Punto Final, Nº 890 – Desde el 8 hasta el 21 de diciembre de 2017.
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Dilema mapuche

¿Turismo o hidroeléctricas?

 

Luz María Huenupi Relmucao, presidenta de la comunidad Juan Meli.


Aunque todavía no existe un gran desarrollo del turismo indígena, pudiera convertirse en un instrumento económico que genere ingresos para Melipeuco, Curarrehue o Lonquimay. Por eso, las comunidades mapuches advierten que las hidroeléctricas están hipotecando el futuro de Meli pewun ko (encuentro de cuatro aguas). “El turismo mapuche tiene una conexión importante con la ecología y es manejable por las comunidades, en cuanto depositarias de los conocimientos asociados. Constituye, por lo tanto, una buena estrategia complementaria en la supervivencia socioeconómica y cultural”, señala el antropólogo Wladimir Painemal Morales. Los altos índices de pobreza y escasas fuentes laborales en La Araucanía son aprovechados por las empresas para generar expectativas económicas, ofrecimientos de recursos y fondos concursables, e ir así apoderándose del territorio.
En Melipeuco viven alrededor de seis mil personas. El 24,1% son pobres, y un 7,4% indigentes, según cifras de 2009. Casi un tercio de los hogares son dirigidos por mujeres. La escolaridad promedio no supera los 6,4 años, es decir, se llega hasta sexto o séptimo básico cuando mucho. Las mujeres -las más perjudicadas-, tienen aún baja participación laboral y altos índices de desocupación. En la comuna hay 11% de analfabetismo y el 61% de la población solo cursó la educación básica.
Las cifras al interior de las comunidades y en los sectores rurales son aún peores. Según el Censo 2002, un 37,2% de la población es mapuche. Sin embargo, según la encuesta Casen 2009, serían 52,9%. Para la Asociación Mapuche Folil Koyam, la cifra es de 70%, y un 83,9% vive en el sector rural. Sólo un 3,4% de la población mapuche cursó alguna educación media con mención técnica, y apenas un 1,5% posee educación universitaria. Otra cifra decidora es que el 46,5% de las explotaciones agrícolas corresponden a productores mapuches, quienes poseen sólo el 8% de la superficie de explotación, según la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (2001). Aunque la mayoría de la población mapuche vive en el campo, las tierras ya no alcanzan a producir lo necesario para sustentarles. En la comuna no hay muchas oportunidades laborales y, en general, los jóvenes salen a buscar trabajo fuera del territorio, en faenas agrícolas, en la poda, raleo y cosecha. Otros van a Argentina también como temporeros. Viajan por meses en lo que se denomina migraciones “golondrina”, porque “van y vuelven con las temporadas”.
Melipeuco se ubica en la precordillera de la Región de La Araucanía, provincia de Cautín, en la falda sur del volcán Llaima: Llaimache es la gente del Llaima. Importante en la economía del territorio -Llaimamapu- es su condición de paso cordillerano, constituyendo un espacio de intercambio de bienes económicos, culturales, etc., entre ambos lados de la cordillera. El valle no se caracteriza por tener las mejores tierras agrícolas: son tierras cordilleranas demasiado rojizas (trumao), y fuertes nevadas y heladas que dificultan la producción agrícola.

