Punto Final, Nº 853 – Desde el 10 al 23 de junio de 2016.
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Cartas de Siria II

Por los caminos  de un país en guerra

 


EL enviado de PF con niños sirios en ruinas greco-romanas.

 


Acodados en la mesa de un café cerca de la Puerta de Santo Tomás, a un costado del Barada -pequeño río que pasa por Damasco- conversamos con un amigo sirio, luego de haber caminado por el sinuoso meandro de callejuelas por el que hemos deambulado desde la Puerta Charqui. Anochece y me comunico por teléfono con amigos, que inquietos por la tardanza, han llegado a mi hotel. Esta tarde hemos podido ver la actividad incesante del zoco y sus habitantes. También pudimos admirar la Gran Mezquita omeya, dañada por proyectiles. Por la mañana visitamos el Liceo Charles de Gaulle, al otro extremo de la ciudad, donde conversamos con el director, Michel Le Prêtre. “Escogí este puesto luego que Francia decidiera abandonar a su suerte a los profesores y alumnos de este liceo”, dice con una sonrisa. Le Prêtre hizo parte importante de su carrera en el Líbano. En realidad los padres y apoderados le pidieron que se hiciera cargo del liceo, en el momento del rompimiento de Francia con Siria. Ahora no hay alumnos de nacionalidad francesa pero sí más de 250 sirios.
El liceo fue inaugurado en 2008 por el ex presidente Sarkozy durante la “luna de miel” entre París y Damasco, cuando el presidente Bachar al Assad fue invitado a París. Cuando nos acompañan a la salida vemos los sacos de arena y nos cuenta que el liceo fue atacado con un rocket. Ahora los alumnos tienen prohibido el acceso a la terraza. Con refugios en el subterráneo en caso de ataques, el liceo sigue dispensando sus cursos. “En el último año -dice orgulloso- el 100% aprobaron sus exámenes”. A pesar del encono del gobierno francés contra Siria, Le Prêtre afirma que jamás ha sido molestado por los sirios.

ORTODOXOS Y MUSULMANES
Monseñor Lucas, obispo ortodoxo de Damasco y el Gran Mufti de Siria, máxima autoridad musulmana suní tienen estrecha relación. Colaboran por la reconciliación de los sirios. Se invitan tanto a su mezquita como a su iglesia. Predican a cristianos y musulmanes. “¿Usted es cristiano o al menos creyente?” me pregunta el Gran Mufti y agrega: “Vea usted, es gracias a un hijo predilecto de Siria, San Pablo, que el cristianismo se propagó a Europa. Dios escogió Siria para iniciar la prédica cristiana y no París…”. El Gran Mufti ha sufrido en carne propia el fanatismo yihadista: su hijo fue asesinado por sicarios: “Ese atentado me estaba destinado, pero fue mi hijo quien murió en mi lugar”, nos confía el Mufti cuando nos recibe en el gran edificio donde ejerce su ministerio religioso.
El Gran Mufti nos confía que las fuerzas de seguridad sirias lograron detener a varios sicarios que participaron en el asesinato de su hijo. Fue a verlos a la prisión donde se encontraban: “Lloraban y me dijeron que habían recibido órdenes y dinero de Arabia Saudita (…) Bueno -agrega mientras monseñor Lucas asiente en silencio- el perdón es privativo de Dios y cuando un musulmán ora, no sólo es por su comunidad religiosa sino por todos los sirios”. Monseñor Lucas interviene diciendo que están unidos en torno a tres ideas esenciales: la paz, la concordia y la reconciliación. El Gran Mufti ha pedido al Parlamento Europeo el cese del apoyo de la UE al terrorismo. Los dos dignatarios religiosos se esfuerzan por mitigar los sufrimientos de sus compatriotas: “Nuestra tarea debe contribuir a terminar con esta guerra alimentada desde el exterior. Para ello confiamos en la determinación de nuestro gobierno” y agrega: “En su recorrido por Siria tendrá ocasión de oir el nombre de Dios de 99 maneras diferentes”, dice al obsequiarme un tasbih de 99 cuentas (rosario musulmán).

