Punto Final,Nº 849 – Desde el 15 al 28 de abril de 2016.
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Crímenes de la Brigada Delfín

El terror contra el PC

 DE Izq. a derecha Alicia Herrera Benítez, Guillermo Gálvez Rivadeneira, Oscar Arturo Ramos Vivanco.


Del Cuartel Simón Bolívar no salió nadie con vida. La reconstrucción de lo que allí sucedió se ha logrado con el testimonio de los ex agentes que operaron en ese centro de tortura y exterminio a partir de 2007, partiendo con el testimonio de Jorgelino Vergara, El Mocito, quien reveló su existencia.
Todos quienes allí entraban luego de ser torturados salían envueltos en sacos paperos para ser lanzados al mar o enterrados en fosas clandestinas, tal como sucedió con ocho militantes del Partido Comunista detenidos entre los meses de julio y agosto de 1976. Fue la suerte de José Vicente Toloza Vásquez, Guillermo Gálvez Rivadeneira, Guillermo Albino Martínez Quijón, Hugo Ernesto Vivanco Vega, Alicia Herrera Benítez, Oscar Orlando Ramos Garrido, Oscar Arturo Ramos Vivanco y Nicolás Hugo Vivanco Herrera, quienes están desaparecidos. Sus torturadores fueron condenados en primera instancia por el ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Leopoldo Llanos, a 20 años de cárcel.
Se trata de los agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), Juan Morales Salgado, Pedro Espinoza Bravo, Carlos López Tapia, Rolf Wenderoth Pozo y Ricardo Lawrence Mires. Todos cumplen otras condenas en el penal de Punta Peuco, con excepción de Lawrence, prófugo desde hace trece meses. En estos crímenes participaron además el director de la Dina, Manuel Contreras, y Marcelo Moren Brito, sobreseídos luego de su fallecimiento.
La justicia logró establecer que “la Dina mantuvo, desde fines de 1975 y al menos durante todo el año 1977, el Cuartel Simón Bolívar, ubicado en calle Simón Bolívar Nº 8630, comuna de La Reina, Región Metropolitana, recinto en que operaba la brigada denominada Lautaro, cuya principal función, además de labores represivas de detención de disidentes políticos, era de protección de Manuel Contreras y de su familia. Esta brigada era dirigida por el mayor de ejército Juan Morales Salgado, quien además era el jefe del cuartel”.
En 1975 se reestructuraron los grupos operativos que funcionaban en Villa Grimaldi, fusionándose las agrupaciones que dirigían los capitanes de ejército Germán Barriga Muñoz, y de Carabineros, Ricardo Lawrence Mires. Para ello se creó la Brigada Delfín con el propósito de reprimir al Partido Comunista. Esta siguió y detuvo a dirigentes y militantes. El magistrado estima que alrededor de cien miembros del PC desaparecieron ese año. Barriga se suicidó el año 2005 lanzándose desde el piso 18 de un edificio de Las Condes, cuando era inminente su prisión.
Algunos detenidos ultimados en Simón Bolívar pasaron antes por Villa Grimaldi. La Brigada Delfín se trasladó allí aproximadamente a mediados de 1976. Desde ese centro de operaciones salían los grupos operativos a practicar detenciones.

