Punto Final, Nº 887 – Desde el 27 de octubre hasta el 9 de noviembre de 2017.
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Corea del Norte

La vida simplemente


Muchachas en traje tradicional para festejar la fiesta nacional de la RPDC.

 

En la capital de Corea del Norte, Pyong Yang, son perceptibles las consecuencias de las sanciones alentadas desde hace años por las potencias occidentales y refrendadas por la ONU. Las primeras no se guardan de aplicar disposiciones que deberían respetar dictámenes de la ONU, tal como sucede con decenas de resoluciones condenatorias de Israel que la misma comunidad internacional se abstiene de aplicar. Por otro lado, el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a un conjunto de organizaciones que bregan por la abolición de las armas atómicas(1), puso al desnudo que las potencias nucleares pontifican al respecto, pero no dijeron una palabra cuando en julio pasado fue firmado por 122 Estados el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares.
Las sanciones tienen un doble rasero. Por ejemplo, el escaso tráfico de automóviles que se observa en Pyong Yang es resultado de la carencia de petróleo que afecta al régimen coreano. En las carreteras por donde transitamos pude constatar que las rutas son hechas con cemento sin utilizar derivados del petróleo -que están bajo embargo- como el asfalto.

SORPRESA EN UN SUPERMERCADO
Sin embargo, los almacenes y supermercados que visitamos ofrecen gran surtido de bienes de consumo: frutas (melones, duraznos) y legumbres, repollo, arroz, cebollas, maíz, zapallo, pescados, mariscos, tallarines y conservas diversas. Pero ni tomates ni otras verduras. Muchos productos de uso cotidiano como dentífricos, jabón y champú de factura nacional se exhiben en un gran supermercado de Pyong Yang donde hice con mis acompañantes un shopping indagatorio. Junto a las cajas de pago hay una caseta donde una funcionaria cambia moneda extranjera(2). Por 100 yuans chinos me entrega un fajo de wons coreanos. Recorro los pasillos y me doy cuenta que hay alcohol nacional (destilado de murtilla) y cerveza, esta última en gran cantidad. En un estante descubro un chianti italiano a un precio prohibitivo para un coreano. El pasillo con artículos de librería atrae mi atención, porque descubro cuadernos para escolares con relucientes tapas rojas de plástico y una frase dorada. Lo tomo, pensando en un buen regalo para un niño, pero la cajera hace sonar un pito y mis acompañantes llegan presurosos: me explican que los cuadernos “son para nuestros niños”, que un extranjero no puede comprarlos. Perplejo salgo del supermercado con otras compras: chocolates, bebidas gaseosas (que los coreanos llaman “jugo de limón” o “jugo de naranja”), galletas, previa ingestión de una especie de completo. Mientras tomo un helado de vainilla, pregunto porqué la prohibición de venta del cuaderno. Evasivos, mis acompañantes repiten que “no se puede vender cuadernos a extranjeros”. Pero la interrogante seguirá rondando en mi cabeza.

UN ASADO AL AIRE LIBRE
Por la tarde de ese domingo veo que en casi todas las plazas de la ciudad grupos de jóvenes (estudiantes y liceanos de ambos sexos) se preparan a participar en la fiesta nacional, el aniversario de la independencia de la República Popular Demócratica de Corea. Disciplinadamente, en grupos compactos de 400, marchan, giran y hacen conversiones en plazas y avenidas. Es posible ver grupos de jóvenes y jovencitas, estas últimas con atuendos tradicionales, que al son de música folclórica ejecutan los mismos ejercicios: “Se preparan para la fiesta nacional” me dice Ju, uno de mis acompañantes. Ese mismo día visitamos la colina Moran. Subimos por un sendero de adoquines y veo que hay parejas, familias y niños que vienen a descansar debajo de los árboles. Algunos asan carne en unos braseros a gas. En un teatro abierto, centenares de jóvenes bailan y cantan. Son ritmos occidentales, las muchachas y muchachos se contorsionan al son de música pop. Desde lo alto de la colina se puede ver un estadio repleto de espectadores que rugen alentando a sus equipos: “Aquí el fútbol es un deporte muy popular” dice Ju y agrega burlón: “La selección de su país no pudo ganarnos en Inglaterra en 1966...”.