VIVIR EN MELIPEUCO
José Relmucao Porma (81 años), lonko de la comunidad Juan Meli, explica: “A nuestra comunidad le asignaron 1.150 hectáreas, así decía en el Título de Merced. Pero sólo nos entregaron 600 hectáreas. Vino la fundación del pueblo en 1941; en 1981 se declaró comuna, pero el resto de las tierras nunca nos fue entregado… Mis cinco hijos viven en la ciudad, a la siga de trabajo para ganarse el sustento diario, porque el campo ya no da abasto, no porque no sea productivo, sino porque tierra para cultivar casi no existe. Entonces, vivimos de esta manera, casi sin recursos. Hay muy poco espacio para las nuevas familias de la comunidad. El Estado tendría que expropiar o comprar fundos, pero no entregar terrenos más a la cordillera, porque allí vamos a padecer frío. Acá hay pura gente anciana. Yo veo y escucho muy poco, ando lento, ya pasó mi edad útil… Los jóvenes salen a trabajar al pueblo o más lejos, y los viejos recibimos una pensión miserable. Lo que se está incentivando es el turismo, pero se necesitan condiciones para recibirlos”.
En Melipeuco, Cunco y otros territorios, se han instalado empresas hidroeléctricas de capitales nacionales y foráneos. Construyen y proyectan centrales y embalses, tratando de encauzar en grandes tubos ríos, esteros y cascadas. Las comunidades se oponen. El lonko Relmucao agrega: “Un lonko tiene que defender a su gente de la injusticia, como la que pretenden las hidroeléctricas. Pero como no estamos reconocidos por ley, las autoridades poco caso nos hacen. Ya estoy harto de estar diciendo lo mismo cada vez… Se juntaron todas las comunidades de Santa María de Llaima, Sawelwe, Arpewe, Melipeuco, 27 comunidades en aquel tiempo, y me eligieron lonko de Melipeuco”.
Luz María Huenupi, presidenta de la comunidad Juan Meli, dice que en Carén Alto, la hidroeléctrica contaminó el agua, y hoy las comunidades no pueden sembrar: “Perjudicaron sus terrenos, se han roto las cañerías por dónde sacan el agua, se han desbordado ríos y los terrenos se inundan. Muchos hicieron negocios, compraron camionetas, pero ya no tienen recursos. En Melipeuco, las autoridades del municipio están al tanto de nuestra lucha en defensa del río Txuful Txuful (Truful-Truful), les informamos del proceso de consulta indígena, pero no se han pronunciado. No tenemos apoyo, salvo de algunos medios de comunicación. Queremos que algún abogado que trabaje en defensa de los derechos humanos nos apoye. La zona es rica en recursos hídricos, pero los dueños son empresarios chilenos y transnacionales. Viene el Instituto de Desarrollo Agropecuario a ofrecernos proyectos de regadío, de siembras, pero ¿con qué agua? Para postular hay que tener derechos de agua. Queremos que el derecho al agua para las comunidades esté en la Constitución”.
Luz María Huenupi es profesora básica pero no ejerce porque trabaja en su emprendimiento turístico: “Tengo un hospedaje y camping. Muchos están empezando a vivir aquí del turismo y artesanía. Hace un tiempo, la gente no valoraba su territorio. Han servido estas luchas: nos hemos dado cuenta que vivimos en un lugar privilegiado. Hoy, quienes estudian no se pueden desarrollar profesionalmente en la comuna. El único trabajo es el municipio: paramédicos, funcionarios municipales, profesores del liceo. Los demás se ven obligados a emigrar en busca de trabajo. Las artesanas están valorando el trabajo con lana. Pertenezco a la Asociación de Mujeres Campesinas y hemos hecho por tercera vez la Fiesta de la Lana”.

POBREZA Y DESPOJO
La actividad económica más importante en Melipeuco durante el siglo XX fue la extracción maderera. A partir de 1930 comenzó una acelerada extracción de madera nativa, transportada en yunta de bueyes a Cunco, donde llegaba el tren, o transportada en balsas a través del río Allipén. A pesar de la depredación a gran escala, persisten importantes bosques, y casi la mitad de la comuna son áreas protegidas: Parque Nacional Conguillío y las reservas nacionales Hualalafquén y China Muerta. En esos bosques los mapuches recolectan leña (mamul), plantas medicinales (lawen), y alimentos como el piñón (nguillío). Gonzalo Melillán, dirigente mapuche, dice: “Defendemos el río y la vida que nos da. Fuimos arrinconados hacia la cordillera. Nuestros abuelos se acuerdan. Por defender su tierra fueron desplazados hacia este lugar. Y ahora llegaron los empresarios a continuar destruyendo nuestro territorio”.

DESARROLLO SUSTENTABLE
En Melipeuco hubo piscicultura. Se instalaron varias salmoneras que destruyeron espacios sagrados, contaminaron ríos, y cuando el negocio se vino abajo, se fueron. Hoy los ríos ya están más limpios. “Dieron trabajo y eso provocó conflictos entre la gente”, dice Melillán. “Vienen con el discurso de que ‘van a dar trabajo’, pero el daño que causan va mucho más allá, no tiene precio… Acá hay lugares hermosísimos, no contaminados aún, y que se instalen hidroeléctricas los afectará. Los turistas no vendrán a ver un muro de cemento… Un desarrollo turístico que no intervenga ni destruya podría generar considerables recursos. Protegiendo se podría ganar mucho. Al defender el territorio también estamos defendiendo lo económico, lo espiritual, la salud de la gente, nuestro patrimonio, el agua pura… Lo vemos como una alternativa, un modo de conservar el bosque nativo, lugares sagrados como los nevados del Sollipulli, el Conguillío, el salto del Txuful Txuful, la reserva de China Muerta”.
Benjamín Oñate Namuncura, ex concejal DC de Melipeuco, explica que ya se han instalado centrales hidroeléctricas de pasada “perjudicándonos tremendamente. Sin duda el turismo se verá afectado si destruyen el Txuful Txuful. El río y la cuenca que nace en Conguillío, son de valor patrimonial cultural, y un polo de desarrollo. Actualmente, hay muchos jóvenes estudiando turismo. Pueden hacer allí rafting, turismo aventura, trekking, canotaje, pesca deportiva, y ocupar el río. Si construyen otra bocatoma, quedará solo un 20% del agua, y perderíamos la posibilidad de desarrollar un turismo sustentable. Nos entusiasma la idea y hay que ponerle empeño para que se declare a Melipeuco como Zona de Interés Turístico, lo que podría significar inversiones turísticas sustentables. Sin duda, hacia allá tiene que apuntar el desarrollo de Melipeuco”.

ARNALDO PEREZ GUERRA
En Melipeuco

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 890, 8 de Diciembre 2017).

 

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