Punto Final,Nº 862 – Desde el 14 hasta el 27 de octubre de 2016.
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El Shimon Peres que los palestinos no olvidarán

 

El pasado 28 de septiembre la prensa internacional colmó portadas anunciando la muerte de Shimon Peres, ex presidente israelí catalogado por la mayoría como “un hombre de paz”, dado su protagonismo en la firma de los Acuerdos de Oslo, en 1993. La imagen de Peres, junto al líder palestino Yasser Arafat e Isaac Rabin, primer ministro israelí en ese entonces, recibiendo el Nobel de la Paz coronaba la idea de un hombre abierto y cercano, que luchó como un paladín de la justicia por la igualdad entre ambos pueblos enfrentados por más de medio siglo en un sangriento conflicto.
Sin embargo, nada se dijo de cómo el mismo “hombre de paz” protagonizó campañas de terror, políticas de segregación, la creación de programas nucleares e, incluso, es señalado como responsable por crímenes de guerra. Los palestinos, víctimas directas de las decisiones políticas tomadas por Shimon Peres, conocen de cerca su perfil menos publicitado, pero que define su política histórica como fundador de un Estado colonial y hombre clave en la política israelí por más de 70 años.
Nacido como Szymon Perski en 1923 en la actual Bielorrusia, por entonces Polonia, Peres emigró a Palestina en 1934, cuando ésta se encontraba bajo mandato británico. Desde la adolescencia se involucró en la política ligado al movimiento sionista, donde destacó entre sus pares y llamó la atención de los altos mandos de la fuerza paramilitar judía, la Haganá.
La Haganá fue creada en 1920 y se le conoce como predecesora del actual ejército israelí. Aunque se fundó para defender las primeras colonias judías, en 1939 su labor incluía ayudar a organizar la inmigración ilegal judía a Palestina. Después de la segunda guerra mundial se unió a dos grupos más extremos, Irgun y Lehi, para formar el Movimiento de Resistencia Judía. Estas tres organizaciones realizaron actos terroristas contra instalaciones gubernamentales británicas por toda Palestina entre 1944 y 1947, los que incluyeron instalación de bombas, asesinatos selectivos y destrucción de líneas ferroviarias.
El historiador israelí Ilan Pappe refrescaba la memoria sobre las primeras responsabilidades que asumió Peres en la fundación del Estado de Israel, pues en 1947 fue reclutado y enviado al extranjero por David Ben Gurion, considerado padre del incipiente Estado, para comprar las armas que más tarde se utilizaron en la Nakba de 1948, nombre con que se conoce la catástrofe que significó para los palestinos la creación de Israel y la limpieza étnica de la que fueron víctimas.
Mientras los noticieros repetían los hitos en la vida de Peres, calificándolo de mensajero de la paz, el repaso por su historia olvidaba su contribución activa a forjar una alianza entre Israel, Reino Unido y Francia para invadir Egipto en 1956, cuya recompensa de parte del gobierno francés fue suficiente para fabricar armas nucleares. Fue él mismo el encargado de supervisar el programa clandestino de armas nucleares de Israel.
Dentro de su abultado currículum político se encuentra también la judaización de Galilea, pues no contento con la limpieza étnica de 1948, se dedicó a confiscar tierras palestinas para construir ciudades exclusivas para judíos. Instaló al ejército en la zona, para bloquear así la continuidad territorial entre las aldeas y ciudades palestinas, lo que llevó a la desaparición de los pueblos tradicionales, despojando a los agricultores no sólo de su fuente histórica de trabajo sino también de su lazo cultural, situación que hasta el día de hoy no ha sido remediada.

