Punto Final, Nº777 – Desde el 22 de marzo al 4 de abril de 2013.
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Nicolás Maduro, relevo en la revolución

 

 

 

Nicolas Maduro y la subdirectora de PF, Francisca Cabieses Martínez.

 

 

El 30 de septiembre de 2005, con motivo de los 40 años de “Punto Final”, se efectuó en el Salón de Honor del
ex Congreso Nacional el foro “El socialismo del siglo XXI”. A ese debate concurrió, designado por el presidente Hugo Chávez, el entonces presidente de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro. Inaugurado por el director de PF, Manuel Cabieses, en el foro participaron también Tubal Páez, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular; Plinio de Arruda Sampaio, dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) y asesor del Movimiento de los Sin Tierra (MST) del Brasil y Alvaro Ramis, teólogo y ex presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Santiago. La siguiente fue la intervención de Nicolás Maduro Moros, actual presidente encargado y candidato a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela para llenar la vacante que produjo el fallecimiento del presidente Hugo Chávez Frías. Su ponencia -y de los otros expositores- fue publicada originalmente en PF 602
(14 de octubre de 2005).

“Queremos entregarles un saludo y un abrazo solidario del comandante Hugo Rafael Chávez Frías, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, y dar las gracias a los compañeros de la revista Punto Final, a sus 40 años, a tanto esfuerzo y tantas luchas.
Desde que teníamos 12 ó 13 años, estuvimos vinculados a la revolución chilena, a su historia. Hoy nos sen-timos muy emocionados de estar en Chile y conocer a muchos de ustedes. En Venezuela conocimos a Pepe Carrasco, compañero asesinado por la dictadura que en una época fue redactor de Punto Final. Un gran activista y hombre solidario. El día de hoy lo iniciamos cargándonos de la fuerza, de la energía y del ejemplo de los mártires. Nosotros también sentimos que Salvador Allende es nuestro presidente, nuestro mártir. Víctor Jara es también nuestro cantor, nuestro poeta. Hoy estuvimos en las tumbas que guardan los restos físicos de Salvador Allende, de Víctor Jara, de Miguel Enríquez y de tantos que están en nuestra mente y en nuestro corazón, desde niños. Para nosotros, su ejemplo es moral, es fuerza en esta lucha de tantos años.
Vamos a hablar del socialismo del siglo XXI como un hecho por hacer, por crear. Hablaremos desde nuestra condición de luchadores, de patriotas, de revolucionarios, de constructores.
Cada momento histórico tiene sus ideas. Podríamos decir que el siglo XIX tuvo protagonistas, ideas, resulta-dos y un saldo que impulsa los procesos históricos de transformación social. Del siglo XIX tenemos que rescatar la potencia que tuvieron los socialistas utópicos europeos y el gran impacto que provocó el surgimiento del socialismo científico, de la pluma y la praxis de Carlos Marx y Federico Engels. Pero también tenemos que rescatar otros dos momentos. El legado histórico que dejó la generación de libertadores para nuestras patrias, el momento de la revolución independentista que cruzó todo el continente, donde insurgió no sólo una clase social que quiso expulsar un imperio, sino un conjunto de fuerzas sociales y de ideas que buscaron la constitución de nuevas repúblicas donde durante 300 años dominó la tiranía imperial de España.
Luego de la victoria y consolidación de la independencia, alrededor de 1830, todas nuestras repúblicas fueron sometidas a un proceso de reciclaje de la dominación. Nuevas oligarquías se apoderaron del poder político y se mantuvieron prácticamente intactos los mecanismos de dominación interna, de explotación del indio, del negro, del mestizo, del blanco criollo. En medio de la lucha en contra de lo que significó una traición a los idea-les igualitarios y libertarios de la revolución independentista, surgieron hombres extraordinarios que levanta-ron esos ideales desde nuestro continente y desde nuestra idiosincrasia, a quienes se llamó después ‘utopistas’. Esos socialistas utópicos de nuestro continente marcaron parte de la historia en la segunda mitad del siglo XIX.
Nuestros países fueron sacudidos por varias oleadas de resistencia en contra de lo que significó la consolidación de las nuevas oligarquías. Haciendo una comparación entre la historia de las ideas sociales en nuestro continente y en Europa, podemos sacar grandes lecciones del socialismo utópico y del socialismo científico euro-peo, y de los primeros elementos del socialismo utópico en América Latina.
Efectivamente, Marx y Engels marcaron, con la fundación del materialismo histórico, grandes definiciones que tienen y seguirán teniendo plena vigencia. En primer lugar, demostraron el carácter explotador del capitalismo, a través de la mercancía y de la plusvalía. En segundo lugar, demostraron el carácter revolucionario de la nueva clase social explotada, la clase obrera, el proletariado. Además, demostraron que todos los Esta-dos que han existido, no eran otra cosa que un instrumento de dominación y de explotación de una clase sobre otra. De todas esas teorías, de esos descubrimientos científicos que le dieron luz a la Humanidad, surgió un conjunto de paradigmas que marcaron los nuevos caminos que se comenzaban a transitar. En tercer lugar, ellos formularon para su época ideas correctas y justas que después, necesariamente, fueron modificadas por la evolución que ha operado en los valores de la Humanidad. Ellos dijeron que si la dictadura de una clase ha sustituido a otra, si la dictadura de la clase esclavista fue sustituida por la dictadura de la clase feudal, y ésta fue sustituida por la dictadura de la burguesía, la liberación de la Humanidad, en su primer paso, se daría con el surgimiento de la dictadura del proletariado, que es la clase que liberaría a la Humanidad y sometería a to-das las clases dominantes, haciéndolas desaparecer como resultado de la revolución socialista.
Es un conjunto de formulaciones históricas que permitió armar a la Humanidad de instrumentos teóricos, ideológicos y políticos que crearon las bases del movimiento socialista universal, e impactaron a todos los movimientos sociales a lo largo y ancho del planeta.
El debate sobre el socialismo del siglo XXI debe buscar hacia atrás y revisar con objetividad y sin dogmatismo lo correcto, lo incorrecto, lo bueno y lo malo. Pero, sobre todo, debe ubicar el momento y la viabilidad de las ideas que surgieron al calor de las luchas ideológicas y políticas en cada momento histórico.

