Punto Final, Nº 845 – Desde el 22 de enero al 3 de marzo de 2016.
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Damián Brito, presidente de la UTEM:

“El lucro está metido en las universidades”

 

No cree en el diálogo en educación y dice que el gobierno representa a una minoría. Afirma que las universidades públicas se comportan como si fueran privadas y que si las universidades privadas quieren acceder al financiamiento estatal, deben hacerse públicas. Se opone el Acuerdo Transpacífico (TPP) y dice que Chile es un país sumiso a Estados Unidos. Plantea como solución a la debilidad de las izquierdas existentes la recomposición de las organizaciones populares en torno a un proyecto alternativo de sociedad.
Damián Brito (24), presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Tecnológica Metropolitana de Chile (UTEM), estudió en un colegio municipal y se involucró en la “revolución pingüina”. Fue expulsado por no deponer una toma. Se fue al liceo A-14 de Santiago y con otros fundó el centro de estudiantes: también lo expulsaron. Terminó la educación media en un colegio de La Cisterna y luego en el Liceo Confederación Suiza. En 2010 fue uno de los creadores de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) y en 2011 se involucró en la rebelión estudiantil.
En 2012 ingresó a la carrera de diseño en la UTEM y el paso de la ACES a la Juventud Rebelde (JR) fue natural. “Nacimos porque no encontramos dentro del espectro de la Izquierda estudiantil una organización que nos ofreciera la posibilidad de actuar en política bajo nuestras convicciones. Estamos dispuestos a hablar cuando otros guardan silencio, y por eso hemos participado de tomas, como la del ex Congreso Nacional, para demostrar que en ese espacio están todos amarrados con el modelo neoliberal”, dice.
Damián Brito se siente heredero de una tradición de lucha revolucionaria, expresada en una concepción anticapitalista y en la intención de barrer con las prácticas tradicionales de la Izquierda. “En la JR algunos reivindicamos la trayectoria del MIR. Otros compañeros sostienen otra concepción libertaria. Estamos redefiniendo todo: el socialismo y la revolución que queremos, asumiendo una crítica profunda a experiencias anteriores. Nos sentimos parte del pueblo porque nacemos de él, aunque asumimos que no tenemos la exclusividad de su representación revolucionaria”.

BUSCANDO UNA ALTERNATIVA
Hay estudiantes radicalizados en la universidad pero que se olvidan de todo cuando se insertan en el mundo laboral...
“Tenemos una concepción que va más allá de la vida estudiantil. Más bien somos una respuesta a esas prácticas elitistas. Por eso tenemos un debate permanente entre nosotros para definir cómo nos vinculamos en los territorios. Somos hijos de pobladores y la mayoría de nuestros compañeros trabaja en empleos precarios para financiar sus estudios. Nos ganamos el sustento como garzones o empaquetadores de supermercados, y por eso vivimos con los pies bien puestos en la realidad.
Nuestra radicalidad pasa por la coherencia entre discurso y acción. Sin embargo, no tenemos todo definido. Todavía no formulamos una propuesta política para el país. Somos una generación a la que le ha tocado levantar todo de la nada. La Izquierda revolucionaria precedente se quedó enfrascada en la discusión sobre los métodos de lucha; para nosotros el tema de los métodos no se agota en el uso de los ‘fierros’. Lo central es una política que involucre a la ciudadanía. Criticamos la explotación y la represión y más allá de nuestra propuesta sobre educación, queremos construir una nueva sociedad”.
Hay una crisis de los referentes que dominan la política chilena, pero no surge una alternativa.
“Cuando las instituciones están podridas y hacen agua, lo peor que podríamos hacer es oxigenarlas, darles nueva vida. Nuestro rol es agudizar su crisis y develar la naturaleza conservadora del juego electoral entre Concertación y derecha, que en última instancia son dos formas distintas de lo mismo. Las diferencias entre ellos se refieren más bien a la manera como cada una administra el capitalismo, pero no existen proyectos políticos distintos ni diferente idea de país.
Creemos en el poder popular y el control comunitario. Es un camino más largo y trabajoso, pero que asegura el triunfo de un proyecto realmente alternativo. Para nosotros la solución no pasa por insertarnos en este sistema. Podríamos ser parte de una nueva ola electoralista, pero creemos que el problema de fondo radica en el desmembramiento del tejido social y en la desaparición de las organizaciones populares”.
El movimiento estudiantil tiene capacidad de incidir, pero eso no ocurre con los otros movimientos sociales...
“Nos organizamos como estudiantes y jóvenes, hoy estamos en este proceso. Pero nuestra apuesta de más largo plazo es desarrollar un sindicalismo clasista. En Chile se domesticó al sindicalismo y las organizaciones de pobladores desaparecieron. El capitalismo neoliberal encerró a la gente en sus casas frente al televisor para que no manifestara su descontento.
Llegará el momento en que emerja un componente clasista, que va a ayudar a reactivar la movilización popular. Siempre los movimientos estudiantiles son la antesala de grandes movimientos populares y nosotros queremos construir, a partir del movimiento social, un movimiento popular”.
Hay otros grupos de Izquierda que plantean posiciones parecidas a las de JR.
“Estamos abiertos a conversar con otras organizaciones que están por la construcción del poder popular. Necesitamos comenzar a ponernos de acuerdo; pero no en la lógica de Juntos Podemos Más, que equivale a pegar todo con chicle. Creemos en una honesta síntesis política, que será más larga que armar un pacto electoral, pero que asegurará un proceso de unidad sólido. Ojalá nos encontremos con muchos en ese camino”.

