Punto Final, Nº808 – Desde el 11 al 24 de julio de 2014.
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Somos un país con la patria arrebatada, enclaustrada por una camarilla de políticos y grandes empresarios que se benefician a costa de nuestras carencias. Afirmar esto un 11 de julio es aún más gráfico, cuando recordamos que aquel día en 1971, hubo la posibilidad real de todo un pueblo de empezar a recuperar soberanía, futuro y dignidad a través de la nacionalización del cobre, el cual hoy sólo beneficia a un puñado de inescrupulosos.
La historia es conocida. Instalación del neoliberalismo a través de una de las dictaduras más cruentas, aprobación del Código Minero y la Ley de Concesiones, las cuales dan inicio a la privatización de la industria cuprífera. Impulso de la privatización de las empresas del cobre por los gobiernos concertacionistas. Condena a Codelco a malas gestiones, ventas fraudulentas y pérdidas de activos. Negociados tributarios para que las grandes mineras evadan impuestos y sigan impulsando una extracción desproporcionada e irracional de tan valioso bien natural.
¿Sabía usted que con las ganancias de las empresas privadas del cobre podríamos haber cambiado la matriz energética de Chile por una sustentable? ¿Haber construido un modelo robusto de garantías de derechos sociales básicos como la educación, vivienda y salud, y junto con ello modificar el sistema de extracción, invirtiendo en una industria que nos permita dejar de ser meros provedores de comodities?
Podríamos haber hecho tantas cosas.
Pero no. A cambio, los más ricos de Chile y el extranjero tienen cada vez más dinero -y a destajo-, mientras imponen en el debate nacional que no existen recursos para garantizar educación gratuita.
Una reforma tributaria impulsada por Michelle Bachelet, que vendría a cambiar la estructura impositiva de nuestro país, no toca en nada la industria cuprífera cuando es supuestamente el cobre el “sueldo de Chile”. ¿Será porque los Lukcsic son los empresarios con mayor presencia en el cobre y además dueños del Banco de Chile, que aportó importantes sumas de dinero a la campaña de la actual presidenta?
El robo y la farsa parecieran no tener límites.
Pero para ejecutarlo, han debido ocultar sus acciones y difundir un sinnúmero de dichos que han buscado instalarse en el sentido común de la población. Que el Estado es incapaz de administrar la industria del cobre, que no podemos vivir sin inversión extranjera en la minería, que si no son ellos no es ninguno, y que a fin de cuentas, de todos modos nos aportan fuentes laborales.
Todas mentiras. Mentiras refutables con datos objetivos que no logran abrirse paso entre la propaganda de El Mercurio y La Tercera, bastiones de los intereses de los Luksic y de las grandes empresas extranjeras del cobre.
No obstante, el año recién pasado, la encuesta CEP sorprendió cuando mostró que el 83% de la población está de acuerdo con la nacionalización del cobre. La fuerza de los poderes fácticos ha logrado controlar la industria cuprífera pero no el sentir de una población que se sabe robada.
Es que no hay forma de argumentar en favor de vender la patria.
¿Qué es patria sino la soberanía de un pueblo sobre su territorio y capacidad de decisión sobre su destino?
Los que no han tenido pudor en vender Chile, no tendrán nunca las agallas para recuperar nuestra patria y en ella el metal rojo. El pueblo chileno sí las tiene, y somos mayoría.

Carla Amtmann

 

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 808, 11 de julio, 2014)

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