Punto Final, Nº 865 – Desde el 25 de noviembre hasta el 8 de diciembre de 2016.
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Ancianas y ancianos

Comiendo de la basura

 


Envejecer en Chile es un seguro camino a una pobreza miserable. 147 mil pesos es la pensión promedio que recibe el 90% de los jubilados y jubiladas de nuestro país. El 94% de las mujeres jubiladas debe conformarse con menos de 156 mil pesos, lo que da cuenta del rigor de la vejez y la pobreza femeninas. Según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen 2015), de los más de dos millones de adultos mayores de 60 años, el cincuenta por ciento se considera “jefe de hogar”, cifra que significa que muchos ancianos se ven obligados a seguir trabajando al no poder financiar necesidades básicas -como alimentación, salud o transporte-, con sus pensiones. El actual sistema de AFP no garantiza seguridad social ni vejez digna. Muchos ancianos y ancianas deben volver a laborar, endeudarse, vivir de la caridad o recoger alimentos en los desperdicios de ferias libres y supermercados.
Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), en Chile se pierden anualmente cerca de 27 mil toneladas de arroz, papas, lechugas, merluzas y jibias, por mal manejo en la producción; y en el comercio y restaurantes, se generan también miles de toneladas de basura de residuos de alimentos. Al menos uno de cada siete chilenos pasa hambre o come mal diariamente.
Nos acercamos a ancianas y ancianos que recogen desperdicios en las ferias libres, que se ubican en las comunas de Ñuñoa, Estación Central y Maipú. Fue difícil conversar con ellos y más aún fotografiarlos. Prefieren recoger verduras y frutas a conversar, pero algunos accedieron a contarnos parte de sus vidas.
Marisol Rodríguez, de sesenta y tantos años, vive en la población Rebeca Matte, Ñuñoa, al costado del Estadio Nacional: “Todo lo que recojo en la feria me sirve mucho. Vengo acá a Avenida Marathon con Nueva Dos, a la feria que se pone domingos y jueves. Recojo todo lo que está bueno: lechugas, papas, tomates… a veces salen apios, repollos o frutas. Ahora llevo guindas, plátanos, hojas de lechugas. Quedan botados muchos productos comestibles. No llevo nada que esté malo, sólo lo que puede servirnos para comer. ¿Por qué lo hago? Porque no me alcanza mi pensión para vivir. No alcanza, ese dinero lo recibo una vez al mes. La jubilación que tengo es poco, muy poco. Se me va en unos días y de repente tengo que comprar remedios… Estoy enferma de lupus. Eso fue lo que me dijeron en el consultorio. Me trato en el Hospital Salvador, ahí me están controlando. También tomo Novozitron, por infecciones en los pulmones… No puedo ir a recoger alimentos a otras ferias, porque no puedo andar mucho al sol. He estado también con úlceras en las piernas, así que no camino mucho… Pienso que los viejos no deberíamos estar recogiendo comida del suelo. Muchas personas estamos viviendo de lo que botan en las ferias. Pienso que las pensiones deberían ser mejores. Habrá que esperar que vayan subiendo de a poquito. A mí me daban al principio 15 mil pesos y hoy es más, aunque no me acuerdo cuánto… Pero no me alcanza. No se me hace nada esa plata. Vivo con mi mamá, mi hermana y unos sobrinos…”.

JUBILACIONES DE HAMBRE
Según informe de la Cámara de Diputados, el 53,5% de los trabajadores gana salarios de menos de 300 mil pesos mensuales. Esas cifras explican por qué no sólo se ven jubilados y ancianos recogiendo desperdicios para comer. También se observan familias, jóvenes e inmigrantes.
Ricardo -“sin apellidos”, nos dice-, de setenta y tantos, explica que deberá seguir trabajando “en lo que pueda no más, de otra forma no tengo dinero, la jubilación no me alcanza… Son apenas 120 mil pesos, así que me las rebusco… Ayudando en las ferias, recogiendo las cajas de cartón que quedan botadas, las junto y después las vendo al kilo… y también recojo lo que queda botado de frutas y verduras cuando hay algunas que se puedan comer. Limones, papas, algunas verduras. A veces quedan muchas cosas botadas que se pueden comer, y otras, está casi todo malo. Es a la suerte no más. Nunca se sabe. Por cada feria andan varias personas recogiendo, alcanza para todos… ¿Quiere que le diga algo? Los de la política son todos unos sinvergüenzas y aprovechadores. Ellos se pagan sueldos millonarios y a nosotros nos tienen con jubilaciones de hambre. Eso es lo que opino, ponga ahí que lo que se necesita son pensiones que alcancen para comer, vestirse, movilizarse, comprar remedios… ¿Cuánto es eso? Depende, pero 240 mil pesos sería una pensión suficiente, el doble de lo que yo gano”, afirma.
Según la Fundación Sol, mensualmente ingresan al sistema de AFP 500 mil millones. Más del doble de lo que se paga en pensiones, que no supera los 200 mil millones. Es decir, existe un remanente de 300 mil millones que no se utiliza socialmente y que se destina a la financiación empresarial, quedando en los bolsillos de los dueños del sistema.
A José -quizás no se llame así-, le avergüenza hablar de lo que hace para comer, y no quiere que le saquen fotos: “Voy a varias ferias -dice- vengo de otra comuna, y recorro la avenida Américo Vespucio. Ando con mi carrito y unas bolsas, buscando alimentos que recoger… En Peñalolén, muchos jubilados y jubiladas están recogiendo lo que queda tirado en las ferias libres. Ya no hay trabajo para nosotros… Algunos les piden a los feriantes que les regalen un kilo de papas, una coliflor, unas hojas de lechuga, lo que los feriantes van desechando. Otros, que nos avergonzamos de pedir caridad, recogemos desperdicios cuando los feriantes se han ido. Encontramos bastante casi siempre… Da vergüenza hacer esto. Algunos dicen que recogen para alimentar pollos o conejos, pero la verdad, es para comer uno y la familia. ¿De dónde sacar dinero para comprar tomates a más de mil pesos el kilo o limones a mil doscientos? No se puede, no alcanza… Recibo 120 lucas de jubilación y eso no se hace nada porque hay que comprar pan, gas, pagar cuentas, y ya quedaste debiendo”.