EL AUTO COLOR GUINDA SECA
Los ocho miembros del PC comenzaron a ser detenidos desde el 15 de julio de 1976. Ese día José Vicente Toloza Vásquez, casado, un hijo, linotipista, fue arrestado cerca de las 21:00 horas en las inmediaciones del paradero 2 y medio de Gran Avenida. El 21 de julio se detuvo a Guillermo Albino Martínez Quijón, casado, linotipista, capturado cerca de las 05:00 horas en su domicilio en calle Roberto Espinoza 975.
El 28 de julio, cerca de las 21:00 horas, fue secuestrado Guillermo Gálvez Rivadeneira, viudo, cinco hijos, periodista, ex dirigente sindical, detenido en las inmediaciones del Círculo de Periodistas en calle Amunátegui 33.
Hugo Ernesto Vivanco Vega, casado, un hijo, empleado, fue capturado el 4 de agosto cerca de las 12:30 horas en las inmediaciones de calle Cóndor con San Francisco. Ese mismo día, a las 16:00 horas fue detenida su esposa, Alicia Herrera Benítez, en su domicilio de calle Cóndor 745, casa 6.
El 5 de agosto a las 13:00 horas fueron detenidos Oscar Orlando Ramos Garrido y su hijo Oscar Arturo Ramos Vivanco. La operación fue presenciada por Sandra Ester Becerra González, quien en 1976 vivía en calle 7, Villa El Parque, de Las Condes.
En momentos en que se dirigía al colegio, al pasar por la casa de la familia Ramos, vio a dos sujetos que sacaban de la casa a Oscar Ramos Vivanco de 24 años, simpatizante de las Juventudes Comunistas, quien caminaba con las manos en la espalda, lo que la hace suponer que estaba esposado. Vio cómo lo introdujeron en la parte trasera de un auto rojo que estaba estacionado fuera de la casa. Agrega que, cuando presenció estos hechos caminaba con su amiga Cecilia Reyes, quien vio otro auto estacionado en la esquina de la casa de los Ramos. Era una Renoleta de color celeste, relató a la justicia. Cecilia Elena Reyes Corral detalló que vio “un auto color rojo oscuro o guinda seca, grande, marca Opala o Volvo, de cuatro puertas y alrededor del auto había varios hombres... Oscar Ramos Vivanco andaba en polera a pesar de que hacía frío”.

OSCAR RAMOS GARRIDO, ENCARGADO DE ORGANIZACIÓN DEL PC
Reyes recordó que en el grupo de hombres había un sujeto que hacía de jefe porque daba las órdenes, era de mejor “pinta” que el resto, “al menos hablaba mejor, usaba chaleco café, grueso, abotonado adelante. Era alto, pelo negro corto, de unos 30 años, contextura media, tez clara, de voz gruesa, usaba bigote”. Escuchó que le decía a la hermana de Oscar Ramos que “donde iba no necesitaría abrigo”.
Al exhibírsele a Reyes el set fotográfico de agentes de la Dina que posee la Brigada de Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones (PDI), reconoció a varios de ellos, especialmente a Ricardo Lawrence, el jefe. También a Jorge Segundo Pinchunman Curiqueo, quien además era el encargado en el cuartel Simón Bolívar de borrar las huellas digitales de los detenidos una vez asesinados, quemándolas con soplete. Sin embargo, no fue condenado en esta causa.
Oscar Ramos Vivanco era hijo de Oscar Ramos Garrido, encargado de organización del PC y miembro del comité central, ex intendente de Llanquihue. El dirigente fue sacado de la vivienda donde tenían un taller de reparación de radios.
El dato del color de uno de los autos fue una de las pistas que los investigadores corroboraron con un ex agente de la Dina. Se trata de Jorge Alberto González, quien se incorporó en 1976, cuando sólo tenía 15 años. González relató al ministro Llanos que Simón Bolívar “era un predio casa-quinta, el jefe era don Juan. Sus funciones eran de ayudante de cocina. Cerca del casino del cuartel había unas dependencias que se usaban como calabozos donde encerraban a los detenidos, que eran llevados por los agentes, que eran como veinte”. Vio allí al director de la Dina Manuel Contreras. “Los autos que usaban los agentes eran dos Chevy Nova de color celeste y otro guinda seca”.

