Punto Final, Nº 883 – Desde el 1 hasta el 14 de septiembre de 2017.
Documento sin título
Buscar
Ultimo editorial

Homenaje

Carta al director
Ediciones Anteriores.
En Quioscos
Archivo Histórico
Acto Miguel Enríquez
Discursos:
- Carmen Castillo
- Melissa Sepulveda
- Lorenza Soto
- Felipe Quezada
- Coordinadora Arauco-Malleco
Autobiografía de un rebelde
Regalo

El humor de Mico

 

 



Se acaba de publicar el libro de humor gráfico Lo mejor de Mico (Ediciones Radio Universidad de Chile). El autor es Luis Henríquez Rojas (Mico), 52 años, tres hijos, dibujante de vasta trayectoria en el medio gráfico nacional. Mico ha publicado en distintos medios, en especial en el diario La Nación y en la revista Punto Final, destacándose por su original sentido del humor en lo social y político. Sobre estos temas conversó con PF.
¿Cómo nace la idea del libro?
“Nace del interés de Juan Pablo Cárdenas, director de Radio Universidad de Chile y de su sello editorial. Me propone hacer un libro con un compilado de los dibujos publicados. Pero había un factor: que la mayoría era digital, salvo lo de Punto Final, en papel. He publicado bastante en formato Internet. No había un registro impreso de ese material. Cárdenas me dio libertad para hacer yo mismo una propuesta a la editorial. Y lo que presenté es casi lo mismo que quedó en el libro”.
El volumen está dividido en capítulos: campañas políticas, protestas, señores políticos, educación, Transantiago, etc. ¿Cómo fue el proceso?
“Calculo que tengo más de dos mil dibujos, solo del año 2000 en adelante. Ni siquiera me metí en los años 90. Mi idea era presentar grandes temas, y las ideas se fueron alargando hasta formar doce capítulos. De todo el material fui seleccionando temáticamente y luego reduciendo hasta llegar a catorce dibujos por capítulo”.

LA CREACION DEL DIBUJO
¿Cómo haces para crear un dibujo. Para elegir el tema?
“La mecánica es mantenerse informado. En el diario La Nación, por ejemplo, eso era indispensable, porque el chiste que debe aparecer al día siguiente tiene que ser contingente. Había chistes que podían ser muy buenos, pero después de 48 horas ya no lo eran. Otras cosas estaban ocurriendo. El chiste debía servir para la mañana del día en que aparecía el diario, no para después”.
¿Dibujabas varias caricaturas a la vez?
“Hacía varios bocetos, cinco o seis, y el editor responsable elegía. Prefiero esa mecánica a entregar directamente un dibujo final, porque el editor también tiene buen pulso para detectar cuál es el mejor chiste para la ocasión. Veo la televisión, los noticiarios, escucho la radio, reviso también los portales de noticias. También es importante ver lo que ocurre en las redes sociales”.
Ahora, sobre todo…
“No es menor, porque en las redes sociales circulan muchos memes. Para mí el meme es un tipo de humor gráfico, porque captura una fotografía y le inserta un texto para transformarlo en un artefacto cómico. Digo artefacto usando la palabra de Nicanor Parra, porque él hacía memes. Recortaba fotografías de diarios o titulares y armaba un artefacto poético irónico, humorístico, que es lo mismo que hacen ahora los chicos pero en formato digital”.
¿Cuánto demoras, cuando ya tienes ubicado el tema, en dibujar el chiste?
“Cuarenta y cinco minutos o una hora, pero algunas veces me toma más tiempo hacer el chiste, porque es más difícil pensar que dibujarlo”.
¿Desechas muchos bocetos?
“Muchos. Tengo una caja de bocetos que quedaron sin publicar. Son dibujos inéditos que ni siquiera pasaron a la fase original. Mucho de ese material lo reciclo cuando hay que hacer un resumen anual”.