BREVE HISTORIA DE COREA
Pyong Yang fue fundada el año 427 por la dinastía Koguryo. En el siglo VII el reino comenzó a derrumbarse ante los ataques de los Tang (China). En realidad existían tres reinos en esa época: el Koguryo en el norte de la península; Paekche en el centroeste y Silla, en el suroeste. En el siglo X, un jefe militar unificó la península fundando la dinastía de Koryo que existiría 500 años y que dio el nombre a Corea. Los mongoles hicieron su aparición en el siglo XIII. Desde 1231 las fuerzas de Kublai Khan aniquilaron la prosperidad de Koryo y en 1254 sometieron completamente a los coreanos. Desde allí prepararon las invasiones a Japón (1274 y 1281) haciéndose a la mar en barcos construidos por los astilleros navales coreanos. Los japoneses repelieron ambas invasiones gracias, dice la leyenda, a los tifones o “vientos divinos” (kamikaze). La derrota de los mongoles en China por la dinastía Ming alentó a militares coreanos que tomaron el poder expulsando a su vez a los Ming. El general Yi Seong Gye, con el nombre de Taejo, fundó la última y más prolongada dinastía (1392-1910), bautizándola Chosón. Letrados, consejeros y funcionarios buscaron poner orden en la sociedad coreana, basándose en los preceptos confucianos(3), lo que valió a Corea ser considerada más “confuciana” que China.
Fue durante este periodo y bajo el reinado del rey Sejong que se inventó el alfabeto fonético, el hangeul (1443), que transcribe los sonidos, más simple y más fácil que los caracteres chinos. “Fue también una manera de expresar el patriotismo coreano”, me explica Ju, agregando que “la elite de funcionarios se opuso a su propagación, porque leer a Confucio en chino era una tarea difícil y solo los vástagos de la casta de los letrados tenían acceso a ese conocimiento, lo que les garantizaba éxito en los exámenes para ingresar a la administración de nuestro país”.
-Una forma de garantizar la reproducción de las elites, como escribirán siglos más tarde Pareto y Mosca...- digo sonriendo. “Claro, me replica, siempre ha sucedido así... Por eso nuestro líder (Kim Il Sung) hizo que nuevos sectores sociales tuvieran acceso a la cultura y al conocimiento”.

MESSI Y RONALDO, FIGURAS POPULARES
Después de visitar el Museo de la Guerra de Liberación me conducen al Museo de la Creación del Partido, cerca de la colina Haebang donde se encontraba el comité central del Partido de los Trabajadores Coreanos. También hay una residencia relativamente modesta que ocupó Kim Il Sung al acceder al poder. En los días siguientes visito una institución de enseñanza, un liceo, “porque en la universidad están entrenando a tiempo completo para el desfile de conmemoración de la independencia”, me dice Ju. Hay muchachas y muchachos quinceañeros en plena evaluación de sus aptitudes militares: marcha, giros y breve alocución ante un examinador de uniforme. Nos recibe una profesora de inglés y visitamos un aula de cuarenta alumnos de ambos sexos, separados los jóvenes de las niñas. La profesora nos presenta y una muchacha me pregunta qué materia enseño en la universidad en París. Comienza un nutrido interrogatorio sobre Europa y lo que se piensa de Corea del Norte. Luego, la profesora me explica que yo también puedo interrogarlos, pero los muchachos desencadenan otra serie de preguntas sobre los jugadores del Paris Saint Germain, del Barça, del Real Madrid. Las chicas, más discretas, me preguntan sobre actrices francesas, algunas de las cuales no conozco. Me preguntan por el general De Gaulle y qué pienso de la guerra de Corea.
Aparte de Brasil y México, los jóvenes tienen una idea muy vaga de América Latina. En cambio conocen muy bien a Messi, Ronaldo, Maradona y Neymar, pero ni a Fidel Castro ni al Che Guevara, menos aún a Salvador Allende o Pablo Neruda.
Visitamos el teatro del liceo, donde un grupo de unos quince alumnos nos regala canciones tradicionales coreanas y algunas más modernas.
Terminando la tarde nos recibe en el Hospital para Niños “Kim Il Sung”, el doctor Kim Unsang. Es un moderno hospital con 300 camas que trata enfermedades particularmente graves. Los estudiantes de medicina coreanos, me explica el doctor Unsang, realizan estudios de siete años y luego deben hacer prácticas durante tres años en diferentes puntos del país: “El derecho a la medicina es uno de nuestros logros”, me dice. “Nadie aquejado por una enfermedad, por grave y complicada que sea, es dejado de lado”, concluye.

