Punto Final, Nº 893 – Desde el 26 de enero al 8 de marzo de 2018.
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Radiografía musical del grupo Celibatos



Pasó en Providencia, en las cercanías de Manuel Montt, hace un tiempo. Tras una tocata, los músicos de Celibatos hacían fila en una fuente de soda para pedir un completo. De improviso, por un detalle menor, una confusión en el orden, otro cliente comenzó a insultar al tecladista. En medio de las palabrotas relumbró la amenaza: “¡Si yo quiero te puedo matar a combos ahora!”. -“No era un flaite; por el lenguaje se notaba”, recuerda Arturo González Lillo, vocalista y guitarrista.
Lo crudo de la experiencia le sirvió para escribir una letra sobre la agresividad tan común en diversos niveles de la vida urbana, cuando no social, chilena. La canción se llama “Violencia” e inaugura el más reciente trabajo de este quinteto oriundo de Villa Alemana, Logística Imperial (2017, Sudamerican Records) donde exponen algunas de las colateralidades del sistema bajo cuyo yugo vivimos. González (28) abunda: “Tratamos de hacer una radiografía. La gente vive bajo un anhelo de producción. Fuimos criados netamente con la parábola de producir, dejando de lado el conocimiento, las artes, la música, la poesía...”. -“Y la felicidad”, complementa el baterista Mauro Calisto (26).

LA SIGUIENTE GENERACION
La historia había comenzado en otro verano, el de 2010, en la ciudad de los molinos, con un grupo de adolescentes juntándose a ensayar. Venir de Villa Alemana, por cierto, tras el surgimiento hace lustros de nombres señeros como Sonora de Llegar y La Floripondio (y Chico Trujillo y Bloque Depresivo, las diversas encarnaciones lideradas por “Macha” Asenjo), no resulta una alpargata. “El trabajo de esas bandas le dio un nombre a este lugar siendo muy pequeño. Como que tenemos casi una responsabilidad de llevar ese peso cultural”, argumenta Calisto.
La distinción radicaba en las herramientas a emplear. Si aquella generación que sacudió la escena regional y nacional, desde la segunda mitad de los 90, provenía de una matriz punk y visceral, Celibatos se alimentaba de otros insumos: “Habíamos nacido en democracia. Nos nutrimos de MTV y de toda esa onda anglosajona”, rememora Arturo González. “Además, vivimos en una zona de comodidad: tuvimos la posibilidad de tener instrumentos musicales desde chicos”, añade. A nivel musical, las presencias espectrales de los Beatles y Pink Floyd, así como Los Bunkers y el funk de Red Hot Chili Peppers recibido víaChancho en Piedra, fueron trazando el derrotero melódico de la banda que, finalmente, decantó en un pop donde ciertas sonoridades de los años 70 reemergían de la mano de nuevas tecnologías. Hubo otro ingrediente no menor: el padre de Mauro Calisto es músico. El quinteto ensaya en una sala donde se aprecian no sólo sus amplificadores sino parte de su colección de casets y vinilos, que van desde el rock progresivo hasta el folcklor latinoamericano.
El camino de Celibatos tuvo estaciones en 2013, con el disco debut Tu lavas y yo seco y en 2015 con Arbitrario, ambos autoproducidos. Entretanto, se marcharon y llegaron integrantes. El tándem González y Calisto se mantuvo como núcleo. “Camión de carga”, de su segundo material, es una rara gema por la historia que cuenta: la de un camionero que valora más los amigos circunstanciales, como unos mochileros que le hacen mantenerse despierto en medio de la neblina nocturna y la nostalgia. A la par, Celibatos destacaba por la cuidada gráfica y sus videoclips rastreables en Internet.
Se unieron Adolfo Painian, en la guitarra, Diego Kirkwood, en el teclado y el bajista Rolando Muñoz. Hace un par de años, tras un concierto, sostuvieron una conversación radical. “Tomamos la decisión de trabajar disciplinados. Que esto ya no fuera un hobby”, cuenta Calisto. La acción no deja de ser heroica, más aún cuando se es de provincia. El novísimo rock/pop independiente chileno enarbola grandes canciones, ideas y estéticas pero también padece dificultades de vieja data. El baterista lo explica mediante la dicotomía analógico/digital: “Cuando hablo de lo digital me refiero a Internet y las redes sociales versus lo analógico que sería levantar la raja, no comprar chelas y pagar una entrada para ir a un concierto. Culturalmente en Chile, la gente no va a una sala a ver bandas emergentes. No sé si es culpa de los sellos, de las bandas o de la misma gente. Además, no hay industria y los locales tampoco se preocupan de invertir. Pero los músicos ganamos desde lo analógico, es decir, por tocar. Sin embargo, nuestros videos en Youtube van súper bien; cuando tocamos, la gente ya se sabe las canciones”.
Participaron en las Escuelas de Rock en 2015 y al año siguiente, postularon para trabajar junto a un productor. Se trataba de Mowat, quien había firmado discos tan interesantes como el debut de Chinoy, Que salgan los dragones, y más recientemente Nuevo Hogar (2015), de Diego Peralta. Vino un periodo intenso. “Somos medio trabajólicos. Compositivamente, en cuatro meses hicimos el disco”, narra el baterista. En el estudio usaron sintetizadores y una consola alemana de los años 70. Emparentaron su sonido al rock espacial insinuado por Tame Impala en Currents y el funk electrónico de Daft Punk en Ramdon Access Memories. Sin embargo, los años no habían pasado en vano para los jóvenes tras la denominación Celibatos. Había anotaciones nuevas en la libreta.