DE VILLA GRIMALDI A SIMÓN BOLÍVAR
De las ocho detenciones, no se sabe el motivo por el cual no huyó Nicolás Hugo Vivanco Herrera, casado, 3 hijos, obrero automotriz, quien vivía con Hugo Vivanco Vega, quien fue detenido el 3 de agosto de 1976, pues el día 10, a las 21:00 horas, regresó hasta el lugar la Brigada Delfín y lo hizo desaparecer.
La militante Rosa Leiva Muñoz hacía de enlace del comité central del PC y sobrevivió. Fue detenida el 20 de agosto de 1976 y trasladada a Villa Grimaldi. Fue encerrada en La Torre, donde había otros detenidos. Recuerda haber visto allí a Julia Retamal, Víctor Díaz y Marta Ugarte, detenida desaparecida lanzada al Océano Pacífico cuyo cuerpo devolvió el mar.
En conversaciones que sostuvo con Ugarte, ella le relató que “en Villa Grimaldi estaba detenido Vicente Atencio; también le contó que el día en que ella llegó detenida a Villa Grimaldi iban sacando a Oscar Ramos, Clara Canteros (detenida desaparecida) y Mario Juica (detenido desaparecido)”. Otro detenido, Máximo Omar Vásquez Garay, detenido el 6 de agosto de 1976 y trasladado hasta Villa Grimaldi, “recuerda que en una pieza donde había alrededor de trece detenidos un señor se presentó diciendo ‘yo soy Ramos’. Recuerda que Ramos era una persona muy serena, delgado, aproximadamente de 50 años de edad”. Cuando Vásquez salió en libertad, Ramos quedó en Villa Grimaldi.

EL “ENCAPUCHADO DEL ESTADIO NACIONAL”
Otra militante, Silvia Inés Cornejo Cuevas, en agosto de 1976 se encontró en la calle con Marta Ugarte, con quien trabajaba políticamente y quien le comentó que ese día debía juntarse con Vicente Atencio y Oscar Ramos. El mismo día se enteró que Marta había sido detenida y un par de días después supo que habían desaparecido Vicente Atencio, Oscar Ramos y su hijo.
El ministro Llanos incorporó a la causa el testimonio del “encapuchado del Estadio Nacional”, Juan René Muñoz Alarcón, ex militante socialista que delató a muchos de sus compañeros en el recinto deportivo después del 11 de septiembre. Colaboró con la represión, y luego se arrepintió: prestó una declaración jurada ante la Vicaría de la Solidaridad en 1977. Dos semanas después fue asesinado con 39 puñaladas.
En su declaración señaló que muchos de los detenidos fueron trasladados a Colonia Dignidad, otros fueron muertos en Peldehue y que al momento de prestar su declaración varios se encontraban vivos, entre ellos un detenido de apellido Toloza, militante comunista y miembro del comité central, quien fue bárbaramente torturado. Además de Raúl Montoya Vilches, Hugo Ernesto Vivanco Vega y Oscar Antonio Ramos Vivanco.
La PDI interrogó a numerosos ex agentes de la Dina, entre ellos a Gerónimo del Carmen Neira Méndez, quien reconoció haber visto en Villa Grimaldi a Oscar Ramos Vivanco. Neira se desempeñó en el ex Cuartel Terranova entre julio de 1974 y septiembre de 1976 como guardia, interrogador y torturador.
Isaac Godoy Castillo fue detenido el 20 de agosto de 1976, era dirigente de un comité local del regional norte del Partido Comunista y fue trasladado a Villa Grimaldi. Allí vio al hijo del ex intendente de Llanquihue, por comentarios se enteró que estaba en ese recinto, entre otros, Pedro Silva, contándole que hacía algunos días había visto ingresar a Villa Grimaldi a los médicos Iván Insunza y Carlos Godoy.

LA MUERTE DE REINALDA PEREIRA
Juvenal Piña Garrido, alias El Elefante, funcionario de ejército destinado a la Dina, operó en Villa Grimaldi. Luego fue trasladado a Simón Bolívar. “En el recinto hubo detenidos, los que eran mantenidos en el sector del gimnasio donde permanecían en unas bancas”, declaró escuetamente. Según el inculpado y jefe Morales Salgado, fue El Elefante quien asesinó al dirigente comunista Víctor Díaz.
María Angélica Guerrero Soto, funcionaria del ejército, destinada a la Dina, señaló que entre los integrantes de la Brigada Lautaro se encontraba la teniente de ejército Gladys Calderón, quien cumplía funciones de enfermera. A fines de 1975 o en los primeros meses de 1976 presenció el interrogatorio y tortura “de una mujer embarazada (Reinalda Pereira), a quien le aplicaron golpes de corriente con el objetivo de que entregara información sobre sus labores dentro del Partido Comunista y antecedentes de otros miembros”.
“Fue interrogada en los camarines, posteriormente la llevaron en muy mal estado a su celda. Sabe que algunos detenidos fueron eliminados, se comentaba que los habían matado por medio de inyecciones con una sustancia desconocida (cianuro), las que fueron aplicadas por la teniente Gladys Calderón”, expresó al ministro Llanos.

