Punto Final,Nº 847 – Desde el 18 al 31 de marzo de 2016.
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¿Quién mató a Berta Cáceres?

“¡Despertemos! ¡Despertemos Humanidad! ¡Ya no hay tiempo! Nuestras conciencias deben ser sacudidas por el hecho de solo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal”.
Berta Cáceres, 20 de abril de 2015, al recibir el Premio Ambiental Goldman.

En la madrugada del 3 de marzo la sentencia de muerte fue ejecutada. Los sicarios asesinaron a Berta Cáceres, coordinadora general de Copinh (Consejo de Pueblos Indígenas de Honduras), líder del pueblo lenca y de los pueblos garífunas y negros de Honduras. Quienes acompañamos la resistencia popular hondureña al golpe de Estado, la conocemos también de esas jornadas brillantes de coraje y dignidad, en las que el pueblo se tomó las calles y no las dejó por días y y días. Ahí andaban Berta y los copines y copinas, caminando por la libertad, contra la militarización, contra la dictadura (ver pág. 32).
Berta fue asesinada por el sicariato que se multiplicó al amparo del golpe y de la violencia institucional que la dictadura dejó inoculada en la sangre de Honduras. Ahora intenta asesinarla nuevamente el sicariato comunicacional, jurídico y político, que se empeña en limpiar los rastros de los verdaderos autores intelectuales y materiales de este crimen, y desviar la investigación para criminalizar a los que han compartido la vida y las luchas con Berta. Han circulado desde las perversas versiones del “crimen pasional”, tan oportunas para naturalizar los femicidios, hasta otras que buscan llamar la atención sobre las posibles diferencias existentes en el Copinh, tan funcionales para desestructurar a las organizaciones de la resistencia.
Todas las advertencias nacionales e internacionales realizadas por la propia Berta y por el Copinh, que avisaron incluso de las amenazas recibidas casi a diario y de las campañas mediáticas que buscaron desprestigiarla, no alcanzaron. Y esto es así porque quien está atrás de esta muerte es el Estado terrorista de Honduras, instalado con el golpe de Estado y legitimado internacionalmente por quienes le abrieron las puertas para el reingreso a la OEA y a los organismos internacionales. El Estado terrorista es el garante de las políticas de las transnacionales y de los capitales oligárquicos de ese país.
Denuncia Ofraneh (Organización Fraternal Negra de Honduras), que después del golpe de Estado del 28 de junio de 2009 “la elite político empresarial del país, a instancias de organismos internacionales, se dividieron las cuencas hidrográficas en Honduras, con el supuesto propósito de producir energía limpia. La farsa de la energía ‘limpia’ producida a través de la muerte de los ríos, se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos para las minúsculas elites de poder en Centroamérica, que han recibidos las concesiones otorgadas por los Estados-nación, sobrepasando buena parte de los proyectos, el derecho a la consulta previa, libre e informada consignado en el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas”.
En un comunicado de la mamá de Berta, sus hijas e hijo, decían: “No se puede distorsionar la verdad acerca del crimen que terminó con su vida. Sabemos con claridad que los motivos de su vil asesinato fueron su resistencia en contra de la explotación de los bienes comunes de la naturaleza, y en defensa del pueblo lenca. Su asesinato es un intento de acabar con la lucha del pueblo lenca, en contra de toda forma de explotación y despojo. Es un intento por cortar la construcción de un nuevo mundo. Las circunstancias de su muerte se dan en medio de la lucha en contra de la instalación del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca en el río Gualcarque por parte del pueblo lenca. Pedimos que se esclarezcan las responsabilidades de la empresa Desa que desarrolla el proyecto... Responsabilizamos al Estado hondureño de haber obstaculizado en gran medida la protección de nuestra Berta, y haber propiciado la persecución, criminalización y asesinato, al haber optado por proteger los intereses de la empresa por encima de las decisiones y mandatos de las comunidades”.

