Punto Final, Nº 892 – Desde el 12 al 25 de enero de 2018.
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La “conexión” chilena con el asesinato de Trotski


Leon Trotski y Natalia Sedova son recibidos en Tampico, Mexico, por Frida Kahlo y el líder trotskista de EE.UU. Max Shachtman, en enero de 1937.

 

Este cuento comienza por Salvador Ocampo Pastene. Quizás muchos lectores lo hayan conocido o supieron de él. Fue senador comunista por Concepción (1945-1951), junto con don Elías Lafertte, y por eso no les aplicaban la Ley de Defensa de la Democracia, porque tenían fuero. Una vez lo encontré viendo una película soviética, Vuelan las cigüeñas. La película era muy emotiva y Salvador Ocampo salió llorando. Era un hombre muy bueno, muy sensible.
Cuando dejó de ser senador, en 1953, se fue a México, supongo que para que no le aplicaran la ley maldita y lo mandaran a Pisagua. Un amigo mexicano me contó que conoció a Ocampo en Chile, y que después se lo había encontrado en las calles de Ciudad de México, vendiendo helados en un carrito. Para qué les digo la impresión de este compañero al ver a un hombre que había conocido en Chile como senador ¡vendiendo helados en la calle! Así era Chile y los chilenos entonces. Salvador Ocampo falleció en 1977 en Ciudad de México.
León Trotski era hijo de un campesino analfabeto. Su nombre verdadero fue Lev Davidovich Bronstein y nació el 7 de noviembre de 1879 en Ucrania. Conocido como León Trotski, fue uno de los principales protagonistas de la revolución rusa, compañero de Lenin, organizador del Ejército Rojo e intelectual revolucionario de gran valía. Después de la muerte prematura de Lenin, Stalin se dedicó a liquidar a todos los militantes de la vieja guardia bolchevique hasta que logró hacerse con todo el poder.
Buscando y encontrando aliados, fue cercando a su principal competidor, Trotski, hasta sacarlo del comité central del partido, y del país en 1929. Trotski fue perseguido, acusado de ser “agente del gobierno norteamericano y del imperialismo mundial”. Se refugió en diversos países que lo fueron rechazando: Turquía, Francia, Noruega y finalmente en México, invitado por el general Lázaro Cárdenas.
Trotski y su familia llegaron a México el 9 de enero de 1937. Frida Kahlo lo recibió en Tampico y lo acompañó en el tren presidencial en su recorrido hacia la Ciudad de México.
Frida y Diego Rivera lo protegieron y lo instalaron en su casa de Coyoacán, llamada la Casa Azul. Trotski llegó a México acompañado de su esposa Natalia Sedova y de su nieto Esteban Vólkov Bronstein, de 11 años, que es quien actualmente dirige el museo Trotski. La casa de Frida y Diego en Coyoacán es una preciosa residencia antigua, actualmente Museo Frida Kahlo. Está lleno de cuadros de Frida y de objetos de su vida cotidiana, entre ellos los grandes alebrijes o muñecos de papel maché que encantaban a Diego.

