Punto Final,Nº 857 – Desde el 5 al 18 de agosto de 2016.
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La otra Michelle

 

Michelle Peña Herreros, dirigente del Partido Socialista.

 

 

Fueron compañeras de colegio, ambas militantes del Partido Socialista, hijas de padres de ascendencia gala y de madres de origen hispano. Tenían el mismo nombre. Eran de tez clara y ojos pardos, gorditas y excelentes estudiantes. Amigas en la adolescencia, compartieron el sueño y la utopía de un mundo mejor. Una llegó a la Presidencia de la República en dos ocasiones, la primera mujer, por lo que fue un hito histórico. La otra Michelle fue lanzada al mar... de ella solo queda un hijo arrancado casi al nacer y entregado a comuneros mapuches.
Jamás imaginé que algún día iba a contar la historia de la otra Michelle cuando pasamos a buscarla al Liceo Nº 1 de Niñas, con mis tíos. Allí estaba, esperándonos en la puerta del liceo, con una compañera rubia a la que nos presentó: “Se llama Michelle también”, dijo. Su amiga era Michelle Bachelet Jeria, actual presidenta de la República. Ambas adolescentes.
La otra Michelle -mi sobrina- fue inscrita como Michelle Peña Herreros, apellidos de su madre, pues la juventud de ésta -solo 15 años- y los avatares de la guerra civil española, conspiraron para ello. Su padre es un cineasta francés, que vive en Toulouse, Francia y tiene edad muy avanzada. Su hija Michelle cumpliría 69 años el 17 de julio recién pasado.

AMERICA VERSUS EUROPA
Michelle Bachelet encontró refugio en la Vieja Europa -en la RDA- después que Salvador Allende fue derrocado en 1973.
Michelle Peña Herreros llegó desde el Viejo Mundo: el Winnipeg -embarcación libertaria que gestionó Neruda para salvar a miles de españoles de la ferocidad franquista- trajo a sus abuelos Gabriel Peña, héroe de la resistencia y Micaela, su esposa; a su tía Miró -hoy viuda del periodista chileno y Premio Nacional de esa profesión, Fernando Murillo Viaña- y a su joven madre, Gregoria.
Gabriel Peña inició de inmediato su vida laboral. Instaló una panadería a la que luego agregaría un restaurant. Gregoria (Goyita) fue su brazo derecho por largos y arduos años de trabajo.
Recuerdo la tarde en que mi tío Guillermo -Willie- llegó hasta nuestra casa en su moto a presentarnos a su novia. Era Gregoria, la que sería madre de la otra Michelle. Una joven delgada, sencilla y abierta. Nos conquistó de inmediato. Había vivido entre Francia y España y nos contó que habían comido hasta raíces, para sobrevivir. Fue mi primer contacto con el horror de la guerra civil española. Compartí muchas veces con ellos y la pequeña Michelle en su departamento de calle Nataniel o en el negocio aledaño, hasta donde llegaban los periodistas de Clarín y muchos uniformados, por su fama de buena mesa y el cálido ambiente.
Era una adolescente alta, de hermosas y finas facciones, blanca, largos cabellos castaños, maciza. Su familia la llamaba con cariño “la Gorda”. Compartió las ideas socialistas de su abuelo Gabriel y militó tempranamente en la Juventud del PS. Ingresó más tarde a la Universidad Técnica del Estado (UTE) hoy Universidad de Santiago, a la carrera de ingeniería civil(1).
Sobreviene el golpe militar del 73 y ambas Michelles asumen sus compromisos políticos. De la actual presidenta hoy se sabe que realizaba labores como enlace de la dirección clandestina del PS. De la otra Michelle poco sabíamos, pues pasó a la clandestinidad.