LUCHAS DEL SIGLO XX
El siglo XX estuvo marcado por grandes confrontaciones y por el surgimiento de la primera revolución socia-lista en la historia de la Humanidad: la revolución bolchevique. Fue el siglo de las dos guerras europeas -llamadas ‘guerras mundiales’- por el reparto imperialista de las riquezas. En América Latina fue el siglo del surgimiento de los partidos socialistas, del nuevo movimiento obrero, de los partidos comunistas, del nuevo legado marxista, y, también, de intensas luchas que van desde la revolución mexicana, las revoluciones guatemalteca y boliviana hasta llegar, a mitad de siglo, a la revolución cubana, que rompió los esquemas políticos en nuestro continente sobre los factores de dominación, y los esquemas ideológicos y políticos que se manejaban hasta ese momento en las relaciones de poder.
Fue el siglo de las primeras revoluciones socialistas y de la expansión del socialismo. Pero también fue el siglo del agotamiento de una forma de existencia del socialismo que, en buena medida, negó los elementos fundamentales de la doctrina socialista: la liberación de la Humanidad, el poder social, el poder de la clase obrera, la eliminación de todas las formas de opresión política, económica y moral. El siglo XX dejó una gran experiencia para la Humanidad y, a nuestro entender, para Amé-rica Latina.
En América Latina fue el siglo del intento de revolución pacífica del pueblo chileno y de Salvador Allende, respetando la Constitución y la ley. Fue el siglo de la revolución sandinista, también acosada y ahogada por las políticas imperialistas. Y a finales del siglo XX, por el año 1998, también fue el inicio de la última revolución del siglo: la revolución democrática bolivariana liderada por el comandante Hugo Chávez.
Hacemos estas referencias muy puntuales porque evidentemente en el debate sobre el socialismo -como decía el camarada cubano-, hay muchas cosas que se han toma-do de manera automática y deben ser revisadas. No debemos tener miedo a la reflexión franca, creativa y creadora que nos permita estudiar la experiencia histórica acumulada, y formular el socialismo del siglo XXI como un socialismo que establece una ruptura con lo que no fue, con lo que no debe ser, con lo mal hecho, con la negación de la idea esencial del socialismo. Pero que sea ruptura, y también creación. Por eso, en este debate que hoy se abre en América Latina, en esta nueva época de la Humanidad, es importante evaluar con objetividad, franqueza y profundidad el legado histórico que nos dejan los siglos XIX y XX para las luchas que están todavía por realizarse.

