucede en la OEA. En CELAC conviven gobiernos con instituciones políticas y modelos de economía muy distintos. Es el caso de Cuba y Chile, por ejemplo. En uno el socialismo; en otro, el capitalismo en grado de paroxismo. Sin embargo, han podido trabajar y cooperar en un marco de relaciones de Estado absolutamente normales y mutuamente respetuosas. En agosto del año pasado los cancilleres de Chile y Venezuela, Alfredo Moreno y Nicolás Maduro, y el vicecanciller de Cuba, Rogelio Sierra, hicieron una gira para dialogar con China e India, y abrir nuevos canales de intercambio de CELAC con esas potencias asiáticas.
Sin duda, la Cumbre de CELAC reiterará la condena al bloqueo norteamericano a Cuba y expresará su solidaridad con la lucha anticolonial que libra Argentina, exigiendo la recuperación de las islas Malvinas. Asimismo, la alternancia en la presidencia de CELAC -en que el neoliberal mandatario Sebastián Piñera es reemplazado por el socialista Raúl Castro-, demuestra el pluralismo en lo ideológico-político de una organización regional llamada a superar la vergonzosa historia de la OEA.
En paralelo a la Cumbre CELAC-UE, se efectuará la Cumbre de los Pueblos de América Latina, el Caribe y Europa. Centenares de organizaciones sociales, sindicales y políticas se han coordinado para debatir durante tres días los problemas más urgentes que afectan a los pueblos de ambos continentes. La convocatoria señala que “la evolución política en América Latina y el resto del mundo exige una respuesta unitaria de nuestros pueblos y una salida radicalmente alternativa al actual modelo neoliberal”. Destaca la necesidad de cuestionar “los intentos gubernamentales de utilizar la inversión de capitales europeos en América Latina como un camino de salida” a la crisis. Propone evaluar los efectos de las inversiones y de los TLC “por su carácter predador de los derechos sociales, del ambiente y de las condiciones laborales, y vector del agravamiento de la tremenda desigualdad social que azota a nuestras sociedades”.
La Cumbre de los Pueblos sin duda expresará solidaridad con el pueblo mapuche, que afronta una dura represión en nuestro país. Dos dirigentes de la Coordinadora Arauco-Malleco, Héctor Llaitul y Ramón Llanquileo, cumplen en la cárcel 70 días en huelga de hambre demandando derechos mínimos de prisioneros políticos. Sin duda la Cumbre de las organizaciones sociales hará sentir la voz de los trabajadores, estudiantes, pobladores y adultos mayores que luchan “por la unidad entre las naciones y los pueblos latinoamericanos y europeos, la defensa de los bienes comunes y por el rechazo a la mercantilización de la naturaleza y la vida”, como señala su convocatoria.

PF


(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 775, 25 de enero, 2013)

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