Punto Final,Nº 848 – Desde el 1 al 14 de abril de 2016.
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Mario Garcés, historiador:

Hay que inventar la alternativa

 

Piensa que los principales agentes de cambio en Chile son los movimientos sociales. El historiador Mario Garcés Durán (63) analiza para PF el estado de esos movimientos, que en la última década se han instalado como actores significativos de la vida política luego de un largo periodo de ausencia. Garcés disecciona el aporte de estos actores que han sido ignorados por los que hegemonizan la vida política y cultural de un país.
Mario Garcés constata la crisis del sistema político, la corrupción de los partidos e instituciones por consorcios empresariales y la ausencia de una alternativa al modelo neoliberal generada por los críticos del sistema de dominación. Aunque reconoce el valor de los partidos de Izquierda o progresistas, los acusa de iluministas, porque sus prácticas suplantan los sentimientos, aspiraciones e intereses de los movimientos sociales, convirtiéndolos en la simple proyección de sus propias miradas, frecuentemente distantes de la realidad.
Mario Garcés es doctor en historia de la Universidad Católica, académico de la Universidad de Santiago y director de ECO (Educación y Comunicaciones). Su aporte historiográfico se ha centrado en la recuperación de la memoria histórica de las comunidades locales y movimientos populares.
¿Cuál es el estado de los movimientos sociales en Chile?
“Se alternan periodos de alta presencia de los movimientos sociales con otros en los que desaparecen. Entre 1990 y 2006 estuvieron ausentes. Pero ese año emergió el movimiento mapuche, que sigue presente, y comenzó la efervescencia estudiantil (los ‘pingüinos’) que culminó con la irrupción masiva en 2011 del movimiento por la educación. Desde entonces se agregaron también los ecologistas, las asambleas territoriales, los grupos por la diversidad sexual y por la defensa de nuevos derechos sociales.
La aparición de asambleas territoriales como las de Punta Arenas, Aysén y Freirina, fueron experiencias novedosas aunque se podría conectarlas con otras situaciones del pasado donde los territorios fueron espacio de acción política. Recuerdo al menos dos: la aparición de los cordones industriales y los comandos comunales durante el gobierno de la Unidad Popular y las protestas ocurridas desde 1983, bajo la dictadura. El espacio de acción de estos movimientos es el barrio. Sus demandas abarcan temas variados como la educación, la salud o la cultura. Van más allá de reivindicaciones puramente económicas”.

