Punto Final, Nº811 – Desde el 22 de agosto al 4 de septiembre de 2014.
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Traumas y obsesiones de la Nueva Mayoría

 

No es fácil hallar una expresión precisa para caracterizar la política chilena de los últimos 25 años. Un periodo que pese a haber tenido gobernantes de diferentes partidos y coaliciones, está marcado por un ciclo identificable que posteriormente, adelantan observadores, será reconocido y denominado por la historia. Un espacio de tiempo que no es proceso ni movimiento, sino concentración y estancamiento, hinchazón de estructuras levantadas hace varias décadas; como la circulación por una misma pista, que suma vueltas y energía pero también es desgaste e inercia. Le han llamado transición, posdictadura, democracia de los acuerdos, política de los consensos, le podemos decir realpolitik a la chilena, gobiernos “en la medida de lo posible”, pero tal vez su mejor identidad es su mero carácter funcionario, su renuncia a hacer política, su vocación administrativa.
El regreso al poder de la vieja Concertación reciclada como Nueva Mayoría nos ha confirmado el carácter funcionario e inmovilista de esta coalición. Con el breve paréntesis de Sebastián Piñera, han sido los mejores administradores del Estado neoliberal, ente público que es germen y pasto para el crecimiento de emprendedores y corporaciones, y sitio eriazo de ciudadanos. La mentada coalición con su vocación burocrática y administrativa, es también fiel mayordomo de los intereses corporativos. Su deleite no es el cambio. Cual ujier o conserje, ama el statu quo tanto como a sus patrones.
La Concertación-Nueva Mayoría reniega de su habla, de su lenguaje, de sí misma. Lo ha hecho desde sus orígenes y continúa haciéndolo. Vive en un permanente lapsus linguae, se desdice, se miente. En diciembre levantó flameantes banderas de cambio, las que hoy rasga y nuevamente esconde. Las costumbres adoptadas hace más de dos décadas surgen cual espasmos, cual trastornos obsesivo-compulsivos que ni derrotas ni terremotos pueden morigerar. La marca de nacimiento de la Concertación-Nueva Mayoría vuelve a expresarse como repudio a la política y deleite por los acuerdos. Reniega del Congreso y se disculpa de su condición de mayoría.
Que el cambio del habla, el olvido, que las vueltas del lenguaje se expresaran durante los cuatro primeros gobiernos es hasta comprensible para la actual mirada. Pero no tras las protestas estudiantiles, tras el clamor de las organizaciones ambientales y sociales, tras el claro mensaje de los pueblos originarios, tras la demanda y sugerencia de organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la OCDE o la misma ONU. La coalición de gobierno en su papel de administrador del Estado neoliberal vuelve a ejercer el papel de hábil negociador en defensa de los intereses de sus representados. La estrategia levantada hace 25 años vuelve a ponerse en marcha. Como si nunca hubiese visto, oído o leído las demandas ciudadanas.
¿Es posible volver a repetir un ciclo de la historia que acabó en una estrepitosa derrota? Un fracaso ajeno que Sebastián Piñera erradamente interpretó como triunfo propio, y que lo llevó, tras cuatro años de ceguera política y contumacia neoliberal, a reproducir la derrota en sus propias filas. La Concertación-Nueva Mayoría si en un comienzo pareció entender su triunfo en las urnas mejor que Piñera en 2010, hoy cae una vez más víctima de sus vicios, traumas y obsesiones. Cuatro años más de giros en banda, y esta vez no será una derrota sino la catástrofe.
El modelo neoliberal hoy no sólo está consolidado. Está cristalizado y fusionado con todos los estamentos del aparato público, en lo económico, político, social y territorial. Un modelo de concentración, un agujero negro con densidades siderales que absorbe y destruye todo a su paso. En este sistema, y ello lo podemos ver día a día, las reformas son inútiles o han llegado tarde. Su misma ubicuidad, extendida desde el Estado a todo el aparataje binominal, le ha facultado para desarmar los cambios que le amenazan, estén presentes desde el lenguaje a las normas. Y ésa parece ser hoy la función de la Nueva Mayoría.

Paul Walder

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 811, 22 de agosto, 2014)


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