Punto Final,Nº 851 – Desde el 13 al 26 de mayo de 2016.
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Lo que usted no sabe sobre las AFP

 

Mucho se escribe y dice en contra de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Hasta marchas y manifestaciones se hacen. Eso está absolutamente justificado porque las tales AFPs son una estafa y una burla a los trabajadores, creadas por la dictadura y perfeccionadas o empeoradas a posteriori.
Todos sabemos más o menos -o quizás menos- lo que son estas empresas, aunque las normas legales que las regulan son deliberadamente incomprensibles. Pero estamos de acuerdo en que lo más importante es el sistema, y que lo que hay que cambiar es el sistema de ahorro individual y restablecer uno de reparto solidario como era antes en Chile y como es ahora en la mayoría de los países. Pero no voy a escribir sobre eso porque otros ya lo han hecho muy bien.
Conviene destacar que el Decreto Ley 3.500 que creó las AFPs es extremadamente confuso, hecho para que nadie lo entienda. Porque contiene normas sobre seguridad social, sobre organización, sobre impuestos internos, sobre diferentes sistemas de afiliación, y otras que son más propias de un reglamento. En suma, este Decreto Ley es un charquicán, como todas las leyes, decretos y bandos que hacía la dictadura con sus asesores jurídicos, que hasta con faltas de ortografía escribían. Esto y sus reformas posteriores igualmente embrolladas, facilita que se estafe a los trabajadores y que las AFPs y los patrones hagan lo que les dé la gana, sin que se les aplique ninguna sanción importante.
En todo caso, las pensiones de vejez que sacan muchísimos trabajadores son tan bajas, que se ha tenido que establecer un suplemento de pensión “solidaria”, financiada por el gobierno. Y los patrones, nada. Y uno se pregunta: ¿Por qué los empleadores no cotizan para esta pensión solidaria y ni siquiera para los accidentes del trabajo, que siempre han sido de responsabilidad de ellos? Porque tanto desde el punto de vista teórico como práctico, los empleadores siempre han tenido que responder de los accidentes del trabajo, sea que se produzcan por su culpa o negligencia o por simple responsabilidad objetiva. Este último es un concepto aceptado internacionalmente.
Yo creo que estas protestas y manifestaciones que se hacen en contra del gobierno para que termine con las AFPs no son suficientes. Por la simple razón que aquí se mueven intereses económicos gigantescos. Las AFPs que existen, manejan en conjunto miles de miles de millones de pesos. Pienso que las protestas deben continuar y ser cada vez mayores. Pero que hay que acompañarlas de otras formas de lucha que pueden ser útiles. Hay que atacar, hostilizar y atosigar al gobierno y a las AFPs por todos los medios posible, y si tenemos medios a la mano, ¿por qué no usarlos?
Lo primero que hay que hacer es darle a conocer a la gente la plata que manejan las AFPs y las ganancias que acumulan año a año y sin embargo a los trabajadores les pagan pensiones miserables.
En PF 846, Luis Mesina dijo: “Si tienes 20 millones (ahorrados), da para 100 lucas de pensión, ni siquiera para la mínima. Con 40 millones tampoco, con eso llegas a 200 mil, los hombres, porque para las mujeres es menos”. Y yo agrego: entonces lo que habría que hacer es jubilarse a los 65 años y morirse a los 68, dándole seguridades ante notario a nuestra AFP de que nos vamos a suicidar a esa edad.
Pues vamos viendo otras cosas que se pueden hacer, fuera de suicidarse:
Las AFPs manejan mensualmente un 10% de las remuneraciones de todos los trabajadores dependientes que hay en Chile, es decir entre nueve a diez millones de trabajadores. No voy a poner números porque no caben.
El Decreto Ley 3.500 ordena en su artículo 17 que todos los trabajadores dependientes están obligados a afiliarse a una AFP y el empleador les debe descontar mensualmente un 10% de sus sueldos y depositarlo allí. Y por cierto, siempre les descuentan pero muchas veces no lo depositan, otro delito grave. Y más encima, ahora han reformado la norma y también los trabajadores independientes se tienen que afiliar a una AFP. Imagínense cómo se estarán sobando las manos estas empresas.
Pues primera cosa: ¿Por qué y en virtud de qué nos obligan a afiliarnos a una AFP sin habernos consultado y sin que sea nuestra voluntad? Porque fíjense ustedes, la Constitución vigente dispone en su artículo 19, párrafo 15:
Artículo 19.- La Constitución asegura a todas las personas
(…) 15º.- El derecho de asociarse sin permiso previo.
(…) Nadie puede ser obligado a pertenecer a una asociación.
