Punto Final, Nº780 – Desde el 3 al 16 de mayo de 2013.
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Mar para Bolivia

 

Sólo un nacionalismo obtuso, enraizado en dudosas tradiciones militaristas, puede negar el derecho de Bolivia a una salida al Oceáno Pacífico. Ninguna concesión portuaria, facilidades de tránsito de mercaderías, liberaciones aduaneras o financiamiento de un ferrocarril, podrían aliviar la herida que en el alma de un pueblo significa haber perdido su litoral marítimo y un rico territorio en una guerra manipulada por intereses extranjeros movidos por el control del salitre.
Bolivia ha recurrido a la Corte Internacional de Justicia de La Haya solicitando que imponga una negociación con Chile sobre la salida soberana al mar. Bolivia está en su derecho al recurrir a ese tribunal, pero las escasas posibilidades de este recurso reflejan la exasperación y cansancio que producen en el gobierno y pueblo de ese país la indiferencia de las autoridades chilenas para cumplir su deber de escuchar la demanda boliviana y entablar un diálogo que conduzca a una solución digna en un marco de armonía y hermandad. Un puerto en el Pacífico quizás no resuelva los problemas económicos y sociales de Bolivia, pero sanaría su alma y le permitiría participar en mejores condiciones en el proceso de unidad e integración latinoamericana.
La argumentación del gobierno chileno, invocando la vigencia del Tratado de Paz de 1904 para sostener la intangibilidad de los tratados, así como las declaraciones presidenciales en orden a “defender con todas las fuerzas cada metro cuadrado de territorio y espacio marítimo”, no ayudan en nada a orientar las relaciones chileno-bolivianas de un modo constructivo. Más bien se intenta despertar el chovinismo latente en nuestro país y hacer uso de este tema en la campaña presidencial. Pero es claro, sin embargo, que todos los tratados -incluso los que se han declarado perpetuos- son modificables, pueden ser complementados por otros acuerdos, reemplazados o anulados por decisión concordada a la luz de una nueva realidad. Paradojalmente, en ese sentido se avanzó durante las dictaduras militares en Bolivia y Chile, dilatándose sin destino en los gobiernos de la transición democrática.
El único camino que está vedado es el de la soberbia y la prepotencia. El entendimiento fraternal y la paz con nuestros vecinos no tiene precio. Mucho menos ahora, que se ha abierto un panorama de amplias posibilidades de integración de los países latinoamericanos y caribeños. El “mar para Bolivia” podría hacerse realidad como un logro importante para nuestros países hermanos y para el conjunto de América Latina.

PF

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 780, 3 de mayo, 2013)

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