“PEOR QUE UNO”
Según el informe Pérdidas y desperdicios de alimento en el mundo, realizado en 2015 por la FAO, un tercio de la producción de alimentos para consumo humano termina en la basura, lo que equivale a 1.300 millones de toneladas anuales. En Chile, prácticamente no hay estudios sobre el tema. Según la encuesta ¿Cuánto alimento desperdician los chilenos?, de la Universidad de Talca, realizada en 2011, se registran anualmente importantes pérdidas en arroz, lechugas y papas a nivel de productores: 140,4 toneladas de arroz son desechadas, equivalente a botar nueve mil porciones semanales. Se pierden 16.550 lechugas y 1,08 toneladas de papas por hectárea. Según esa encuesta, una segunda etapa ocurre en los supermercados, ferias y comercios, donde todo lo que no se vende es desechado.
María -también “sin apellidos”, de setenta y tantos años-, nos habla mientras acarrea cajas y cajones con productos, ordenando verduras y frutas que los feriantes desecharon: “Yo ayudo, me ofrezco, tengo un carrito de esos de supermercado y les acarreo la compra a personas que vienen a la feria. En eso ando toda la mañana. Me gano propinas y, a veces, me dan algunas frutas o verduras. Las voy juntando: unas naranjas, papas, tomates, un atado de cilantro, lo que sea… Cuando la feria termina, ayudo a los feriantes a desarmar los puestos, a juntar cajas y cajones, a ordenar los carros, los camiones con las mercaderías, y ahí me gano otras lucas… Y si queda algo botado, lo que sea: coliflores, apios, tomates, alguna fruta o verdura de temporada, la echo en mi carrito… Yo vengo de una población cercana. Vivo en una casa con familiares y todo lo que me pueda llevar de la feria se ocupa para alimentarnos. Entre todos paramos la olla… Es por necesidad que hago esto, porque la jubilación es muy poca. También vengo por mantenerme activa y distraerme. Me hace bien… Ojalá las pensiones fueran más altas y no tuviéramos que estar rastrojeando basura podrida, ni trabajando a esta edad… ¿Por qué el gobierno no sube las pensiones?”.
Existe una interesante iniciativa: Olla Rabbani, un voluntariado sin fines de lucro, liderado por seguidores del sufismo. Su objetivo es alimentar a gente en situación de calle con productos que recuperan en las ferias libres. Los miércoles recolectan frutas y verduras: “Hacemos recuperación de alimentos, pero también los mismos feriantes nos donan parte de su mercancía. Una vez al mes retribuimos su colaboración con un almuerzo o desayuno. Los jueves, otro grupo cocina la Olla Rabbani: un guiso de verduras, carne y legumbres, acompañado de arroz y ensaladas. Los viernes, se reparten trescientas porciones de comida en la Vega Central. Nuestro menú, acompañado de pan, alimenta a las personas más vulnerables del Gran Santiago”, informan en su web Ollarabbani.com.
Eduardo Canales, no sabe que existe Olla Rabbani. Delgado, con lentes y afirmado en una bicicleta, amontona todo lo que puede en la feria libre. Vive frente a la Plaza Zañartu, en Avenida Pedro de Valdivia: “Vengo a recoger siempre que puedo, ¿qué quiere que le haga…? Encuentro lechugas para los conejos, pero si hay un limón, me lo llevo… Si hay una pera buena o una manzana, también vale. Voy a todas las ferias de la zona. Esta es mi vida ahora. La jubilación no me alcanza. Recibo 125 mil pesos. Gracias a dios estoy solo ahora. Me dejaron por el copete… Trago, no drogas. Yo le pegaba a mi señora, mire qué tonto fui… Y me quedé solo. Mi señora se fue, y los hijos están lejos. Ahora arriendo una pieza… Tengo insuficiencia renal y debo dializarme. A mí me cubre el Auge, si no es por el Auge estaría bajo tierra. Por eso estoy aquí, hurgueteando en la basura. En realidad me gusta… La dueña de la casa donde vivo, tiene conejos y le llevo hojas de lechuga. Me gustan los animalitos, me entretengo dibujando pajaritos… Mi jubilación era de AFP, pero me tuve que cambiar a la del Estado. Trabajé muchos años, de operario en fábricas, fui guardia y conserje. No sé si será sano o no recoger los desechos de alimentos, pero hay cosas buenas que quedan botadas. Obviamente hay que lavarlas bien. Esta es mi situación económica actual. Las jubilaciones debieran aumentarse. Creo que una persona sola puede vivir con 200 mil pesos; yo sería feliz… Pago 50 mil pesos de arriendo. Por mi enfermedad, a veces, no puedo venir a recoger alimentos. Está mal pelado el chancho, hay gente con tanta plata y otros que vivimos en la miseria. He visto viejitos que están peor que yo”.

ARNALDO PEREZ GUERRA

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 865, 25 de noviembre 2016).

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