Punto Final, Nº 852 – Desde el 27 de mayo al 9 de junio de 2016.
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Carta de Siria I

Un pueblo en lucha

 


PACO Peña con soldados del ejército de Siria.


En el trasfondo de la agresión contra Siria está presente la cuestión energética y aparece con claridad el plan llevado a cabo por EE.UU., la UE, Arabia Saudita, Turquía, Qatar e Israel. Se trata del intento por eliminar al gobierno que había rehusado aceptar el paso por su territorio de oleoductos y gasoductos con destino a Turquía y desde allí abastecer a Europa, sin pasar por Rusia.

Escuchando una composición musical recogida en el histórico sitio de Ugarit(1) cercano a Latakiá, obsequiada durante nuestro reciente viaje al país de Cham, es decir, Siria actual, la atmósfera de espiritualidad que me ha rodeado durante la travesía por un país al que se le ha impuesto una guerra que lleva ya más de cinco años, no cesa de impregnarme. Siria, faro laico durante décadas, permitía la convivencia de diversas confesiones(2). Es el país de la prédica de San Pablo, desde donde se difundió el cristianismo hacia Europa. “Somos más antiguos en estas tierras que otras comunidades”, explica uno de nuestros espontáneos interlocutores mientras recuerdo las palabras del apóstol: “No hay judíos ni gentiles, ni esclavos ni hombres libres, ni mujer ni hombre, puesto que todos estamos unidos en uno, en Jesucristo”(3).
Mahmud, musulmán suní que ha estudiado en París y que nos acompaña, acotará varias veces con tristeza que Siria era, en efecto, un oasis de tolerancia en medio del convulsionado mundo árabe-musulmán. Un país respetuoso de las tradiciones, confesiones y lugares de culto: “Desde niño iba a cuanta fiesta religiosa me invitaban… Cada cual sabía perfectamente quién era chií, suní, cristiano, alauí o druso. Pero antes que todo, nuestra identidad siempre fue siria. Desde 2011, cuando estallaron los primeros incidentes en Deraa, en la frontera jordana, la exacerbación de las identidades religiosas no ha cesado de intensificarse. Ahora cada cual exhibe su pertenencia religiosa en el pecho, pero yo sigo siendo sirio, es lo que me define, junto a mis hermanos cristianos o musulmanes”.
Para llegar a Damasco debimos desembarcar en Beirut, con el consabido y riguroso control de pasaporte: fotografía y verificación de lugar de alojamiento en territorio libanés. En el arrabal por el que enfilamos hacia la frontera siria, se pueden ver afiches de Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah. Sin embargo las decenas de barreras del ejército y policía, alambradas y bloques de piedra, obligan a disminuir la velocidad. En dos horas, luego de franquear las montañas del Líbano, llegamos a la frontera siria. Es el mismo ritual, luego del no man’s land entre los dos países, con la diferencia que las autoridades sirias han extendido una visa o pase que nos facilita el ingreso. Los check-points son numerosos, pero Mahmud, que dispone de un consumado y diestro arte del palabreo, allana todas las dificultades.