EL PASO POR “LA NACION”
Durante la dictadura también publicaste en la revista “Análisis”.
“Eso fue en 1988, en abril, en plena campaña por el plebiscito. Hasta 1993 aproximadamente. Allí publiqué quincenalmente. Después tuve una página completa de humor. Ya en democracia, me integré al equipo de La Nación con Abraham Santibáñez como director, y permanecí ahí hasta mayo de este año, cuando me despidieron de La Nación digital. Estuve más de 26 años en La Nación, en sus dos formatos, impreso y digital”.
¿En qué está ahora “La Nación”?
“Es un portal de noticias activo, pero lamentablemente ha bajado su lectoría. Mucha gente cree que ya desapareció el diario. Está privatizado”.
¿O sea, Piñera vendió todo?
“Todo. A excepción del archivo, muy valioso. La Nación fue el primer diario que publicó fotografías en primera plana. Nada menos que una de la Primera Guerra Mundial. Cuando pasó a ser estatal, en la década del 30, los fotógrafos de La Nación tenían entrada privilegiada a La Moneda. Las mejores fotos presidenciales están en ese archivo”.
¿De quién es la propiedad del archivo?
“Fue traspasado, para su administración, a la Universidad Diego Portales que lo administra. Todo ese material puede ser conocido por las personas que quieran hacer investigaciones”.

HUMOR EN DICTADURA
¿Cómo era trabajar en dictadura? Una situación trágica para hacer chistes…
“Yo empecé a publicar el año 88, cuando las medidas represivas estaban más relajadas. Después del atentado a Pinochet y previo a la visita del Papa, acercándose el plebiscito, la dictadura suavizó su trato con los medios para dar la sensación de que había libertad. Fue una época compleja para la prensa escrita y para hacer humor, incluso en el 88, cuando estábamos tan cerca del término de la dictadura. Se arrastraban todos los dolores y rabias acumulados. La censura y autocensura eran muy sutiles, diría que incluso se hizo algo más difícil en el periodo de transición justamente porque se quería evitar toda reacción del mundo militar. Desde que llegó Aylwin en los 90 fue notorio que había una presión para que los medios no irritaran a los militares”.
¿No se podía tocar a Pinochet?
“Mi primer dibujo fue una caricatura de Pinochet con Matthei, pero después tuve que ser un poco más sutil. No hubo represión, pero empezaron a desaparecer los medios. No había para qué clausurarlos. Se estaban cerrando por falta de publicidad, de financiamiento. Desapareció Cauce, Apsi, Análisis, distintas revistas que tenían páginas de humor. Recuerdo que la revista Cauce tenía un suplemento que se llamaba La Cacerola, con muchos dibujantes. Al desaparecer la revista desapareció el espacio para dibujar.
Hubo otros intentos de publicar humor político. Recuerdo una revista que se llamó El Lodo y otra El Humanoide en los años 90, pero no duraron. Había otra revista que quiso ser entre picaresca y humorística, El Quirquincho. También desapareció por falta de publicidad. En ese sentido hay una complicidad enorme de los gobiernos democráticos al no apoyar los medios independientes. Así desaparecen también los espacios para publicar humor político”.

LA VOCACION DE MICO
¿Desde cuándo viene tu interés por el dibujo?
“Desde muy pequeño, desde que tenía tres años. Mis padres, ambos profesores normalistas, descubrieron mi habilidad para el dibujo. Cuando entré a la escuela, me detectaron dos problemas de aprendizaje, yo tenía dislexia y dislalia. O sea, tenía todo mal. Y el ejercicio que me hacían para superar estos problemas de lenguaje y de lectura, estaba en relación con los dibujos. Primero aprendí a dibujar, luego a leer y escribir. En ese orden”.
¿Pero estudiaste dibujo?
“Sí, estudié arte en el 83 en la Universidad Católica, estuve un año allí, y ese año comenzaron las protestas contra la dictadura. Se llamó a un paro nacional que se transformó en la primera protesta nacional. Se desató la resistencia masiva. En esa vorágine, muchos jóvenes que estábamos entrando a la universidad creíamos que Pinochet caía en septiembre. Después entré a estudiar en la Universidad de Chile, cuatro años más estudiando arte”.
¿Por qué escogiste el tema político? Podría haber sido otro como el deporte, o algo así…
“Desde joven asumí la militancia. Empecé a militar en la Izquierda Cristiana. Pero mi inquietud política venía desde antes. Mi padre fue preso político, estuvo en el Estadio Nacional y en Chacabuco. Lo sacaron detenido de la UTE junto con Víctor Jara. Adquirí conciencia política desde muy joven, me informaba, me educaba leyendo, leía la prensa alternativa. Y me di cuenta que mi capacidad para el dibujo podría ser un buen instrumento para un aporte a la resistencia contra la dictadura.
La oportunidad de trabajar en los medios la facilitaron muchos amigos: Roberto Celedón, abogado de DD.HH, Jorge Montealegre y Lidia Baltra, por ejemplo. Y tengo que decirlo, todos los directores que hubo en La Nación me dieron su absoluta confianza y con los editores nunca tuve problemas”.

