Punto Final, Nº 871 – Desde el 17 hasta el 30 de marzo de 2017.
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Guatemala 43 niñas quemadas vivas

 

La joven está parada frente a la cámara de TN 23, de Guatemala. Empieza el relato llorando, y lo continúa gritando: “Quiero saber si está aquí mi hijo. Lo único que queremos es justicia (...) Fueron tantos años que estuve internada en esa casa hogar, y fue mucho daño lo que nos hicieron. Nos pegaban y nos violaban. Nos tiraban el semen en la cara. Me obligaron a abortar a los 13 años, y tengo un hijo ahí que no sé cómo está”.
La niña-madre estuvo varios años alojada en ese centro de tortura física y sexual llamado Hogar Seguro “Virgen de la Asunción”. Contagia la misma desesperación que llevó a otras chicas como ella a amotinarse el 8 de marzo para ser vistas, para ser escuchadas.
“Yo quiero a mi bebé. Sé que este lugar no es seguro. Estuve aquí. Me golpearon cuando estaba embarazada y uno de mis gemelos murió”, contaba Kimberly Yajaira, de 18 años. “Nos violaban, agredían y nos desnudaban cuando ellos querían”. ¿Quiénes? Los responsables de cuidarlas. Los agentes del Estado a cargo de su “seguridad”.
La hoguera fue el 8 de marzo, cuando se recordaba a otras mujeres quemadas vivas en otro rincón del mundo. La rebelión de las mujeres se paga en las hogueras de las santas inquisiciones. El espanto invade todo territorio de razón. Lorena Cabnal, maya xinka, integrante de la Red de Sanadoras Ancestrales del Feminismo Comunitario de Guatemala nos dice: “En el amanecer de este 12 de marzo hay un registro de 43 niñas, que hemos nombrado como víctimas del femicidio estatal (…) Femicidio estatal, porque fueron niñas calcinadas por la misoginia expresada en tanta negligencia institucional, en tanto poder patriarcal de las instituciones, que define a los cuerpos de las niñas como sus propiedades y define qué es lo que según su interpretación de poder, pueden resguardar. Y el resguardo es siempre bajo fuertes castigos que se imponen a las niñas que se rebelaron frente a los malos tratos vividos”.

MEMORIAS DE DINOSAURIO
Uno de los microrrelatos más breves del mundo, del escritor guatemalteco Augusto Monterroso, dice: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Años después, el dinosaurio sigue allí, recordando que el horror camina sobre sus propias huellas. Guatemala fue uno de los países más castigados del continente por un genocidio que multiplicó las masacres contra los pueblos, con un carácter fuertemente colonial y racista, y que se ensañó con las mujeres, desde un poder violento misógino y patriarcal.
Los jóvenes de H.I.J.O.S. Guatemala van hilando sus historias y afirman: .“Hoy como ayer, el castigo a la disidencia y resistencia al sistema que impone la lógica del capital es el miedo, el terror, y la hoguera. Hoy niños y niñas incinerados vivos, ayer fue masacre en la embajada de España, comunidades arrasadas, crímenes del ejército; hoy violencia y esclavitud sexual de niñas, ayer Sepur Zarco; hoy niños secuestrados a sus familias; ayer hijos de masacrados esclavizados por oficiales y soldados del ejército genocida. Vivimos la continuidad de un Estado controlado por las elites económico-militares que turnan a sus delegados en el poder, para mantener bajo control a las clases populares, mediante la dosificación del terror, según convenga. Es un terror legitimado a través de los aparatos de violencia del Estado, instituciones herederas del pensamiento autoritario contrainsurgente y un sistema legal caduco e inoperante, en manos incapaces y a veces criminales”.
El caso de Sepur Zarco es emblemático. Se trata de la denuncia, en un juicio que culminó en 2016, realizada por 15 mujeres indígenas q’eqchi, abusadas sexualmente y explotadas laboralmente luego del asesinato de sus esposos, en 1982, en el marco del conflicto armado. El coronel Esteelmer Francisco Reyes Girón, y el ex comisionado militar Heriberto Valdez, fueron encontrados culpables de los delitos de esclavitud sexual y doméstica el año pasado. Estos antecedentes se vuelven muy importantes a la hora de intentar pensar lo vivido por las niñas. La violencia sexual sistemática es un modo de actuar del poder, y constituye un crimen de lesa humanidad.

