Punto Final, Nº795 – Desde el 6 hasta el 19 de diciembre de 2013.
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Se dirá que las realidades de los países no son comparables, que cada cual tiene sus propias historias, idiosincrasia y cultura. Y es cierto. Habrá que ver, eso sí, si las diferencias son en todo orden de cosas.
Venezuela, Ecuador y Bolivia vienen construyendo, no exentos de complicaciones, procesos que intentan superar el capitalismo y crear una sociedad basada en sus propias costumbres y decisiones. Como se sabe, algo así es lo suficientemente subversivo como para que el imperialismo no se quede de brazos cruzados.
En América Latina los procesos de estos tres países han cambiado la cara a un continente en que las oligarquías y los mandos militares han hecho lo que han querido. Y no ha sido fácil. En cada una de esas experiencias la idea de una nueva Constitución generada por una Asamblea Constituyente fue uno de los pilares movilizadores.
En Venezuela, desde 1999 rige la Constitución Bolivariana que ha impulsado cambios de una profundidad nunca vista. Chávez decidió iniciar su propio movimiento político-electoral, el Movimiento Quinta República, y entre 1995 y 1997 recorrió Venezuela explicando la necesidad de una Asamblea Constituyente. Luego de ganar la Presidencia de la República, convocó a un referéndum para que el pueblo se manifieste si está de acuerdo con una Asamblea Constituyente. La nueva Constitución fue aprobada con el 71,19% de los votos.
En el año 2009 en Bolivia entró en vigencia la Constitución que impulsó el MAS, con Evo Morales a la cabeza. Cuatro años antes, Evo había triunfado en las elecciones presidenciales. En ese país de 37 culturas distintas se habían realizado más de 18 cambios constitucionales a través de Asambleas o Convenciones Constituyentes, en las que el pueblo indígena había estado ausente. Ahora, la nueva Constitución, por primera vez, los reconocía como personas con derechos.
Ecuador ha tenido veinte Constituciones, pero la última fue hecha a partir de la participación de todo el pueblo, como nunca antes. Desencantados de la política tradicional, muchos sectores sociales y políticos se sumaron a la Revolución Ciudadana, encabezado por Rafael Correa, quien había formado el partido Alianza PAIS, donde se fusionan algunas de las fuerzas políticas y sociales ecuatorianas. En las elecciones presidenciales de 2006, Rafael Correa ganó en la segunda vuelta logrando inéditos niveles de credibilidad entre la población. Dos años después, una Asamblea Nacional Constituyente permitió definir la actual Constitución ecuatoriana que representa el proyecto de cambios más radical en la historia de Ecuador.
Ninguna de esas iniciativas constitucionales en estos países fue un proceso fácil. Más aún, esos países pasaron a engrosar la lista negra del imperio norteamericano, y de inmediato se pusieron en la mira de los servicios secretos, las conspiraciones y los ataques a mansalva. Aún subsisten dudas respecto de la muerte temprana del líder venezolano.
Con sus diferencias, estas tres experiencias comparten algunas características. Una de ellas fue el rol de los movimientos sociales. Encabezando importantes movilizaciones que exigían avances democráticos, fueron capaces de transformarse en una fuerza política que sobrepasó a los partidos tradicionales de la Izquierda.
En estos casos la promesa de una Asamblea Constituyente que redactara una nueva Constitución, fue posible una vez que las fuerzas sociales y políticas que enarbolaron esa propuesta lograron acceder al gobierno con amplias mayorías, con un pueblo movilizado y alerta. Y luego de un largo proceso. Mucho más largo que lo que puede ser una campaña electoral.
En nuestro país, la Asamblea Constituyente es una consigna que se ha transformado en un decir vacío que repiten incluso quienes jamás estarían de acuerdo en un proceso constituyente de verdad democrático. Asamblea Constituyente se repite como un mantra para engrupir a la gente.
Buenas personas propusieron marcar los votos con las letras AC, como una forma de demostrar que mucha gente estaría de acuerdo con un proceso de esa naturaleza. Al cabo, sólo un ocho por ciento dijo estarlo. Resultó algo parecido a un revés de badminton en trascendencia y demostración de fuerza. Sin escarmentar, para esta segunda vuelta los promotores de AC vuelven a su ataque estéril. Es raro que quienes levantan esta extraña y poco convincente manifestación, no reparen en lo pringosa que queda su propuesta cuando sujetos prontuariados, sinvergüenzas de vasta experiencia, mentirosos con fuero, se suben a ese carro con el propósito de aumentar el caudal de votantes a su candidata, la que, doble contra sencillo, no moverá uno de sus dedos para el efecto de democratizar la Carta Fundamental.
Una nueva Constitución va a nacer de la lucha de grandes mayorías, o no nacerá. Cualquier intento que emerja de las ya conocidas chisteras, jamás podrá ser entendida como la expresión soberana del pueblo. Va a ser una farsa más que se va a sumar a las tantas que ha habido.

RICARDO CANDIA CARES

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 795, 6 de diciembre, 2013)

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