Punto Final, Nº836 – Desde el 4 al 24 de septiembre de 2015.
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Señores: no nos provoquen


Tengo una página de Facebook y la uso fundamentalmente para asuntos políticos, casi no pongo cosas personales. Con ese criterio, las redes que se pueden ir formando son casi de pura gente de Izquierda, personas que piensan igual o casi igual que uno. Pero por lo menos permite encontrarse con los amigos que están lejos.
En estos momentos estamos hablando del 11 de septiembre. Muchos, creo que la mayoría, somos viejos y compartimos dolores e indignaciones. Sin embargo, por razones que ignoro, de pronto se cuela una persona -será un amigo de un amigo de un amigo- que dice “Ya, pues, déjense de andar hablando de cosas que pasaron hace 40 años, que ya pertenecen a la historia y están olvidadas. Ustedes son unos vejestorios que viven en el pasado”. Pero lo dicen con un lenguaje mucho más grosero y ofensivo, naturalmente.
Quiero aprovechar esta fecha para decirles a estas personas: “Miren, jovencitos, nosotros no vamos a olvidarnos nunca de nuestros mártires ni vamos a perdonar jamás a los asesinos y torturadores. En ningún país del mundo se acepta la apología del delito, como hacen ustedes al querer echar al olvido los crímenes de la dictadura. Porque la comunidad internacional civilizada está completamente de acuerdo con nosotros y ha establecido que esos crímenes son imprescriptibles e inamnistiables”.
Esta gente no se da cuenta de que vive al margen del mundo entero que repudió a la dictadura de Pinochet, a los milicos y a los civiles que la propiciaron, la aceptaron y la apoyaron. La impunidad es una inmoralidad, la Humanidad siempre ha reprobado el crimen y lo ha castigado. Un castigo que no implica torturas ni vejaciones, sólo la privación de libertad, porque nosotros no somos bestias como lo fueron Pinochet y su gente.
Miles de personas, casi todos jóvenes, fueron torturados horriblemente y muchos de ellos asesinados sin que se sepa el destino final de sus restos. ¿Esto les parece normal a ustedes, les parece algo trivial que puede ser olvidado y perdonado?
No voy a nombrar a nuestros mártires, porque tendría que nombrarlos a todos y no puedo. Pero les advierto que mientras quede vivo uno de nosotros, una madre, un hijo, un amigo o simplemente un hombre o una mujer decente, seguiremos reclamando justicia y seguiremos persiguiendo a los asesinos y torturadores y también a quienes, sin haber participado en los crímenes, ahora se hacen cómplices a posteriori y encubridores de los mismos.
Lo que pasó en Chile y lo que sigue pasando, la impunidad generalizada, el hecho de cerrar los ojos ante lo ocurrido, de mentir y decir que no se sabía, es una vergüenza. Todos sabían todo y los que no lo sabían es porque no querían saberlo. Los dirigentes de la Democracia Cristiana de la época, Eduardo Frei Montalva y Patricio Aylwin -para no nombrarlos más que a ellos- propiciaron el golpe y siguieron apoyando a la dictadura durante demasiado tiempo, con el grotesco argumento de la ignorancia. Apoyaron a la peor dictadura que haya habido en la historia de América Latina, dirigida por un hombre que no sólo era una bestia sino que era cobarde y finalmente resultó ladrón. Tan cobarde era que cuando se produjo el terremoto de 1971, Pinochet representando al ejército y algunos compañeros del Ministerio de la Vivienda fueron designados en una comisión que se ocupaba del asunto. Pues bien, me ha contado uno de esos compañeros, arquitecto de alto nivel, que mientras estaban trabajando con Pinochet en unas oficinas comunes, se produjo un temblor y el hombre se metió debajo de una mesa y no lo podían sacar de allí. Por lo demás, era un tipo servil y chupamedias del presidente Allende. Los “Sí, Excelencia”, los taconazos y las reverencias que le hacía, daban vergüenza ajena. Por eso se encargó de hacer asesinar sistemáticamente a quienes habían sido testigos de su servilismo, como José Tohá, Orlando Letelier, el general Carlos Prats y alguno más. Otra de las demostraciones de su cobardía fue que estando detenido en Londres, declaró públicamente que Chile había ayudado a Inglaterra en la guerra de Las Malvinas, cuando eso, aunque conocido extraoficialmente por todos, era algo que no se podía reconocer oficialmente sin incurrir en traición a la patria. Y Pinochet no tuvo empacho en decirlo para congraciarse con los ingleses.
Entonces, señores, les aconsejo que no nos provoquen. Mejor quédense callados en estas fechas que son de muchos recuerdos y muchos dolores para nosotros, pero también de mucho afán de que los culpables, civiles y militares, autores, cómplices o encubridores, paguen sus culpas de la manera que sea necesaria. El pueblo ha retomado conciencia y está dispuesto a hacer justicia.

Margarita Labarca Goddard

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 836, 21 4 de septiembre, 2015)

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