PRIMER ATENTADO
Pero Stalin no cejaba en su afán de asesinar a Trotski, en quien veía un peligroso competidor. Dio órdenes para que se le “suprimiera” en México. El primer atentado contra Trotski lo dirigió David Alfaro Siqueiros, famoso muralista, al igual que Diego Rivera. Una banda armada atacó la casa en Coyoacán. Los intrusos dispararon cerca de 400 tiros con armas de grueso calibre. El propio Siqueiros disparó contra el lecho donde supuestamente dormían Trotski y su esposa Natalia Sedova, sin lograr asesinarlos, pues lograron resguardarse detrás de una pared. Los guardias de Trotski repelieron a los intrusos y estos tuvieron que huir sin lograr su cometido.
Trotski salió ileso porque al escuchar las primeras ráfagas, se lanzó fuera de su cama, su esposa lo empujó contra la pared y lo protegió con su cuerpo. Pero su nieto Esteban resultó levemente herido. Incluso uno de sus guardias personales, el norteamericano Robert Sheldon Hart, fue raptado por los asaltantes. Un mes más tarde se encontró su cadáver cubierto de cal viva en una casucha campesina. Varios historiadores sostienen que este hombre era un agente doble, infiltrado en el entorno de Trotski.
El atentado de Siqueiros fracasó, porque él y su gente eran solo aficionados, en cambio Trotski tenía guardias muy profesionales. Desde ese momento Trotski, su mujer y su nieto se mudaron a la casa que ahora se conoce como Casa-Museo León Trotski y reforzaron la guardia. La casa también está en el centro de Coyoacán, en la calle Viena N° 19 (actualmente 45) cerca de la de Frida, con un patio central lleno de plantas. Se conservan intactos su escritorio, sus papeles, incluso la pluma con que escribía. Es algo muy impresionante.
Siqueiros se fue a refugiar a Cuernavaca y después a la sierra de Jalisco, donde finalmente lo aprehendieron y encarcelaron. Estuvo preso sólo tres meses, pero como el atentado no había provocado muertos ni heridos graves, en 1941 el presidente Manuel Avila Camacho le ofreció indultarlo a condición de que se fuera exiliado a Chile. Siqueiros aceptó y se instaló en Chile con la ayuda de Pablo Neruda, hasta 1944. Realizó un bello mural en la escuela México de Chillán y regresó a su país cuando Avila Camacho terminaba su mandato.
Al parecer, Trotski tuvo una aventura amorosa con Frida, porque ella era mujer de muchos hombres y de muchas mujeres también. Así es como León Trotski tuvo un momento de solaz en su azarosa vida. Ustedes seguramente habrán visto fotos o cuadros de Frida, que tenía unos buenos bigotes, parálisis en alguna parte de la espalda y cojeaba de una pierna a consecuencia de un accidente. Pero eso no le impedía llevar una intensa vida amorosa, pues a pesar de todo, era una mujer muy atractiva. Habría que preguntarles a los caballeros si sería bueno que nos pintáramos bigotes. A Diego Rivera estas aventuras de Frida no le importaban, porque él también tenía muchas mujeres. Esto resulta extraño cuando uno ve sus fotos, porque era un hombre obeso con cara de sapo. Pero los que lo conocieron dicen que era absolutamente irresistible, de una simpatía y un encanto arrolladores. Ya ven los gorditos, no desesperar, pero si son antipáticos, no se tiren debajo del Metro, piensen en el trauma que le causan al conductor. No lo hagan, mejor cultiven cicuta en sus casas, es fácil.

MISION PARA UN ASESINO
A todo esto, como Stalin vio que a Trotski no lo mataban, decidió mandar a un asesino profesional. Se llamaba Ramón Mercader, Jacques Mornard o Frank Jackson. Era un muchacho guapo y simpático, catalán, había luchado en España y después fue preparado en la URSS. Por cierto, este hombre tenía una madre famosa porque era una comunista muy activa, gran admiradora de Stalin. Ella fue la que impulsó a su hijo a hacerse agente de la NKVD, antecesora de la KGB.
Ramón Mercader viajó a México y logró seducir a una secretaria de toda confianza de Trotski, Silvia Ageloff, feúcha pero que escribía muy rápido a máquina. Con este motivo Mercader fue haciéndose habitué de la casa y pudo entrar con cierta facilidad. El 20 de agosto de 1940 visitó a Trotski con el pretexto de que le revisara un artículo. Mientras Trotski leía, vuelto hacia la luz de la ventana, Mercader sacó un piolet (herramienta que usan los escaladores) que llevaba escondido bajo el abrigo y le dio tremendo golpe en la nuca. Trotski profirió un grito terrible y cuando llegaron los guardias les dijo: “No lo maten, tiene que estar vivo para declarar”. Lo llevaron a un importante hospital y al otro día murió, ya que la herida había alcanzado la masa encefálica y no se pudo hacer nada.
A sus exequias, celebradas en la capital mexicana, asistieron cerca de trescientas mil personas, en una ciudad que por aquel entonces contaba con unos cuatro millones de habitantes. Está enterrado en el patio central de la que fue su casa, en cuya tumba se ha instalado un monolito con su nombre y un bajorrelieve con la hoz y el martillo.
Mercader fue detenido, condenado y estuvo muchos años preso en México. En esa época Pablo Neruda era cónsul de Chile en el país azteca. Pues bien, los fines de semana Neruda iba a la prisión de Lecumberri y, por ser quien era, le permitían sacar al preso por unas horas. Se iban de copas y de putas y al otro día Neruda devolvía al prisionero (Ver Colom Lluis, El asesino de Trotski, Barcelona, E. Carvajal, 1990). Así era el México de entonces.