UN DEBATE DE CALLE
El presidente Hugo Chávez planteó el 23 de diciembre del año pasado, desde la Universidad de Beijing, en su primera intervención sobre el tema, la necesidad de iniciar un gran debate sobre el socialismo del siglo XXI. Nosotros llegamos a este debate producto de nuestra propia experiencia y necesidad histórica. No es un debate forzado para nuestra realidad. Es resultado del proceso histórico que nos ha tocado transitar en los últimos años.
Ese proceso, en esta nueva época histórica, nos ha permitido adelantar en Venezuela un conjunto de transformaciones políticas y sociales que, en el camino de las fórmulas capitalistas -no digamos ya las neoliberales, sino formas intermedias del capitalismo que algunos llaman capitalismo popular o capitalismo humanista- tocaron techo. Ninguna de las fórmulas concebidas dentro del capitalismo ha permitido a la revolución bolivariana dar respuestas estructurales y solucionar los problemas fundamentales de la sociedad venezolana.
Alvaro Ramis preguntó en su intervención, ¿por qué discutir algo como el socialismo si ya es tan difícil el logro de las Metas del Milenio, que en el momento de su formulación parecían sencillas de asumir? Bueno, precisamente porque en el marco de las fórmulas capitalistas no hay salida para los ingentes problemas que tiene la sociedad actual. Porque el fracaso de las Metas del Milenio es una demostración más del fracaso de las fórmulas capitalistas en todo el planeta, desde Estados Unidos hasta Kenya. En todos los niveles de desarrollo del capitalismo.
Es por eso que el presidente Chávez hizo un llamado a iniciar este debate. El pueblo venezolano lo ha iniciado. Lo estamos haciendo al calor de la lucha diaria, al calor de las respuestas a los problemas que enfrentamos a todo nivel. Y con el pueblo, porque no puede ser un debate a puertas cerradas. Este tiene que ser un debate con los trabajadores sobre el nuevo papel de la clase obrera en la nueva sociedad -que lo tiene, y es un papel motriz y también transformador-, con los campesinos, los indígenas, la juventud, los estudiantes, los académicos, las mujeres, las amas de casa... Tiene que ser un debate de calle, de pueblo. Y así ha agarrado calle el debate sobre el socialismo.

