Punto Final, Nº 885 – Desde el 29 de septiembre hasta el 12 de octubre de 2017.
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Los afrechos de Bofill

 

La sabiduría popular lo dice: la culpa no es del chancho, sino del que le da el afrecho. O en otras palabras, la responsabilidad de que un exministro de la dictadura como Sergio Melnick sea panelista estable en un programa de debate en la televisión no recae en último término en ese propagandista del pinochetismo, que simplemente va donde lo llaman y le pagan. La responsabilidad es del director de prensa de Canal 13, Cristián Bofill, que define la pauta y fija los criterios de su estación televisiva.
Ante la decisión de la candidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, de no concurrir a un espacio donde se valida y legitima el prontuario de un antiguo funcionario de primer nivel de la dictadura pinochetista, Cristián Bofill señaló: “Para Canal 13 es de la esencia de la democracia y del periodismo el debate respetuoso entre personas que representan diferentes visiones”. ¿Cómo negar esta afirmación? ¿Quién en teoría podría rechazarla? El problema es que toda la acción profesional de Cristián Bofill, desde su paso por La Tercera hasta su arribo a Canal 13, se puede entender como una negación sistemática y deliberada de ese principio.
Un debate plural exige un marco básico, donde la comunicación pueda fluir, entendida como libertad de expresión, control de la concentración de la propiedad de los medios, derecho a la información y diversidad en los contenidos, entre otros aspectos. La existencia de estos criterios permite llegar a un pluralismo informativo estructural, entendido como un conjunto de precondiciones institucionales que garanticen y promuevan la comunicación libre, participativa y equitativa de intereses, ideas y realidades del país. Para eso se deben garantizar condiciones institucionales en los medios, por medio de garantías y regulaciones que permitan a la población acceder a la información sin restricciones arbitrarias.
En especial se debe garantizar la autonomía de los medios de comunicación respecto a quienes ejercen el control de su propiedad. La democracia exige que los medios de comunicación no dependan de un puñado de financistas que extorsionen o presionen sobre las líneas editoriales mediante la disminución de financiamiento y auspicio, o utilicen sus medios de comunicación como un arma financiera o comercial.
No hace falta demostrar lo alejado que está Chile de esta realidad. Lo grave es que gente como Cristián Bofill apelen a este tipo de principios para legitimar modelos de comunicación que van frontalmente en contra de estos criterios. Si Bofill creyera en el “debate respetuoso entre personas que representan diferentes visiones”, la composición del panel estable de sus programas políticos tendría una composición pluralista, acorde a la diversidad nacional, y no estaría acotado al minimalismo binominal/neoliberal.
Si Bofill creyera en el pluralismo informativo Maximiliano Luksic, hijo de Andrónico Luksic, el dueño del canal, no sería su subdirector ejecutivo. De la misma forma, Bofill habría resguardado durante los catorce años en que dirigió La Tercera la influencia indebida de Alvaro Saieh respecto al medio de su propiedad, estableciendo un límite entre el control financiero de la empresa (Copesa) y la dirección de prensa de La Tercera, como medio de comunicación. Recordemos que La Tercera nunca publicó información alguna sobre los problemas de solvencia de Corpbanca o supermercados Unimarc, propiedades de Saieh, mientras Bofill era director de ese diario.
Lejos de eso Bofill siempre ha actuado como funcionario irrestricto de los dueños de los medios que ha dirigido, ya sea Saieh o Luksic. De esa forma un domingo de abril de 2016 el noticiero Teletrece abrió su programación presentando por largos minutos un video que Andrónico Luksic subió a YouTube con el fin de responder a las críticas que se formulan contra su holding. En ningún momento Bofill mencionó que Luksic es el dueño del canal. Por supuesto en Teletrece se puede ver constantemente profusa información sobre las actividades del grupo empresarial que controla el canal, por ejemplo, sobre Minera Los Pelambres, pero nunca se ha dado la palabra a la comunidad de Los Pelambres afectada por esta actividad minera.
Que Sergio Melnick sea panelista político estable en este canal es reflejo de este tipo de gestión periodística, que confunde deliberadamente a su audiencia, convirtiendo la defensa de un grupo económico en libertad de prensa y blanqueando como pluralismo mediático la representación de un personaje que era ministro de una dictadura que cometía crímenes de Estado, y que como tal recibía constantemente informes de la CNI sobre sus “logros” y “objetivos”.

Alvaro Ramis

 

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 885, 29 de septiembre 2017).

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