REGION ESTRATEGICA
Siria ha conocido las vicisitudes propias de su estratégica situación geográfica. En esta región se encuentran vestigios humanos anteriores al neolítico y desde hace varios milenios han transitado por estas tierras asirios, hititas, egipcios, griegos, romanos, bizantinos, árabes islamizados. En el siglo XI, Siria fue invadida por los Cruzados, eximios constructores de castillos y fortalezas. Damasco conoció muchos otros invasores, entre ellos, el mongol Tamerlán en el siglo XV, que se apoderó de Damasco y Alep. Luego Siria sería ocupada durante cuatrocientos años por los turcos otomanos y ambas ciudades se consolidaron como importantes plazas comerciales, adonde acudían mercaderes venecianos y franceses.
El país útil o rico lo constituía la franja occidental, dejando a las tribus beduinas y a las caravanas que tomaban la ruta de la seda, el este y el gran desierto de Siria. La expedición de Napoleón Bonaparte en Egipto y el Cercano Oriente (1797-1801) abrió el camino a la presencia europea permanente y un siglo después, durante la primera guerra mundial, se enfrentaron turcos y alemanes contra sirios e ingleses. En 1920, la Sociedad de las Naciones otorgó a Francia mandato sobre Siria, lo que provocó en los años veinte del siglo pasado varios alzamientos de los patriotas sirios. París procedió al bombardeo de Damasco varias veces. La potencia mandataria cercenó el territorio entregándole en 1939 a Turquía la provincia de Alexandrette.
Desde 1941 franceses y británicos habían ocupado el país y fue sólo en 1946 que Siria pudo proclamar su independencia. Una sucesión de golpes de Estado sacudió el país entre 1949 y 1954. El partido nacionalista árabe, Baas, comenzó a tener gran influencia (fundado en 1947, de tendencia nacionalista panárabe, laico y socialista). En 1958 se creó la República Arabe Unida, que cesó de existir en 1963. Desde ese año, el Baas volvió al poder y tres años más tarde, Hafez el Assad, general de aviación, fue designado ministro de Defensa, tomando el poder en 1970. Luego fue elegido por un mandato de siete años.
Siria ha participado en todas las guerras contra el enemigo sionista y en 1967 perdió los territorios del Golán. Forma parte del frente de países intransigentes ante la amenaza sionista y junto a Egipto, participó en la guerra de octubre de 1973. Al año siguiente, el ejército sirio intervino en la guerra civil libanesa, país del que se retiraría en abril de 2005. En 1982, en la ciudad de Hama, al norte de Damasco, un levantamiento fomentado por los Hermanos Musulmanes fue sofocado por el ejército. Es esta corriente suní radicalizada la que nutre en nuestros días a los grupos yihadistas Al Nusra (rama de Al Qaeda en Siria), Jalil al Islam y por cierto al autoproclamado Estado Islámico. Desde 1972 existe el Frente Nacional Progresista, sostén político del régimen cuyo principal partido es el Baas(4).
En junio de 2000, la muerte del “Tigre” (Hafez el Assad), propulsó a su hijo Bachar como candidato a la Presidencia de la República, quien obtuvo 97,2% de los sufragios. Algunos observadores creyeron ver una “primavera de Damasco”, esto es, la liberalización del régimen que autorizó la existencia de medios de comunicación privados, y dio tribuna en el diario oficial a los intelectuales críticos que pedían el término del estado de urgencia vigente desde 1963. Luego, en 2003, contrariamente a la primera guerra en Iraq (1991), cuando Hafez el Assad aceptó participar en la intervención militar hegemonizada por EE.UU. -que traería graves y duraderas consecuencias en la región-, Siria se abstuvo de involucrarse. Washington acusó a Damasco de apoyar a grupos terroristas. Al año siguiente, el ex primer ministro libanés, Rafic Hariri, fue asesinado y Damasco desmintió estar implicado.
En 2007 se estableció una curiosa “luna de miel” entre Damasco y algunas capitales europeas. Bachar fue invitado por el presidente francés Sarkozy a París y presenció el desfile de tropas el 14 de julio en los Campos Elíseos. Luego el presidente galo visitó por segunda vez Damasco, mientras el gobierno sirio reforzaba su influencia en la región, pasando, a despecho de Tel Aviv, a ser un interlocutor ineludible de toda solución a los conflictos en el Cercano Oriente. Así lo entendió Washington que consideró la nominación de un embajador en Damasco. Por su parte, Bachar el Assad estableció estrechos lazos con Hassan Nasrallah, del Hezbollah libanés, y con el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad. El temor a la constitución de una ‘medialuna chií’, entre Irán, Siria y el Líbano cundió en Europa y EE.UU.

