Punto Final, Nº 849 – Desde el 15 al 28 de abril de 2016.
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¿Obra gruesa o restauración?

 

En muchos aspectos el gobierno de la Nueva Mayoría comienza a parecerse a la dictadura. Sin prisa, pero sin pausa, se reponen las disposiciones que hacían a la tiranía reprobable y condenable en las Naciones Unidas, así como ante cualquier persona digna del planeta. Ahora, disfrazada de democracia, la estafa que se ha erigido como cultura no trepida en volver a castigar, a censurar, a perseguir al que protesta y exige su derecho.
Da la impresión que quienes dirigen el país, esa costra de políticos que ha sido desnudada como un tándem de inescrupulosos que no tienen fronteras a la hora de saciar su sed de poder y riquezas, son capaces de cualquier cosa en su esfuerzo de restauración tiránica. Miserables, rascas, cobardes, mentirosos, urden sesiones fantasmas para meter bazas siniestras contra las que la gente luchó y se sacrificó incluso hasta la muerte, mientras ellos se paseaban en la tranquilidad de sus exilios extranjeros y nacionales. De a poco retrocederemos a extremos en que solo faltará el “martes de Merino”. El resto estará todo restablecido y los canallas podrán pavonearse sin correr el riesgo de los excesos de los disconformes de siempre.
La dictadura ya se vive en no pocos lugares de esta larga y angosta faja de injusticias administrada por sinvergüenzas:
Un flaco mal trajeado podrá ser cacheado por agentes policiales ávidos de utilizar sus nuevas prerrogativas, sólo porque les da la gana. Y eventualmente, podrá ser acusado de golpear a la tropa, sin que los agentes tengan la necesidad de mostrar el más leve rasguño. Las diferencias con lo que sucedía durante la otra dictadura son más que evidentes: ninguna.
Decenas de comunidades mapuches sumidas en un estado de sitio que nadie ha declarado pero que sin embargo deja caer todo su peso en castigos, amedrentamientos, montajes judiciales y policiales y una crueldad que parece heredada de las salvajadas que dejaron como huella los genocidas. Y como para definir con precisión cuál es el foco de un gobierno que nació muerto, veamos cómo puede ser que un colegio que funcionaba en una de las más pobres comunas del país, de un día para otro aparece instalado como un fuerte policial desde el cual se va a combatir esa pobreza por la vía inescrupulosa y fascista de combatir a los pobres.
Y como un eco increíble, no alcanza a pasar inadvertida la ley que destina ingentes recursos financieros a los partidos políticos en una repartija sucia y desvergonzada.
Los mismos que se han servido por decenios de los recursos de todos, los que se han comprobado como los más corruptos de un ordenamiento político en que el gesto noble y honesto es la excepción, se reparten dineros a manos llenas, mientras que a la gente castigada de Atacama, movilizados desde hace setenta días, se les niega una miseria. Y en su cometido restaurador y sin un ápice de vergüenza, el Poder Legislativo sigue ahondando en la idea de amordazar, castigar la expresión libre y reprimir a todo el que se atreva a denunciar y opinar.
Autoridades han comparado la gestión del innecesario y lastimoso segundo gobierno de Michelle Bachelet como una obra que ya terminó su obra gruesa. Lo que viene, se supone, son las terminaciones que, como se sabe, siempre son más complejas que la etapa anterior. Habrá que prevenirse entonces de una oleada represiva de mayores alcances. Al entramado de leyes mordaza que son parte esencial de la operación que busca la impunidad para los políticos que se vendieron o arrendaron a los poderosos, habrá que agregar las nuevas e increíbles disposiciones que le dan a las policía poderes que solo tuvieron en la dictadura.
Y habrá que observar cómo se comienza a implementar la nueva estafa de la obra gubernamental: ese extraño proceso constituyente que más parece una puesta en escena que no va para ningún lado.
Y habrá que tener mucho estómago para aguantar el ánimo que queda al final de un gobierno pusilánime y escaso de capacidad, que deja paso al retoque final del retroceso histórico que se viene: el enfrentamiento electoral entre Sebastián Piñera y Ricardo Lagos, quizás los dos presidentes que más han hecho por institucionalizar la sinvergüenzura, y cuya contribución más imperecedera es la degradación de una país en el que alguna vez estas cosas daban vergüenza.

Ricardo Candia Cares

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 849, 15 de abril 2016)

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