TRABAJO DE JOYERIA
El enérgico inicio de “Violencia” describe muy bien lo que es Logística Imperial. El disco está cruzado por la crítica al Chile neoliberal y su cóctel que mezcla productividad, competencia y arribismo, y que genera, como ya se ha mencionado, una ebriedad peleona y vociferante seguida de una resaca vacía y deprimida, resultantes de la frustración y la miopía ante el verdadero enemigo. Se escucha en la canción “Distraída moral”: “El ejemplar de la vida dicta que la vía de existencia debe ser acotada, pero la primicia de llegar más alto es más confortable que pensar en recapacitar”. O en el tema que da nombre al disco: “Nuestros progenitores sufrieron el acecho y nos ensartaron el saber como un bien de consumo”.
González y Calisto partían por una constatación generacional: “Había compañeros de curso que fueron entrando al sistema de una manera heavy. Una vez fui a un carrete en Santiago, y había un amigo que tenía una casa de un ambiente, trabajaba en una empresa de comunicaciones, ganaba dos palos y su única zona de confort era vacilar los fines de semana... Es un trabajo de joyería el que hicieron en Chile con el neoliberalismo”, señala el vocalista.
“Una rutina -remata el baterista- y nosotros tratando de escapar de eso; de ser más austeros”. La Logística Imperial se compone pues de esos parámetros sociales: la casa, el auto, el trabajo, los hijos, el consumo. O la comodidad del teclado. Otro elemento contemporáneo es el que relata la canción “La misma sintonía”: las redes sociales devenidas en plaza de escarnio público.
“Hay una postura de seudointelectual en las redes sociales, de darse el derecho de una opinión. Creo que no todos lo hacen con responsabilidad. Entonces la pregunta es, de qué vereda hacemos juicios morales detrás del computador”, señala González.
El examen social de Celibatos probablemente quedaría corto si no existiera una mirada a sí mismos... “Qué hacemos como músicos, y qué hacen nuestros compañeros de música: criticar socialmente, ser un aporte, más allá que pegues o suenes todo el día”, apunta Calisto. “Tuvimos la oportunidad de este rollo (la música) por la clase social en que vivimos. Cómodos, no nos faltaba comida, no teníamos que pensar en trabajar a los 18; veníamos de una clase semiacomodada en el medio chileno”. Y se explaya, revelando causas del malestar: “Cuando comencé a leer, y a entender el proceso de la dictadura, de saber más de Latinoamérica, viniendo de una familia de derecha liberal, apareció la indignación. Entré a estudiar sicología, leí a Ignacio Martín-Baró, y el proceso que hicieron los gringos acá en materia intelectual. Como yo vivo, vive sólo una minoría de la población chilena”.
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Responde Mauro Calisto: “Para mí es una radiografía. Creo que somos los privilegiados los que estamos discutiendo esto: los universitarios, la gente que está en el arte. El 15% o 20% de la población, no más. Y no nos estamos dando cuenta. Creemos que nuestros amigos de Facebook son la realidad pero no es así. Le estamos hablando a nuestros pares pero no al pueblo. Vas a la población y está la gente escuchando reggaetón y trap y tomando chela para presentarse a la pega a las 7 am”.

FELIPE MONTALVA
En Villa Alemana

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 893, 26 de enero 2018).

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