Punto Final, Nº 844 – Desde el 8 al 21 de enero de 2016.
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Drama sin respuesta: los 43 normalistas de Ayotzinapa

“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”


EN el acto solidario de la Universidad Central. También participaron familiares de detenidos desaparecidos de Chile.


La mañana del 28 de septiembre de 2014 todo cambió para las familias de Mario González y Clemente Rodríguez, humildes campesinos de los municipios de Huamantla y Tixtla, en México. La noticia daba la vuelta al mundo y ya se hablaba de heridos, muertos y encarcelados por la policía estatal. Pero lo que vendría más tarde sería todavía peor. 43 alumnos de la Escuela Normalista de Ayotzinapa desaparecieron sin dejar rastros. La versión oficial del gobierno mexicano fue el asesinato de los estudiantes por el cartel del narcotráfico Guerreros Unidos, para luego ser incinerados en un basural de Cocula.
Un golpe que sacudió a estas familias de la manera más brutal. Los padres de los 43 muchachos abandonaron sus labores en el campo y muchos perdieron sus cosechas con las que sostenían la mesa familiar. Otros, junto con renunciar a sus oficios y con su dolor a cuestas, decidieron salir en búsqueda de sus hijos sin importar las amenazas y las puertas que se cerraban.
En medio de las acciones para esclarecer esta forzada desaparición, César González y Clemente Rodríguez, padres de dos de los 43 normalistas, recibieron desde Chile la invitación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central y de la Federación de Estudiantes de esa casa de estudios para solidarizar con una causa que los estudiantes chilenos y las organizaciones de derechos humanos han hecho suya. También estuvieron en la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM) y en Valparaíso.
La emoción de estos padres se selló con las muestras de cariño y solidaridad recibidas. Ambos conversaron con Punto Final en la Universidad Central.
El dolor de ustedes se ha visto agudizado por el rol de un Estado que miente sobre esta situación. ¿Esto los motiva a seguir luchando por la verdad?
Mario González: “Nosotros, como padres, siempre lo hemos dicho: los vamos a seguir buscando. Desgraciadamente sabemos que nos enfrentamos a un monstruo, el Estado, que es difícil derrotar. Pero nosotros no lo queremos derrotar: queremos saber la verdad, qué pasó con estos 43 jóvenes y que los entreguen vivos. También estamos luchando por los 27 mil desaparecidos que hay en México y contra las represiones e injusticias con los indígenas y con todas las personas objeto de despojo. En eso estamos”.
Clemente Rodríguez: “Desgraciadamente nuestro gobierno habla muy bonito de México pero nunca dice la verdad. No dice las cifras correctas de los desaparecidos. Los países que hemos visitado como padres de familia nos han demostrado que también tienen represión, desaparecidos y muchos homicidios”.
Hace unos días se dio a conocer una versión que echa por tierra lo señalado por el gobierno en orden a que no se habría registrado un incendio en el basural de Cocula. ¿Cuáles son las siguientes acciones a seguir?
Mario González: “Seguir difundiendo, porque nosotros desde el principio nunca creímos lo señalado por el gobierno y lo que habría ocurrido en el basural de Cocula. Como campesinos sabemos lo que es un fuego de esa magnitud y por ello queremos seguir presionando para conocer la verdad. Afortunadamente ya llegamos a Washington y obtuvimos la formación de la Comisión Investigadora de Derechos Humanos”.
Clemente Rodríguez: “Queremos que se investigue. Desgraciadamente hasta ahora no hay ningún político detenido o responsable de la separación de nuestros hijos y de los golpes sicológicos que nos han dado como padres de familia y como víctimas”.
El grupo de expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha debatido la llamada “verdad histórica” que ha pretendido instalar el gobierno mexicano acerca de lo sucedido en Iguala. ¿Cómo ven el rol que está jugando esta instancia internacional?
