Punto Final, Nº 857 – Desde el 5 al 18 de agosto de 2016.
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Con o sin las FF.AA.


Alguna vez nos enseñaron que para hacer una revolución se necesitan dos tipos de condiciones, las objetivas y las subjetivas. Y ya ni siquiera para hacer una revolución, sino para hacer ese otro mundo que es posible.
¿Existen en Chile las condiciones o factores objetivos, o sea concretos, reales, que no dependen de la conciencia del pueblo? Veamos. Chile es el país más desigual de América Latina; de eso nadie tiene dudas, el gobierno mismo lo reconoce. Los salarios son pésimos, el mínimo es de 250.000 pesos. Pero no todos los trabajadores lo ganan o no lo ganan todos los meses y no alcanza para vivir. Las jubilaciones son peores, el promedio no llega a los 200.000 pesos. Las regiones están a las patadas, la mayoría de la educación es pagada; la salud malísima; el transporte infame; de la pega te echan a la calle cuando se les da la gana; todo el mundo está endeudado. Hay corrupción para donde uno mire. No sigo, porque son tantas las cosas que están fatales, que ustedes lo saben mejor que yo. Esas son las condiciones objetivas. Pues sí que las tenemos, ¿verdad?
¿Y los factores subjetivos? Parece que ahí estamos mal, al menos es lo que muchos dicen. Sí, el pueblo ya no es lo que era. El pueblo chileno era valiente -lo demostró durante la dictadura- y siempre fue aguerrido, crítico, propositivo, en fin, un pueblo desarrollado e inteligente. Tenemos mucha experiencia, una experiencia negra, es cierto, pero nos va a servir para no cometer los mismos errores. La corrupción, que recién se está destapando y enloda a unos y a otros, ha sido un detonante inesperado. Ahora todo el mundo está indignado, los políticos, por el solo hecho de serlo, son repudiados, detestados, diría yo. En la medida en que los políticos se desprestigian, los movimientos y las protestas sociales crecen. Están apareciendo y desarrollándose nuevas generaciones de estudiantes y trabajadores honestos, luchadores, valientes, inteligentes. ¿No lo ven ustedes todos los días en las calles? Por ejemplo, en las marchas contra las AFP del 24 de julio.
Estoy convencida de que un pueblo con tantos héroes y tantos mártires no puede convertirse en un pueblo de borregos. Quizás los padres de la actual generación fueron dominados por el terror, es lógico porque el miedo es cosa viva, como decía mi mamá. Pero los chicos de ahora son intrépidos, no le tienen miedo a nada. A mí me parece que en los últimos años, o meses, hemos avanzado mucho.
Pero el problema es que si se logra movilizar al pueblo para imponer cambios de importancia, para terminar con este modelo económico depredador, ¿cómo lo vamos a hacer, cómo vamos a garantizar que no vuelva a pasar lo mismo que en 1973? En primer lugar, creo que hay que ver que las cosas ya no son las mismas. En el 73 los yanquis estaban detrás del golpe, de otro modo los milicos no se habrían atrevido, y menos Pinochet que era un cobarde, un gallina absoluto.
Pero en fin, hay que reconocer que nuestras fuerzas armadas no han evolucionado tanto como debieran. En esta misma revista se ha dicho que algo así como “La lección a tener presente es clara: la revolución democrática no es posible sin las fuerzas armadas…”. Entonces, hagámosle caso al compañero Cabieses, que sabe mucho (PF 850), y pongámonos a pensar lo que hay que hacer.
¿Qué dice la Constitución pinochetista sobre las fuerzas armadas?
“Artículo 101.- Las Fuerzas Armadas dependientes del Ministerio encargado de la Defensa Nacional están constituidas única y exclusivamente por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Existen para la defensa de la patria y son esenciales para la seguridad nacional. Las Fuerzas Armadas y Carabineros, como cuerpos armados, son esencialmente obedientes y no deliberantes. Las fuerzas dependientes de los Ministerios encargados de la Defensa Nacional y de la Seguridad Pública son, además, profesionales, jerarquizadas y disciplinadas”.
Me parece que una de las cosas más importantes es saber cómo forman a los militares, qué les enseñan. Su Ley Orgánica expresa:
“Artículo 14. De la Formación, Perfeccionamiento y Capacitación.
Artículo 18(19).- La formación y perfeccionamiento del personal de planta de las Fuerzas Armadas será impartida por las respectivas Instituciones de acuerdo con sus propios planes y programas de estudio”.
Para los efectos de democratizarlas, las fuerzas armadas deberían estar mucho más integradas e inmersas en las actividades propias de la sociedad civil y en especial de la juventud. Deberían asistir a las mismas universidades, en forma muy especial recibir cursos de derechos humanos, conocer los problemas principales del país, saber del cobre y su importancia para Chile, del litio, de la pesca, del agua, etc. Es decir, no recibir sólo enseñanza de tipo técnico-profesional, sino también la que reciben los demás estudiantes y conocer bien los problemas de su país y sus posibles soluciones. No se trata de adoctrinarlas sino de darles los mismos derechos de expresión y de formación que el resto de nuestros jóvenes. No deben ser deliberantes sobre los aspecto propios de su profesión, pero como ciudadanos pueden y deben poder expresar sus opiniones, porque la libertad de expresión no los excluye. “Los miembros de las Fuerzas Armadas también son titulares de la libertad de expresión, pueden ejercer este derecho legítimamente, y las limitaciones frente a ellos impuestas deben ser respetuosas de las condiciones establecidas en la Convención Americana”(1)

Margarita Labarca Goddard

(1) Ver “Marco juridico interamericano sobre el derecho a la libertad de expresión”. Información en línea en http://www.cidh.org/relatoria.

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 857, 5 de agosto 2016).

 

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