Punto Final, Nº 858 – Desde el 19 de agosto hasta el 1 de septiembrede 2016.
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La historia secreta de Chile

 

 

Jorge Baradit anuncia un nuevo libro.

 


El escritor Jorge Baradit ha logrado un éxito poco común en nuestro país con los dos volúmenes de La historia secreta de Chile (Editorial Sudamericana). La publicación no ha estado exenta de controversia debido a que el autor no es un historiador profesional. Baradit había publicado anteriormente literatura fantástica. Entre esos libros están Ygdrasil (2005), Synco (2008) y Lluscuma (2012).
En conversación con Punto Final, Baradit se refirió a las controversias provocadas por La historia secreta… y otros temas.
Al revisar sus libros y leer las críticas queda la impresión de que muchos críticos no los han leído.
“Ellos equivocaron la puntería. Este no es un libro académico, lo he dicho siempre. No es un libro historiográfico al que puedan criticar aplicándole estándares o protocolos de la academia. Es un libro diseñado y orientado para la lectura de la gente. Pretende ser un puente, por decirlo de alguna manera, entre las personas y la historia más formal. Nunca pretendió disputar un puesto en las estanterías historiográficas de la academia. Hay un error importante de comprensión, y creo que en la crítica existe un factor más emocional que profesional. Cuando te ningunean historiadores o profesores y llegan a decir que estás ‘robando’ información, da la impresión de que hay algo de descontrol en sus opiniones. Hay otros libros que han hecho esto mismo: tratar de divulgar. Creo que el problema que tuvieron los críticos fue que el libro vendió noventa mil copias. Es con eso que tienen un problema”.
¿Envidia quizás?
“Eso habría que preguntárselo a ellos. Nunca he ninguneado a profesores ni historiadores. Por el contrario, los difundo. Segundo, no he robado información porque las fuentes están en la bibliografía que se incluye al final del libro. Y tercero, esto está escrito de cara a la gente, no de cara a los académicos. Ellos se sintieron interpelados de manera equivocada. La mayor pena es que esa crítica haya venido de un sector de la Izquierda que fue utilizado por La Segunda para dañar un libro que quiere contar historias que tienen relación con temas que no son contados por la historia oficial. Eso me da pena, y además perdieron la oportunidad de dialogar acerca de la mejor manera de hacer llegar la historia de Chile a la gente”.
Entiendo que el libro trata episodios de la historia desconocidos y no que hayan sido recién descubiertos. Episodios que se conocen pero de los que se dice poco o nada.
“Se parte de una premisa tremenda: prácticamente toda la historia de Chile es secreta para la gente. El error que cometen quienes me critican es afirmar que estas historias son sabidas. Seguramente ellos conocen todas estas historias. Pero, en general, la gente como nosotros no las sabe. Y esto es difusión. Me ha llamado la atención, por ejemplo, que la gente no supiera que en Chile ha habido más de veinte masacres de obreros. Piensan que solo existió la de la Escuela Santa María de Iquique y alguna más en su región. En el fondo, casi toda la historia de Chile es secreta, y lo que este libro pretende es abrirse a temáticas nuevas y entregar un punto de vista distinto. La palabra secreto se utilizó con ese fin”.

MANIPULACION DE LA HISTORIA
¿Hay mucha mitología en nuestra historia?
“Sin duda. La historia también tiene un uso estratégico. Se manipula y se tergiversa en función de ciertos intereses. Intereses de quienes tienen influencia, de los que tienen el poder y poseen los medios de comunicación masivos. En Chile está súper claro quiénes son. Un ejemplo nítido de lo que digo es Arturo Prat, que está identificado con la derecha chilena. Incluso cuando un canal de televisión realizó un concurso para elegir al chileno más importante de la historia terminó Allende contra Prat, el primero por la Izquierda y el segundo por la derecha. Sin embargo, Prat era un progresista, que estaba por el voto universal, que enseñaba gratuitamente a hijos de obreros en escuelas pobres y hacía clases en escuelas de oficios y artesanos, relacionadas con anarcosindicalistas. Pero ha terminado convertido en un ícono de mármol de la derecha. Ahora imagínate a Diego Portales, tildado como el padre de la democracia siendo que fue todo lo contrario. Y O’Higgins, a quien se le limpia de todo el actuar dictatorial, violento y criminal de su gobierno. Sólo se deja la figura del héroe, que es cierto, del prócer, pero se esconde lo otro.
Cuando estudiamos la historia de Chile nos damos cuenta de que hay una manipulación. Nos tratan como cabros chicos y esconden muchos eventos en función de proteger a las instituciones. ¿Y cuáles son esas instituciones? El Estado mismo, las fuerzas armadas, incluso instituciones que no pertenecen al Estado pero que están enquistadas ahí, como la Iglesia. Existe un tratamiento interesado de la historia que hay que revisar, pero no soy yo el encargado de hacerlo porque no soy historiador. Sí me interesó poner el acento y llamar la atención sobre este punto”.
Ha sido invitado a participar en muchos encuentros, ¿cómo ha sido la relación con la gente?
“Estoy feliz con lo que me ha pasado en ese sentido. Es normal que te inviten a una feria del libro, pero no tanto que te invite una municipalidad, y es menos normal aún que te inviten a una junta de vecinos. O que se junten vecinos, como ocurrió en Mulchén, sin que exista una institución por medio para conversar estos temas. Que te pase eso es lo mejor de todo. Te das cuenta del porqué del éxito del libro. Es porque la gente está interesada en su historia, en su identidad y en lo que le ocurre al país. Faltan canales confiables para canalizar ese interés”.