HUMOR GRAFICO DE HOY
Perteneces a una generación que se formó luchando contra la dictadura. ¿Qué sientes hoy?
“En ese momento no había muchas alternativas. La vía insurreccional había fracasado. Había que asumir que la vía política era votar por el No. La decepción fue tremenda cuando muchos de los que votamos por el No creíamos que efectivamente se podía hacer más de lo que se hizo ‘en la medida de lo posible’. Se sabe que había una postura predominante en la cúpula de la transición democrática de moderar todo intento de justicia y equidad”.
¿Qué pasa hoy con el humor gráfico?
“El déficit editorial respecto al humor gráfico es enorme. No me quejo de las revistas que ya no existen, pero los medios no le dan suficiente espacio al humor gráfico, al humor político, a la ironía. Aunque es cierto que existen los formatos digitales que permiten publicar gratuita e instantáneamente muchos dibujos. Algunos dibujantes han surgido haciendo humor gráfico en Internet. El ejemplo de Malaimagen es emblemático. Pero son muy escasos. Siento que hay talento desperdiciado, buenos dibujantes que hacen humor muy bueno  pero que no es publicado”.

ALEJANDRO LAVQUEN


Mico muralista

Una faceta importante en el trabajo de Mico es el muralismo y su vínculo con las organizaciones sociales.
Su primer mural lo pintó en 1982 en la Pastoral Juvenil de la calle Carrera, detrás del colegio de los Sagrados Corazones. Al año siguiente estudió temas del muralismo latinoamericano y europeo en la biblioteca del campus Lo Contador de la Universidad Católica. En 1985 se integró a un grupo juvenil que funcionaba en la capilla Cristo Quemado, de Lo Prado. El grupo tuvo activa labor entre los pobladores del sector donde brotaba la resistencia a la dictadura. La mayoría de sus miembros se hicieron militantes de la Izquierda Cristiana: se transformaron en la brigada muralista de ese partido. Durante la campaña del No, en 1988, las Unidades Muralistas Camilo Torres de la IC se unieron con otras brigadas que operaban en Santiago, de las JJ.CC., JS, MIR y FPMR, formando una coordinadora que dejó de funcionar hacia 1992.
Más adelante Mico comenzó a pintar murales con el Movimiento Eucarístico Juvenil, dependiente de la Compañía de Jesús. Ha sido invitado por los jesuitas a pintar murales y enseñar ese arte a muchos jóvenes en Argentina, Paraguay, Brasil, Perú, Bolivia y España.
En 2012 participó en el gran mural (80 metros cuadrados) en homenaje al Padre Hurtado en el Museo a Cielo Abierto de San Miguel.
En la actualidad, Mico sigue pintando murales con organizaciones ecologistas en comunas amenazadas por conflictos medioambientales. Es un trabajo autogestionado, colectivo y comunitario.

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 883, 1º de septiembre 2017).

revistapuntofinal@movistar.cl
www.puntofinal.cl
www.pf-memoriahistorica.org
¡¡Suscríbase a PF!!

 

 

Punto Final
Translation

Google Translate

En esta edición

El legado de Allende

“La corrupción es la esencia del modelo”

Despinochetización a cuentagotas

La DC en el golpe

La tragedia del empleo informal y por cuenta propia

En edición impresa

Los métodos de la CNI

Derecha y Falange convalidaron masacre del Seguro Obrero

El humor de Mico

La verdad de Venezuela

Así se gestó la Revolución Rusa (primera parte)

¿Qué hacer con nuestros valientes soldados?

Visita