REFLEXIONES SOBRE LA AMENAZA DE GUERRA
Al regresar al hotel hacemos un alto en el barco-restaurante del río Taedong, donde el capitán es uno de los comensales. Atardece y la hora es propicia para conversaciones más de fondo.
En la edificación del socialismo, el padre de la RPDC -Kim Il Sung- delineó tres ejes programáticos: una revolución ideológica, otra técnica y una cultural. Sin lugar a dudas que en los últimos años lo tecnológico se ha privilegiado sobre todo en el sector de informática y electrónica. “Si esta orientación no hubiese sido enunciada por nuestro líder hace tantos años, no estaríamos ahora en condiciones de hacer frente a los peligros que se ciernen sobre nuestra patria”, me explica un muy serio Ju.
“Recuerde -agrega- que cuando los imperialistas desencadenaron la guerra en los años 50, disponían de medios muy superiores a los nuestros en todos los planos, además del arma atómica que MacArthur quería utilizar. Sin embargo les hicimos frente con dignidad y valor, y los derrotamos. De una nueva guerra, si cometen la locura de desencadenarla, también saldremos victoriosos”, concluye. Pero -contesto- la desproporción de fuerzas sigue siendo muy desfavorable para la RPDC, y el costo implica vidas humanas y la destrucción de todo lo cosntruido desde 1953... “Usted sabe -contesta- que la diplomacia es también parte integrante de un conflicto, a veces casi más importante que el componente militar propiamente tal. Hay cosas que nuestro gobierno no puede explicitar, pero tenemos información de primera mano: hay un sector del enemigo que quisiera desencadenar una guerra, pero otros se oponen y la Unión Europea, tan servil hasta ahora, duda y se aparta de la vía militar. Estamos preparados, como en los años 50 cuando la fuerza aérea de EE.UU. bombardeaba nuestro suelo. Tuvimos casi 3 millones de víctimas y aprendimos a defendernos con nuestros propios medios. Cada milímetro de nuestra patria está defendido y disponemos de conocimientos en el arte de la guerra cibernética y por cierto también de la guerra convencional. Una cosa es bombardearnos, en ese caso el imperialismo recibirá el castigo que le hemos prometido en sus bases del Oceáno Pacífico, así como sus aliados. Pero no podrán ocupar nuestro territorio pues para eso necesitan combatir en nuestro suelo, metro a metro, y ellos no están en condiciones de soportar ese sacrificio. En cambio nosotros sí”.
Yendo de Pyong Yang hacia el este atravesamos una región cortada por la cadena montañosa Masikniyang. Conversamos con Ju de la guerra contra Japón y la de 1950-1953. Mi acompañante tiene familiares -abuelos y tíos- que sobreviven a ese conflicto. “Mire, dice, los imperialistas y sus secuaces arrasaron nuestro país. Pyong Yang es hoy una bella y moderna ciudad. Pero al final de la guerra estaba en ruinas. Hemos reconstruido y dotado a nuestra patria de los medios necesarios para su defensa” .
Observo por la ventanilla del bus y veo colinas y cerros que abrigan misterios en sus vientres, hasta que llegamos a Wonsan, al borde del Mar del Este (o Mar de Japón). En esta playa tomo un reparador baño y alcanzo la boya que indica hasta donde está permitido nadar. Al día siguiente hacemos una excursión en el Kumgang, donde hay una montaña que Kim Il Sung escaló y desde la cual prometió consagrar su vida a la lucha contra el ocupante nipón. Como estamos en un plano de promesas, nos prometemos reencontrarnos en París o Pyong Yang: “Seguramente usted estará más pronto de regreso en la RPDC que yo en París...”, me dice sonriendo. -Si es así, espero esa vez ver a alguno de sus dirigentes-, le respondo.

PACO PEÑA
En Pyong Yang

Notas
(1) El Comité Nobel de Oslo otorgó el Premio Nobel de la Paz a un conjunto de 468 ONG de 101 países por la Campaña por la Abolición de Armas Nucleares.
(2) 100 yuans chinos equivalen a 12,28 euros, es decir, 12.607 wons coreanos. El salario medio de un obrero coreano es de 50 dólares.
(3) Confucio (552-479), confucianismo, religión de Estado durante la dinastía Choson. Constituye una base ética, a la que chinos y coreanos aún adhieren a pesar de los cambios ideológicos. Pone de relieve el respeto a los padres y a la familia, la lealtad a los amigos y la seriedad en los estudios. Preconiza el respeto y la deferencia con los representantes de la autoridad.

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 887, 27 de octubre 2017).

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