DESPEDIDA INESPERADA
En 1974 fui a despedirme de mis tíos, porque viajaba a Ecuador a dirigir una Escuela de Periodismo -ante la precariedad laboral existente en Chile- y me encontré con “la Gorda”. Nos abrazamos con afecto. Le conté de mi proyecto. Recuerdo que me dijo “algunos son más útiles afuera... pero yo me quedo acá”. No sabía que ella integraba la primera dirección clandestina del Partido Socialista. Tenía sólo 27 años. Tampoco imaginé en ese momento que no volvería a verla.
El 75 regresé a Chile por razones familiares y convencida de poder aportar al proceso para terminar con la tiranía. Como siempre, fui a saludar a mis tíos Guillermo y Goyita, al negocio que había crecido y cambiado de local. Ellos pasaban casi todo el día trabajando allí. Goyita había envejecido... su expresión era como de ausencia... Entonces me contó que “la Gorda”, la otra Michelle, había sido secuestrada en junio de ese año junto a Ricardo Lagos Salinas, dirigente del PS y su pareja, junto a Carlos Lorca Tobar, médico, diputado y presidente de la Juventud del PS, y la estudiante Carolina Wiff desde una casa en Las Rejas. Su dolor aumentaba porque días antes Michelle le había confesado que estaba embarazada. Su dolor de madre y de abuela se canalizó en una búsqueda infatigable de Michelle hasta el día de hoy. Mientras vivió su marido, ambos la buscaron juntos.
Fueron a todos los lugares donde había indicios o huellas de su presencia. Recorrieron todos los centros de detención. Indagaron en todos los lugares señalados como tales. Se hicieron asiduos visitantes de la Vicaría de la Solidaridad y de las agrupaciones de derechos humanos formadas bajo dictadura. Tocaron todas las puertas. Visitaron consulados y embajadas. Recibieron apoyo y aliento de las legaciones española y francesa por las dos nacionalidades de Michelle. Llegaron hasta la Colonia Dignidad, con la esperanza de encontrar algún vestigio de “la Gorda”, como también de su vástago. Ella tenía ocho meses de embarazo al ser detenida(2).
Gregoria recuerda que siempre “hubo alguien que me llamaba y entregaba información, la que con tu tío chequeábamos juntos. Creo que era alguien que nos conoció en el negocio, que nos estimaba, pero que al mismo tiempo sentía temor”.
Fue así que se enteró que su hija había dado a luz un varoncito en la cárcel y que el niño había sido entregado a comuneros mapuches de La Araucanía. La CNI no quiso entregarlo a “chilenos”, para que su rastro se perdiera definitivamente...

IDEOLOGIA DEL HORROR
A muchos asombra la frecuencia con que los regímenes autoritarios separan a los hijos de sus padres y los entregan a otras familias. La repetición de esta conducta no es casual. Su fundamento reside en la absurda creencia de que el socialismo, como visión del mundo, contiene un ingrediente genético... y que al arrancar a los hijos de sus madres, no habrá efecto multiplicador. De allí los horrores durante el franquismo, la Alemania nazi, la Italia fascista, la Argentina de Videla y el Chile de Pinochet.
La muerte de Michelle Peña fue certificada por todas las investigaciones. El ensañamiento de sus verdugos, de una cobardía que apunta a pensar que la maldad y vileza humana no conocen límites. Fue lanzada al mar, según versiones del ejército en la “mesa de diálogo” y documentado por la doctora Paz Rojas Baeza en su extraordinario estudio sobre la desaparición forzada de personas titulado La interminable ausencia. Sin embargo, antes le arrancaron a su pequeño hijo.
Como en otros casos hubo también versiones contradictorias: parece un muy sofisticado método para cubrir con impunidad a los culpables y atormentar más a los familiares de los detenidos desaparecidos.
Goyita -al saber la verdad- estaba destrozada, pero más tranquila. Sin embargo su pena e incertidumbre se proyectaban ahora hacia la existencia de su nieto, que hoy tiene 41 años y como le han asegurado diversos informantes, vive en una comunidad mapuche.
Goyita logró que el PS reconociera el aporte de su hija en la lucha por la democracia. Se instaló una placa en la sede de ese partido con su nombre. Asimismo en enero pasado el 30º Congreso Ordinario del PS llevó su nombre. Pero ella no ha conseguido apoyo real para localizar a su nieto.
La Michelle presidenta de la República tiene la oportunidad histórica de contribuir con los trámites y apoyo logístico necesarios para esclarecer los hechos.

