Punto Final,Nº 859 – Desde el 2 hasta el 15 de septiembre de 2016.
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Manuel Rojas y el Manifiesto Comunista

 

En 1948 se cumplieron cien años del Manifiesto Comunista escrito por Carlos Marx y Federico Engels por encargo de una organización de trabajadores alemanes. En todas partes, la Izquierda celebró la fecha, Chile no fue la excepción.
Babel, revista de arte y crítica que se publicaba en Santiago, de orientación marxista no comunista, destacaba el papel de la URSS en la segunda guerra mundial y, al mismo tiempo, criticaba el stalinismo, los “procesos de Moscú” y el asesinato de Trotsky. Dirigida por Enrique Espinoza, escritor y editor argentino residente en Chile, publicó un número de homenaje al Manifiesto con participación de importantes intelectuales de diversos países europeos, latinoamericanos y chilenos. Entre ellos Manuel Rojas, que trabajaba en detalles de su novela Hijo de ladrón que marcaría un giro profundo en nuestra literatura. Rojas participaba en la dirección de Babel, y fue invitado a escribir un artículo especial junto a Jean Cassou, Edmund Wilson, Rodolfo Mondolfo, Baldomero Sanin Cano, Ernesto Montenegro y otros.
Manuel Rojas aprovechó una lectura reciente del Manifiesto Comunista que, curiosamente, hizo en paralelo con el libro Walden, o La vida en los bosques del escritor y filósofo norteamericano Henry David Thoreau, con quien coincidía en el amor a la naturaleza, la libertad, el rechazo al Estado y el disfrute de la soledad. Ambos extremos -la soledad, la naturaleza y el individualismo- y la acción colectiva y la lucha liberadora que impulsaron los jóvenes filósofos alemanes, permitían una reflexión fructífera.
Una cita de Thoreau ilustraba su pensamiento: “Fui a los bosques porque deseaba vivir en la meditación, afrontar únicamente los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella enseñare, no sucediera que estando próximo a morir, descubriese que no había vivido. (…) Quería vivir profundamente y extraer todo lo maduro de la vida, vivir tan vigorosa y espartanamente como para infligir una derrota a todo lo que no fuese vida”.
Thoreau, para Manuel Rojas, era el paradigma del hombre libre y Walden -agrega- “es quizá el libro más importante que desde el punto de vista humano se escribió en Estados Unidos. Walden o La vida en los bosques es, en efecto, escrito por alguien que sólo cree en el hombre y que piensa que sólo en el hombre está la salvación del hombre. Le son indiferentes la sociedad, los grupos, las clases: le preocupa sólo el hombre; y su propósito al marcharse a vivir a las orillas del Walden es huir de todo aquello y acercarse más a sí mismo, es decir al hombre”.
Con el individualismo se avanza poco en la solución de los problemas que afectan al pueblo. Sirve, claro, para dejar constancia de lo que se ve “alabando lo hermoso y lamentando lo feo”, pero no sirve para cambios a fondo. El Manifiesto Comunista -sostiene Rojas- es el más franco y más resuelto de los documentos que un individuo o un grupo de individuos haya redactado y publicado con el objeto de servir una causa o alcanzar un fin. No hay en él eufemismos o vacilaciones y nadie puede decir, después de leerlo, que no lo ha entendido o que será necesario corregir esto o aquello; es un arma -una espada o una maza- y una arma que no puede ser corregida: acéptala y quédatela, o recházala y vete.
La frase de Marx y Engels -“Proletarios de todos los países, uníos”- tuvo para él un éxito arrebatador: el proletariado se ha unido y ganado bajo su sombra grandes victorias y sufrido también a veces tremendas derrotas, nunca, sin embargo, por culpa de la frase o de los que acudieron a su llamado, sino siempre por culpa del que la usó para fines que no tenían nada que ver con el resto del Manifiesto; el Manifiesto no se puede usar por partes: es un arma y no un traje y si alguien o algunos lo han usado por partes y han tenido éxito con ello, ese éxito ha sido posible sólo gracias al desvirtuamiento y negación del resto.
Termina el texto de Manuel Rojas -publicado en el número 44 de Babel- , diciendo que Marx y Engels, más activos y más realistas “dieron a quien más les interesaba, al proletariado, un arma con que atacar al Estado burgués y a sus sirvientes y defensores. Esa arma conserva aún, como en el primer día, su fuerza y su violencia: Proletarios de todos los países, uníos”.
Y agrega: “Esperemos, a ver qué resulta”. Y uno se pregunta ante su carácter dubitativo, ¿pensaba Manuel Rojas en el stalinismo y en las desviaciones de la democracia proletaria? Posiblemente.

HERNAN SOTO

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 859, 2 de septiembre 2016).

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