SEIS DIMENSIONES, SEIS PROPUESTAS
Nosotros estamos planteando por lo menos seis propuestas básicas del nuevo socialismo del siglo XXI, desde la experiencia de la revolución bolivariana, que es inédita. Es una experiencia que se está dando en el marco de la transformación -que mencionaba Tubal Páez- de las relaciones de poder en el planeta, y sobre la base del surgimiento de una nueva época en las relaciones entre los Estados, las naciones y los pueblos de nuestro continente. Por eso, es un debate oportuno, que llega en el momento en que tiene que llegar. Algunos, como dijo Allende el 21 de mayo de 1971 desde esta misma tribuna, tendrán ‘poca fe’ en que las ideas socialistas se abran paso nueva-mente en la historia de la Humanidad. Una idea justa llegada en el momento preciso se abre paso si la empujan de manera sincera los hombres y mujeres comprometidos con la transformación social en cualquier lugar del planeta. Nosotros creemos que ha llegado el momento para que este debate de las ideas del socialismo comience a abrir-se paso a lo largo y ancho de los movimientos socia-les y políticos transformadores que se levantan en nuestros países.
En primer lugar, planteamos que la nueva revolución socialista es esencialmente espiritual y moral. Que es una revolución de la ética. Desde nuestro sentimiento y desde nuestra experiencia, sentimos que es una revolución de la moral cristiana, del humanismo cristiano que busca la igualdad y la solidaridad sobre la base del amor y de los nuevos valores de la sociedad. Por eso, nos sentimos identificados y en sintonía con las intervenciones que se han hecho en este foro sobre la necesidad de elevar la con-ciencia universal de la Humanidad, de ir superando los valores podridos de la sociedad que hemos heredado y de replantearnos la construcción -sobre la base de nuevos valores ciertos, viables y necesarios- del sueño del Che Guevara y el sueño de tantos, que es el hombre nuevo. En este caso, para nuestra época, sería el hombre y la mujer nuevo y nueva. Se trata de un nuevo ser huma-no sobre la base de los mejores valores acumulados en nuestras sociedades, sobre la base de la reserva moral de nuestras sociedades, la reserva que resiste, a veces invisible y silenciosa.
En segundo lugar, una revolución en el orden de los valores de la política es una revolución para construir un nuevo poder. También decía en su intervención el camarada Alvaro Ramis que, en contraposición al neo-liberalismo, necesitamos un Estado que tenga poder, que sea fuerte. Nosotros, de acuerdo con nuestra experiencia -y también es la experiencia de los compatriotas cubanos, de ustedes en Chile y de los movimientos sociales de Brasil-, estamos de acuerdo en que necesitamos construir un Estado que tenga poder, pero que se replantee la política para que sea un poder social. Un nuevo Estado que exprese el poder popular, el poder de las mayorías, el poder del nuevo bloque social hegemónico, sustitutivo del poder oligárquico que tenemos que romper definitivamente. A diferencia de algunos elementos del socialismo llamado ‘real’, que construyó un Estado para dominar y someter a la población, creemos que la fórmula es al revés. El Estado, los partidos, los políticos y los dirigentes tienen que subordinarse al poder popular, al poder social, a la sociedad. Y en función de la subordinación al poder real que representa la soberanía del poder social, construir otro Estado, un Estado de legitimidad permanente, de participación y protagonismo verdadero que supere la idea de la democracia representativa de elites. Un Estado protagónico, porque el protagonista -el sujeto social, el pueblo- no abandona nunca su soberanía, su capacidad de decisión que va construyendo en el transcurso de los años con organización, educación y formación. Entonces, la segunda dimensión del nuevo socialismo del siglo XXI es tomar la bandera de la democracia verdadera, del nuevo Estado. Un Estado social, por-que es de todos, y fuerte, porque se antepone a los in-te-reses privados, oligárquicos o imperialistas, con fór-mulas y propuestas, haciendo valer su dignidad, su soberanía, su poder verdadero.
En tercer lugar está la dimensión de la revolución social, que tiene diversas etapas. También lo decía en su intervención Tubal Páez, de Cuba. Nadie puede prever los momentos de ruptura histórica. ¿Quién puede prever una revolución? Prácticamente nadie, creo que ni los brujos. Se van acumulando pequeñas rupturas, y la dimensión de lo social motoriza esas pequeñas rupturas. Así lo vivimos en Venezuela, desde el ‘caracazo’ de 1989. Nadie lo pensó, ninguno de nosotros que venimos de la Izquierda, de la lucha de toda la vida, pensó jamás que vería lo que hoy estamos viendo y viviendo. Porque la dimensión de la revolución social tiene como elemento fundamental -a través de los movimientos sociales, de los gobiernos populares municipales o regionales, de las instancias de poder que podamos constituir tanto desde el Estado como desde los movimientos sociales-, ir acumulando un conjunto de rupturas de lo social con la dominación y la exclusión para comenzar a construir la base social de una sociedad de incluidos, que supere las tremendas deudas y rémoras educacionales, culturales, de necesidades de empleo, trabajo productivo y alimentación de nuestra población.
El socialismo del siglo XXI es un socialismo para constituir un nuevo poder social de incluidos. Y eso tiene su expresión de diversa manera, a diversa escala, desde las etapas más primarias de resistencia -en sistemas políticos de dominación consolidados en nuestras naciones-, a las etapas más avanzadas de construcción, como es el caso de Cuba y Venezuela que hoy tienen una alianza histórica, estratégica, para superar los problemas educativos, culturales, alimentarios y de salud de nuestros pueblos. Juntos, comenzaremos a llevar a los pueblos las fórmulas que permitan -adaptadas a las circunstancias históricas- la construcción de respuestas a esos problemas sociales.