LA VERDAD VIOLADA
Al sureste de Damasco está Ghuta, localidad que fue blanco de un ataque con gas sarín en agosto de 2013. Los servicios occidentales culparon a Damasco. La ONU creó una comisión investigadora que trabajó varias semanas y testificó sobre la realidad. A los expertos no les fue posible determinar de dónde provino dicho ataque. Diversas fuentes, entre otras un periodista norteamericano, Seymour Hershe, escribió en London Review, que la UE y Wahington habían omitido señalar que las conclusiones de la ONU no implicaban al gobierno sirio, que podrían haber sido grupos yihadistas ligados a Al Nusra. Dos investigadores del MIT (Massachussets Institut of Technology) y de la Organización por la Prohibición de Armas Químicas, atribuyeron a grupos yihadistas ese ataque. Nuestro amigo sirio nos muestra en dirección de Gutha y dice: “Todavía hay terroristas que disparan sobre la ruta, igualmente más al norte; ya verás”.
Efectivamente, saliendo de Damasco, en ruta hacia el norte, paralelamente a las montañas del Líbano, un oficial que nos acompaña nos recuerda que hay bolsones de terroristas en la región. Han asolado algunas ciudades como Duma y Adra. Entramos al valle del río Barada y luego al Valle de los Cristianos, rica y fértil región. Las Fuerzas de Defensa Nacional (milicias) han establecido un estricto control sobre las rutas. Hacemos un alto en Seidnaya, enclavada en una colina rocosa en cuya cima se encuentra el convento ortodoxo de Nuestra Señora.
Su fundación data de la época del emperador Justiniano. Otro de los oficiales nos explica que el convento (habitado por monjas) sufrió durante meses (2014) el ataque de yihadistas libaneses y palestinos: “Las gruesas paredes del convento, la ayuda de Dios y las milicias populares los mantuvieron a raya”. Luego acota: “En las milicias hay una mayoría de cristianos, pero también muchos musulmanes. Existe un éxodo continuo de compatriotas desde las regiones del este, donde los yihadistas persiguen y asesinan no solo a los cristianos, sino también a los musulmanes. Es uno de los problemas: el desplazamiento interno de la población”. Subimos a la cima de la colina que domina el valle y entre un dédalo de campanarios, recordamos las palabras de un miliciano: “En lo más duro del combate y durante meses, nuestras campanas nunca dejaron de tañer”.

LA LENGUA DE CRISTO
Más al norte entramos en el “país arameo”, ciudades que conservan la lengua de Cristo o una de sus variantes, el siriaco. Maalula, enclavada en la montaña, es una. Su iglesia estuvo ocupada por Al Nusrah y algunos habitantes fueron asesinados, secuestrando a seis jóvenes de los cuales se desconoce el paradero. Las imágenes e íconos cristianos fueron destruidos, como numerosas pinturas antiguas. El alcalde de Maalula nos muestra algunas consecuencias del desastre. “Luego de que el ejército sirio expulsó a los terroristas en 2013, hemos reparado la iglesia, pero muchos compatriotas aún no han vuelto”.
El grupo yihadista cometió atrocidades y secuestró a las religiosas del convento de Santa Tecla. Dirigimos nuestros pasos hacia la iglesia del padre Toufic Dib, quien nos guía y comenta los destrozos cometidos por los terroristas: “Se ensañaron con las cruces y robaron un ícono de varios siglos”. Accedemos a la iglesia y por una pequeña puerta a una especie de subterráneo oscuro, donde están la nave central y las laterales. Un haz de luz hace posible ver impactos de rockets. Nos muestra el altar donde hubo durante siglos una cruz labrada en el mármol. Reza un Padrenuestro en la semioscuridad dándonos su bendición en arameo: “Lo he encomendado a nuestro compatriota San Cristóbal, santo patrono de los caminantes y viajeros”. Visitamos el convento de Santa Tecla y bebemos en la fuente que brota en su gruta: “Lo protegerá de los peligros”, dice uno de los oficiales que nos acompaña.
A 30 kms. de Homs se encuentra la ciudad de Al Qusayr, ocupada por Al Nusrah más de un año y medio. Liberada por el ejército árabe sirio en junio de 2013, marcó un cambio mayor en el conflicto. Un militar explica: “Siempre se ha dicho que Al Qusayr constituye un cerrojo que abre paso a Homs, al centro de Siria y a la región de la Bekaa, en el Líbano. Bordeando el norte se tiene acceso a la costa siria”. Enigmático, el oficial dice: “La próxima semana podrá ir a Homs, pero ahora vaya hacia el oeste”. Barruntamos que hay razones militares en la decisión de posponer la visita a Homs.