LA REBELION DE LAS NIÑAS
Lorena nos dice que la rebelión de las niñas, iniciada el 7 de marzo, tiene sus razones. “Estas niñas y los niños se amotinaron, se rebelaron. Fue una rebelión por demanda de amor, de salud, de educación, por los malos tratos, por la violencia sexual que están viviendo. Son niñas de varios departamentos de Guatemala, y hay cuatro niños de Honduras y Nicaragua, que estaban allí bajo resguardo y protección del Estado guatemalteco, porque son migrantes”.
En la declaración de la Red de Sanadoras Ancestrales del Feminismo Comunitario, se relata cómo nació la rebelión, y quiénes son sus protagonistas: “Niñas provenientes de familias empobrecidas, algunas también indígenas de varios departamentos a nivel nacional, con historias de violencia sexual, abortos forzados, embarazos por violencia sexual, trata, huyendo del reclutamiento forzado de las ‘maras’, o que el crimen organizado había cooptado a falta de oportunidades para una vida digna. Desde este feminismo comunitario que es territorial, expresamos nuestra rabia e indignación ante los hechos de grave violencia que se suscitaron desde el día 7 de marzo que conllevó la fuga masiva de 50 niñas, quienes fueron recapturadas por la Policía Nacional Civil y que para el 8 de marzo se encontraban hacinadas en un solo salón sin comida, sin poder asistir al servicio sanitario, sin bañarse, como parte del castigo impuesto por las autoridades del lugar”.
Aura Lolita Chávez Ixcaquic, lideresa del Consejo de Pueblos K’iche’ por la Defensa de la Vida, Madre Naturaleza, Tierra y Territorio (CPK), quien integra la Red de Sanadoras Ancestrales, transmite con vehemencia el dolor y la rabia de su pueblo por estos crímenes, y llama la atención: “Hay que cuidar a las sobrevivientes, porque las van a culpabilizar de lo sucedido. ¡Son niñas! Hay que exigir justicia frente a este crimen de lesa humanidad. Guatemala se está volviendo un gran centro de tortura. El mundo tiene que actuar ahora para evitarlo”.
La situación de las y los sobrevivientes empieza a mostrar otra trama invisibilizada a pesar de las muchas denuncias. La Procuraduría de Derechos Humanos (PDH), confirmó que 9 niñas sobrevivientes, que fueron llevadas a la Casa Hogar Quetzaltenango, están embarazadas. Es un secreto a voces: El Hogar Seguro es un nodo de las redes de prostitución y de trata, donde las niñas eran disciplinadas mediante la violencia sexual, física, y diversos modos de tortura. Informa la PDH que en 2016 trasladó al Ministerio Público, sin respuesta, las denuncias recibidas por abusos cometidos entre 2012 y 2016. El Juzgado Sexto de la Niñez, emitió una orden al Ministerio Público para que se investigara a cuatro monitores del Hogar, señalados como agresores por los menores de edad. Fue la Secretaría de Bienestar Social la que interpuso un amparo para que no se hicieran investigaciones. La coordinadora de esa Secretaría... ¡es la esposa del presidente de la República, Jimmy Morales!
Parecería cerrarse el círculo de las malas razones. Pero todavía hay que señalar que la guerra vivida en Guatemala, y el poder que surge de la misma, golpea especialmente a los pueblos originarios que ahí viven, y se ensaña en el cuerpo de las mujeres. Guatemala es uno de los países con mayor índice de femicidios. Solo en 2016 hubo más de 600. Un informe del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) reportó que en 2016 cada día al menos 33 niñas/os y mujeres son captados por las redes de trata de personas y alrededor de 48.000 personas son víctimas de la trata.
Concluye Lorena Cabnal: “Como feministas comunitarias nos hemos unido con varias organizaciones hermanas para una convocatoria de amor, espiritual, política, territorial, feminista. Hemos hecho un llamado a unirnos desde distintos lugares del mundo, para reclamar justicia para estas niñas. Sabemos que el Estado-nación colonial es un Estado patriarcal, fallido, pero es responsable de esta situación. Demandamos que se les responsabilice de esta tragedia que enluta a las familias de las niñas y al pueblo de Guatemala, y que asuma la entrega de toda la documentación necesaria para los procesos de investigación. Exigimos un cuidado y protección integral para el resguardo de las 17 niñas que se encuentran entre la vida y la muerte, hospitalizadas como víctimas de esta tragedia”

CLAUDIA KOROL

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 871, 17 de marzo 2017).

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