Punto Final, Nº 845 – Desde el 22 de enero al 3 de marzo de 2016.
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CAMILO HERNRÍQUEZ

 

Quien fuera un prócer republicano y patriota durante la independencia, nació en Valdivia el 20 de julio de 1769, hijo de un militar español y madre chilena. Desde niño mostró vocación religiosa y también afición al estudio y la reflexión. Adolescente fue enviado a estudiar a Perú, donde tenía parientes. Allí orientó su vocación religiosa a la orden de los frailes De la Buena Muerte, importante en Perú, Ecuador y también en España.
Camilo Henríquez González tuvo compañeros de estudio que después destacarían en los procesos emancipadores. El mismo fue detenido e investigado por la Inquisición por lectura de libros prohibidos, especialmente franceses. Fue alumno de fray Isidoro de Célis, defensor del racionalismo y humanismo. Después de ser liberado por la Inquisición, fue enviado por su congregación a Quito, para la fundación de un nuevo convento. Allí pudo ver en acción a las fuerzas represivas contra los primeros intentos independentistas de la dominación española.
En 1811 Camilo Henríquez ya estaba de regreso en Chile, donde redactó la “Proclama de Quirino Lemáchez”, que circuló con los primeros días de ese año llamando a elegir diputados partidarios de la independencia para el Congreso que debería elegirse en las siguientes semanas. La proclama no tuvo ambigüedades. “Vosotros no sois esclavos: ninguno puede mandaros contra vuestra voluntad (…) La naturaleza nos hizo iguales, y solamente en fuerza de un pacto libre espontánea y voluntariamente celebrado, puede otro hombre ejercer sobre nosotros una autoridad justa, legítima y espontánea”, eran algunas de sus frases.
Tampoco tuvo dudas cuando se trató de condenar el motín de Figueroa, levantamiento militar monárquico enfilado a impedir la elección del Congreso, sofocado en forma sangrienta. Fue también Camilo Henríquez el orador sagrado de la misa que inauguró las sesiones del Congreso. Combinó sus actividades políticas e ideológicas colaborando en periódicos en Santiago y después en Buenos Aires. Editó al menos diez entre ellos la “Aurora de Chile”, cuyo primer número apareció el 13 de febrero de 1812, utilizando la primera imprenta pública de que dispuso el país. “… Está ya en nuestro poder, el grande, el precioso instrumento de la ilustración universal, la imprenta (…) La voz de la razón y de la verdad se oirá entre nosotros después del triste e insufrible silencio de tres siglos”, escribió. Era, como se sentía, un educador y filósofo. Entre 1812 y 1814 fue senador y uno de los autores del Reglamento Constitucional de 1812.
Después del desastre de Rancagua, Camilo Henríquez se refugió en Buenos Aires donde se dedicó al periodismo. Escribió también obras de teatro. Después de la batalla de Chacabuco, O Higgins lo invitó a regresar. Fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, director de “La Gaceta Ministerial de Chile” y de un boletín sobre la administración del país. Fue nuevamente diputado por Chiloé y Copiapó y estuvo entre los consejeros de Ramón Freire, el nuevo Director Supremo de Chile.
Camilo Henríquez murió en Santiago el 16 de marzo de 1825.

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 845, 22 de enero 2016

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