RUMBO A OTRA FASE
¿Qué está pasando ahora?
“Estamos viviendo una transición hacia otra fase, vinculada a ese momento de gran movilización anterior. Los movimientos sociales presentan ahora una alta fragmentación y dispersión, en algunos casos están sumergidos en un periodo de latencia o procesando las experiencias pasadas y preparando movilizaciones futuras.
La experiencia de 2011 es reveladora de un rasgo significativo de la cultura chilena: la tendencia a hacer de la política un monopolio de los partidos. Esta práctica se contrapone a una visión de los nuevos movimientos sociales, que se asumen como protagonistas de la actividad política, sin delegar por completo la capacidad de decisión en los partidos, porque no confían en ellos.
Yo tenía la esperanza de que el movimiento estudiantil de 2011 fuese capaz de afirmar su carácter asambleísta, su autonomía, diversidad y pluralidad, así como su capacidad de sumar otras fuerzas sociales. Pero una parte importante de sus dirigentes se subordinaron tempranamente a los partidos tradicionales, como Camila Vallejo al PC, o crearon partidos nuevos a través de los cuales sus dirigentes postularon al Congreso Nacional, como Jackson o Gabriel Boric. No digo que los partidos no sean necesarios, pero la subordinación de los movimientos a los partidos impide el desarrollo de formas políticas autónomas, surgidas desde la sociedad civil”.
¿Cómo influye la dispersión en este cuadro?
“La dispersión refuerza búsquedas genuinas de participación y nuevas formas de representación. Pero la excesiva partidización es también un factor que dispersa. Luego de las etapas iniciales de la dictadura, los partidos se reorganizaron en las poblaciones y entonces aparecieron organizaciones territoriales comunistas, frentistas, miristas o socialistas, que terminaron arrogándose la representación del conjunto del movimiento. El resultado fue que los que no eran militantes comenzaron a desmovilizarse.
En Chile, el componente mesiánico de los partidos es muy fuerte. Mientras esa tradición no sea encarada y reformulada, estaremos condenados a repetir nuestra historia. En última instancia significa repetir las derrotas de la Izquierda, que en gran medida son también las derrotas del movimiento social, como las de 1973 y 1983. Los partidos de Izquierda tradicional no reconocieron entonces la pluralidad y diversidad de los movimientos sociales, afirmando por ejemplo que la clase obrera es la clase revolucionaria por excelencia y que el partido-vanguardia es el único que conoce el destino de la historia. La experiencia ha demostrado que esa afirmación era falsa.
El reconocimiento de la diversidad impone el desafío de generar nuevas formas de articulación y unidad del pueblo. Los momentos de mayor politización popular son a la vez aquellos en que se articulan múltiples y diversas fuerzas. Eso ocurrió con los mítines contra el hambre en 1918, con el movimiento de obreros y estudiantes por la Asamblea Constituyente de 1925, con los comandos comunales y cordones industriales durante la UP. En momentos más recientes podemos encontrar situaciones análogas en asambleas masivas de gran diversidad social.
Al iniciarse la transición no hubo propuesta respecto a la democracia comunal. Se nos impusieron las mínimas reformas a la Constitución pinochetista, se nos permitió que eligiéramos alcaldes y concejales pero una vez más el Estado y los partidos definieron sin consulta lo que estimaron mejor. Entonces el movimiento social se debilitó, se fragmentó y hasta se olvidó de que en otras etapas se hizo escuchar mediante un conjunto de acciones colectivas. Absorbido por el mercado y el individualismo, ese recurso de acción social desapareció otra vez del imaginario popular.
Al movimiento social que había generado sus propias redes y protocolos de acción para enfrentar problemas como el hambre, la defensa de los derechos humanos o el rescate de la cultura popular, se le hizo creer que la política no era su campo de acción y se le dijo que ese espacio está reservado a los partidos y al Estado.
Los partidos de Izquierda que quedaron fuera del pacto de la transición, tampoco debatieron su estrategia con las bases sociales organizadas. Por sí y ante sí decidieron lo que estimaron mejor para el mundo popular y empecinados en estrategias alejadas de las posibilidades de acción política, dejaron de ser influyentes y sufrieron una nueva derrota”.

DESAFIO: CREAR LA ALTERNATIVA
¿Hay alternativas?
“Hay que inventar la alternativa. Los caminos conocidos no sirven. Si no existen prácticas nuevas que perfilen un mundo distinto, no habrá ese nuevo mundo. Nuestro reto mayor es poner en valor la experiencia de aquellos movimientos sociales que fueron capaces de enfrentar problemas ecológicos, económicos, de derechos humanos, etc., y de potenciarlos. En esas experiencias hay una posibilidad de dibujar un mundo distinto.
La idea de que un partido, un líder o un grupo de iluminados resolverán los problemas, es falsa. Por lo tanto, estamos ante un desafío mayor. Supone la concepción de la política como una actividad en que distintos sujetos sociales en movimiento son capaces de generar acciones colectivas.
Cuando se politiza lo social, los asuntos de la sociedad se convierten en asuntos colectivos. Eso requiere un proceso de aprendizaje y autoconciencia distinta de la tradicional. Supone concebirse como ciudadano de verdad. Tenemos que reinventar la política, reinventar los partidos, escuchándonos y valorando lo que hemos realizado y lo que estamos haciendo. Esos son procesos largos y deben involucrar al conjunto del sistema político. Sin embargo, si no surge una alternativa capaz de hacer frente al actual proceso de corrupción, la clase política va a resolver el problema de manera endógena, proponiendo a la ciudadanía fórmulas que podrían derivar en que esas prácticas corruptas sigan reproduciéndose con otra apariencia, porque continuaría la misma relación de la política con el mundo de los negocios.
El neoliberalismo se caracteriza por la colonización que el mercado hace del Estado y la política, al punto de perder su autonomía y aplicar políticas funcionales a los intereses de las empresas privadas. De este modo ellas pasan a definir los contenidos, las agendas, los temas y los procedimientos de los gobiernos. Hoy sabemos que el royalty a la minería, por ejemplo, lo terminaron de redactar los empresarios y no el gobierno de Piñera”.