LA COLONIZACION
La única vez que Shimon Peres se mantuvo alejado de la escena política israelí fue en los años 60. Después de la Guerra de los Seis Días, en 1967, reapareció como ministro responsable de los territorios ocupados, cuya misión fue impulsar la construcción de colonias en Cisjordania y la Franja de Gaza, una medida ilegal según el derecho internacional.
Si bien los sucesivos homenajes realizados en estos días a Shimon Peres lo describen como un visionario defensor de la solución de dos Estados, lo cierto es que la infraestructura basada en colonias judías que el propio Peres promovió y ayudó a construir hacen imposible la concretización de esta idea, por la fragmentación y falta de continuidad en los territorios palestinos.
Más tarde, en 1974, Peres comenzó un trabajo meticuloso junto a Isaac Rabin, su cómplice en los Acuerdos de Oslo y con quien compartía la estrategia sionista de aumentar la cantidad de asentamientos coloniales bajo la lógica de “más tierra palestina, con la menor cantidad de palestinos en ella”.
Durante su desempeño como ministro de Defensa en el gobierno de Rabin de 1974, Peres respaldó la expansión de la campaña de colonización del movimiento mesiánico de colonos de Gush Emunim, en la ciudad cisjordana de Nablus. Fue la primera crisis a la que se enfrentarían Peres y Rabin, quien se opuso a la idea. Hoy, Nablus continúa asfixiada por la presencia de colonos violentos y armados que se instalan en la ciudad.
Dos años después, Peres hizo lo que tuvo a su alcance para llegar a un acuerdo con Jordania para que Cisjordania estuviera dentro de la jurisdicción jordana, pero en la práctica bajo control israelí. Las elecciones municipales de 1976 dieron por ganadores a los candidatos identificados con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), derrotando a la opción leal a la monarquía hachemita de Jordania.
Aunque no se soportaban en la intimidad, Shimon Peres e Isaac Rabin formaron una buena dupla a la hora de reprimir de manera brutal el levantamiento popular palestino, más conocido como la Intifada de 1987.

LA PAZ DE PERES
La consolidación de Shimon Peres como hombre clave de la política israelí llegó en la década de 1990. Utilizó el concepto de “paz” para difundir una imagen de Israel dispuesto a negociar y reconciliarse con sus más acérrimos enemigos, entre ellos, Yasser Arafat, líder de la OLP.
Peres tuvo la atención mundial y el respaldo de las potencias que veían con entusiasmo el mensaje conciliador propuesto por el líder israelí, lo que desembocó en los Acuerdos de Oslo de 1993. Este ficticio proceso de paz terminó por sepultar las históricas demandas del pueblo palestino y permitió que Israel consagrara como legítimos los hechos consumados que atentaban contra la autonomía palestina, consolidando el apartheid que hasta el día de hoy se mantiene y se ha profundizado con la construcción de un muro de separación que recorre más de 700 kilómetros en Cisjordania.
El Nobel de la Paz fue el broche de oro para un proceso que nació muerto, que tuvo el entusiasmo de la comunidad internacional, como se le conoce a las potencias occidentales, y empeoró las condiciones de vida de los palestinos que habitan en los territorios ocupados, como también las posibilidades de retorno de los millones de refugiados repartidos en el mundo.

MASACRE DE QANA
Aunque los medios internacionales dedicaron varias páginas o generosos espacios televisivos para mostrar una completa biografía del último fundador de Israel, no hubo ninguno que incluyera uno de los hechos más inolvidables para los palestinos y libaneses: la masacre de Qana.
Durante su desempeño como primer ministro, Peres ordenó bombardear toda la zona perteneciente a la ciudad de Qana en el sur del Líbano, en abril de 1996. En una operación llamada Uvas de la Ira, los bombardeos israelíes asesinaron a más de 100 personas, en su mayoría civiles que huían de las bombas y fuerzas de paz de la ONU. Peres, el hombre de la paz, solucionaba así los enfrentamientos entre Hezbollah y el ejército israelí en el sur del Líbano, donde Hezbollah lideraba la resistencia a la ocupación que Israel mantenía desde 1982.
Casi como una ironía, en el mismo 1996, Peres fundó el Centro Peres para la Paz, una ONG construida sobre la propiedad confiscada de refugiados palestinos en Jaffa. El centro describe dentro de su misión el “construir una infraestructura de paz y reconciliación para los pueblos de Medio Oriente, que promueva el desarrollo socioeconómico mientras se avanza en la cooperación mutua... Los programas están diseñados para potenciar que las poblaciones de esta región participen activamente en la construcción de la paz con tal de avanzar en la creación de una paz real, efectiva y duradera”.
Peres murió a los 93 años, dejando una fama e imagen que los medios han sabido explotar y posicionar. Por más de setenta años, los palestinos vivieron en lo cotidiano lo que este líder israelí hacía, no lo que decía. Y en ese hacer se encuentra una larga lista de políticas colonialistas, segregacionistas y varios crímenes de guerra. El obituario está escrito, al parecer, por los mismo que escriben la Historia.

YASNA MUSSA

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 862, 14 de octubre 2016).

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