Punto Final, Nº803 – Desde el 2 al 15 de mayo de 2014.
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Valparaíso en llamas, bancarrota del Estado



A semanas de la tragedia de Valparaíso, quedan grabadas en la retina numerosas imágenes que han puesto al desnudo al verdadero Chile. Horrores que pudieron haberse evitado, han logrado mitigarse en parte por la increíble fuerza social generada por el despliegue de miles de voluntarias y voluntarios que se movilizaron en apoyo de nuestros compatriotas porteños. Tanto en la tragedia de Valparaíso, como en el terremoto de 2010 y en el reciente sismo en el Norte Grande, hemos visto que el Estado se ha mostrado impotente, superado por las circunstancias. Ante el pavor de miles de damnificados, y el estupor del país, ha quedado en evidencia que el Estado neoliberal es incapaz de resolver las necesidades básicas de las personas afectadas por estos desastres. El gran incendio de Valparaíso pone al desnudo la bancarrota de un Estado ausente en su rol de garante de los derechos sociales del pueblo, aunque muy presente en su rol de garante de los intereses de los grandes capitales.
Derechos elementales como el agua, la electricidad o la vivienda, entregados a la usura y lucro del capital, hoy dependen de los intereses mercantiles de empresas como Esval y Chilquinta, que relegan a las autoridades a la posición de meros espectadores en el restablecimiento de esos servicios. En el derecho a vivienda digna, piedra angular del proceso de reconstrucción, esa función la asumen instituciones que no son estatales, como Techo, fundaciones de caridad, o aportes privados, relegando a las autoridades a la función de gestión y coordinación de una ayuda cuya propiedad no le pertenece.
Más indignante aún es que esta situación de incapacidad se ha visto manifestada también en asuntos menos complejos, como el abrigo y comida de la gente afectada, donde se ha tenido que recurrir al traspaso de recursos fiscales al capital privado. Es el caso de las gift card para compras en Cencosud, o la descarada apropiación de toneladas de alimentos donados por los chilenos que en los centros de acopio fueron embalados para ser repartidos a los pobladores con el logo del gobierno impreso en las cajas de cartón.
La ausencia de empresas estatales ligadas al área social y la existencia de administraciones municipales en quiebra, obligan a gestionar los esfuerzos de reconstrucción casi de manera exclusiva mediante el aporte solidario de la gente. También en estas graves situaciones los conglomerados económicos aprovecharon para aumentar sus ganancias, esperando a que el gobierno les comprara lo necesario, y elevando los precios de sus productos. El abandono del rol fundamental del Estado de garantizar los derechos sociales básicos, hace que seamos testigos de una verdadera bancarrota social del modelo institucional.
El desafío para los que pretendemos forjar desde la movilización popular una alternativa genuina de Izquierda, es muy grande. Volver a levantarnos es una tarea imperiosa. Hay que construir desde sus cimientos el nuevo Chile con fundamentos y principios en la genuina defensa y promoción de los derechos sociales. La bancarrota del Estado neoliberal es evidente. Se acerca el tiempo de tomar la solución de nuestros problemas en nuestras propias manos.

Carla Antmann

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 803, 2 de mayo, 2014)

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