Clemente Rodríguez: “En nuestro gobierno fueron dos versiones que se nos entregaron y que se nos quería imponer a la fuerza. Una de ellas fue cuando se encontraron las primeras fosas con pedazos de los cuerpos despedazados y se nos dijo: ‘Este es tu pedazo, esta mano te corresponde a ti, esta pierna te corresponde a ti, y ya pueden irse a casa. Eso es lo que queda de sus hijos’. Pero afortunadamente mis compañeros y yo somos más fuertes y seguimos luchando, alzando la voz, gritando, haciendo actividades. Gracias a esto llegaron los forenses argentinos y revirtieron ese enfoque del gobierno”.
Mario González: “El último golpe sicológico que se nos dio fue cuando llegó la verdad histórica y nos dijeron: a sus hijos desgraciadamente no los podemos identificar porque fueron calcinados; hincados, les dispararon en la cabeza, los aventaron hacia el basural y los quemaron. Eso mis compañeros no lo creían. Yo era el único a veces que me imaginaba cómo era posible que hincaran a mi hijo, le dispararan y luego le prendieran fuego. Sicológicamente queda uno loco, pero afortunadamente llegaron los expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y con líneas de investigación contundentes. El Estado mexicano puso trabas a este trabajo de la Comisión para que no se supiera la verdad, pero aun así nuestros expertos siguieron trabajando y nosotros haciendo actividades para apoyarlos. Ellos lograron que esa versión fuera cayéndose a pedazos. La primera declaración de nuestro equipo fue que había muchas contradicciones, y luego mucha gente muy golpeada para declarar lo que al Estado le convenía; y atacaron a nuestro equipo de distintas maneras. Llevaban gente a otros países para que nos difamaran. La última prueba contundente fue con las fotografías satelitales que demostraron que los días 26 y 27 de septiembre no hubo fuego en el basural de Cocula”.
Ya va un año y cuatro meses de la desaparición de estos estudiantes y queda la sensación de que el gobierno más allá de esclarecer la verdad insiste con su tesis de que los jóvenes fueron asesinados. Sin embargo, para ustedes están vivos…
Clemente Rodríguez: “El gobierno nunca ha buscado a nuestros hijos con vida; siempre los ha querido encontrar muertos. Como padres tenemos la corazonada y la convicción de que están vivos. Científicamente creemos que están vivos porque no nos han demostrado lo contrario. También tenemos un poco de temor, porque ha pasado un año y cuatro meses. Pero como padres vamos a seguir luchando por estos 43 muchachos y creo en Dios que están vivos todos. No importa el dolor de mi familia o el mío. A mí lo que me importa es saber que mi hijo está sufriendo dolor”.
Mario González: “Para que la lucha pueda continuar, debemos seguir levantando la voz por los 43 estudiantes. Somos padres de familia que abandonamos nuestros trabajos. Muchos se dedicaban a los cultivos y sus cosechas quedaron abandonadas. Pero aquí estamos aguantando y luchando por nuestras familias”.
¿Qué otras líneas de investigación ha seguido la Comisión de Expertos?
Clemente Rodríguez: “Ellos han sido muy importantes; por eso queremos que se queden todo el tiempo que sea necesario. Con su trabajo se esfuma la verdad histórica del gobierno. Nos ha aclarado a qué hora salieron los jóvenes a Chilpancingo con destino a Iguala, una versión que contrasta con lo señalado por la Procuraduría General de la República. Nunca se nos dijo que había un quinto autobús. Mi hijo iba en el 1531 y quienes descubrieron esto fueron los expertos, así como muchas anomalías por parte del gobierno. Por eso al gobierno le está doliendo, porque mucha gente a nivel mundial se está manifestando, se está pronunciando por los 43 normalistas. Se va a saber la verdad y los vamos a encontrar”.
¿Tienen contemplado visitar otros países de Latinoamérica para sensibilizar sobre este tema y buscar apoyo?
Mario González: “Sí, a donde nos inviten vamos a ir. Si tenemos que ir al cielo para buscar a esos niños tenemos que ir. Si tenemos que ir al infierno, pues iremos porque no los podemos perder, son pedazos de nuestro ser”.
Clemente Rodríguez: “Nosotros estamos molestos porque el gobierno no ha cumplido en las demandas que hemos pedido. Se burla de los 43 padres de familia y aquí estamos dando la cara al mundo para exigirle al presidente Enrique Peña Nieto que nos presente con vida a los 43 normalistas. Vivos se los llevaron, y vivos los queremos”.