LA ECONOMIA Y EL ESTALLIDO
Aún hoy pesan sobre Siria las sanciones económicas decididas en 2003 por el Congreso de EE.UU. El gobierno sirio por su parte estableció con Turquía y Jordania una zona de intercambio comercial en 2010. El padre del actual presidente había introducido una serie de reformas económicas destinadas a abrir el país a la inversión privada: fue la famosa Infitah, que benefició sobre todo a la burguesía comerciante sunita y cristiana. En contrapartida, estos sectores constituirán la base esencial del apoyo político al régimen baasista. Bachar el Assad continuó la política de reformas de su padre, suprimiendo el monopolio bancario del Estado y abrió la Bolsa de Comercio cerrada desde hacía cuarenta años. Se suprimieron a su vez las subvenciones a la gasolina y a los productos alimenticios de base, pero se acentuó la ayuda a los hogares más modestos.
Un año antes de la guerra, en 2010, el PIB sirio por habitante era de 2.437 dólares y la nueva política económica aplicada por el régimen logró reducir la inflación existiendo un índice de desempleo del 11%, más elevado entre los jóvenes. Con 185.000 km² de superficie y una población de 22 millones, el territorio muestra marcados contrastes: una zona verde y fértil adosada al Mediterráneo y al Líbano, y una vasta región árida que representa el 60% del territorio sirio. La agricultura en las zonas fértiles emplea el 30% de la población activa y constituye un sector vital para la economía. La rica región del oeste, desde el norte de Damasco hacia la costa, el Valle de los Cristianos, testimonia dicha riqueza y desde 1990, la autorización de empresas privadas en el agro contribuyó al incremento de dos de sus principales producciones: trigo y algodón. Gracias a esta última, la industria textil, establecida en Alepo, siempre ha sido una actividad importante. Pero es sin duda el petróleo la principal producción del país y representa un tercio del PIB y 70% de las exportaciones. Descubierto y explotado desde 1980, los yacimientos se encuentran al este, en la región de Dayr az Zawr y en el noreste, en la frontera con Iraq, bajo influencia del llamado Estado Islámico. Es justamente desde esta región que el EI ha organizado un contrabando a gran escala hacia Turquía, como denunció el gobierno ruso.
Fue en Deraa, una ciudad del sur de Siria en la frontera con Jordania, desde donde se expandió el reguero de pólvora que iría a incendiar una vez más este legendario país. Sin embargo, lo que fue presentado como una “revuelta popular contra un régimen dictatorial” por la llamada comunidad internacional, demuestra según transcurren los meses y años, que se trataba de un plan destinado a derrocar al gobierno legítimo de un país soberano que se oponía a sus designios. El capitán sirio jefe de la seguridad de la ciudad de As Suwaida, cerca de la frontera con Jordania, nos explica que durante los primeros días de marzo de 2011, las manifestaciones que se hacían en algunas ciudades pidiendo apertura y liberalización de la sociedad civil, enfrentaron a manifestantes con policías desarmados.
Pero a medida que pasaban los días, se percataron que los primeros estaban muy organizados y rápidamente aparecieron armas, muchas de ellas escondidas en las mezquitas. “Estábamos preparados para una guerra convencional, pero no para una guerrilla dirigida desde el extranjero”, dice. Y cuando recalcamos que uno de los principios de la lucha guerrillera basa su eficacia en el apoyo de la población, nos contesta que en un primer momento muchos jóvenes fueron embaucados. Hoy se sabe que eran pagados con dinero saudí y qatarí, los mismos que siguen introduciendo medios y pertrechos bélicos desde Jordania, Turquía, Arabia Saudita e Iraq, como lo demuestran los acontecimientos que tienen lugar en la ciudad de Alepo, en el norte de Siria.
En el trasfondo de la agresión contra Siria está presente por cierto la cuestión energética y aparece con claridad el plan llevado a cabo por EE.UU., la UE, Arabia Saudita, Turquía, Qatar e Israel. No sólo se trata del conocido plan de remodelación del Cercano y Medio Oriente, sino también del intento por eliminar al gobierno que había rehusado aceptar el paso por su territorio de oleoductos y gasoductos (proyecto Nabucco, ver PF 776) con destino a Turquía y desde allí abastecer a Europa, sin pasar por Rusia. Ya en 2010, Arabia Saudita y Qatar habían solicitado infructuosamente a Siria la autorización para construir pipe-lines en su territorio, evitando el transporte de gas y petróleo por el estrecho de Ormuz.

RECORRIENDO EL PAIS
La travesía de cientos de kilómetros que realizamos durante diez días nos llevó desde Damasco al noroeste, al norte, al sur y sureste de este legendario país. Desde la ciudad de Homs, a 170 kilómetros al norte de Damasco, intentamos continuar más al norte, hacia Hama, en camino a Idlib y Alepo, pero no fuimos autorizados.
Justamente han arreciado los combates en esta última ciudad. Este recrudecimiento de las hostilidades y de hecho, el rompimiento de la frágil tregua convenida en Ginebra, tiene su explicación. El acuerdo logrado para iniciar discusiones entre los diferentes actores del conflicto sirio fue logrado con mucha dificultad. El emisario de la ONU, Staffan de Mistura, ha hecho ímprobos esfuerzos para lograr que las partes se reúnan y conversen. Pero ha chocado con la intransigencia de algunos sectores. La parte siria encabezada por el embajador ante la ONU estima sorprendente que sea uno de los jefes de un “grupo terrorista quien presida a toda la oposición siria”, aludiendo a la presencia de Mohamed Alluche, del grupo yihadista Jaish al Islam (Ejército del Islam), que dispone de yihadistas armados en la ciudad de Alepo.
Este grupo, de consuno con Al Nusrah y el EI, acosan a las tropas del ejército sirio que rodea la ciudad, aun cuando este último ha dejado un corredor para que los civiles puedan salir rumbo al norte, hacia Turquía. Pero el llamado “grupo de Ryad”, apoyado por Arabia Saudita, Turquía, Qatar y Francia, insiste en su presencia. Moscú y Damasco critican la participación de Alluche, porque tanto Damasco como los rusos han aceptado las reuniones de Ginebra. Pero como dicen tanto el avezado ministro de Relaciones ruso, Sergei Lavrov, como el embajador sirio Bachar Al Jaafarí, a los grupos “terroristas como Jaish al Islam, Al Nusra y al EI, los seguiremos combatiendo, contra ellos no hay tregua”. Por otra parte, el Consejo Democrático Sirio, alianza de opositores kurdos y árabes, se opone a la participación del principal partido kurdo sirio, el PYD, que no ha sido invitado a las conversaciones porque se le considera vinculado a PKK, enemigo jurado de Turquía, a la que no se quiere disgustar.