No hay más de seis AFPs en el país, pero nos obligan a afiliarnos a una de ellas, aunque la Constitución lo prohíbe. Es porque la Constitución la aplican cuando a ellos les conviene y la violan cuando no les conviene. Nosotros odiamos a esta Constitución tramposa, queremos acabar con ella por medio de una Asamblea Constituyente. Pero mientras esté vigente la vamos a aprovechar, sí señor, no vamos a dejar que sólo la aprovechen ellos. Entonces tenemos que reclamar ante los tribunales, la Contraloría, el Tribunal Constitucional o lo que se nos ocurra, para que se declare inconstitucional esta ley de las AFPs o en todo caso se declare que los trabajadores no tienen obligación de afiliarse a ellas.
Hay otro asunto que me parece el más importante de todos y veo que casi nadie se refiere a él: las AFPs cobran sus comisiones sobre el sueldo completo del trabajador. Ellas sólo administran una parte de ese sueldo -el 10%- que se deposita en su poder. Las comisiones se deben pagar por trabajo realizado, y su trabajo es administrar el dinero que tienen depositado, nada que ver con el sueldo completo de cada trabajador.
El ingreso promedio de los trabajadores chilenos en 2010 se estimó en 360.000 pesos mensuales. Puede ser más, puede ser menos, pero con alguna cifra hay que trabajar.
Si a cada trabajador le sacaran mensualmente una comisión del 1% saldrían 3.600 pesos por nuca. Multiplicado por los aproximado 10 millones de trabajadores (son menos) salen 36 mil millones de pesos. Son nueve ceros.
Pero las comisiones no son del 1% sino mucho más, porque cobran por las operaciones realizadas, por las cuotas voluntarias que la gente agregue a sus fondos, recolectan comisiones por un sí y por un no. A los trabajadores independientes que se deben afiliar, les cobran como el 2.40% por el solo hecho de tener que resguardar su dinero. Cada AFP fija comisiones distintas, pero cuando se las compara, se advierte que entre una cosa y otra, vienen a ser casi iguales. En síntesis, estas empresas se coluden para establecer comisiones que no se diferencian mucho. Puesto que todas cobran un porcentaje sobre el sueldo total del asegurado, a ninguna le importa estar cometiendo una ilegalidad absoluta, aunque lo saben perfectamente. Tampoco la Superintendencia dice ni pío sobre esto, que es lo más importante. Porque fíjense, si les cobraran sobre el 10% del sueldo, que es lo que se deposita, las comisiones serían 10 veces menos y las ganancias de las AFP también serían diez veces menos. Y posiblemente la Superintendencia también sacaría menos… A esta altura se justifica ser malpensados.
Estas empresas hacen el trabajo que haría un broker, que es la manera cursi de decir un agente de Bolsa o agente intermediario de operaciones financieras. Si usted quiere depositar su platita en la Bolsa de Valores, contrata a uno de estos brokers. ¿Y cuánto le va a cobrar el señor por su trabajo? Pues una comisión sobre lo que usted le dé para que se lo administre. ¿Se imagina que el tipo le cobrara sobre toda la plata que usted tiene en el cajón de la cómoda, en un banco, en el bolsillo o donde sea? Nadie contrataría a este broker, porque él no tiene nada que ver con el resto de su dinero. Pues las AFPs cobran sus comisiones sobre la totalidad de su sueldo, aunque lo que tienen que administrar es sólo el 10% que se les ha depositado. ¿De dónde sale semejante disparate? De ninguna parte, naturalmente. Esto es una estafa pura y simple.
Y mientras tanto la Superintendencia de Pensiones, muy bien gracias. Por lo demás, sus normas también son confusas, mal redactadas e incomprensibles para los trabajadores. Hay que estudiar bien este asunto y si el superintendente no da explicaciones claras y convincentes, querellarse contra él.
Las AFPs son administradoras de nuestros fondos. Y todos los administradores tienen que rendirle cuentas a sus administrados; lo dice el Código Civil redactado por don Andrés Bello, gracias a quien tenemos uno de los códigos civiles mejores del mundo. ¿Vamos a comparar esto con los mamarrachos que hacía la dictadura? Pues entonces pidámosle cuentas a las AFPs, que nos digan a qué vienen esas comisiones ilegales que cobran. Y que nos consulten sobre cómo invertir nuestro dinero.
¿Y saben lo que dice la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la seguridad social en Chile? Pues nada menos que esto:
• El país dispone de uno de los sistemas de seguridad social más precarios dentro del conjunto de naciones que conforman la OCDE.
• Pensiones: se implementó un sistema de ahorro forzado de tipo capitalización individual, ampliamente criticado por las bajas pensiones que entrega.
Y para terminar quiero decirles que aunque soy abogada, no confío mucho en la efectividad y utilidad de las leyes en este sistema injusto que nos rige. Pero tampoco creo que haya que renunciar a todos los recursos jurídicos que tenemos en la mano. Se trata, simplemente, de usar todas las formas de lucha. Naturalmente, fuera de los recursos legales, hay “otras” formas de lucha, pero no las puedo decir aquí

MARGARITA LABARCA GODDARD

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 851, 13 de mayo 2016)

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