LA “CONEXION” CHILENA
Volviendo a la conexión chilena, resulta que en México, Salvador Ocampo anuló su matrimonio y se casó con Berta Arenal, hermana de Angélica Arenal, la mujer de David Alfaro Siqueiros. Por lo tanto, Salvador Ocampo pasó a ser cuñado de Siqueiros.
Por su parte, Ramón Mercader tenía otra novia, no la fea Silvia Ageloff. Esta se hacía llamar Roquela y tenía permiso para visitarlo en la cárcel. Ella se embarazó y tuvo un hijo, producto de las visitas conyugales que se aplican en las prisiones en México. Cuando Mercader salió en libertad, se querían ir a la URSS, pero no era cosa de llegar con un niño porque a papá Stalin a lo mejor no le iba a gustar. Dejaron al chico en México, y good bye.
De este niño que ahora debe tener unos 60 ó 70 años, nunca se ha sabido qué fue de él, quiénes lo adoptaron y criaron. En México se tejen múltiples historias, atribuyéndoles ser hijos de Mercader a políticos conocidos, profesores universitarios, artistas y hasta jefes del narcotráfico (ver Colom, Lluis). Estas cosas en México las sabe todo el mundo y las transmite con entusiasmo la “radio bemba”. Los chismes corren más rápido que la luz.
Volviendo a Salvador Ocampo y al hijo que tuvo con Berta Arenal, Emilio Ocampo Arenal, al parecer éste no fue comunista como sus progenitores. Debe ser priista porque tuvo cargos de gobierno bajo la presidencia de Carlos Salinas de Gortari. Fue director de una empresa minera muy importante en 1989: la mina Cananea. Y allí tuvo problemas graves. Al respecto expresa Wikipedia: “Desde el 30 de agosto de 1989, el ex director de la empresa, Emilio Ocampo Arenal, se halla en el Reclusorio Norte, detenido como presunto responsable de los delitos de fraude y uso indebido de bienes ajenos ‘y otros que puedan resultar’; también una treintena de personas, entre empleados y funcionarios de la compañía, están bajo interrogatorio de la PGR para deslindar responsabilidades en el multimillonario fraude cometido contra Cananea…”. Por suerte Salvador Ocampo murió en 1977, y no vio a su hijo en tan desdorosa situación.
No sé en qué terminó todo esto, pero veo que el hombre es un profesor eminente del ITAM (Instituto Tecnológico Autónomo de México), una de las universidades más importantes de este país.
Siguiendo con las conexiones chilenas, les diré que en Chile mucha gente se asiló en la embajada de México, ayudada por el recordado embajador Gonzalo Martínez Corbalá, que acaba de fallecer. Pues entre los asilados había una muchacha muy linda, comunista, que llegó a México a principios del año 1974. Ella se enamoró de Emilio Ocampo Arenal y formó pareja con él que tuvo mucho contacto con chilenos por ser hijo de Salvador Ocampo. Esta chica tenía un drama en su vida: estaba casada con un momio en Chile y como su situación política era muy peligrosa, tuvo que asilarse. El marido no la dejó llevarse al hijito, que tenía cuatro años. Sólo después de doce años pudo volver a verlo. Esta compañera falleció, como está pasando con muchos de los exiliados, que se están muriendo de viejos. Pero al menos pudo encontrarse con su hijo.
Recapitulando la línea de conexiones que une a Trotski con chilenos, tenemos que:
1. Salvador Ocampo era cuñado de David Alfaro Siqueiros, que organizó el primer atentado contra Trotski.
2. Siqueiros fue protegido por Pablo Neruda que consiguió llevarlo asilado a Chile.
3. Neruda ayudaba a Ramón Mercader, sacándolo de la cárcel los fines de semana.
4. El hijo de Salvador Ocampo y sobrino de Siqueiros, formó pareja con una chilena que vino a México exiliada.
 
MARGARITA LABARCA GODDARD
En Ciudad de México

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 892, 12 de enero 2018).

 

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