Punto Final, Nº 871 – Desde el 17 hasta el 30 de marzo de 2017.
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El refichaje Militantes exprés

 

-Ya me fiché, me dice un amigo,
-¿Cómo que te fichaste, si has sido socialista toda la vida, no había que reficharse?
-Es que me fiché en otro partido, creo que en la UDI o RN.
-¿Pero cómo?
-Iba caminando por Huérfanos hacia mi oficina, y me para una rubia despampanante: “¿Se ficha, señor? Sólo son cinco minutos”. Y bueno, qué más da, la rubia era el descoronte. Ni le pregunté a qué partido me estaba fichando, pero sí le pedí su nombre y teléfono y me los dio.
Pues así es la cosa, son “militantes exprés” -muy pocos, por cierto- que se adhieren a cualquier partido porque todos les dan lo mismo, con tal de quedar bien con la chica que los aborda en la calle, o con el amigo o el compañero de trabajo que se los pide.
Los que somos o hemos sido militantes de algún partido político estamos felices, nos sentimos importantes con el refichaje. Antes no nos daban pelota, apenas cuando venían las elecciones. Ahora nos llaman por teléfono, nos escriben, hasta llegan a nuestras casas con un paquetito de pasteles, como la encargada del refichaje que se apareció en mi casa el viernes en la tarde. Porque a los chilenos que estamos fuera del país nos tratan estupendamente, ahora somos muy considerados.
“Vengo a ver si ya te refichaste. Si no, aquí te traigo los papeles”. Y cuando le digo que no me pienso refichar, en lugar de enojarse casi se pone a llorar. “¿Pero por qué, cómo…? Es que tenemos que cumplir una cuota de fichas”. Le pregunto quién inventó esta ridiculez, que antes, cuando uno entraba a un partido, siempre con recomendaciones de un militante, no había formalidades, ni firmas ni nada. Comenzabas de simpatizante, después de un tiempito, si te portabas bien, llegabas a militante; te asignaban a una base y allí tenías que asistir a reuniones -generalmente semanales- discutir el informe político, nacional e internacional, pagar tus cuotas y hacer lo que te encargaran. Pero ojo, si entrabas al Partido Comunista ya no salías nunca más a no ser que te expulsaran. Nada de refichajes, la cosa era de por vida. Y si te expulsaban era como ser excomulgado, te cerraban todas las puertas, no te dejaban entrar a ningún “frente de masas”, fuera el que fuera. Eras un apestado, te perseguían como al peor enemigo.
Ahora es al revés, y eso les pasa a los partidos por haber aceptado tranquilamente vivir más de 25 años bajo las normas de Pinochet-Jaime Guzmán.
Nadie quiere meterse de verdad a un partido porque todo el mundo los odia, se han desprestigiado tanto que habrá que buscar otro tipo de organización, al menos con otro nombre. En Chile hay 14 millones de potenciales votantes. ¿Y saben cuántos militantes de partidos? Pues según datos del Servicio Electoral la cosa es así, en número de personas y su porcentaje en el padrón electoral:
DC:      13.971            =          0,098% del padrón 
PC:      6.000             =          0,042%
PPD:    5.870              =          0,041%
PR0:    18.446            =          0,130 %
PRI:     17.563            =          0,124%
PRSD: 4.659             =          0,032%
PS:       25.769            =          0,182%
RN:      9.203             =          0,065%
UDI:    7.001             =          0,049%
La cifra de inscritos que se requiere para mantenerse como partido legal es de 18.255 electores, o sea el 0,129% del padrón electoral. En total, los partidos políticos chilenos cuentan con 108.482 militantes: 0,768% del electorado. Entre todos no llegan siquiera al 1%. Y esto contradice lo planteado por ellos mismos, que se levantan el tarro asegurando tener montones de adherentes, lo que no es cierto.
A fines de 2015, el PPD decía contar con 96.238 militantes; el PR tenía 83.018, la UDI 72.821 y RN 91.870. Pero la nueva ley de partidos políticos les dio un año para demostrar que tenían al menos 18.255 inscritos y, a menos de un mes de que venza el plazo, el 14 de abril, no lo han logrado.
Imagínense si cuando se instauró la dictadura todos hubiéramos estado fichados, anotados con nombres, direcciones y todos nuestros datos. Pues no se habría salvado nadie. Hasta peligroso es esto del refichaje. Pero tiene su lado bueno: los partidos políticos han quedado en evidencia. No tienen la militancia que dicen. No son nada. Parece que sus bases son puros empleados a sueldo, funcionarios del Estado. La gente que de verdad cree en la política, que de verdad quiere cambiar a Chile y al mundo, no se mete a uno de los partidos actuales. Entonces, ¿qué hacer? Pues no hay que obedecer más a estas instituciones estúpidas que nos dejó la dictadura. Exijamos una Asamblea Constituyente, eliminemos el Servel, el Tribunal Constitucional, las AFP y toda esa basura que nos pone en ridículo ante el mundo.
¿Y qué pasa si casi ningún partido logra llegar al mínimo legal de militantes? Muy sencillo, se reúnen los dirigentes en la cocina del Chico Zaldívar y eligen al presidente de la República entre ellos, y si no se ponen de acuerdo lo echan al cara o sello entre Lagos y Piñera, al fin y al cabo da lo mismo. Porque si no, se caen todas esas instituciones que funcionan tan bien.

Margarita Labarca Goddard

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 871, 17 de marzo 2017).

 

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