UN MODELO ECONOMICO
En cuarto lugar, la dimensión económica. Muchos dicen que es muy difícil construir un nuevo modelo económico socioproductivo y que tenemos que resignarnos a que sólo los modelos capitalistas son exitosos. Eso viene en buena medida de que el capitalismo, con el desarrollo de la tecnología, le asestó un tremendo golpe a las experiencias socialistas que existieron en el mundo. Y el capitalismo impuso una sociedad globalizada, consumista... ¡Que levante la mano quien no siente una cosquillita por comprar un producto bueno y nuevo en una tienda! Son valores que se socializaron, se generalizaron. Nosotros vivimos en un país tremendamente consumista, producto de la cultura petrolera. Es una realidad que hoy estamos enfrentando con la construcción de un modelo con nuevas formas asociativas y cooperativas, con nuevas formas de propiedad, de producción y distribución de la riqueza, más allá del estatismo socialista paralizante y tratando de promover nuevas fórmulas en las distintas etapas de transición.
En quinto lugar, está la revolución que podríamos llamar paradigmática. ¿Cómo se construyen las ideas, los conceptos y las tesis del nuevo socialismo? ¿Cómo escribimos la nueva historia, cuál es la fuente de la cual van a emanar las directrices fundamentales, las categorías, los principios? ¿Qué del pasado es útil para la construcción de lo nuevo? Hay, quizás, más interrogantes que res-puestas.
Por eso decíamos al principio que veníamos a hablar del socialismo sobre la base de nuestro carácter de lucha-dores sociales, de constructores. Ir a la práctica, construir, y volver a la teoría para formular. Estamos seguros que en este debate que se ha abierto, la dimensión paradigmática del proceso de construcción del socialismo del siglo XXI en América Latina, y particularmente en Amé-rica del Sur, va a encontrar su respuesta verdadera, creativa y creadora, que es la ruptura con los viejos dogmatismos, escolasticismos, academicismos. Y que a la vez es creación heroica, como decía José Carlos Mariátegui, ni calco, ni copia, porque va a surgir de la realidad, lo que le da gran poder transformador y movilizador.
El gran poder de las ideas de Marx y Engels emana del descubrimiento de grandes verdades. Eso provocó una gran movilización en la conciencia de la Humanidad, igual que las ideas de Lenin, del Che, de Fidel. La revolución paradigmática del siglo XXI tiene que movilizar el corazón, la imaginación, la creación y la fuerza que está latente en nuestros pueblos. Eso es posible. ¡Lo hemos visto! ¿A cuántas dictaduras hemos sobrevivido en Amé-rica Latina, a cuántos gorilas, a cuántas muertes? ¡Y cuán-tas veces ha resucitado, de las propias cenizas de nuestros pueblos, la conciencia histórica anidada entre la gente! Pero ha resucitado cuando encuentra la idea justa, cuan-do encuentra el proyecto y cuando surge el liderazgo a partir de la idea justa y del proyecto.
La sexta dimensión, ya comentada por quienes me antecedieron, es la dimensión internacional. Aquí el di-lema ya no es únicamente teórico, es existencial, de sobre-vivencia. Por un lado está la muerte, la amenaza contra la existencia del planeta y de la especie humana. La contaminación de los ríos y lagos, el recalentamiento de las aguas, el deshielo de los polos, la capa de ozono destruyéndose aceleradamente, las nuevas enfermedades que han surgido producto de los cambios climáticos, la destrucción de importantes lugares del planeta. ¡Quién puede negar que el modelo que ha destruido el planeta es el modelo capitalista!
Y por otro lado está la alternativa. Por eso, Fidel y Chá-vez han lanzado una idea correcta: socialismo o muerte. Es vida o muerte. Estas no son ideas calenturientas o extremistas. La que es extremista y calenturienta es la realidad. En el plano internacional hay que avanzar en un proceso posible de integración hacia un polo de fuerzas en América del Sur que consolide la ruptura del equilibrio de dominación que ha sostenido el imperialismo norteamericano sobre nuestra región. En ese sentido están avanzando múltiples iniciativas, y quizás la más avanzada es el Alba, que hemos lanzado la revolución cubana y la revolución bolivariana, así como la articulación con iniciativas de los movimientos sociales que se mueven por un mundo multipolar y de mayor equilibrio.
Nosotros visualizamos, desde nuestra experiencia, estos seis elementos componentes del proceso de la revolución bolivariana y los proponemos para el debate de los patriotas y revolucionarios de América Latina.
Nosotros vemos un proceso de acumulación de fuer-zas donde se combinan las pequeñas rupturas con los pequeños procesos de creación. Un proceso de acumulación que en un momento dado nos llevará a un momento histórico de ruptura. Apostamos a que ese momento histórico encuentre a América del Sur fortalecida, unida, porque creemos profundamente -afianzados en el ideal bolivariano- que desde América del Sur se va a construir el polo de fuerzas, de ejemplos, de demostración, para el combate mundial contra el imperialismo y por una nueva sociedad.
Esa consigna de que otro mundo es posible hay que hacerla en términos concretos en este lado del mundo. Y creemos que ha llegado el nuevo tiempo, la nueva hora para las nuevas ideas en nuestro continente”.

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 777, 22 de marzo, 2013)

 

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