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Gaza, el genocidio permisible

 

Yochanan Gordon, un joven columnista del periódico The Times of Israel, escribió el 1º de agosto un artículo titulado “Cuando un genocidio es permisible”(1). El texto duró pocas horas en la web del diario. Seguramente los editores se dieron cuenta que el inexperto autor había expuesto de forma demasiado brutal lo que muchos israelíes piensan pero no dicen abiertamente. Gordon parte reconociendo que “a juzgar por el número de bajas en ambos bandos en este casi un mes de guerra, se podría llegar a la conclusión de que Israel ha recurrido a medios desproporcionados en la lucha contra un enemigo mucho menos capaz”. Pero esa es sólo una apariencia, nos dice. El autor repasa los argumentos del gobierno israelí para atacar la franja de Gaza, bajo el objetivo de “restablecer la tranquilidad sostenible” de los ciudadanos de Israel. Y concluye argumentando que si “los líderes políticos y expertos militares determinan que la única manera de lograr su objetivo de mantener la calma es a través de un genocidio”, sería un medio admisible para alcanzar esa meta.
¿Se trata sólo del argumento de un fanático aislado o de un extremista? Las encuestas muestran que muchos en Israel no están lejos de esa idea. Sólo el 4% de los israelíes “judíos” cree que la violencia aplicada por Israel en Gaza es excesiva(2). Hay que aclarar que las encuestadoras de Tel Aviv no consultan al 23% árabe-israelí, porque simplemente su opinión no cuenta. Esas cifras explican el desparpajo de los soldados israelíes al jactarse de sus “hazañas” militares en las redes sociales durante estas semanas. Por ejemplo, el soldado David Dovadia publicaba en tono triunfalista en su cuenta de Instagram el 31 de julio: “Hoy he matado trece niños”(3) y anunciaba su deseo de mandar al infierno a todos los “perros musulmanes”. Incluso en estos días un alto funcionario como el viceministro de Servicios Religiosos, el rabino Eli Ben-Dahan, no tiene empacho alguno en declarar en un programa de radio: “Creo que los palestinos no merecen vivir y que no son más que animales”(4). Ese es el clima que predispone a pasar por las armas a Gaza entera con tal de recuperar la anhelada calma del cementerio.
Pero no se trata de una masa enfurecida, dispuesta a la masacre por una irracional sed de sangre. Detrás de esta pulsión genocida se encuentra un frío y calculado plan de anexión del territorio de Gaza, que cada vez es más explícito en el discurso político del gobierno de Netanyahu. En 2012, el entonces ministro del interior de Israel, Eli Yishai, ya señaló que sus operaciones militares tenían el objetivo de “devolver a Gaza a la Edad Media, destruyendo toda su infraestructura, incluyendo caminos y agua” ya que a su juicio, sólo así Israel estará tranquilo por unos 40 años(5). Ahora, en el contexto de la actual matanza, el analista Martin Sherman, director del Instituto Israelí de Estudios Estratégicos, afirmaba el 24 de julio en The Jerusalem Post: “La única solución duradera requiere el desmantelamiento de Gaza, la reubicación humanitaria de la población árabe no beligerante, y la extensión de la soberanía israelí sobre la región”(6). Este es el fondo que explica la actual campaña militar de Israel.

UN GENOCIDIO EN EL SIGLO XXI
En la antigua Rusia zarista a las matanzas de judíos las llamaban pogrom, lo que significa literalmente “devastación”. Un pogrom implicaba el linchamiento, espontáneo o premeditado, de un grupo particular, étnico, religioso o ideológico, acompañado de la destrucción o expolio de sus bienes. Eso es lo que hoy está ocurriendo en Gaza. Una masacre, entre espontánea y planificada, que busca acabar con la población palestina de la franja para apropiarse de su territorio. La diferencia es que en la actualidad es difícil plantear abiertamente la idea de un pogrom frente a la comunidad internacional. En 1948, luego de la segunda guerra mundial, se tipificó el delito de genocidio mediante una convención internacional. Además existe la Corte Penal Internacional, que vela por el cumplimiento de este tipo de acuerdos. ¿Cómo se puede implementar un “crimen en contra de la Humanidad” en este nuevo contexto? La explicación para la “excepción israelí” radica en el abanico de poderes internacionales que le protegen. Sin el apoyo de las grandes potencias occidentales, empezando por Estados Unidos, Israel no podría desarrollar su política criminal.
Los gobiernos más conservadores, como el del canadiense Stephen Harper, no tienen reparos en afirmar: “Canadá está inequívocamente detrás de Israel. Apoyamos su derecho a defenderse por sí mismo, contra esos ataques terroristas e instamos a Hamas a cesar los ataques indiscriminados contra los civiles israelíes inocentes”. En el caso de Obama, las declaraciones oficiales han sido mucho más cuidadosas. Para Estados Unidos el dilema se resume en la portada del semanario The Economist, que titula: “Ganar la batalla. Perder la guerra. Gaza y el futuro de Israel”. El problema no son los miles de muertos y heridos palestinos, ni el futuro de los desplazados. Simplemente, a juicio de la revista, Israel está ganando la batalla en Gaza, pero está perdiendo la guerra, por la opinión pública mundial y por su seguridad a largo plazo. Por su propio bien es necesario contener sus ansias bélicas. Ello explica algunas medidas que el gobierno norteamericano ha tomado en estas semanas, como por ejemplo la decisión de la Administración Federal de Aviación estadounidense (FAA) de restringir los vuelos de las aerolíneas de ese país hacia y desde el aeropuerto de Tel Aviv el 22 y 23 de julio. Una medida que sólo duro dos días, pero que evidenció una llamada de atención a los “excesos” de Netanyahu.
 Sin embargo, estas pequeñas reprimendas no parecen surtir efecto en el gobierno de Israel. Y al mismo tiempo el Senado norteamericano aprobó el 29 de julio, por unanimidad, un fondo suplementario de225 millones de dólares para financiar el escudo antimisiles de Israel, conocido como “Domo de Hierro”. En la ocasión, el senador republicano Lindsey Graham afirmó: “Se están quedando sin misiles para el ‘Domo de Hierro’ para poder protegerse. Estamos con ustedes. Aquí están los misiles”. Entre el armamento que compone ese sistema se cuentan lanzagranadas y piezas de mortero de 120 milímetros, que han servido para bombardear las escuela-refugio de las Naciones Unidas. De la misma forma, desde 2004 la Unión Europea ha firmado contratos de venta de armas con Israel por un valor de 1.500 millones de euros. 600 millones sólo en 2012.