Alejandra Cordova Rojas

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 844, 8 de enero 2016)


 “Mi hijo es un muchacho generoso”

En el acto solidario organizado por la Federación de Estudiantes de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), recogimos los siguientes testimonios:
Mario González Contreras: “Mi hijo es César Manuel González Hernández, un muchacho como cualquier universitario. Es un ser humano con virtudes y defectos, pero un niño muy cariñoso, muy carismático, que es lo contrario a mí. Muy humanitario, muy noble. Nunca vi que tuviera algún vicio. Lo único que quería era salir adelante por sí mismo, tanto que en una ocasión que yo le dije que se fuera de esa escuela, que estaba muy lejos, que no quería que estudiara en Ayotzinapa, él me dijo que ya estaba bastante grandecito, que siempre hacía lo que yo quería, que se vestía y se peinaba como yo quería, que ya era justo que lo dejara hacer lo que él quería (…) Y lo que él quería era ayudar a los niños. Ser profesor para ayudar a los niños de la sierra.
El acaba de cumplir 21 años. Tenía una valiosa preocupación social. Entró a un programa que se llama Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), de alumnos en receso para becas, suplentes de maestros. El se fue a un curso de esos y ahí inició su conciencia, su preocupación por los niños. En una ocasión me contó que él le quitaba hojas a los cuadernos que llevaban los niños pues otros no tenían, y así le hacía cuadernos a los que no tenían. Les cosía las hojas. Yo lo vi cosiéndolas y me rodaron lágrimas. Y me preguntaba de dónde sacó lo sensible este chamaco si yo no soy así (…) A él le gustaban mucho las carreras de autos, tanto que su tío le compró un carrito de esos que hacen de tubos y corría en un club, en Huamantla-Tlaxcala. También montaba en los rodeos y salía a cabalgar. Yo estaba en desacuerdo con él, siempre lo regañaba cuando me enteraba que iba a montar. Le gustaban los animales. Tiene aún sus dos perros en casa y su gato. Y ayudaba a la gente hasta dando lo suyo.
En una ocasión viajé a San Martín, en Puebla, y compré unas camisas para él y otras para mí, pero regaló las suyas a unos amigos que iban a una fiesta. Al otro día lo fueron a buscar esos muchachos y yo le pregunté por qué traían las camisas nuevas los chavos esos, y me dijo ‘porque no tenían, y yo tengo ahí unas’… Tiene una sensibilidad muy importante y no porque sea mi hijo, es un ser humano, un niño con aspiraciones, con defectos pero también con muchas virtudes.
(…) Ahora nos estamos enfrentando a un monstruo que es el Estado mexicano. Han repartido el expediente del caso en tres Estados Federales para que les cueste más trabajo a nuestros expertos continuar las investigaciones. Los han discriminado y descalificado al igual que a nosotros los padres (…) Nuestros hijos apenas eran de nuevo ingreso y la primera versión de las autoridades fue coludirlos con el narcotráfico. Mi hijo tenía un mes y veinte días de haber ingresado a esa escuela, ¿y ya era un narcotraficante? ¡No! Eso fue la primera mentira del gobierno. Hoy siguen habiendo muchísimas trabas y desconfiamos del Estado. Desgraciadamente el presidente Enrique Peña Nieto nunca ha tenido sensibilidad para con nosotros, los padres de Ayotzinapa. Nos hemos reunido con él tres veces. La primera vez firmó una minuta de diez puntos y no cumplió ni uno. La segunda, tampoco cumplió nada. Y la última ya fue con maltrato e indiferencia, diciendo que nos iba a aplicar la ley si seguiamos manifestándonos. Pero la ley la debería aplicar a los corruptos que tiene a su lado y a él mismo. Soy mexicano y me duele mi país. Es un bello país y estoy orgulloso de él, pero no creo en las leyes mexicanas. No hay ningún funcionario público detenido por la desaparición forzada de nuestros hijos…”.
• • •
Clemente Rodríguez Moreno: “Mi hijo es Christian Alfonso Rodríguez Telumbre. El único hijo varón. Sus tres hermanas, su madre, y sus amigos añoran su regreso. Creció en el barrio de Santiago, en Tixtla, Guerrero, y tenía 19 años cuando desapareció. El quería estudiar para ayudar a su familia, y lo que más le entusiasma es la danza folclórica. La practica desde niño. Iba al salón de la Casa de Cultura de Tixtla y baila en el grupo de danza folclórica Xochiquetzal. Es un muchacho como cualquiera de los estudiantes normalistas, con muchos deseos de apoyar a los niños más pobres, de brindarles educación.
(…) Ocurre que el gobierno se ha enfocado en buscar fosas, en buscar muertos, aunque siempre le hemos dicho que busque a los muchachos vivos, cosa que nunca hizo. Se han burlado siempre de las 43 familias, porque cada reunión que hemos hecho con el presidente Peña Nieto no le sacamos gran provecho. El Estado mexicano siempre nos ha mentido. Siguen ocultándonos la verdad y ya no creemos en las autoridades (…) Nuestras demandas son que los expertos se queden investigando todo el tiempo que sea necesario, porque hay muchas anomalías por parte de la Procuraduría General de la República y las autoridades. Dicen que llevan más de cien búsquedas y no es cierto. A nuestros hijos nunca los buscaron. Los quisieron plantar en las primeras fosas. Afortunadamente, llegaron los peritos argentinos y desmintieron que esos pedazos de cuerpos fueran de nuestros hijos. El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) realizó un informe que arroja distintos datos y desmiente las versiones oficiales del gobierno, entre las que está la incineración de cuerpos con neumáticos en llamas en el basurero municipal de Cocula (…) Se descubrió que las policías municipal, estatal, federal, el ejército y la Secretaría de la Defensa mexicana sabían lo que estaba sucediendo mientras ocurrían las agresiones a los 43 estudiantes. Pero aún no sabemos nada de nuestros hijos y estamos desesperados (…) Según el gobierno hay 23.600 desaparecidos, y según organizaciones de derechos humanos ya son más de 30.000 los desaparecidos. A eso se agregan más de 150.000 personas ejecutadas extrajudicialmente en los últimos diez años. Eso es lo que pasa en México”.

ARNALDO PEREZ GUERRA

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 844, 8 de enero 2016)

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