PODER CONSERVADOR
¿Cómo ve el momento actual?
“Chile es un país donde el poder está tan concentrado, que al pueblo le ha resultado muy difícil llevar adelante cualquier proceso de reforma. Da la impresión de que la historia de Chile es un intento constante por alcanzar niveles de dignidad, pero que se choca contra un muro. Es algo cíclico, siempre chocamos contra un muro, a veces con un muro violento que acarrea masacres, muertes, torturas. Quizá la gran enseñanza de la Unidad Popular, encabezada por Salvador Allende, es que ni siquiera un gran apoyo popular es suficiente para legitimar un proceso de reformas. Eso creo que aprendieron o trataron de manejar con la Nueva Mayoría, y ahora entendemos que ni siquiera con el excesivo respeto que han tenido, a pesar del apoyo generalizado, sirvieron para llevar a delante un proceso de reformas relativamente limpio. ¿Y qué está pasado hoy? A un gobierno que tenía todo el apoyo para un proceso de reformas tibio, ni siquiera radical, con todo el tacto de lo que ocurrió el 73, con la mayoría en el Congreso, con las encuestas mostrando 75 u 80 por ciento de apoyo, con la gente en las calles marchando, y todo eso, no le ha bastado y se ha ido cayendo a pedazos. Es dramático y desconsolador. Tengo la impresión de que nada va a cambiar si no es con fuerza e insistencia”.
En ese sentido, ¿cómo ve el papel de la Izquierda?
“Es mi lugar natural, pero tengo muchos problemas con esta estupidez generalizada de andarse midiendo quién la tiene más roja. Es un error histórico que fragmenta el movimiento social, pues hace estar peleados a unos con otros. Cada gallo va y forma su facción, lo que impide un movimiento coordinado. Mira lo que ocurrió con la Izquierda Autónoma: me da mucha pena, porque sentía que era un nicho que podía crecer. Ya no sé qué puede ocurrir. Imagínate la energía que gasta la Izquierda para formar frentes amplios siendo que primero se dividen y después tratan de formar frentes de unidad. ¿Quién entiende esto? Me gustaría ver una Izquierda más unida”.

PIRATAS DEL LIBRO
Pasando a un tema editorial, el éxito de su libro ha generado que se piratee. ¿Qué siente al verlo en las cunetas?
“Me causa tristeza que mucha gente vea una forma de ‘justicia social’ en el libro pirata. Y tengo entendido que uno de los pilares de la Izquierda es la valoración del trabajo. Quienes piratean libros están lejos de ser ONG, agentes populares o difusores de la cultura. Estos tipos son como los narcos, son empresarios que tienen una infraestructura armada para robar el trabajo a escritores, editores, ilustradores, a toda la gente que trabaja en la producción de un libro. No se trata de una imprentita en una población, se trata de tipos con galpones donde trabajan la piratería de manera industrial. Comprar libros piratas es como financiarle la 4x4 a un narco, no tiene nada que ver con la justicia social. Cuando la gente me dice ‘es que no tengo plata’, yo les digo entonces vaya a una biblioteca, allí le prestan libros gratis. Allí hay otro fenómeno, que es el de la posesión, algo muy del neoliberalismo: a toda costa hay que poseer, y por tres lucas estás involucrándote en un delito y provocando daño a trabajadores de la cultura”.
La cultura pareciera ser el hermano pobre de las demás actividades u oficios…
“Es un problema muy complejo que arrastramos desde hace años. Es una decisión que tomaron las autoridades, tanto de la dictadura como de la Concertación. Legitimaron un modelo donde lo único que vale es la rentabilidad. Nada tiene valor si no tiene expresión monetaria. Me he enfrentado con tipos con tremendo poder, que me han dicho: ¿para qué sirve la poesía, para qué sirve leer tal libro? El mayor problema es de los criterios de valoración de lo que es la cultura. Hoy la cultura se está disfrazando de pequeño emprendimiento. Sólo tiene valor un objeto cultural si puede ser procesado a través de un emprendimiento y convertido en objeto vendible, lo que no es malo en sí, pero no pueden ser los únicos criterios. Lo mismo con el libro, está tan devaluado en su valoración que hay gente que piensa que diez lucas es una locura por un libro. Yo sé que es harta plata para mucha gente, pero detrás hay trabajo a veces hasta de dos o tres años, y participando muchas personas. Sin embargo, los mismos que reclaman no tienen ningún problema en gastarse diez o más lucas en cervezas o cigarros. Están en su derecho, pero se ve que hay un problema en valorar la cultura. La cultura significa cultivarse, y eso también significa ser mejor persona. Yo creo que este afán de vivir en un modelo que te pide rentabilidad y éxito solamente en términos de rendimiento económico provoca una crisis en el desarrollo cultural de las personas. La música, el teatro, la lectura, la conversación van en baja, a menos que se conviertan en objetos de consumo. Tenemos que reeducarnos en muchos sentidos”.
¿Viene un tercer volumen de “La historia secreta…”?
“Sí, un tercer libro y nada más, porque esto tampoco es una fábrica de empanadas. La editorial quería hacer una serie, y siempre pensé en tres, en una trilogía. Por eso que el primero es de portada roja, el segundo azul, y el tercero será de portada blanca. Los tres colores de la bandera. Ahí cerramos. La idea era que a través de una selección de historias y a través de la narrativa y la emocionalidad, que es capaz de transmitir la narrativa, generar un vínculo de la gente con su propia historia. Involucrarlos emocionalmente, que la gente pudiera amar o detestar a sus próceres conociéndolos en todas sus aristas”.

ALEJANDRO LAVQUEN

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 858, 19 de agosto 2016).

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