Punto Final, Nº835 – Desde el 21 de agosto al 3 de septiembre de 2015.
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La soledad de la presidenta


A veces, cuando se escucha a los dirigentes de la Nueva Mayoría, da la impresión que el principal escollo que enfrenta el conglomerado es la propia presidenta, su líder.
Decisiones erráticas, imprecisiones, errores manifiestos, orientaciones contradictorias y un énfasis cada día más irritante por gobernar para la derecha, los empresarios y los poderosos, generan un escenario revuelto. Pero por sobre todo, ya casi nadie la respeta en su investidura en su propia coalición.
Ella por esfuerzos no se queda. Visita la castigada Tocopilla y dice un par de frases que no ameritan su viaje, su costo y su presencia. Cualquier ingeniero dirá algo con mucho más sentido, pero igual se da el trabajo de ir a dar su miradita en la zona cero de otra tragedia de las que se repiten con pavorosa frecuencia.
Pero lo que de verdad importa, sus responsabilidades mayores a cargo del Estado, que es desde donde precisamente se podría evitar que de tarde en tarde la gente más humilde sufra los embates de la naturaleza, queda al arbitrio de la suerte y de quienes sabotean sus intenciones.
Gobernando con la mirada puesta en sus números de espanto, la presidenta dejó de ser el alero que protegía, que daba votos, que infundía respeto y hacía cundir una tibieza maternal que lo comprendía todo.
Pero a consecuencia de los escándalos asociados a su entorno familiar y político por estafas, coimas, tráfico de influencias, falsificación de boletas y financiamiento ilegal e ilegítimo de la acción política, su figura invulnerable se fue a pique, y con ese gesto gravitacional cayó quizá su única gracia: los atributos que la gente le asignaba y de los que no hay, hasta ahora, pruebas de su existencia. A partir de esos dramáticos hechos, la presidenta ha hecho casi cualquier cosa para arribar en la consideración de la población, con pocos resultados. Y como se ha visto, muchos de los que antes se cobijaban al amparo de su risa y su delantal blanco, comenzaron un repliegue para no ser atraídos por el envión de su caída.
En breve, la otrora imbatible presidenta será un estorbo para los que lucen el mejor olfato y que, cual ratas de barco, comienzan a oler el peligro. Las señales no se han hecho esperar, y haciendo caso omiso del momento de extrema debilidad de la presidenta, o quizás por eso mismo, cunden eventos más similares a los ejercicios de enlace que a otra cosa.
Lo cierto es que la presidenta se encuentra en la más tremenda de las soledades, abandonada por quienes fueron sus camaradas y socios en el desempeño del poder y con su equipo de relevo perseguido por los tribunales.
Su coalición se debate en una guerra civil en la que lo menos importante es la presidenta y su supuesto liderazgo. Cada día se libra una batalla que parece la última. Con ese telón de fondo, la figura deshilachada de la gestión de la presidenta deja ver su lado más dramático: su soledad.
No hay paso que den sus ministros que no traiga una retahíla de efectos contradictorios. No hay gestión gubernamental sin que los potenciales beneficiados con la aplicación de esas políticas no hagan expresión de sus quejas y reclamos. ¿Casualidad o pasada de cuentas?
Resulta notable la capacidad de la administración para detonar tanta antipatía, sobre todo si se trata de un gobierno autonominado como ciudadano, que se supone que escucha, que está en la calle y con la gente. Pero la inequívoca realidad muestra que en la calle y con la gente, más bien en contra de ella, están solamente las Fuerzas Especiales de Carabineros.
Ante este escenario, la gente, la que la votó y la que no, mira con desconcierto. Asiste a un espectáculo en el que se juega su suerte sin tener la mínima opción de decir esta boca es mía.
¿Tendrá noción la presidenta que lo que se junta en la gente enrabiada, castigada, empobrecida, endeudada, apaleada, es una sola bronca que, la historia lo recuerda con singular regularidad, siempre termina por reventar con inusitada violencia y que ahora será adjudicable a su Presidencia?
¿Tendrá alguna idea?

Ricardo Candia Cares

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 835, 21 de agosto, 2015)

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