ADN DE LA VERDAD
Con 83 años, viuda y con problemas motores -fue víctima de un accidente que amenazó dejarla cuadrapléjica-, Gregoria Peña Herreros no conoce descanso. Hace dos años viajó sola a Europa, para entrevistarse con el padre de su hija. No se veían desde su época de adolescentes. Ella vino a Chile. El quedó en Francia. Ella formó familia acá y tuvo otra hija, Gabriela. El también contrajo matrimonio y tuvo otros hijos.
Ella se convirtió en una empresaria exitosa. El, en un connotado cineasta. Ella quiso compartir su odisea y solicitar su apoyo para respaldar estudios genéticos e iniciar trámites tendientes a fijar la filiación de su nieto.
Recibió un portazo en el rostro y una puñalada en el corazón. El padre de la otra Michelle se negó a recibirla, pese a que ella esperó dos largos meses que cambiara de opinión.
Su viaje fue en vano. Sus expectativas nuevamente frustradas por el egoísmo y la codicia. “Tan diferente -cuenta Gregoria- a la actitud de Patricia y sus hijos” (esposa e hijos también de Ricardo Lagos Salinas). “Hemos compartido, nos hemos apoyado siempre y ellos me han expresado su deseo de ayudarme, para encontrar a su hermano. Hace muy poco nos reunimos para intercambiar información, ideas y respaldo. Ricardo tenía razón... es posible construir un mundo de hermanos...”.
Gregoria aclara que no quiere encontrar a su nieto para desarraigarlo de la comunidad que lo cobijó o de los que fueron sus padres de crianza, sino para que ejerza el legítimo derecho que tiene todo ser humano: saber quiénes fueron sus progenitores. Que sepa que fueron jóvenes idealistas y valientes; luchadores por la libertad y la justicia social y que tiene una abuela que desea abrazarlo y decirle que cuenta incondicionalmente con ella.
¿Imaginará la Michelle presidenta que su compañera de juegos, travesuras, sueños y utopías dejó un único hijo que le fue arrebatado casi al nacer?
Esa Michelle presidenta, que ha podido disfrutar de sus hijos y nietos, ¿podrá ponerse en el lugar de Gregoria Peña Herreros, que sólo quiere ver los ojos pardos de la otra Michelle reflejados en el rostro de su único nieto varón?
A esa Michelle en la cúspide del poder le pedimos -en nombre de la otra Michelle- que apoye a esa abuela para encontrar a su nieto “mapuche” porque “desde el fondo de ti y arrodillado, un niño triste como yo nos mira...”

SOFIA CACERES BRAVO (*)

(*) Periodista chileno-venezolana. Autora de El diario de un niño, Ediciones Pasadalibre, Santiago, Chile, 1997. Relatos de la Arboleda, Ediciones Tinta, Papel y Vida, Caracas, Venezuela, 1989. Cuentos de mujeres sólo para hombres. RIL Editores, Santiago, Chile, 2003 y Golpe a Golpe (Once testimonios periodísticos del 11), Editorial Palabras Latinas, septiembre, 2013.

Notas
(1) Michelle Peña trabajó en Mademsa y Cristalerías Chile. Participó en sus sindicatos y en los cordones industriales. También se desempeñó en el Instituto Chileno-Vietnamita de Cultura.
(2) Innumerables testimonios hablan de la presencia de Michelle Peña en diversos lugares de detención y tortura. Uno de los más conmovedores es de la periodista y dirigente del MIR, Gladys Díaz Armijo, quien permaneció en Villa Grimaldi. Gladys cuenta que la vio en los primeros días de julio de 1975. Otro valioso testimonio es de Héctor Riffo, detenido y torturado en Villa Grimaldi. Evoca la presencia de dos mujeres. “Una era Michelle Peña, porque reconocí su voz”. Pedro A. Matta, otro preso político en el mismo lugar, declaró que fue el agente Jaime Barriga -quien posteriormente se suicidó-, quien lo torturó a él y a Michelle Peña.

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 857, 5 de agosto 2016).

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