LA EDUCACION EN CHILE
¿Cómo está tratando el gobierno el tema de la educación pública?
“El gobierno ha tenido ocho propuestas distintas de gratuidad. Me refiero a una falsa gratuidad, representada por el bono. Bachelet dejó afuera la discusión central que tiene que ver con el modelo educativo, que es lo que nosotros queremos instalar. Creemos que la educación tiene que ser gratuita, pertinente a las necesidades del pueblo, que sea liberadora, y ponga al centro de sus preocupaciones el desarrollo social. Para lograr eso, necesitamos barrer con este sistema. La única manera de cambiar el sistema educativo es cambiar el sistema social por completo. En el actual modelo, el sistema educativo es el que va reproduciendo la lógica del statu quo. Hoy las universidades ponen el conocimiento que generan al servicio de las empresas privadas, pero no hay investigaciones orientadas a mejorar la calidad de vida de las personas”.
¿Qué pasa con la formación de los estudiantes que visten uniforme militar?
“Si decimos que la represión es sistémica, hay que buscar los elementos que hacen posible esa represión. Las fuerzas armadas y policiales tienen como propósito principal reprimir al pueblo cuando se moviliza. No sabemos ni decidimos como sociedad qué educación reciben los miembros de esas escuelas militares. Tampoco es sano que las instituciones uniformadas estén divididas en castas, para asegurar que arriba estén siempre los mismos. Es necesario que la sociedad en su conjunto decida la formación que van a recibir los cadetes de las escuelas militares.
La formación que reciben en Chile los uniformados tiene consecuencias muy precisas. Todos los días vemos más pacos en las calles y con más atribuciones para reprimir. Yo mismo fui objeto hace unos días de una golpiza de Carabineros”.
¿Qué opina sobre el diálogo acerca del proyecto de educación universitaria?
“Este gobierno de minoría conoce nuestra propuesta, lo que quiere con el diálogo es dilatar. No estamos dispuestos a sentarnos a dialogar con personas de dudosa honorabilidad para que otros nos vean sensatos. Ya llegará el momento en que podamos impulsar nuestro propio programa y lo haremos con movilización. Será el gobierno quién nos pedirá dialogar cuando sepa que sin nosotros no hay solución posible”.
Pero son el gobierno y los parlamentarios quienes tomarán las decisiones...
“En Chile vivimos una democracia tutelada, con una transición incompleta de la dictadura a la democracia. El 80% de los ciudadanos y ciudadanas están de acuerdo con la educación gratuita y pública, pero un grupo minoritario decide contra la mayoría. En Chile las mayorías no pueden revocar el mandato de una autoridad ni existe la posibilidad de convocar a un referéndum para resolver nuestras diferencias”.
Estuvo en peligro el financiamiento público de la UTEM, pese a ser una universidad estatal.
“Es ilógico que el Estado pida permiso para financiar sus universidades. En Chile el Estado ha desantendido sus responsabilidades con las universidades públicas. A la UTEM la dejó botada, porque no quiso competir en una lógica de mercado. En nuestra universidad el 85% estudia con becas y créditos.
El problema es que en Chile no hay educación pública de verdad. El modelo educativo no está construido sobre la base de un eje de desarrollo consensuado con la sociedad. El modelo responde a intereses de una minoría de empresarios. En la práctica, el Estado transformó a las universidades públicas en universidades privadas al servicio de intereses privados. El financiamiento del Estado a las universidades públicas es bajísimo y por eso se ven obligadas a levantar negocios para sobrevivir. El lucro está metido en todas partes y en las universidades públicas hay personas que lucran. Una cosa es el obsceno lucro directo y otra son los negocios inmobiliarios, las ‘sociedades espejo’ o los sueldos gigantescos de algunos rectores, que representan distintas formas de sacar provecho de las universidades públicas o privadas.
Si las universidades privadas quieren financiamiento del Estado, deben hacerse públicas y eso pasa por entregar todos sus bienes al Estado. Más allá de las acreditaciones y el acompañamiento de las autoridades, deben ser las mismas comunidades educativas las que ejerzan fiscalización; que no solo sea financiera, sino también sobre contenidos. Las universidades del Estado deben ser las mejores y eso solo sucederá si cambiamos las condiciones para crear un nuevo modelo educativo.
En la UTEM tenemos mecanismos formales de gestión y control, como el Consejo Superior, donde los estudiantes tenemos voz pero no voto. Podemos pedir el balance y mirar el movimiento financiero, pero nuestra incidencia real es muy limitada”.