COLAPSO DE LA IZQUIERDA HISTORICA
¿Cómo se extiende esa influencia a la sociedad?
“El colapso de las políticas de la Izquierda histórica en el mundo ha permitido que el capitalismo emerja fortalecido. Su ideología se ha expandido a toda la sociedad. La clase dominante tiene miles de recursos para lograr que su pensamiento sea apropiado por la mayoría. Chile es pobre y sus habitantes viven con derechos vulnerados: experiencias radicales de pobreza en vivienda, salud y educación. Acceder a los bienes de consumo por la vía del endeudamiento, les entrega una sensación de bienestar que compromete a las clases populares con el modelo de dominación. Ante la ausencia de un camino distinto, también las clases medias perciben que el único proyecto posible es el existente y por lo tanto, se hacen parte del modelo y aspiran a que sus hijos logren mejores condiciones de vida dentro del actual sistema regido por lógicas de mercado.
La actividad de los movimientos sociales ha puesto en cuestión algunas de esas lógicas. Los ecologistas demuestran con sus denuncias los continuos daños medioambientales por las grandes empresas y los estudiantes afirman que la educación debe ser un derecho garantizado a la sociedad y no un negocio en manos de unos pocos.
Lo más complejo para la Izquierda es que la Nueva Mayoría tomó las demandas del movimiento estudiantil y reelaboró su agenda política, incluyendo la reforma educacional, la reforma tributaria y la reforma de la Constitución. Pero el gobierno, temeroso de la capacidad de acción del pueblo, no ha querido apoyarse en la fuerza de la ciudadanía para impulsar esas reformas e intenta concretarlas distanciándose de los movimientos sociales que plantearon esas mismas demandas”.
¿Qué sucede con el sindicalismo?
“El sindicalismo vive una situación de debilidad estructural porque la dictadura cambió el modelo de desarrollo y desindustrializó el país, así como también reprimió y desarticuló a los trabajadores. El movimiento sindical perdió sus bases y la legislación que lo protegía, con lo que se reconfigura un sindicalismo dividido, cupular y basado en el acuerdo entre partidos. En años reciente han surgido nuevos sindicatos en supermercados, multitiendas, el transporte público o los call centers, con una nueva generación de trabajadores. Quizá mañana ellos tengan la capacidad de refundar el movimiento sindical”.

TRASFONDO SOCIAL DEL NARCOTRAFICO
¿Cómo operan las redes de narcotráfico en las poblaciones?
“Cuando se debilitan los sentidos comunitarios y no hay caminos para lograr los cambios sociales, se fortalece el narcotráfico. Este se nutre de las capacidades asociativas de los pobladores y constituye un modo ilícito de hacerse parte del modelo neoliberal.
Si las personas no logran ingresar de manera lícita al modelo individualista de acceso a autos, casas u otros bienes materiales, lo hacen a través del camino delictual, que no discrimina. Todos pueden participar y ganar dinero. Unos procesan, otros almacenan o distribuyen. El narcotráfico es una forma alienada de organización social de los pobres, funcional al mercado, que se desarrolla en la sociedad en la medida en que se debilitan las organizaciones sociales y las instituciones”.
¿En el contexto actual, cuál es la deuda de los partidos con la sociedad?
“Si bien los partidos están presentes en los movimientos sociales, su influencia es débil. Están en las cúpulas sindicales, pero no en la vida cotidiana de los sindicatos. En el caso de los estudiantes, se mueven en la elite estudiantil y cuando el movimiento deja de tener presencia en la calle, las organizaciones políticas estudiantiles terminan replegadas sobre sí mismas.
Los partidos de Izquierda están operando con un vacío teórico y político, porque no tienen respuestas para los problemas. También les cuesta abrirse hacia la sociedad e iniciar su propia democratización. No saben actuar sobre la base de la fuerza del propio movimiento. Sus planteamientos se concentran en incidir sobre el Estado, cuando lo que deben definir son propuestas para movilizar a la sociedad y hacer más fuertes a los movimientos ciudadanos.
Muchos partidos se autoasignan el papel de protagonistas de la historia e incurren en una concepción elitista de la política. Se basan en la convicción que solo el partido es el que define lo que se hace o se dice, omitiendo el consenso que surge desde la asamblea, la sociedad o la calle”.

Rubén Andino Maldonado

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 848, 1º de abril 2016)


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