Punto Final, Nº 858 – Desde el 19 de agosto hasta el 1 de septiembrede 2016.
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GÓMEZ ROJAS

 

José Domingo Gómez Rojas tuvo una vida breve, de apenas veinticuatro años. Fue un estudiante de familia pobre, que aspiraba a ser profesor de castellano y también en lo posible, abogado. Tenía importante vocación poética y sentido social. Ya había publicado un libro en 1913, “Rebeldías líricas”. Mucho más tarde se publicó parte de su obra inédita.
Participaba en la Federación de Estudiantes de Chile (Fech) y era colaborador de su revista “Claridad”. Ayudó a dar sus primeros pasos literarios a Manuel Rojas y a José Santos González Vera y constituyeron un grupo en que también participaba el dramaturgo Antonio Acevedo Hernández. Sus inquietudes lo llevaron al anarquismo: fue militante de la IWW, y adhirió al cristianismo evangélico. Reprochaba a la Iglesia Católica su compromiso con los poderosos.
Aumentaba en el país el clima de protestas y convulsiones sociales. Los trabajadores se reorganizaban. Las huelgas eran frecuentes. Los ecos de la Revolución de Octubre en Rusia también llegaban a Chile. Y entre los universitarios latinoamericanos las ansias de cambios se plasmarían en el Manifiesto de Córdoba, mientras la guerra mundial en Europa anticipaba una reorganización universal. En Chile el gobierno del presidente Juan Luis Sanfuentes mostraba el agotamiento político de la derecha. Se sucedían las “marchas del hambre” convocadas por la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional. La situación se hizo crítica, al punto que el gobierno decidió jugar la carta del ultranacionalismo. El ministro del Interior, Ladislao Errázuriz, sostuvo que era inminente una guerra con Perú. Miles de soldados fueron movilizados hacia la frontera norte.
El gobierno de Sanfuentes desencadenó la represión contra sus opositores, especialmente estudiantes y trabajadores. Grupos de jóvenes de la oligarquía y también militares asaltaron el local de la Fech, saqueando sus instalaciones. Decenas de dirigentes fueron detenidos, entre ellos Luis Emilio Recabarren. La persecución se extendió por el país. José Domingo Gómez Rojas fue uno de los detenidos. El juez José Astorquiza lo procesó en forma arbitraria y vejatoria. Sin cargos concretos lo acusó de subversión y lo envió a la cárcel donde fue sometido a torturas y hostigamiento, que por su violencia alteraron su salud mental, afectada por una meningitis no tratada. Gómez Rojas murió en la Casa de Orates el 29 de septiembre de 1920.
Miles de personas acompañaron al cementerio al “poeta de la juventud”, cuya memoria se convirtió en culto.

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 858, 19 de agosto 2016.

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