CASO VENEZOLANO
¿Por qué fue derrotada electoralmente la Revolución Bolivariana?
“La burguesía no entrega sus privilegios voluntariamente. Por eso antes han intentado golpes de Estado y esta vez la estrategia de desgaste les funcionó mediante el voto y escondiendo alimentos, como lo hicieron también antes en Chile, durante el gobierno de la Unidad Popular.
No hay procesos sociales irreversibles, porque son acontecimientos dinámicos que los realizamos los seres humanos con una gran carga de subjetividad. Las revoluciones tampoco se miden exclusivamente en términos electorales. El triunfo de la derecha venezolana con apoyo de sectores, como la Nueva Mayoría de Chile, demuestra que hay cosas que se han hecho mal por parte de los revolucionarios y son ellos los llamados a hacer su autocrítica. Nosotros somos respetuosos de la autodeterminación de los pueblos y de la autonomía de los procesos que ocurren en cada país, pero pensamos que el camino para revertir esta derrota pasa por apoyarse en el poder de los trabajadores. El pueblo venezolano ya no es el de hace 20 años; ahora es más educado, constituye un poder popular activo y tiene el respaldo de la fuerza armada bolivariana.
El proceso bolivariano se inspira en la experiencia chilena de 1973. En Venezuela, escuché hablar mucho de Miguel Enríquez y de Allende. Por esa experiencia nosotros no creemos en un tránsito puramente pacífico al socialismo. Hay un momento en que la confrontación de clases es inevitable y creo que ese momento está llegando en Venezuela.
Miguel Enríquez lideró en Chile una generación capaz de reinventar la política y de ofrecer alternativas. Es también un referente moral. Su sacrificio representa en lo valórico una entrega absoluta a una causa, como ocurrió con el Che o con el Comandante José Miguel del FPMR. Salvador Allende fue también un hombre osado y consecuente. Tiene el gran mérito de no haber traicionado al pueblo. Ojalá tuviera yo la mitad de los cojones que tuvo Allende”.
¿Qué opina sobre el Acuerdo Transpacífico (TPP)?
“Para los norteamericanos, seguimos siendo su patio trasero. Chile es un país sumiso a Estados Unidos y aquí se hace todo lo que los gringos quieren. Ese acuerdo internacional restringe gravemente nuestra soberanía, pero forma parte de una cierta continuidad en nuestra relación con EE.UU. No olvidemos que hace más de 40 años los norteamericanos nos impusieron también una dictadura militar”.

RUBEN ANDINO MALDONADO

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 845, 22 de enero 2016)

 

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