LOS CUERPOS EN EL PATIO DEL CUARTEL
Pedro Gutiérrez Valdés, funcionario del ejército con el grado de cabo segundo, fue destinado a la Dina, a la Brigada Lautaro. Indicó que entre marzo o mayo de 1976 toda la brigada fue trasladada a Simón Bolívar. “En 1976 llegó al lugar una brigada a cargo de Germán Barriga y Ricardo Lawrence. Se enteró que habían detenido gente y que la habían asesinado y quemado”.
Los ex agentes de la Dina obviamente declaran menos de lo que saben. Sin embargo, el testimonio de Elisa del Carmen Magna Astudillo, funcionaria del ejército destinada a la Dina, a la Brigada Lautaro, es decidor. Declaró que a comienzos de 1976 llegaron los oficiales Germán Barriga y Lawrence. “Al que más se le veía en el cuartel era a Lawrence, el cual tenía oficina en una de las piezas y en ella se reunía con su gente, conjuntamente con el jefe de cuartel, Morales Salgado. Ellos salían y llegaban en vehículos, ingresaban detenidos en camionetas cerradas. Los detenidos estaban vendados y amarrados, los dejaban al costado de atrás del gimnasio. Ellos se encargaban de la custodia de los detenidos, les interrogaban con apremios ilegítimos que consistían en golpes y aplicación de corriente, trabajo que hacían ellos mismos y con la anuencia de Morales Salgado. Los detenidos eran atendidos por los agentes de Lawrence y por los agentes del cuartel. Los detenidos salían ‘empaquetados’, enfundados en sacos paperos amarrados con alambres. Los cuerpos eran dejados en el patio donde estaba la cancha de fútbol. Cada cierto tiempo se veían cadáveres ensacados en los vehículos conducidos por Morales y Lawrence y sus equipos. Calcula que pasaron por el cuartel unos sesenta detenidos”.
El carabinero Claudio Orlando Orellana, de La Pintana, a fines de 1973 fue destinado a la Dina. Se le encasilla en el grupo Aguila, a cargo de Lawrence. En septiembre de 1974 se le enmarca en la Brigada Lautaro. Su testimonio señala que a las personas detenidas se les encerraba en los camarines. Eran interrogadas en la cancha techada o en el gimnasio por el personal de la brigada de Barriga y Lawrence. En general se les aplicaba apremios a los detenidos cuando se les interrogaba. Recuerda el caso de una detenida, le aplicaron una inyección letal que le aplicó la teniente Gladys Calderón, quien era la encargada de realizar este procedimiento. En varias ocasiones le correspondió ir a lanzar cuerpos a la cuesta Barriga. En el cuartel se usaba un soplete para borrar las huellas digitales de los detenidos con lo que se pretendía impedir una eventual identificación. En una oportunidad Manuel Contreras visitó el cuartel Simón Bolívar. El sector donde se encerraba a los detenidos eran ‘los camarines’, conformado por una sola pieza donde estaban todos los detenidos, indicó.
A Orfa Saavedra Vásquez, funcionaria del ejército, destinada a la Dina, “a fines de 1976, le correspondió ir en una comitiva a lanzar cuerpos envueltos en sacos paperos a la cuesta Barriga”, señaló al juez Leopoldo Llanos. Tal como lo hacía Lawrence, una de cuyas rutinas semanales consistía en trasladar los cuerpos de las víctimas hasta Peldehue desde donde emprendían vuelo amarrados con rieles para ser lanzados al Océano Pacífico por los helicópteros del Comando de Aviación del ejército.

Carlos Antonio Vergara

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 849, 15 de abril 2016)


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