ROL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACION
Esta complicidad política tiene su correlato directo en los medios de comunicación. El 1º de agosto el diario El País de España titulaba a primera hora en su web: “Ataques israelíes matan a 40 palestinos y rompen la tregua en Gaza”. A los pocos minutos, la mano del editor se hacía sentir para cambiar la noticia: “Hamas rompe la tregua e Israel contraataca y provoca cuarenta muertos”. Un ejemplo parecido lo pudimos ver en Chile, con el tratamiento que dio el programa “El Informante” a la masacre de Gaza, donde se vetó la participación del vocero de la Federación Palestina de Chile(7).
La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados estima que ya hay 460 mil desplazados en Gaza, viviendo en condiciones de hacinamiento en escuelas, con familiares o en refugios improvisados, los cuales también son blanco indiscriminado de los bombardeos. Más allá de la cifra de muertos y heridos, lo más dramático vendrá cuando los bombardeos terminen y esa enorme masa de desplazados tenga que reiniciar una vida en un espacio devastado, en condiciones imposibles de habitar. La franja de Gaza alberga en 385 km² una población de 1,8 millones de habitantes. El 43,5% tiene menos de 14 años. La edad media en Gaza es de 18 años, bajísima en comparación con un promedio mundial de 28. En la mayoría de los países europeos la edad promedio es de 40 años, y en Israel es de 30. Esta masa de población joven se verá a mediano plazo forzada a iniciar un nuevo desplazamiento en condiciones precarias, en medio de la convulsión generalizada del Medio Oriente. En este contexto, Chile debe poner fin a sus relaciones diplomáticas con el Estado de Israel. Mantener los acuerdos comerciales, políticos y culturales, mientras se implementa esta masacre, se ha ya hecho insostenible.
En algún momento, no es fácil saber cuando, las veleidades ultranacionalistas comenzaron a degradar el sueño de la Patria Judía. Se trató de un viraje lento, sinuoso, pero que ha llegado a un punto de no retorno. Ya en los primeros años de Israel la primera ministra Golda Meir afirmó respecto a los palestinos: “Nunca les perdonaremos que nos obliguen a matar a sus hijos”. Vale la pena detenerse en la perversión del “que nos obliguen”, con el cual el asesino se ve condenado a su triste destino por la resistencia de la víctima. Y más tarde, en la guerra de los seis días, el general Moshe Dayan dijo que “Israel debe ser como un perro rabioso, demasiado peligroso como para ser molestado”. Hoy la rabia ha terminado por dominar por completo al guardián, que ya no distingue entre su cola y su presa.

ALVARO RAMIS

Notas
(1) El artículo original se puede leer en https://archive.today/RPf3M
(2) http://www.jta.org/2014/07/29/news-opinion/israel-middle-east/poll-less-than-4-percent-of-israeli-jews-believe-firepower-on-gaza-excessive
(3) http://actualidad.rt.com/actualidad/view/135577-soldado-israeli-presume-matado-ninos-palestinos-twitter
(4) Entrevista en “Radius” www.100fm.co.il
(5) http://www.haaretz.com/opinion/israel-s-minister-of-incitement-1.479125.
(6) Sherman, Martin: “Into the fray: Why Gaza must go” en The Jerusalem Post.
(7) Programa emitido el 22 de julio. Al respecto ver el interesante análisis “TVN El Informante, capítulo “Conflicto Israel Palestina” en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=187768

 

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 810, 8 de agosto, 2014)

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