CRUZANDO ESPADAS
A unos 45 kms. de Homs, en la ruta hacia Tartús, encontramos el famoso Castillo de los Caballeros, construido por el emir de Homs en 1031 pero tomado por los cruzados en 1099, durante la Primera Cruzada. Desde esa época fue una fortaleza reputada inexpugnable, que controlaba mediante una red de castillos fortificados el acceso hacia el mar y la ruta a Homs. Estuvo en manos de diversos ocupantes: kurdos, cruzados de la orden de los Hospitalarios, mamelucos y en manos de los yihadistas desde 2012. El ejército sirio retomó la fortaleza en marzo de 2014. Los yihadistas provenían en gran parte del Líbano, nos explica un militar: “Incluso uno de sus jefes, un libanés, se autoproclamó emir ejerciendo un poder omnímodo. Fueron tales las tropelías, que uno de sus lugartenientes lo ejecutó cuando el emir pretendió ‘casarse’ con su hermana…”.
Durante la ocupación los yihadistas trataron de aterrorizar desde la inexpugnable fortaleza a los habitantes de pueblos vecinos. Georges, un civil, pasó meses en las mazmorras del castillo, vendado y maltratado. Fue canjeado por 82 prisioneros yihadistas: “Durante el cautiverio pude escuchar voces que provenían desde lo alto por donde nos lanzaban la comida. Hablaban con acento extranjero o en lenguas que no conozco. Un día que bajaron para controlarnos, la venda se había aflojado un poco y recuerdo haber visto a terroristas que llevaban una indumentaria que no era ni siria ni libanesa. Después del canje me di cuenta que eran afganos o paquistanos”.
Marmarita es otra ciudad cercana a la fortaleza que sufrió los ataques yihadistas. Hoy se ha reconstruido y sus habitantes llevan una vida más o menos normal. La directora del Centro Cultural nos invita a departir con sus animadores, que nos relatan los angustiosos meses vividos: “Hemos conformado de nuevo los equipos de trabajo para brindar a nuestros compatriotas una visión más positiva del futuro”, nos dice. Entre sus colaboradores está Shiam Yazigi, periodista y directora del periódico local. Por la noche nos invita a una velada de bellos cantos tradicionales en el patio del convento. Esa misma noche escuchamos ametralladoras e irrumpió en el hotel el oficial de seguridad: “No se preocupe, es solo un incidente de los numerosos que se producen cada día”.
Más al norte está el castillo de Massyaf, guarida de Sinan, el famoso “viejo de la montaña”, fanático suní que enviaba sus “comandos suicidas” (“los asesinos”) contra los cruzados, cuando éstos ocuparon la región en el siglo XII. La leyenda cuenta que el propio Solimán suspendió el asedio al castillo de Massyaf por temor al “viejo de la montaña” y sus “asesinos”.
Volvemos sobre nuestros pasos para retomar la ruta a Tartús, y pasamos por unas ruinas greco-romanas cerca de Machta al Helu. Nos apeamos y saboreamos deliciosas naranjas de la región. Un oficial nos explica que debemos esperar mientras se comunica con sus superiores para saber si la ruta a Safita y Tartús está expedita. Observo niños de unos siete años, espadas de madera en sus manos combatiendo sobre una derruida muralla greco-romana. Gracias a mi amigo traductor podemos intercambiar algunas palabras. Me miran intrigados, más aún cuando les propongo un combate singular. Mientras cruzamos espadas pienso en mis juegos infantiles y los de mis hijos. A los niños sirios les ha arrebatado la vida y la niñez esta agresión organizada del exterior. Luego del “combate”, comemos unos chocolates y los declaro solemnemente “Caballeros de la Espada de Madera”; rodilla en tierra, muy serios, aceptan la investidura

PACO PEÑA,
En Hosn Solimán, Siria

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 853, 10 de junio 2016).

 

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