LA TRAMA ASESINA
En un cuidadoso informe de Ofraneh se dan precisiones sobre la trama del capitalismo asesino: “Desa se encuentra conformada por Las Jacarandas, propiedad del Sr. José Eduardo Atala, y la compañía Potencia y Energía de Mesoamérica (Pemsa), representada por Gerardo Carrasco Escobar; no existe información pública sobre la identidad de los propietarios de Las Jacarandas y Pemsa. En un inicio existió un reporte del financiamiento de Desa por parte del Banco Ficohsa, que recibió fondos del Banco Mundial (BM). Sin embargo el BM negó haber invertido en la represa de Agua Zarca... Dice más adelante que el secretario de Desa, Roberto Pacheco Reyes, es un oficial de la ‘inteligencia militar’ hondureña (...) El proyecto hidroeléctrico ha contado con el apoyo financiero del Banco Centroamericano de Inversión Económica (BCIE), el Banco Holandés para el Desarrollo (FMO) y el Fondo Finlandés para la Cooperación Industrial (Finnfund), instituciones que hasta la fecha persisten en desconocer el mandato del Convenio 169 de la OIT. En el caso del BCIE y el FMO, estas instituciones están involucradas en el financiamiento de la represa de Barro Blanco, en Panamá, la que es rechazada por los pueblos ngöbe-buglé, ante la ausencia de un proceso de consulta además de la destrucción de centros ceremoniales, como los petroglifos en el río Tabasara”.
Son estas instituciones las que promueven la muerte de los ríos, la contaminación de las tierras, la falta de respeto de los derechos ancestrales de los pueblos y el asesinato de sus líderes, y es el Estado quien le abrió las puertas a esas concesiones, que militarizó los territorios donde los pueblos resisten. Establecieron una persecución concreta contra Berta, llevándola incluso a prisión en más de una oportunidad. Ellos deberían ser investigados y llevados al banquillo de los acusados.
Pero no. Denuncia Gustavo Castro, el ambientalista mexicano que se encontraba junto a Berta en el momento del crimen, y que está siendo retenido por las autoridades hondureñas de manera perversa, negándosele el derecho a regresar a su tierra: “Los sicarios que han asesinado a Berta y que intentaron asesinarme, siguen en la impunidad, mientras el gobierno pretende socavar la memoria de Berta, el honor y la lucha magnífiica que el Copinh ha hecho por tantos años en la defensa de la vida, los territorios, y los derechos humanos. Vi morir a Berta en mis brazos, pero también vi su corazón sembrado en cada lucha que el Copinh ha realizado, en tantísima gente que la conocimos”. A su vez el Copinh, en un comunicado del 7 de marzo señala: “Reafirmamos la posición antipatriarcal, antimperialista, anticapitalista, antirracista, que marca la vida de nuestra compañera y de la organización a la que pertenece. No queremos que esta muerte sea un número más en las estadísticas. Fue un feminicidio por causas políticas, por la defensa del territorio”.

JUSTICIA PARA BERTA
Al día siguiente de su asesinato, Berta hubiera cumplido 45 años. En esos momentos, su cuerpo era velado por miles de hombres y mujeres de su tierra, La Esperanza, y en distintos rincones del planeta donde renacía. Sus hijas e hijo, su familia ampliada que somos los hermanos y hermanas de Berta en el planeta, hoy estamos exigiendo justicia para Berta.
Así como los pueblos indígenas del continente piensan a Berta como una de sus líderes, así como las feministas piensan a Berta como una de sus compañeras de camino, así como quienes son parte de las redes de defensa de la naturaleza la han nombrado como referente de las luchas ambientalistas, los hondureños y hondureñas que sienten y se duelen su país la consideran parte del alma de su pueblo, y los internacionalistas la sienten sembrada en distintas tierras lejanas de varios continentes. Berta era todo eso: indígena, feminista, luchadora por los derechos de los pueblos y de la naturaleza, internacionalista, socialista. Era una revolucionaria que sabía que era una sola la lucha: contra el capitalismo, el patriarcado y el colonialismo.
Berta está ahora desparramada, sembrada, pintada en las paredes, vuelta bandera. Pero no era eso lo que ella quería. Ella quería hacer las revoluciones que nos faltan. Y ése sigue siendo nuestro compromiso con ella.
Justicia para Berta, y revolución en Nuestra América.

Claudia Korol
En Buenos Aires

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 847, 18 de marzo 2016).

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