LA DESINFORMACION MUNDIAL
La desinformación es parte del dispositivo bélico de todo conflicto, y ha comenzado a inundar el mundo culpando al gobierno sirio de cuanta atrocidad ocurre en Alepo. El general ruso Serguei Kuralenko comentó el llamado de EE.UU. para que el ejército sirio interrumpiera sus operaciones militares en Alepo: “Siria lucha con denuedo contra los terroristas, es legítimo”. Estos últimos han utilizado la tregua para introducir desde Turquía una gran cantidad de material militar como lo reveló Jane’s, una revista londinense especializada: “el 7 de abril fueron suministradas dos mil toneladas de armas y pertrechos militares a los grupos que operan en Alepo, quienes han aprovechado el alto al fuego de fines de febrero para introducir desde Turquía misiles antitanques y explosivos comprados gracias a Arabia Saudita, ingresando también nuevos combatientes, todo ello con el visto bueno estadounidense”.
Es exactamente lo que informa el gobierno sirio y que Thierry Meyssan, del sitio Voltaire, con quien conversamos en Damasco, nos confirmó: “Washington no ha puesto término a su intervención en Siria, muy por el contrario, está detrás de los grupos terroristas y los alienta en su campaña contra el gobierno sirio”. El cónsul belga en Damasco, Elie Atiyeh, nos explica lo mismo: “Han aprovechado la tregua para tratar de ganar posiciones, se han desplazados hacia el este, donde es más fuerte Daesh, en el centro se encuentra Al Nusrah y un grupo terrorista financiado por Turquía. Las fuerzas sirias, que habían rodeado casi completamente a los yihadistas, pero que para no hacer fracasar las conversaciones de Ginebra se habían abstenido de intervenir, han debido hacerlo y proceder a bombardeos en los lugares reocupados por los yihadistas durante el alto al fuego”.
Las regiones visitadas por este enviado de PF desde Latakiá, por el norte, hasta As Suzayda por el sur, pasando por Damasco, están aparentemente bajo control de Damasco (a excepción de algunos bolsones en manos de los yihadistas que el ejército sirio rodea y mantiene bajo control). El sur y el norte de este vasto territorio, es decir, la región más rica, más poblada y organizada del país, muestran adhesión a la autoridad gubernamental, visible en la casi normalidad existente en la vida cotidiana: mercados y negocios surtidos, liceos, universidades y hospitales funcionando, transporte público, y sobre todo un gobierno de unión nacional compuesto por partidos, algunos de ellos opositores al gobierno, pero unidos en defensa de la soberanía e integridad territorial siria y la libre expresión de sus creencias religiosas. La peregrina idea de que Siria se desmoronaría como un castillo de naipe se ha desvanecido. Queda sin embargo el costoso y duro camino por restablecer la paz, un verdadero combate en este Oriente, que como decía el general de Charles Gaulle, es muy complicado.
En ediciones siguientes daremos cuenta de encuentros con dirigentes políticos, religiosos, militares en zonas de combate, ONGs, partidos de oposición y de gobierno.

PACO PEÑA
En Damasco, Siria

Notas
(1) Ugarit o Ras Shambra, sitio cercano a Latakiá, en el noroeste de Siria donde existen vestigios de una brillante civilización entre el siglo XVI y el XIII a.C. Se han encontrado más de 20.000 tablillas con signos de la época y el primer alfabeto conocido. El alfabeto se inventó en Ugarit y la escritura en Mesopotamia.
(2) La mayoría de los sirios son musulmanes suníes (90%), pero hay musulmanes chiís, alauís, drusos e ismaelitas; cristianos (6%), la mayoría ortodoxos.
(3) San Pablo, Epístola a los gálatas, III, 28.
(4) El gobierno se apoya en una coalición: el Frente Nacional Progresista. Es hegemónico el Baas, pero también participan partidos opositores como el Partido Social Nacionalista Sirio, de derecha, que dispone de la Secretaría de Estado de la Reconciliación Nacional; Partido Comunista sirio de Khaled Bakdash; Partido Comunista Unificado, de Yusuf Faisal; además de dos partidos socialistas y uno socialdemócrata.

 

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