Punto Final, Nº811 – Desde el 22 de agosto al 4 de septiembre de 2014.
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Inquietos por ambigüedad de la reforma

Estudiantes vuelven a la calle

 

Felipe Quezada, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción (FEC).

 


En vísperas de la marcha nacional del 21 de agosto, convocada por la Confech, el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción (FEC), Felipe Quezada, planteó sus críticas al diálogo en que están involucrados el gobierno y diversos actores de la educación. “Ya pasó un semestre y todavía no existe en el movimiento estudiantil una postura distinta a la del gobierno. No nos oponemos a dialogar, pero queremos que se consideren también nuestros términos. No estamos aquí sólo para validar una reforma. Las actuales mesas de diálogo son una plataforma parecida a la comisión asesora creada por Bachelet en 2006. Solo buscan dar legitimación social a la propuesta oficial, haciéndonos creer que podemos incidir. En tono autocrítico digo que no hemos logrado elaborar un proyecto educativo acabado por debilidades propias. Pero no por eso tenemos que sentarnos a validar las propuesta del gobierno”.
Añade el presidente de la FEC: “Lo fundamental es acabar con la educación de mercado, que genera segregación y precarización del conocimiento; los estudiantes no reciben una educación acorde con los estándares mínimos para las necesidades de la sociedad. Ni la Alianza ni la Nueva Mayoría quieren terminar con el mercado de la educación. Por eso, la única respuesta posible para conseguir lo que queremos, es validar un proyecto alternativo que erradique definitivamente el lucro”.
Felipe Quezada señaló que el movimiento estudiantil ha venido en ascenso cualitativo, aunque es difícil que alcance por ahora la masividad que tuvo en 2011. “Si seguimos presionando de manera constante sobre los que toman las decisiones y continuamos adelante, la ‘clase política’ se verá obligada ceder. El proyecto de ley que deroga el DFL2 que impide la participación estudiantil es una victoria lograda gracias a nuestra lucha. Pero no podemos quedarnos tranquilos con el solo envío del proyecto al Congreso. También tenemos que ocuparnos de que en el Congreso no se desfiguren sus objetivos”.
Quezada piensa que el movimiento estudiantil debe gastar menos tiempo en hacer lobby con las autoridades, el consejo de rectores o los partidos políticos, para destinarlo a fortalecer la posición de la Confech entre los estudiantes, que viven las falencias de la educación y que dan sentido a las demandas del movimiento.
En relación con declaraciones del diputado y ex dirigente estudiantil Giorgio Jackson, sobre la crítica de la Confech a la propuesta educacional del Ejecutivo, el presidente de la FEC señala: “Si Giorgio nos homologa con la UDI, para validar la propuesta de la Nueva Mayoría, está errado. Nosotros estamos planteando una demanda consecuente con lo que piensa la base estudiantil. Queremos que la reforma sirva al país y esto pasa por estandarizar la calidad, la cobertura y el acceso a la educación en un mínimo aceptable, impidiendo que privados hagan negocio a costa del bolsillo de las familias”.

MODELO DE EDUCACIÓN PERPETÚA LA DESIGUALDAD
El debate sobre educación tiene un trasfondo de segregación social y desigualdad que impregna todos los espacios. La concepción del Estado subsidiario y la desregulación vinculada a la “libertad de empresa” en el sector de la enseñanza, constituyen instrumentos funcionales para la perpetuación de quienes se benefician con los privilegios que entrega el sistema a los que tienen mayor poder adquisitivo. El rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, graficó con agudeza esta realidad, señalando: “Lo que se cobra es la prerrogativa de que nuestros hijos no se mezclen con niños de un nivel socioeconómico inferior”.
Mediante una activa campaña y aprovechando su control sobre los medios de comunicación, la derecha ha logrado movilizar a una parte de los padres y apoderados de colegios particulares subvencionados, mediante manifestaciones infladas sistemáticamente por la televisión y los diarios. El objetivo de la derecha, en colusión con el eje más conservador de la Nueva Mayoría, es desnaturalizar la reforma educacional por la vía de consensuar un acuerdo, como el que hicieron en relación con la reforma tributaria.
La política chilena está influida hoy por la presión social que ha ejercido el movimiento estudiantil. La marcha nacional del jueves 21 de agosto, organizada por estudiantes, profesores, padres, apoderados y trabajadores del sector, demostrará que la demanda por una educación pública gratuita y de calidad sigue teniendo una gran convocatoria.
Melissa Sepúlveda, presidenta de la Fech, dijo: “Ante los discursos ambiguos del Ministerio de Educación, es necesario que tengamos una postura firme de cambios estructurales en la construcción de un Sistema Nacional de Educación Pública, que actúe de manera coordinada y cooperativa, desde la educación inicial hasta la educación terciaria, para acabar con las lógicas de competencia y autofinanciamiento que tienen en disputa a las instituciones por captar estudiantes y subvención”.
Ante la tozudez de la derecha y las ambigüedades de la Nueva Mayoría, la Mesa Social por la Educación se erige como un bastión en la defensa de la educación. Su influencia en la calle podría convertirse en el factor decisivo para avanzar en el fortalecimiento de la educación pública.

LOS VAIVENES DE LA NUEVA MAYORÍA
Al interior de la Nueva Mayoría se libra una sorda batalla entre conservadores y reformistas para definir las orientaciones del gobierno. En el centro del debate está la política sobre educación y en este terreno, ambos bandos cuentan con áreas de influencia social, recursos materiales e instrumentos políticos que hacen que el resultado de ese enfrentamiento sea por ahora incierto.
El bando reformista, encabezado por la propia presidenta Bachelet, postula el cumplimiento del tibio programa de reformas de la Nueva Mayoría. Su texto está plagado de imprecisiones, áreas grises y vaguedades, de las que se aprovecha el bando conservador para hacer su propia interpretación de conceptos como el fin del lucro, los alcances de la gratuidad y de la selección de alumnos.
La jerarquía de la Iglesia Católica se ha convertido también, desde las sombras, en un actor influyente en la reforma y actúa como nexo en la articulación de los defensores del lucro de la Nueva Mayoría y la Alianza. Más allá de los intereses económicos que la Iglesia tiene en educación, derivados de que constituye el principal “sostenedor” no estatal en la educación particular subvencionada, su preocupación está centrada en la necesidad de mantener incólume la influencia ideológica que ejerce a través de la enseñanza.
Aunque la mayoría del Episcopado es proclive al actual modelo de educación de mercado, la defensa de la educación como un derecho tiene también defensores: entre ellos destaca el vicario de la Educación, Tomás Scherz.
En el marco de los diálogos ciudadanos propiciados por el Ministerio de Educación, se realizó en el colegio de los salesianos un seminario de educación para padres y apoderados de colegios católicos bajo el lema “Reforma educacional, desafíos y oportunidades para la educación católica”, al que asistió el ministro Eyzaguirre. El vicario Scherz señaló a los asistentes que el país vive una “emergencia educativa”, que las ofertas educacionales existentes “denotan un claro reduccionismo antropológico, ya que conciben la educación preponderantemente en función de la producción, la competitividad y el mercado”. El ministro Eyzaguirre, a su vez, aseguró que “la educación católica no tiene nada que temer” de la reforma.

Rubén Andino Maldonado

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 811, 22 de agosto, 2014)


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